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jeudi 10 août 2017

Tú que niegas la existencia del infierno

Tú que niegas la existencia del infierno

Tú que niegas la existencia del infierno

Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando viereis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y a vosotros echados fuera. Lc. 13, 28.

Queridos hermanos, ya es norma habitual escuchar a clérigos destacados y miembros de la Jerarquía eclesiástica hacer declaraciones que, lejos de edificar al alma por su virtud y sabiduría, escandalizan por su torpeza, error y falsedad, por ser declaraciones que atentan contra las verdades de fe, contras la fe y costumbres que vivimos, hemos recibido y que nos configuran como lo que somos, católicos, apostólicos y romanos. No hay aspecto de nuestra fe, de la Tradición, del Magisterio que no sea cuestionado, rechazado, ridiculizado, en un constante ejercicio de demolición de nuestras creencias.

¿Es posible encontrar una respuesta a esta situación? ¿Podemos decir algo para entender lo que está pasando?  No podemos estar callados ante esta situación, aunque sea inmensamente mayor que nuestras humildes fuerzas. Me fijo en el versículo 11 del capítulo 5 de la carta a los Hebreos: Acerca de lo cual es mucho lo que hay que decir, y no fácil de declarar, ya que os habéis tornado torpes al oído. El versículo se refiere al sacerdocio de Nuestro Señor Jesucristo. Es inabarcable lo que se puede decir del Sacerdocio del Señor, desde la Encarnación y Natividad hasta su muerte en la Cruz. Pero, no sólo es la vida de Jesucristo, sino de su Sacerdocio en sus sacerdotes, que deben ser igual a Él. El mismo camino ha de recorrer el sacerdote, el mismo que el que recorrió nuestro Señor desde su nacimiento hasta la Cruz. ¿Qué dirá el sacerdote el día del juicio si  no ha recorrido el camino desde la Encarnación hasta la Cruz? Hay mucho que decir, pero muchos se paran en la mitad del camino. Hay mucho que decir: todo lo que el Señor hacía en favor de la salvación de las almas. ¿Qué hace el sacerdote?

Hay mucho que decir: hacer el camino recorrido por el Señor. Desde la Encarnación, desde que el sacerdote  tumbado en el suelo es "encarnado" a su nueva vida, la de Cristo, para hacer el mismo recorrido que Él. Aquel día de la ordenación empieza el recorrido el sacerdote. Hay mucho que decir y no fácil de declarar, cuando el sacerdote está puesto en las cosas de Dios, no hay palabras para explicar que el Señor es la plenitud de su vida sacerdotal. Pero es fácil de explicar cuando vive en la vanidad.

Sólo es necesario explicar una cosa: ¿cómo ser otro Cristo? ¡Pero qué difícil! Si pienso cuando nací verdaderamente, respondo: cuando postrado en tierra fui ordenado sacerdote de Jesucristo. Ese fue el día de mi nacimiento, anteriormente a ese día todo era carne en mí. Antes no existía nada, pero desde mi "encarnación" murió el  hombre y nació Cristo otra vez en mí. Es el momento en que cambié mi nombre por otro: Jesús. Desde aquel momento mismo mis  manos son las manos de Cristo que transforman el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre del Señor; ha muerto lo carnal y nace lo espiritual.

Hemos de tener cuidado los sacerdotes, porque la carne y el mundo siempre vienen a atacarnos. Hemos de tener mucho celo por nuestro ministerio. El sacerdote no ha de dejar que lo miren como a un hombre, sino como a sacerdote, No debe dejar que le hablen como hombre, sino como sacerdote.

Pero tú que niegas el infierno, ¿qué voy a decirte? ¿Voy a darte argumentos de su existencia? No, pues nada te hará cambiar. Sólo puedo decirte dónde estás y lo que has hecho. Hay que darle el enfoque correcto a todo. Has rechazado lo espiritual por lo carnal. ¿Qué sentido tiene que niegues el infierno? Ya estás en él. Esto es todo lo que hay que decir. ¿Cómo puedes negar el infierno? Porque estás en él.

¿Cómo se pueden negar las verdades de fe, los dogmas? ¿Cómo se puede estar constantemente cuestionando nuestras creencias, cuestionando la misma Palabra de Dios, su misma Ley divina? Porque estos sacerdotes han dejado de ser, de llamarse,  Jesús; han preferido ser ellos mismos; no están dispuestos a recorrer el mismo camino del Señor, puesto que quieren recorrer el suyo propio, el de su conveniencia y gusto; han despreciado el camino que va desde la Encarnación a la Cruz. No hay otra explicación: han rechazado la "encarnación" que se obró en ellos el día de su ordenación, han preferido seguir siendo el hombre que eran; han elegido la carne antes que el espíritu.

Sobre estos sacerdotes hay muy poco que decir: se han negado a ser un reflejo vivo del sacerdocio de Cristo.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.

mardi 8 août 2017

Venezuela: la secta roja y el silencio asesino de la izquierda

Venezuela: la secta roja y el silencio asesino de la izquierda

Venezuela: la secta roja y el silencio asesino de la izquierda

Nuestra Señora de Fátima dejó muy en claro en 1917 que a menos que sus peticiones sean atendidas: Rusia esparcirá sus errores (los errores del comunismo) por el mundo. Nuestra Señora nos advirtió que si la humanidad no respondía a esa gracia muy especial que Dios ha dado al mundo por el Mensaje de Fátima, que el mundo sería castigado por la persecución de la Iglesia, que ha resultado en una gran reducción de su Voz Moral en asunto tan vital del peligro comunista.

Ahora vivimos la hora del demonio, pues si el bien tiene su día, el mal tiene su hora. Nuestro Señor le dijo a Judas la noche de su Pasión: Esta es tu hora, el reinado de las tinieblas.[1]

I. La Revolución

La más poderosa fuerza propulsora de la Revolución está en las tendencias desordenadas. Como los cataclismos, las malas pasiones tienen una fuerza inmensa, pero para destruir.

Y por esto la Revolución ha sido comparada a un tifón, a un terremoto, a un ciclón. Las fuerzas naturales desencadenadas son imágenes materiales de las pasiones desenfrenadas del hombre.

Es que las pasiones desordenadas, yendo en un crescendo análogo al que produce la aceleración en la ley de la gravedad, y alimentándose de sus propias obras, acarrean consecuencias que, a su vez, se desarrollan según una intensidad proporcional. Y en la misma progresión los errores generan errores, y las revoluciones abren camino unas a las otras.[2]

II. Marxismo cultural

Antonio Gramsci, fundador del PC italiano y considerado el mayor ideólogo marxista de Occidente, hacia 1930 elaboró su novedosa concepción estratégica de que para establecer duraderamente el régimen comunista se requería primero alterar la «superestructura» de la sociedad, entendida como el sistema de convicciones, tradiciones y costumbres sociales vigente; y a este cambio le dio el nombre de revolución cultural.[3]

El marxismo cultural está librando una batalla ideológica, propagando ideas falsas. Esto se hace mediante los medios de comunicación social, y al mismo tiempo forzando a que se acalle la voz moral de la Iglesia Católica. Esto permite una incesante y activa propaganda de mentiras y odio, difundida por los ateos comunistas, mediante muchos y engañosos métodos, avanzar sin que se les impida.

La guerra en que estamos es más que solamente militar, económica, política y diplomática.  Es todo eso, pero es también una guerra ideológica y una guerra orientada a destruir nuestras normas morales y hacernos menos que los animales tentándonos a ser drogadictos, y asesinando a los más indefensos, los bebés en los vientres de sus madres. La guerra es todavía más que todo esto. Es espiritual: es una guerra conducida por Satanás y los ángeles rebeldes, los demonios. Es una guerra para la cual el Diablo utiliza el comunismo y los grandes recursos puestos a su disposición por el ateísmo militante global, para combatir a la misma Iglesia Católica.[4]

III. Doctrina de la Iglesia

El gran Papa León XIII, el Papa de la Doctrina Social de la Iglesia, condenaba así: …aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas, esparcidos por todo el orbe, y estrechamente coaligados entre sí por inicua federación, ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en llevar a cabo el plan, que tiempo ha concibieron, de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil. Estos son ciertamente los que, según atestiguan las divinas páginas, 'mancillan la carne, desprecian la dominación y blasfeman de la majestad' (Jdt. epist. v. 8).

En efecto, toda ideología, toda concepción política, todo gobierno que prescinda de Dios y del orden moral objetivo son «intrínsecamente perversos», ya que afirman en la doctrina y en la práctica la autonomía soberana de la libertad.

Siguiendo la doctrina del Papa Pío XI en la encíclica Divini Redemptoris, quien condenó los errores presentados bajo un falso sentido místico, el cristiano no puede adherir a aquellos sistemas ideológicos que se oponen radicalmente o en los puntos sustanciales a su fe y a su concepción del hombre: ni a la ideología marxista, a su materialismo ateo (…) ni a la ideología liberal, [5] estas corrientes buscan apoderarse de la religión, instrumentalizando a las iglesias para servirse de ellas con el fin de la destrucción de la religión y de la creencia en Dios. [6]

Callar frente a la presión explícita o implícita de los totalitarios rojos, es abandonar la grey frente a una poderosa invitación a la apostasía, sería traicionar la misión docente de la Iglesia, que consiste no solamente en enseñar la verdad, sino condenar el error.

San Ezequiel Moreno dijo:

Estad seguros, día llegará en que la misma revolución, sagaz como su jefe, se ría y menosprecie a los que la sirvieron o de alguna manera pidieron favor o gracia. Es un error, y error funesto a la Iglesia y a las almas, transigir con los enemigos de Jesucristo y andar blandos y complacientes con ellos. Mayores estragos ha hecho en la Iglesia de Dios la cobardía velada de prudencia y moderación, que los gritos y golpes furiosos de la impiedad. (…) ¿Qué bienes se han conseguido con las blanduras y coqueteos con los enemigos de Jesucristo? ¿Qué males se han evitado, pequeños ni grandes, por esos caminos? No se consigue otra cosa con esa conducta que afianzar el poder de los malos, calmando ¡oh dolor! el santo odio que se debe tener a la herejía y al error; acostumbrando a los fieles a ver esas situaciones de persecución religiosa con cierta indiferencia.[7]

IV. Venezuela

Los tristes acontecimientos que vienen acaeciendo en Venezuela, bajo el delirante régimen de Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez quien llamó a su tenebroso proyecto Socialismo del Siglo XXI, con una democracia amañada, exportándolo a otros países, confirman que la singladura de ese estado castro-chavista ­–de no ocurrir un milagro – se encamina con rapidez a la consolidación de un comunismo totalitario.

El régimen castro-chavista encenegado en un corrupto sistema, busca mantenerse en el poder a cualquier costo en esa disfrazada y falsa democracia, prebendalista y embustera que engaña al pueblo, corrompe lo mejor, y mientras tanto, los que más piensan y los jóvenes hartos de la corrupción se van sintiendo cada día más frustrados y engañados.[8]

De raíces ideológicas perversas, el socialismo únicamente genera opresión y miseria. Nuestro Señor Jesucristo dijo que el árbol malo no puede dar buenos frutos.

Bajo el principio de quien no está con nosotros es nuestro enemigo, Maduro y su régimen no permiten que nadie tenga una visión diferente, o la más mínima expresión de rebeldía.

Vemos cómo una Asamblea Constituyente títere, ha sido armada por la tiranía venezolana sin la menor vergüenza. Carlos Alberto Montaner señala respecto del escandaloso fraude de tal elección: «Maduro obtuvo 1.795,144 votos. Ni 1 + ni uno -. La fuente es Rondón (CNE). El fraude para llegar a + de 8 millones es el mayor de la historia».

Así y todo una de las primeras medidas de dicha Asamblea Constituyente ha sido destituir a la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, quien de haber sido fervorosa chavista se desmarcó del narcogobierno.

Se vive ya hace mucho en Venezuela un régimen apabullante y conculcador de los derechos más elementales de las personas, una tiranía que por eso mismo carece de legitimidad.

Maduro controla todo el aparato estatal, salvo el Parlamento. «Según el mayor general Clíver Alcalá, quien ayudó a restituir a Chávez durante un fugaz golpe de Estado en el 2002, la Fuerza Armada tiene 1.000 generales, cuando solo requeriría 200 y hay 800 esperando».

Eladio Aponte, ex magistrado de Venezuela y ex Presidente de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, que enfrenta al régimen castro-chavista, denunció los vínculos del régimen con el narcotráfico, con las FARC, y con las maniobras para encarcelar a opositores que se transformaron así en presos políticos.

Erika Rivas, directora para las Américas de Amnesty International, señala: «En Venezuela se violenta toda la gama de derechos humanos. Derechos económicos, sociales, culturales, las libertades fundamentales, el derecho a la asociación, la libertad de expresión. Se está dando un contexto represivo y militarizado frente a las muestras de descontento social, donde además se hacen detenciones arbitrarias como herramienta de control, de acallar las voces de la disidencia».

Resulta sorprendente constatar el silencio «colaboracionista» de los gobiernos sudamericanos y de los organismos internacionales. Fingen que nada ven y que nada escuchan. Y al contrario, cuánto empeño ponen en asegurar el avance de las acciones psicopolíticas de la izquierda, cuánta impunidad ante sus atropellos, sus golpes a la ley, al estado y a las instituciones.

Tal como enseñó el célebre pensador católico y hombre de acción, Plinio Corrêa de Oliveira, esta neo-revolución se vuelve capaz de vencer más por el aniquilamiento del adversario que por la multiplicación de sus amigos. Le interesa más adormecer, desconcertar, o simplemente acabar con las oposiciones, que estimular a sus adeptos ostensivos.

En el caso de la grave crisis venezolana los gobiernos sudamericanos colaboraron con este designio.

Al respecto a fines de diciembre 2016, en una creciente ola de protestas multitudinarias, el gobierno de Maduro, invitó al Vaticano a operar como mediador entre éste y la oposición, proceso que abortó en un fracaso total y que posibilitó contrariamente a los marxistas en el poder a ganar tiempo y llegar a la situación actual.

Es que el diálogo resulta ser una palabra talismánica para encubrir un mecanismo tramposo utilizado por la izquierda en su provecho.

Así, mientras los obispos venezolanos han sido claros en denunciar al tirano, el Vaticano mediante el Cardenal Secretario de Estado ha emitido tímidas declaraciones al respecto, mismas que Maduro ha respondido con virulencia.

El régimen de Maduro sustenta sus bases en los llamados movimientos sociales, a los que Francisco acoge con especial benevolencia en la Santa Sede.

«Los enemigos de la sociedad y de la religión usan frecuentemente la táctica del pánico. Es una táctica positiva y negativa; infunden miedo y lo quitan. Cuando están en el poder amenazan, atropellan, encarcelan, imponen multas, destierran. Todo para infundir el miedo en el resto de los ciudadanos. Cuando no pueden abusar de la fuerza, hacen correr los más absurdos disparates, cada día nuevos, cada día más temerosos. Es una táctica sagaz, que hace víctimas innumerables. Antes de que llegue la hecatombe es cuando hay que reaccionar. ¿Cómo?  Teniendo serenidad para no creer en peligros imaginarios. Teniendo ánimo para desafiar y arrostrar los peligros verdaderos. Actuando sin cesar y organizándose en todos los órdenes de la vida».[9]

Douglas Hyde el célebre convertido del comunismo a la Iglesia Católica afirmó que a una demanda de heroísmo, responde siempre una respuesta heroica especialmente cuando la libertad y la verdad son reprimidas. Y, si se apodera del pueblo un espíritu martirial, cualquier totalitarismo puede irse.

Germán Mazuelo-Leytón

[1] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, Los errores de Rusia en la Cátedra de Pedro. http://adelantelafe.com/los-errores-rusia-la-catedra-pedro/

[2] Cf.: CORREA DE OLIVEIRA, PLINIO, Revolución y Contra-Revolución.

[3] CF.: SÁENZ, P. AALFREDO, S.I., Antonio Gramsci y la Revolución Cultural.

[4] Cf.: MADIRAN, JEAN, El Vaticano silenciado por Moscú.

[5] JUAN PABLO II, Carta apostólica en el 80º aniversario de la Rerum Novarum, nº 26.

[6] Cf.: PORADOWSKI, P. MIGUEL, El Marxismo en la Teología.

[7] SAN EZEQUIEL MORENO, Cartas pastorales, p. 244.

[8] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, El «magisterio del teléfono» y Venezuela. http://adelantelafe.com/magisterio-del-telefono-venezuela/

[9] AYALA, ANGEL S. I., Formación de selectos.

Germán Mazuelo-Leytón es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Miembro de la Fundación «Vida y Familia» de su diócesis. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines

Luz en esta oscuridad: la historia de una monja verdadera

Luz en esta oscuridad: la historia de una monja verdadera

Luz en esta oscuridad: la historia de una monja verdadera

Hace un tiempo conocí a una joven que había venido a Italia a orar ante las tumbas de los santos y pedir su intercesión por un proyecto que sentía que Dios le estaba pidiendo que emprendiera. Llegó a la antigua ciudad vestida con un hábito azul y blanco – como espero siga vistiendo el resto de su vida –que la convertía, no por casualidad, en una viva imagen de la Santísima Virgen María. Doy fue que llamaba la atención.

Esa tarde había estado haciendo tiempo como siempre en la tienda de los monjes, cerca de la portineria, charlando y recibiendo consejos del hermano Ignatius. Entró esta joven monja y preguntó si le podían mostrar la cripta de la Basílica de San Benito, la antigua capilla subterránea que fuera originalmente el hogar de los mellizos Benito y Escolástica.

Cuando volvió, con el rostro resplandeciente como suele sucederles a las personas después de la visita, le ofrecí recorrer la ciudad y señalarle algunos lugares de interés. En realidad estallaba mi curiosidad periodística; había aquí un hábito que no había visto nunca antes, y ansiaba conocer su historia.

Resultó ser que esta hermana norteamericana había sido una clarisa en la comunidad de la Madre Angélica, pero sintió el llamado a salirse y tomar otro camino, y fundar una nueva comunidad bajo un buen obispo norteamericano que buscaba hermanas de alta exposición como testigos para su diócesis. ¿Testigos de qué? A nivel más básico, quizás de que aún queda algo de bueno en el mundo, como dijo Sam Gamgee, y valga la pena luchar por ello. Una imagen como la de esta monja así vestida, era como una luz brillante resplandeciendo en la oscuridad, reconocible hasta por aquellos que se olvidaron los nombres de Jesucristo y Su madre inmaculada.

Su visita fue en el verano, y cada verano se realiza en esa ciudad un festival de música. Muchas de las viejas iglesias que permanecen cerradas el resto del año (por orden del obispo) se abren para ser utilizadas como salones. Muy cerca de la basílica está la pequeña iglesia de San Lorenzo, construida a comienzos del siglo V y que se cree fue el lugar donde los hermanos santos fueron bautizados en el año 480 DC. La hermana estaba fascinada por ver ese lugar, aunque por décadas no se hubiese dado misa en ella.

Por supuesto que, cuando llegamos, el hábito de la hermana capturó la atención de todos y uno de los organizadores se acercó a presentarse y preguntarle si ella podía tocar. Cuando respondió no solo que tocaba sino que además había compuesto una canción en honor a Nuestra Señora, fue llevada hasta el piano. Me senté a escuchar y observar cuidadosamente las reacciones de las personas, obviamente seglares, todos de fuera de la ciudad. Fue como si hubieran visto a una criatura mágica, un ser de un tiempo antiguo casi olvidado, un tiempo legendario que volvió a la vida.

Cuando la hermana terminó de tocar y cantar, y estábamos listas para irnos, el amable organizador nos escoltó hasta la puerta y le agradeció nuevamente. A último momento, y con una reticencia visible, le preguntó, "Espero no le moleste mi pregunta, ¿es usted católica?" La hermana, obviamente tomada por sorpresa, respondió, "Bueno, sí. Por supuesto que soy una monja católica". Luego ella le preguntó, "¿Es usted católico?" El hombre parecía avergonzado y dijo, "Bueno, mi madre es católica…"

Mientras caminamos por la ciudad, la hermana me contó cómo había surgido el plan para su comunidad, de la necesidad de un catolicismo visible en los campus universitarios de los Estados Unidos. Tras décadas de sacerdotes y hermanas pasando de incógnito, los jóvenes necesitaban ver que todavía había creyentes. Después de la impresión que había dejado en los sofisticados jóvenes neo-paganos italianos, no iba a discutirle. Era obvio que ella había recibido el llamado para realizar esa tarea, la de simplemente ser vista como una católica, una de las obras espirituales de misericordia.  Más tarde tuve el gusto de conocer a las dos señoras que viajaban con ella, que estaban considerando unirse al proyecto. Me entristeció verlas partir cuando fueron a pasar el día a Asís. Recuerdo orar diciendo, "Si tan solo hubiera más".

Hoy, después de leer dos artículos, uno de Steve Skojec para One Peter Five sobre el "grupo de investigación" encargado para "examinar" la "historia" de Humanae Vitae, y otro de Chris Ferrara en The Remnant, nombrando al grupo de hombres con quienes el papa Francisco se rodea, que promueven intereses a favor de la homosexualidad en la Iglesia, me encontré pensando en aquella tarde con la hermana, como por una alarma ante una sed extrema. La comparación entre las dos imágenes no podría haber sido más dura; el contraste entre la verdad, la belleza y la bondad representada en aquella monja joven, y la abominable, farsante maldad, una anti-Iglesia anti-real, dándose a conocer ahora en Roma.

Estos orgullosos, sonrientes, mezquinos bandidos y tramposos en el Vaticano, sus oscuras y encogidas mentes pequeñas escarbando afanosamente en sus aburridas fantasías de poder, dinero y sexo, no tienen nada que ofrecer al mundo que el mundo no tenga ya en exceso. Sencillamente, se han unido al mundo, se han arrojado de cabeza en sus persecuciones deprimentes y monótonas. De hecho, desde la elección de este Papa, hemos visto que el único interés que el mundo tiene en ellos es por el increíble espectáculo que dan con su traición abierta a la fe y su divino fundador. Al menos podemos decir que el mundo, en su ignorancia, simplemente se deshizo de la perla de gran valor; pero estos hombres, conociendo su valor, la vendieron a cambio de unas pocas noches en un prostíbulo barato – una especialidad alemana.

Piensen por un momento en las prioridades de la pandilla actual en el Vaticano. En primer lugar, tal como señaló nuestro amigo Chris el otro día, tuvimos un ataque sistemático al sexto mandamiento. Como pieza central del pontificado de Francisco tenemos a Walter Kasper promoviendo el adulterio como un estilo de vida moralmente legítimo, un triunfo de último minuto en el trabajo de toda su vida y que, sin dudas, será lo que la historia más recuerde sobre este pontificado. Ahora,  inevitablemente, tenemos prelados como Bruno Forte y Joseph Tobin, Reinhard Marx, Christoph Schonborn, James Martin et al, siguiendo detrás, exaltando la sodomía y conduciendo a la Iglesia a la Homosexualidad Santa, un objetivo que ya parece ser vivido por los subalternos de los colaboradores más cercanos al Papa.

En cuanto a los asuntos financieros, tenemos al antiguo jefe de los Franciscanos Menores,  una persona que interesa a Interpol por un escándalo financiero masivo que involucra una sospecha de malversación de fondos de proporciones épicas por parte de la orden. Este fue uno de los primeros nombramientos de Francisco, el hombre que puso a cargo de todas las órdenes religiosas y cuya primera tarea fue el intento de saquear las cuentas bancarias de las asociaciones laicas de los Frailes Franciscanos de la Inmaculada, estimadas en 30 millones de euros. Poco tiempo después tuvimos un fraude similar – en realidad un ataque – según lo reportado, por un monto similar, contra los Caballeros de Malta. Y para no pensar que ambos frentes de batalla son distintos, recordemos que la facción ganadora del escándalo de los Caballeros de Malta fue descubierta originalmente distribuyendo condones a las prostitutas de Asia. Y sé que en breve saldrá  a la luz información mucho, mucho peor sobre embustes financieros en el Vaticano.

¿Es necesario que recite todos los antecedentes? Son más o menos siempre los dos mismos temas. Es decir, hasta que se llega a la cúpula. Con Francisco parece ser algo más personal. No es la persecución ardiente y sofocante del dinero y la carne. Él ha dejado en claro en los últimos años que su interés es puramente de poder. Él ha utilizado a estos hombres con sus objetivos menores para sujetar y aferrarse al que es en realidad el puesto más poderoso del mundo. A juzgar por su cadena interminable de invectivas blasfemas contra las cosas santas, los objetivos del papa Francisco Bergoglio son bastante más elevados que los de los hombres que ha colocado a su alrededor.

Sin dudas, quizás haya sido esto lo que más endulzó los oídos del mundo que odia a Dios. Lo único que hizo que este Papa fuera noticia fue la interminable sarta de porquerías – herejías, blasfemias, insultos a la fe, la Iglesia y Dios, y expresiones de odio hacia los católicos – que salen a diario de su boca como de una alcantarilla. Él ha deleitado al mundo, que odia la fe y a los fieles, con interminables expresiones de solidaridad hacia ellos y todo lo que ellos aman; él piensa como ellos, y lo aman por eso.

Los seglares y los que odian la fe – incluyendo a los que aún gustan de llamarse a sí mismos católicos – han seguido de cerca todas sus acciones y decisiones como gobernante de la Iglesia, con las que ha ido taladrando uno a uno los bastiones (e intentos de reforma) que sus dos predecesores inmediatos colocaron para sostener un edificio medianamente arruinado.

Incluso, de no haber leído jamás algo dicho por Francisco, sus nombramientos han hablado bastante; reconocidos homosexuales, defraudadores, simoníacos y farsantes, marxistas y herejes desvergonzados y aquellos que odian las tradiciones de la fe. Su ataque a las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio y el sexo ya ha sido más o menos completado, los mecanismos usuales de "filtración" de rumores comenzaron a avisarnos que su próximo objetivo será la liturgia. Los así llamados periodistas "católicos liberales" publicitaron alegremente todas sus señales mientras castigaban a los tradicionalistas y conservadores por sus "teorías conspirativas".

Sabemos de personas que lidiaron con él en Sudamérica, que ahora atestiguan su comportamiento actual, que es un coleccionista de información sobre hombres con mucho que esconder, un manipulador que simplemente no duda en destruir a sus oponentes. Su amor por la ambigüedad, la evasión y la confusión, hablan de su duplicidad – hasta sus colaboradores periodísticos más entusiastas fueron encontrados llamándolo "ladino". Es un mentiroso comprobado y se ha rodeado de mentirosos, pero en el caso de Bergoglio, la mentira se combina con una crueldad calculada y una furia brutal y vengativa hacia cualquiera que se anime a sostener no solo la antigua fe católica, sino la decencia humana común. Su verdadera naturaleza ya no es secreto, aunque haya una especulación creciente acerca de su verdadero origen.

Para muchos de nosotros, seguir el avance de este pontificado es una tarea dolorosa mental y emocionalmente, similar a la de investigar el submundo criminal. Tiene el efecto de desgastarnos lentamente, mientras que, al mismo tiempo, captura todos nuestros pensamientos y atención. El auténtico horror de todo esto que se desarrolla como una pesadilla imparable, mantiene la atención y produce una sensación de impotente indignación.

Aquella tarde invité a la hermana a tomar el té y le pregunté por qué consideraba fundar una nueva comunidad religiosa en tiempos como estos. Parecía una invitación a ser marcada en un clima en que la verdadera fe no puede ser tolerada ni siquiera dentro de las instituciones de la Iglesia. Sé lo difícil que ha sido para los fundadores de comunidades incluso bajo los pontificados previos, comparativamente más benignos. La hermana estaba lejos de ser ingenua; sabía que los hombres del Vaticano están buscando específicamente auténticas expresiones de fe y devoción católicas, para aplastarlas.

Pero con sus respuestas humilló mi cobardía. "¿Qué mejor tiempo que este?" Ella simplemente avanza con fe y confianza, obedeciendo el llamado a realizar una obra que debe hacerse.

He dicho muchas veces que ya pasamos el punto del activismo mundano como respuesta útil o proporcional a la ola que cae sobre nosotros. Pero también es demasiado fácil adoptar una mentalidad de bunker, especialmente entre los tradicionalistas que están acostumbrados a separarse del catolicismo "convencional". Es natural la desesperación por correr hacia las colinas y esconderse, mantener la cabeza gacha y esperar a que pase la tormenta. Y justo ese es el problema, por supuesto, dado que ese naturalismo alimenta toda la catástrofe.

Aquí estaba esta joven monja, sabiendo todo esto, y mostrándonos el heroísmo que es hoy un simple requisito. Apostándolo todo en una causa que en un sentido natural ya parece perdida. Buscamos maneras de sacarlo de nuestra cabeza. Queremos hacer cualquier cosa menos enfrentar la probabilidad de que no quede nada por delante salvo la destrucción. Buscamos un obispo o cardenal que venga cabalgando a último momento y salve la situación. Rastrillamos los nombres del Colegio Cardenalicio para encontrar alguno que pueda salvarnos en el próximo cónclave.  Cualquier cosa menos enfrentar la aterradora posibilidad de que no vendrá nadie. De que ya es demasiado tarde, y no queda un lugar seguro.

Se aproxima un valle de oscuras sombras, y no tenemos otro camino. Pero no nos referimos a la "tragedia" de la cruz, o el "fracaso" de la cruz, sino al triunfo de la cruz, la victoria de la cruz.

Hilary White

(Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original)

Nuestra corresponsal en Italia es reconocida en todo el mundo angloparlante como una campeona en los temas familia y cultura. En un principio fue presentada por nuestros aliados y amigos de la incomparable LifeSiteNews.com, la señora Hillary White vive en Norcia, Italia.

lundi 7 août 2017

Les temps ont bien changé...

Les temps ont bien changé...

Les temps ont bien changé...

Réflexion sur la "sagesse ancienne" qui ressort des Règles de l'ordre des Barnabites, auquel le P. Scalese appartient. Comment ne pas penser à ce qui se passe aujourd'hui au sommet de l'Eglise? (5/8/2017)

Après avoir publié l'édition italienne des Constitutions des Barnabites de 1579 (Barnabiti studi, n. 31/2014), je suis aujourd'hui aux prises avec la traduction des Regulae officiorum, autrement dit les normes pratiques qui réglaient la vie quotidienne d'un communautés de Clercs réguliers de Saint Paul. Elles aussi se sont formées entre le XVIe et le XVIIe siècle, pour être ensuite revues et adaptées à plusieurs reprises au cours des siècles suivants (leur dernière édition date de 1950).

Si le travail sur les Constitutions s'était avéré extrêmement intéressant, parce qu'il m'avais ouvert les richesses de ce qui avait été le code fondamental des Barnabites pendant quatre cents ans (1579-1976), le travail sur les Regulae officiorum s'annonce encore plus passionnant, parce que, en plus d'y retrouver l'esprit de la congrégation, on se trouve face à la vie concrète, de tous les jours, avec ses aspects positifs et négatifs, et avec des indications claires sur la façon de se comporter.

Je reste bouche bée devant tant de sagesse, qui n'est certainement pas improvisée, mais le résultat d'une longue et douloureuse expérience. Et c'est justement ce qui touche le plus: nos aînés n'avaient pas la prétention d'«inventer » leur vie tous les jours, comme nous sommes portés - et souvent invités, même d'en-haut - à le faire aujourd'hui; ils mettaient à profit les enseignements d'une tradition antérieure (le magistère des Pères du désert), ils y ajoutaient leur expérience vécue et tout cela, ils le transformaient en précieuses lignes directrices pour eux-mêmes et leurs successeurs.

C'est quelque chose qu'aujourd'hui, nous avons perdu complètement. Nous sommes convaincus que chaque jour, nous devons repartir de zéro. Ce qui appartient au passé est ipso facto vieux, obsolète, et n'a donc plus rien à dire; c'est nous qui devons jour après jour décider de la meilleure façon de nous comporter. Sur la base de quoi? De ce qui, au moment actuel, nous semble le plus utile. Et nous ne remarquons pas que c'est la meilleure façon d'aller vers un échec certain. Regardez, juste pour donner un exemple, ce qui se passe dans le domaine législatif: les lois qui sont approuvées sont généralement le produit de compromis entre différentes visions idéologiques, pour la plupart loin de la réalité, et sont souvent le résultat d'une maigre culture et de l'improvisation. Avec le résultat qu'elles sont déjà vieilles avant d'être approuvées et, après quelques années, doivent être remplacées par d'autres lois avec les mêmes défauts.

Je voudrais au contraire vous faire partager l'esprit qui animait la vie d'un ordre religieux jusqu'à il y a pas très longtemps (depuis un certain temps, la mentalité répandue dans le monde s'est malheureusement également introduite à l'intérieur de l'Eglise et de la vie religieuse). Trois des quelque cent normes qui régissaient l'office du Supérieur général (appelé chez nous, comme chez les jésuites, «Préposé Général») suffisent pour avoir une idée.

La première est une norme reprise des Constitutions (livre IV, ch 12, §14):

Quemadmodum in ea cura diligens esse debet, ut quae constituta vel decreta sunt, observentur; ita ipse in ordinationibus faciendis parcus sit, et a rebus novis alienus (n. 48).

Tout comme il doit être scrupuleux dans l'engagement à faire respecter les Constitutions et les Décrets [des Chapitres généraux], il doit être modéré dans l'émission des règlements et hostile (alieno) aux nouveautés.

On est frappé par cette invitation à se modérer dans la législation: les lois existent, et elles sont suffisantes; il suffit de les observer. Inutile d'ajouter de nouvelles lois, sachant même à l'avance que personne ne les prendra en considération. Mais ce qui aujourd'hui nous laisse le plus stupéfait, c'est cette dernière invitation à être «hostile aux nouveautés». Comment donc? Aujourd'hui, il semble que la valeur d'une personne réside dans la capacité de pondre une nouveauté chaque jour; et alors, au contraire, on exhortait un Supérieur général à être hostile aux nouveautés? C'est vrai que les temps changent.

La deuxième règle que je voudrais vous proposer est en revanche une recommandation qui trouve son inspiration dans les Saintes Ecritures:

Neque item facile, aut sine admodum gravi necessitate, quae Praedecessor eius legitime fecerit, ipse immutet, aut immutare pertentet; quod et ab aliis Praepositis omnino servari curet. Ex eiusmodi namque mutationibus graves animorum perturbationes oriri possunt, et sancta illa cordium unanimitas non leviter offendi, quam in tota Congregatione ipse in primis fovere, conservare atque augere tenetur, ut unanimes uno ore honorificemus Deum, et non sint in nobis schismata (n. 51).

Et qu'il ne change pas, ni ne tente de changer avec facilité, ou sans une raison très grave, ce que son prédécesseur a fait légitimement. Qu'il fasse en sorte que cette règle soit observée en général y compris par les autres Préposés. De ces changements peut en effet naître un grand trouble dans les âmes, et cette sainte unanimité des cœurs, qu'il est particulièrement tenu d'alimenter, de conserver et d'accroître dans toute la Congrégation peut être offensée, afin qu'avec une seule âme et une seule voix, nous rendions gloire à Dieu (Romains 16: 6), et qu'il n'y ait pas de divisions entre nous (1 Cor 1:10).

Là encore, avez-vous l'impression que quelqu'un aujourd'hui se sente en quelque sorte obligé par les décisions prises par son prédécesseur? Au contraire, il semble par moments que nous nous sentons obligés de tout remettre en question, comme si ledit prédécesseur avait pris ces décisions sans motif. Y a-t-il quelqu'un aujourd'hui qui se soucie des perturbations provoquées chez les personnes par les changements constants? «C'est leur problème», s'entend-on répondre quand on soulève la difficulté: «Ce sont eux qui doivent s'élargir l'esprit, s'ouvrir aux nouveautés; s'ils n'y arrivent pas, qu'ils se débrouillent». L'unanimité des cœurs? Quésaco? [en v.o.: Icchellè? - dialecte florentin, ndt]. Aujourd'hui, on l'échangerait volontiers avec l'«uniformité» jamais assez détestée. Place plutôt à la diversité et au pluralisme! Si après cela ledit pluralisme débouche sur un conflit, il y a toujours quelqu'un prêt à le défendre - le conflit - en tant que valeur.

Ce qui nous amène à la dernière règle que je veux vous proposer:

Cum autem aliquid semel atque iterum de Assistentium consensu legitime decisum est, caveat, ne deinceps alio quovis quaesito colore idem denuo in deliberationem vocet; ut non tam quod factum est emendare, quam aliorum consensum ad proprium sensum extorquere velle videatur (n. 85).

Quand quelque chose a été à plusieurs reprises légitimement décidé avec le consentement des assistants, il doit éviter plus tard de discuter à nouveau, sous un prétexte quelconque, sur la même question; donnant ainsi l'impression de vouloir non pas tant amender ce qui a été fait, mais plutôt extorquer le consentement des autres à sa propre opinion.

Lorsqu'une décision a été prise, elle a été prise: inutile de revenir dessus encore une fois, comme si elle avait été prise sans se rendre compte de ce qui avait été décidé. Et en outre, considérant ainsi comme irresponsables ceux qui avaient pris la décision (en l'occurrence, les assistants, ce qui revient à dire les conseillers du Général).
Je vous avoue que, tout en traduisant cette règle, je ne sais pas pourquoi, il m'est venu à l'esprit les deux derniers Synodes sur la famille ...


Ceux qui marchent à reculons vers le désastre

Ceux qui marchent à reculons vers le désastre

Ceux qui marchent à reculons vers le désastre

Le P. Martin dans sa paroisse Maria Virgen Madre à Madrid

Une réflexion courageuse du P. Santiago Martin, un prêtre espagnol non "tradi" qui constate les fruits empoisonnés des principes qui inspirent le nouveau cours, là où ils ont été mis en œuvre (4/8/2017)

>>> Du même auteur:
Une Europe sans âme face à l'islam

Les théoriciens hier

... et leurs disciples aujourd'hui

Carlota
Dans sa dernière vidéo sur Religion en Libertad, le P. Santiago MARTÍN, que nous avons déjà traduit plusieurs fois, n'hésite pas à dénoncer durement un certain secteur de l'Église catholique qui veut imposer sa vision permissive et la fausse miséricorde aux catholiques du monde entier, une vision qui mène à l'échec complet, et ne pas le dire, c'est se faire complice. C'est une déclaration courageuse, par les temps qui courent...
L'écoute en vo de la vidéo ici; résumé en vo des éléments ici; ma traduction à partir des deux supports.

Les garanties de la « nouvelle réforme » !

Quand le cardinal Wojtyla a été élu Pape en 1978, non seulement arrivait au pontificat une personne concrète, de haute valeur intellectuelle et morale, mais aussi un peuple, le peuple polonais. La vitalité, la fidélité et la résistance que le catholicisme avait démontrées en Pologne (à l'époque du communisme) étaient la garantie de ce que représentait le jeune cardinal de Cracovie et que, sans doute, les cardinaux électeurs ont pris tout particulièrement en compte. Ils ne se sont pas trompés.

Depuis des années, bien au delà de la personnalité attractive et populaire du Pape François, la ligne idéologique qui paraît prédominer dans l'Église est celle qui est marquée par l'empreinte de l'axe d'Europe Centrale (Belgique, Allemagne, Autriche) avec des personnages comme Danneels, Kasper, Marx et Schönborn. Ils fournissent des idées, auxquelles adhérent ensuite d'autres personnes. Derrière eux l'on trouve l'œuvre des théologiens Karl Rahner, jésuite, Yves Congar, dominicain, et Bernard Häring, rédemptoriste. De sorte que trois des pères intellectuels du Concile Vatican II, aujourd'hui disparus, ont de l'influence dans le présent, à travers leurs fils spirituels. Or si le Pape polonais était soutenu, dans le tournant qu'il a imposé à l'Église, par la vitalité d'une Église de la résistance, nous devons nous demander quelles sont les garanties qui marquent idéologiquement l'Église dans l'actualité. Comment sont leurs églises [en Belgique, Allemagne, Autriche] ? Les églises sont-elles pleines ou vides ? En d'autres termes, après plus de cinquante ans de l'application des thèses qu'ils veulent diffuser, quels en ont été les résultats ?

La réalité est une dame assez têtue. Il n'y a pas moyen de négocier avec elle. Elle insiste et insiste encore jusqu'à ce qu'elle démontre qu'elle a raison. Et s'accomplit le « contra facta non valent argumenta » [contre les faits les arguments ne valent pas]. Et la réalité nous dit que là où ont été menées à bien ces théories avec la plus grande intensité, le résultat a été le plus désastreux. Comme par exemple, celui de l'Allemagne. Avec la rigueur et l'exactitude qui les caractérisent, les Allemands ont publié les chiffres de l'année. À cette occasion il a été signalé que le nombre de ceux qui ont quitté l'Église est un peu plus faible que l'année précédente, au lieu de 180 000, seulement 160 000 Allemands ont renoncé à appartenir à l'Église catholique. C'est un désastre sans palliatif car ils [l'Eglise en Allemagne] ne peuvent même pas le justifier en disant que ceux qui s'en vont le font car ils fuient une Église conservatrice. Par conséquent il n'y a aucune justification à ce que l'Église, qui prétend imposer son modèle pastoral à l'ensemble du catholicisme, continue, année après année, à avancer vers sa ruine complète.

Si cela avait été le contraire, si les églises allemandes étaient pleines, il n'y a pas de doute que les idéologues de la « nouvelle réforme » brandiraient cette donnée pour la présenter comme garantie de leurs approches. Donc c'est justice de faire le contraire. Ces approches conduisent l'ensemble de l'Église vers la même ruine que celle dans laquelle leurs églises se sont déjà introduites, et ne pas le voir, ne pas le dénoncer (se taire), ce n'est pas seulement irrationnel, mais c'est aussi un péché, car cela se transforme en complicité.

L'Église libérale, l'Église du tout se vaut, l'Église permissive ou l'Église de la fausse miséricorde et du discernement équivoque, est blessée à mort
. Les faits sont là et à la vue de tous. [Le P. Santiago Martín précise que c'est aussi le cas pour d'autres églises et cite en particulier l'église anglicane]. Et il ne s'agit pas de rentrer dans ses quartiers d'hiver ou de s'enfermer dans un rigide rigorisme janséniste. Il s'agit d'être fidèles au Christ, en sa personne, - l'Eucharistie -, et en sa doctrine, telle et comme elle a été révélée dans la Parole de Dieu et a été interprétée fidèlement par deux mille ans de Magistère. Si nous devions mourir pour avoir été fidèles, notre mort aurait quelque chose de grand et d'héroïque. Mais mourir pour avoir été infidèles, c'est le fait des sots et des traîtres qui reçoivent de la réalité le prix qu'ils méritent. Les chiffres de l'Allemagne serviront-ils à quelque chose ? J'ai bien peur que non. Une vieille maxime [à laquelle le Père S. M. précise ne pas forcément adhérer complètement] dit que "Dieu aveugle celui qu'il veut perdre". Il y en a qui sont tellement aveugles qu'ils avancent, pleins d'orgueil, en marche arrière.

Centro Pieper: Secularización hasta en la Liturgia - P. Javier Sánchez Martínez

Centro Pieper: Secularización hasta en la Liturgia - P. Javier Sánchez Martínez

Secularización hasta en la Liturgia - P. Javier Sánchez Martínez

Secularización hasta en la Liturgia

P. Javier Sánchez Martínez

Javier Sánchez Martínez, Sacerdote de la Diócesis de Córdoba (España), es Licenciado en Teología, especialidad Liturgia, por la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid. El artículo que reproducimos a continuación, en nuestro Blog del Centro Pieper, fue publicado originalmente en el año 2015.

Pudiera parecer sorprendente que lo más santo y sagrado, con tanta carga de sacralidad, devoción y espiritualidad como es la liturgia, pudiera secularizarse, pero así ha ido sucediendo.

El proceso de secularización ha sido tan persistente que ha penetrado por las ventanas de la Iglesia y ha alcanzado a la misma liturgia pervirtiéndola. Un grave mal que hoy se padece es la secularización interna de la Iglesia, y como la liturgia es epifanía de la Iglesia, su manifestación visible, una Iglesia secularizada se reflejará en su liturgia igualmente secularizada.

Detengámonos en ver los rasgos e intenciones de esta secularización y comprenderemos mejor el alcance que tiene en la liturgia.

1) La secularización detesta lo religioso y sus expresiones, y quiere en todo caso reducirlo a la conciencia privada de cada cual.

2) La secularización, de la mano del relativismo, piensa que no existe la Verdad y por ello todo son opiniones igualmente válidas. Es la dictadura del relativismo que denunció Benedicto XVI.

3) La secularización sustituye a Dios o por el hombre o por el progreso social o por los valores de moda (ecología, solidaridad, paz…).

4) La secularización sólo respeta de la religión aquello que puede servir a su proyecto: las obras asistenciales y de caridad y la enseñanza que se acomoda a sus postulados de sólo valores, sólo lo «políticamente correcto».

5) La secularización ignora la trascendencia y lo superior, y quiere volcarlo todo en lo terreno, en lo temporal, en el aquí y ahora.

La Iglesia misma, que no es ajena a la cultura del momento sino que recibe su influjo, ha padecido un largo proceso de «secularización interna», apartándose de su Tradición, tomando una lectura exclusivamente social del Evangelio hasta convertir el cristianismo en una ideología por el cambio social. La secularización interna de la Iglesia adopta, acríticamente, el pensamiento del mundo y en lugar de evangelizarlo, se mimetiza con el mundo, se hace igual al mundo. Se ha vaciado la Iglesia de sí misma para convertirse en una asociación civil, o en una ONG, o algo semejante.

Por supuesto, en todo este proceso, la liturgia no ha salido indemne, sino muy perjudicada, porque se ha manipulado la liturgia, se ha abusado de ella y cualquiera cree que puede modificarla a su propio criterio. Se ha degradado. Ha perdido su estilo. Se ha vulgarizado.

1) Si la secularización detesta lo religioso y lo arrincona, hoy la liturgia es terriblemente antropocéntrica y con poco espíritu religioso. Por ejemplo –un solo ejemplo–, las nuevas iglesias que se construyen apenas parecen lugares de culto católico –[tanto] en la fachada [como] en la distribución de los espacios litúrgicos– sino [que son] edificios que pasan inadvertidos, disimulados, y por dentro, un gran salón multiusos.

2) Si la secularización se ha aliado con la dictadura del relativismo, negando la Verdad, hoy en la liturgia la predicación católica apenas aborda los grandes contenidos dogmáticos de la fe, o, si lo hace, cualquiera se cree con derecho para predicar sus opiniones particulares y las reinterpretaciones que se le ocurran. Ese relativismo valora la celebración litúrgica como algo que no es fijo e inmutable, sino que va a gusto del celebrante, del equipo de liturgia o de la comunidad. El relativismo secular aquí es que nada es verdadero o intocable y por tanto la liturgia hay que reinventarla siempre.

3) Si la secularización sustituye a Dios por el hombre, la liturgia secularizada también. Un protagonismo excesivo del hombre relega a Dios a un pretexto por el que los fieles se reúnen: aquí lo importante son los hombres, no Dios. Se multiplican las intervenciones para que haya más protagonistas humanos: más moniciones, más peticiones (¡leídas cada una por un lector!), más ofrendas con más moniciones (ofrendas «simbólicas» para destacar «nuestro» compromiso, «nuestra» entrega), supuestos «testimonios» que se introducen en la homilía, discursos de «acción de gracias» después de la comunión, etc., etc. Es la subversión secular de la liturgia que ya no celebra a Dios, sino que se celebra al hombre. Es muy elocuente, por ejemplo, que se afirme tranquilamente que en la Misa «los protagonistas fueron los jóvenes de Confirmación», «los protagonistas fueron las parejas de los cursillos prematrimoniales», etc.

«La peor presencia del secularismo en la celebración litúrgica ha sido, pensando que era preciso cambiar radicalmente el culto para adaptarse a la mentalidad secularizada del hombre moderno, pasar de celebrar el misterio de Cristo y la adoración a Dios a celebrar una ideología o una realidad personal o social, convirtiendo la liturgia en una autocelebración» (Rodríguez, P., La sagrada liturgia, 302).

4) Si la secularización sólo valora lo asistencial de la Iglesia y los valores, una liturgia secularizada se despreocupará de todo lo que no sea hablar y potenciar los valores, el compromiso y las tareas terrenas. La liturgia secularizada es pura ideología que se dedica a grabar consignas en los fieles según el estilo del mundo: es un nuevo moralismo, horizontalista. Esto se ve en la proliferación de palabras en la liturgia, o sea, el verbalismo, en muchas moniciones innecesarias y en homilías, igualmente largas, que sólo tratan de «valores», justicia, transformación del mundo, ser felices y hacer felices a los demás.

«Hay que recordar que el cristianismo europeo ha pasado por la grave crisis de la Ilustración, que intentó despojar al cristianismo de los elementos sobrenaturales, reduciéndolo a un vago deísmo, a una religión sin dogmas, sin revelación, sin la gracia y sin el pecado, racionalizado, o a un mero sentimiento religioso; en consecuencia, enfatizó el aspecto moralizador. Las consecuencias para la liturgia fueron negativas, pues se eliminó de ella el culto de Dios o la adoración a Dios y, en consecuencia, el amor que da la vida por el prójimo… En este sentido, se explica el racionalismo, el subjetivismo, el sentimentalismo, el didactismo, etc., que caracterizan algunas formas litúrgicas actuales» (Fernández, P., La sagrada liturgia, 103).

5) Si la secularización ignora la trascendencia, una liturgia secularizada se convierte en fiesta humana, entretenida, arrinconando el sentido religioso y sagrado. Tres ejemplos lo pueden ilustrar. El primero es la ausencia de silencio en la liturgia. Se omiten los silencios previstos en el acto penitencial, tras el «Oremos» de la oración colecta, después de la homilía, después de la comunión. El silencio sagrado se vuelve un invitado extraño y ajeno a la liturgia secularizada. Un segundo elemento: la música y el canto. Ya no se puede calificar de «canto litúrgico». Se buscan ritmos e instrumentos atronadores que impidan el recogimiento orante y gestionen mejor una psicología grupal y sus emociones; las letras son expresiones sentimentales muy ajenas a la Tradición de la liturgia y sus himnos, y además no se respetan los contenidos fijos cuyo texto es invariable (Gloria, Credo, Sanctus, Padrenuestro). Y un tercer elemento: se arrinconó la adoración y culto a la Eucaristía fuera de la Misa. La exposición del Santísimo, que permite el encuentro con Cristo y la adoración contemplativa, no tenían lugar en la liturgia secularizada: ¡sólo la Misa convertida en un festival con discursos moralistas! Y, por extensión, el abandono de la Liturgia de las Horas, que muchos de los actores secularistas (sacerdotes y religiosos) arrinconaron por no encontrarle valor a la oración litúrgica, contemplativa y adorante.

Las descripciones son claras para que se comprenda bien lo que es una liturgia secularizada y el problema grande que representa para la vida de la Iglesia:

«Con frecuencia nos encontramos con celebraciones litúrgicas que adolecen de carencias pastorales. Por ejemplo, celebraciones que, asemejándose más a meros encuentros sociales, carecen del recogimiento que favorece el encuentro con Dios, es decir, la verdadera oración, o celebraciones cuyas homilías de sacerdotes católicos pudieran ser pronunciadas lo mismo por un pastor protestante, o cantos ejecutados durante la liturgia que invitan a mover el cuerpo, mas no mueven el alma. Y sabemos que si la celebración litúrgica no es oración y oración devota, transmitiendo en un contexto sagrado y solemne la verdadera fe, es un fraude, que ofende a Dios y engaña a los hombres» (Fernández, P., La sagrada liturgia, 291).

Vemos así el panorama de una liturgia secularizada que no es más que una burda caricatura de la liturgia católica.

Centro Pieper: Secularización y Secularismo frente al Tercer Milenio - Rodolfo Julio Mendoza

Centro Pieper: Secularización y Secularismo frente al Tercer Milenio - Rodolfo Julio Mendoza

Secularización y Secularismo frente al Tercer Milenio - Rodolfo Julio Mendoza

Secularización y Secularismo frente al Tercer Milenio

Dr. Rodolfo Julio Mendoza

Rodolfo J. Mendoza (1941–2012) fue un destacado intelectual argentino, alumno en la Universidad Nacional de Cuyo del Prof. Rubén Calderón Bouchet, en quien halló el maestro que lo llevó al cultivo de la filosofía inspirada en Santo Tomás de Aquino. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales por esa Universidad, obtuvo también allí el Doctorado en Ciencias Políticas en el año 2001, con una tesis sobre la secularización y la modernidad en Augusto Del Noce. Esta intervención del Dr. Mendoza, que publicamos ahora en nuestro Blog del Centro Pieper, fue enviada al IV Congreso Internacional de la S.I.T.A. celebrado en Barcelona (España) en Septiembre de 1997 y fue publicada formalmente en sus Actas bajo la Dirección del P. Abelardo Lobato.

Nos encontramos con dos vocablos que señalan el inicio y el término final de un proceso que se cumple en todos los ámbitos que integran los restos históricos de lo que ha sido un orden cristiano de la existencia: la cultura cristiana, o más estrictamente aún, la cultura latino cristiana occidental.

Efectuando una sucinta incursión en el lenguaje común, advertimos una elemental pero sugestiva orientación. Se trata de dos palabras básicamente enraizadas en una trama de índole religiosa, eclesiástica y teológica.

Ya se trate de personas, instituciones o cosas, se alude a una mutación consecuente al tránsito de lo que antes era sagrado, «religioso» y/o eclesiástico hacia algo que empieza a ser laico, profano y mundano.

Esa primera determinación general, nos exige algunas acotaciones. Seguimos en este paso las observaciones efectuadas por dos notables estudiosos del tema [1].

Una definición inicial de secularización podría ser: 

«aquel proceso mediante el cual los valores del hombre –en el ámbito de una cultura– se vuelven cada vez más autónomos con relación a la esfera sagrada, y sus intereses se dirigen de modo creciente hacia la esfera de lo secular, mundano, profano».

Por lo mismo, la secularización es la progresiva reducción y, en el límite, la eliminación de la esfera sagrada por parte de la profana.

En nuestra época los hombres toman decisiones y adoptan actitudes con creciente prescindencia de todo referente sacro o religioso.

Pero debemos destacar que en los primeros tiempos de la Edad Moderna y, más aún, en la «antigüedad tardía» [2] y en el medioevo de nuestra cultura cristiana, nos encontramos con un sentido de secularización y de secular en el que no está presente la carga semántica negativa, mundanizante e inmanentista. Esta última es la que finalmente concluirá por imponerse en nuestro acontecer cultural.

En aquel sentido lo secular vino a contraponerse a lo eclesiástico y, por haberse prácticamente identificado este último con lo sagrado, se llegó a establecer una equivalencia entre secular y profano.

Del adjetivo secular, tomado en esa perspectiva contrastante, deriva el sustantivo secularización.

Conviene destacar asimismo que la problemática filosófica y teológica surgida del concepto de secularización, encierra una valoración sobre el lugar y la relevancia de la Iglesia y el cristianismo en relación con el mundo.

Históricamente hablando, la voz secularización deriva de la expresión latina «saeculum» y, con mayor propiedad aún de «hoc saeculum» (este siglo), en la versión Vulgata del Nuevo Testamento. Gianfranco Morra en su intento de definir el término menciona varios textos Neotestamentarios que no dejan lugar a dudas sobre el significado de «saeculum», y «hoc saeculum» en estas fuentes bíblicas [3].

Para los primeros cristianos, «siglo» o «este siglo» es la etapa presente de la historia en cuanto distinta de la definitiva y eterna.

Illanes Maestre se pregunta: «¿qué valor y alcance debe concederse a ese proceso histórico, en virtud del cual las instituciones cívicas afirman su autonomía frente a las autoridades eclesiásticas, y que encierra un juicio especial acerca de la Edad Media y la Moderna?» [4].

En una brillante síntesis, cuyos trazos fundamentales seguimos, el teólogo de Navarra distingue tres posiciones, de las que a su vez surgen otras tantas definiciones:

   a) El «proceso de reducción a una dimensión meramente intrahistórica, mundana y secular de las aspiraciones trascendentes del hombre» [5]. El sentido último de tal proceso es la reivindicación de la autonomía de la mente humana frente a la autoridad de la Iglesia y por fin, frente a Dios.

   b) «Proceso de formación y desarrollo de una mentalidad caracterizada por la tendencia a juzgar del mundo y de las cosas desde fines puramente humanos y temporales (seculares), prescindiendo de toda perspectiva teologal» [6]. Nos hallamos al inicio de una crisis o, en el sentido fuerte de la expresión, resquebrajamiento de la actitud religiosa que encierra potencialmente la desvinculación entre religión y política, al decir de Illanes. Creemos, por nuestra parte, que esa ruptura se da en su dimensión más honda entre religión y cultura, incluyendo la política como una de sus partes. Se afirma al carácter puramente profano del acontecer histórico y se pierde en la práctica la experiencia y la conciencia espontánea de lo divino, del misterio y del símbolo. En su lugar se instala la exaltación del conocimiento científico como poder, y un naturalismo basado en una interpretación matematicista del Universo [7].

   c) «Proceso que conduce a una toma de conciencia de la autonomía de las realidades terrenas en el interior de una visión teologal de la existencia». En este último sentido, secular o profano no connota ningún significado de carácter mundanizante o inmanentista. Se trata del reconocimiento de la especificidad de las cosas del siglo; de la temporalidad como ámbito de la realización de la criatura de acuerdo a los principios que dotan de cierta autonomía propia a las realidades terrenales [8].

A diferencia de la interpretación luterana y barthiana que llevan al paroxismo la distinción entre Dios y la creación, el Catolicismo ha sostenido siempre el vínculo armonioso entre el orden natural y el sobrenatural de la existencia.

El proverbio teológico del Doctor Angélico «la gracia no anula la naturaleza, sino que la perfecciona» (S.Th., Ia, q.l a.8, ad 2) esclarece el problema de las relaciones entre la Iglesia y la sociedad política, entre la historia del Reino de Dios y la historia profana. La sociedad humana recibe de la Gracia luz y vigor para desplegar sus actividades específicas.

Finalmente estimamos necesario recordar que el concepto cristiano de lo profano se funda en la distinción determinante entre la criatura y el Creador.

Caracterizado en sus rasgos esenciales el proceso de secularización, corresponde volver ahora al otro término de la relación, esto es, al secularismo. ¿En qué consiste? ¿Cómo surge? ¿Qué busca? ¿Bajo qué formas se nos manifiesta y actúa?

Las dos primeras acepciones ya ofrecidas al término secularización nos permiten entrever en qué consiste el secularismo.

La posición de los teólogos de la secularización depende de la teología dialéctica de Barth, en cuanto reafirmación y radicalización del pensamiento de Lutero. Aquella postura resulta inconcebible sin la filosofía de Hegel, Feuerbach y Marx [9]. Incluidos los matices que cada uno de ellos incorpora a la teología secular, todos dependen de una visión sustentada en las ideas básicas de las dos primeras acepciones. Es decir, la secularización se despliega según un ritmo de progresiva orientación inmanentista, mundanizante y finalmente atea. En síntesis, el punto central de la tesis de estos teólogos podría expresarse del modo que sigue: «si bien la secularización en cuanto experiencia psicológica y sociológica de la pura profanidad y limitación de la existencia humana puede derivar hacia el secularismo, hacia una filosofía totalitaria por la que el hombre se centra absolutamente hacia sí mismo negando a Dios [...], nada impide que por el contrario opte por El y se proclame creyente» [10].

Esa apreciación, en el fondo común a todos estos teólogos, nos sirve para exponer nuestra propia visión del fenómeno secularista.

Todos ellos anticipan en cierta medida nuestra propia respuesta sobre los rasgos característicos del secularismo y su nexo con la secularización. En efecto, no se trata sólo de que la secularización pueda derivar hacia el secularismo, sino que de hecho nos ha tocado y nos toca vivir la experiencia histórica de fines de siglo de un hombre que ha perdido la memoria de su origen y destino. Su gran olvido no es el «olvido del ser», sino «el olvido de Dios» [11]. «En la cultura de Occidente, en este final de siglo persiste todavía "un eclipse de Dios", y por ello hay menos luz...». «No es lícito pasar de largo ante un fenómeno cultural de esta índole» [12].

Ahora podemos anticipar que el secularismo expresa la culminación de un proceso que nace en el centro mismo de esa misteriosa totalidad histórica y social que lo expresa al hombre en su existencia temporal: la cultura.

La secularización y el secularismo son realidades que no sólo afectan, sino que se gestan y despliegan en el seno de una cultura. Y como nuestra existencia social e histórica se inscribe en el campo de la cultura cristiana, para terminar de apreciar cabalmente al secularismo debemos volver a la reflexión sobre la cultura e individualizar allí en nuestra cultura latino-cristiana-occidental la génesis, desarrollo y culminación del proceso de secularización y su desenlace final: el secularismo.

Para comenzar, convengamos en que la cultura es una manifestación histórica de la naturaleza social del hombre. Es un hecho social, ya que la búsqueda del «bien vivir» impulsa al hombre a una actividad tendiente a alcanzarlo. En el despliegue de esa búsqueda engendra los elementos socio-culturales que le permiten acceder a dicho fin. En ella está comprometido el hombre en su integridad. Nada suyo escapa a esa inserción en el complejo ético social de la cultura [13].

El ser humano como persona, connota la politicidad y la historicidad. Siempre es el hombre resultado de un esfuerzo cultural histórico cuya estructura anímico-espiritual depende de numerosos estímulos difíciles de analizar.

Ch. Dawson nos propone la siguiente definición de cultura: «una cultura social es una forma de vida organizada que se basa en una tradición común y está condicionada por un ambiente común y normalmente incluye un número de unidades sociales independientes [...]. La cultura es, pues, la forma de la sociedad», ya que «la sociedad sin cultura es una sociedad informe» [14]. Prosiguiendo su discurso, sostiene que «una cultura es una comunidad espiritual que debe su unidad a creencias y modos de pensar comunes [...]. Desde el comienzo el hombre ha considerado siempre su vida y la de la sociedad en íntima dependencia con respecto a fuerzas que están más allá de su propio control» [15].

Refiriéndose al secularismo, afirma: «el hombre moderno que vive en una sociedad muy secularizada tiende a imaginar esta concepción común de la vida como algo puramente secular sin conexión necesaria con las creencias religiosas. La completa secularización de la vida social es un fenómeno relativamente moderno y anómalo, porque la religión ha sido siempre la gran fuerza central unificadora de la cultura [...]» [16].

Por lo que hace al vínculo entre la religión y la cultura, nos parece oportuno efectuar algunas advertencias:

   1.°) La complejidad temática de la realidad cultural requiere integrar diversas perspectivas formales para alcanzar la máxima comprensión posible de ese colosal «Individuum Magnum» que es cada cultura.

   2.°) Se debe revalorizar el análisis de la cultura latina y de la paideia griega, basado en una sólida y penetrante labor filológica. Este paso resulta imprescindible en orden a captar en su más profundo sentido la naturaleza propia del culto y la cultura cristiana.

Entre otras cuestiones, ha quedado planteada en el seno del paradigma helénico la relación entre «antigüedad» y «modernidad»: así como Protágoras encarna la imagen original del humanismo moderno y su cadencia ateizante, Platón representa el humanismo de la tradición que reconoce la presencia de lo divino en el hombre [17].

En relación con este problema, A. Del Noce destaca que «la oposición entre pensamiento bíblico y pensamiento griego es el primer paso en que se reconoce el punto de unión entre el modernismo de los primeros años de nuestro siglo y el actual» [18].

   3.º) Cuando el enfoque de la problemática cultural es de índole filosófico y/o teológico se deben tener presentes todos estos datos para evitar toda formulación de naturaleza abstractista que tiende a pasar por alto los requerimientos inherentes a las formas simbólicas del conocimiento. De no ser así, la cultura queda seriamente expuesta a la incomprensión de su real consistencia histórica.

Para comprender en su cabal sentido la cuestión que nos ocupa, es necesario recordar que existen dos principios acerca de la cultura, en estrecha relación. El primero nos enseña que no hay cultura sin religión; el segundo, que es en realidad una reafirmación del primero, nos dice que no sólo no existe en toda la historia una sola cultura sin religión sino que en todas y cada una de las que han existido, la religión constituye su núcleo generador, unificante y orientador.

De lo dicho se desprende que la cultura surge en un ámbito impregnado de misterio. Es tan misteriosa y enigmática como lo es su agente y sujeto activo: el hombre. A la vez, en cuanto núcleo de la cultura, la religión cumple respecto la misma una doble misión:

   1.°) Actúa de aglutinante, de unificador de los diversos elementos y circunstancias que conforman una cultura.

   2.º) Señala un rumbo que orienta esa existencia comunitaria e histórica, y modula los pliegues más recónditos y secretos que contienen los designios de un destino común.

En una presencia activa y simultánea, la religión en cuanto núcleo de la totalidad sustenta al conjunto vivo de sus miembros y promueve la vigencia de un ritmo que de modo constante y continuo articula a cada una de las partes en el todo. Esto es lo que sustancialmente causa la unidad de la cultura. De ahí que los miembros pertenecientes a un orbe de cultura común muestren, más allá de sus diferencias singulares, un aire de familia que les viene de la pertenencia a ese todo.

Pero tarde o temprano la finitud humana hace sentir la experiencia del límite. Es entonces cuando ese conjunto vivo comienza un proceso de desarticulación y decadencia. No hay cultura que no lo experimente por grandes que sean sus logros en los diversos órdenes de la existencia histórica.

¿Cuándo, cómo y por qué se produce esa crisis? Cuando el núcleo comienza gradualmente a dejar de serlo nos encontramos con que en lugar del aglutinamiento y la articulación orgánica se produce la fragmentación autonomista de las partes. Estas últimas no sólo pierden unidad sino que cada una reivindica para sí la cualidad propia del todo originario.

Simultáneamente con esta fragmentación comienza a declinar la potencia orientadora del núcleo religioso, el que desde la experiencia central del culto imprime estilo y dirección a cada parte y aspecto de la cultura. Se produce en forma creciente un distanciamiento entre esas actividades y el núcleo, dando lugar a un repliegue intramundano.

Estos dos movimientos indicados se tornan más visibles para nosotros, en cuanto miembros de la cultura latino-cristiana occidental, ya que vivimos en su etapa de creciente decadencia. De ahí que las tendencias autonomistas y secularizantes se expandan e intensifiquen.

Ciñéndonos al ámbito de nuestra propia existencia cultural, podemos afirmar que en sus lineamientos esenciales tal proceso se cumple del modo siguiente: «La estructura medieval del mundo, al igual que la actitud humana y cultural que ella implica, empiezan a descomponerse en el siglo XIV. El proceso se realiza a lo largo de los siglos XV y XVI y en el XVII cristaliza en una imagen claramente definida» [19].

Estimamos imprescindible destacar la peculiaridad del cristianismo y la Iglesia en cuanto núcleos configuradores de cultura. Existe una suerte de esencial paradoja del cristianismo al respecto: mientras más penetra en la trama histórica actuando como núcleo configurante de un «orden cristiano de la existencia», al mismo tiempo en su esencia y sentido religioso apunta hacia la eternidad, hacia la constitución de un reino escatológico de bienaventuranza. Esta doble composición de la existencia cristiana le confiere una fuerte tensión entre uno y otro fin, el del César y el de Dios [20].

Reconocido ese rasgo propio de la cultura cristiana, lo cierto es que a partir de la modernidad se inicia un proceso de secularización en el sentido que hemos señalado anteriormente. No se trata de adherir a una visión de tipo fatalista que considere este proceso como irreversible. Sin embargo, el examen objetivo del acontecer histórico muestra el avance cualitativo de tal proceso en su línea propia.

Apoyado en diversas fórmulas ideológicas y programáticas nos encontramos con el dato concreto de un mundo secularista. Ha forjado sus ideas fundamentales a lo largo de la modernidad, las ha perfeccionado en el pensamiento del siglo pasado y ahora alcanza su culminación en la impiedad y el ateísmo constitutivos de la civilización tecnológica o sociedad del bienestar.

Nos hemos limitado a indicar algunos de los rasgos del secularismo como culminación del proceso secularizante. Consiste básicamente en el intento de establecer un orden de la existencia completamente autónomo y prescindente de Dios, la realización de un mundo adulto que se las puede arreglar sin apelar a la «hipótesis» Dios: etsi Deus non daretur [21].

La mayor parte de las ideas secularistas nace de realidades y verdades cristianas, despojadas de su significación religiosa originaria y reemplazadas por sucedáneos puramente mundanos.

Se cumple a través de todo esto lo que el Padre G. Cottier, O. P, denomina la ley de la caricatura y el mimetismo. De ahí, por ejemplo, que la teoría del Estado hegeliana encierre una «eclesiología».

La secularización y el secularismo crecen en su línea propia cuanto más semejante es la caricatura con relación a su original cristiano. El impulso fundamental de ese movimiento surge de una inmanentización del «eschaton» cristiano y de una anulación de la religión por vía de transformación, según la fórmula sansimoniana.

Su pensamiento sustancial se funda en un redescubrimiento del iluminismo, tomando nociones fundamentales del hegelianismo, del positivismo y el marxismo. En este sentido, la expresión más acabada de tal neoiluminismo lo constituye la sociedad del bienestar. A. Del Noce nos ha legado imágenes acerca de la bases, la constitución y el sentido del mundo secularizado que resultan casi insustituibles: «la sociedad del bienestar ha conseguido un nivel de impiedad más elevado que el marxismo... ya que es la única en la historia del mundo que no tiene su origen en una religión, aunque paradójicamente esta religión es la marxista» [22].

De ahí nuestra insistencia sobre la orientación teologizante del secularismo. No se trata de negar frontalmente la religión, sino de anularla asimilándola [23].

Del Noce ha puesto en claro la relación necesaria entre la teología de Bonhoffer y la posibilidad de una aceptación de ese «cristianismo arreligioso» por parte del neomarxista E. Bloch, autor de las nociones de «esperanza mundana» y de un «Reino de Dios sin Dios».

Una de las más egregias inteligencias católicas del siglo XX, V. E. F. von Gebsattel, ha efectuado uno de los análisis más luminosos sobre la crisis de la modernidad y el secularismo contemporáneos. A partir de su experiencia clínica y apoyado en su sapiencia filosófica y teológica nos dice: «cuando para un hombre ha perdido su sentido la existencia, la necesidad que padece es la mayor que pueda darse. Esa necesidad es por definición religiosa, porque la fuente del sentido de la existencia y de la vida es lo religioso y, hablando en concreto, el cristianismo» [24].

La lectura y meditación de su libro nos ayudarían no sólo a comprender mejor sino también a vivir el profundo sentido de aquellas palabras de Juan Pablo II, cuando afirma: «el desafío del secularismo en el umbral del tercer milenio es un desafío antropológico» [25].

Notas: 

[1] Nos referimos a las obras de: ILLANES MAESTRE, J. L.: Cristianismo, historia, mundo: Pamplona, EUNSA, 1973 y G. Morra: Dio senza Dio, Bologna, Patron, 1970.

[2] El término «antigüedad tardía», que caracteriza a toda una época histórica de la cultura cristiana, lo tomamos literalmente de H. I. MARROU: ¿Decadencia romana o antigüedad tardía?, Madrid, Rialp, 1980.

[3] MORRA, G.: Op. cit., p. 352.

[4] ILLANES MAESTRE, J. L.: Op. cit., p. 24.

[5] Id., p. 25.

[6] Id., ibid.

[7] FUEYO ÁLVAREZ, J.: La mentalidad moderna, Madrid, I.E.P., 1967, Cap. 1.

[8] ILLANES MAESTRE, J. L.: Op. cit., id.

[9] FABRO, CORNELIO: Drama del hombre y misterio de Dios, Madrid, Rialp, 1977, Cap. 6.

[10] ILLANES MAESTRE, J. L.: Op. cit., p. 32.

[11] LOBATO, ABELARDO, O. P: «La religiosidad de Occidente en este final del siglo XX», en Espíritu, Año XLV, n.º 113, 1996, p. 6.

[12] Id., ibid.

[13] CALDERÓN BOUCHET, R.: «La decadencia de la ciudad antigua», Boletín de Estudios Políticos, n.º 11, pp. 75-83, UNC, Mendoza, 1961.

[14] DAWSON, CH.: Religión y cultura, Bs. As., Sudamericana, 1953, pp. 59-61.

[15] Id., ibid.

[16] Id., ibid.

[17] DISANDRO, CARLOS: Las fuentes de la cultura, La Plata, Hostería Volante, 1965, pp. 42-48.

[18] DEL NOCE, AUGUSTO: L'epoca della secolarizzazione, Milano, Giuffre, 1970, p. 63. Una consideración similar encontramos en su obra magna Il problema dell'ateismo, Bologna, Il Mulino, 1990, 4.ª ed., pp. 354-355, donde pone de relieve la forma de antítesis que el ateísmo se ve obligado a establecer entre pensamiento griego y pensamiento cristiano.

[19] GUARDINI, R.: El ocaso de la Edad Moderna, Madrid, Guadarrama, 1963, p. 51.

[20] En un sentido de complementariedad han expuesto la cuestión: COTTIER, G. M. M.: El cristianismo y la historia, Madrid, Palabra, 1969, y MARROU, H. I.: Teología de la historia, Madrid, Rialp, 1978.

[21] [Nota del Centro Pieper: significa algo así «como si Dios no existiese»]

[22] DEL NOCE, A.: L'epoca…, p. 44.

[23] MORRA, G.: Marxismo y religión, Madrid, Rialp, 1979. Ver allí la referencia a la crítica de Kierkegaard y Rosmini al «cristianismo» de Hegel.

[24] VON GEBSATTEL, V. E. F.: La comprensión del hombre desde una perspectiva cristiana, Madrid, Rialp, 1966, p. 94.

[25] JUAN PABLO II: «El desafío del secularismo y el futuro de la fe», Roma, 2/12/1995.

Fuente: LOBATO, ABELARDO, O.P. (Dir), Actas del IV Congreso Internacional de la S.I.T.A., CajaSur Publicaciones, España 1999, págs. 1647-1654.