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mardi 17 octobre 2017

Margaret Mary Alacoque

Margaret Mary Alacoque was born of good parents in a village of the diocese of Autun, and even from her early years gave signs of her future sanctity. Burning with love for the Virgin Mother of God and for the august Sacrament of the Eucharist, as young woman she vowed her virginity to God. When she had entered the Order of the Visitation, she began to shine at once with the brightness of the religious life. She was adorned by God with the highest gifts of prayer, with other gifts of grace and with frequent visions. The most celebrated was this: when she was praying before the Eucharist, Jesus shewed himself to her with his Heart burning with flames and encircled with thorns, in his open breast, and he commanded that, in return for such love and to expiate the injuries of ungrateful men, she was to strive to institute the public cult of this Heart, promising in return great treasures of heavenly grace. She was famous for her religious perfection and, by the contemplation of divine things, each day she became more united with her heavenly Bridegroom. To him she went in the forty-third year of her age, in 1690. Renowned for miracles, she was numbered among the Saints by Benedict XV. Pope Pius XI extended her Office to the universal Church

Un siglo después, Fátima habla de nuestros días | InfoVaticana

Un siglo después, Fátima habla de nuestros días | InfoVaticana

Un siglo después, Fátima habla de nuestros días

Este viernes se cumplía el centenario de la última aparición de la Virgen a los tres niños pastores en Fátima, y del llamado 'milagro del sol' que pudo contemplar toda la muchedumbre de miles de personas congregada allí, incluyendo no pocos escépticos que habían acudido para asistir a la 'humillación' de los crédulos peregrinos.

Pocos milagros cercanos en el tiempo están tan bien documentados y han sido observados por tantos, en no pocos casos con escasa disposición a la credulidad, pero de Fátima este es el aspecto menos importante, un detalle menor para el creyente, mero signo para vencer comprensibles resistencias y llamar la atención sobre el mensaje.

Este mensaje de la Virgen -en nada doctrinal novedoso o sorprendente- contenía tres 'secretos' que la última superviviente entre los videntes, Sor Lúcia, fue transmitiendo a la jerarquía eclesiástica.

Dos Papas -Juan XXIII y Pablo VI- conocieron el Tercer Secreto -los otros dos, relativos al infierno, se habían publicado no mucho después de la revelación- y optaron por no publicarlo, una publicación que habría de esperar al año 2000 y el pontificado de San Juan Pablo II, cuando la Santa Sede hizo pública una versión oficial de la carta remitida por Sor Lúcia al obispo después de que este se lo ordenara formalmente.

Decimos 'versión oficial' porque en ningún momento ha declarado la Santa Sede que la versión ofrecida al conocimiento general sea la totalidad del secreto revelado por la vidente.

Aunque sobradamente conocido, vale la pena releerlo:

"Escribo, en acto de obediencia a ti mi Dios, que me mandas por medio de su excelencia reverendísima el señor obispo de Leiria y de vuestra y mi Santísima Madre. Después de las dos partes que ya expuse, vimos al lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más alto, un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda. Al centellear despedía llamas que parecía iban a incendiar el mundo. Pero, se apagaban con el contacto del brillo que de la mano derecha expedía Nuestra Señora a su encuentro. El ángel, apuntando con la mano derecha hacia la tierra, con voz fuerte decía: «Penitencia, penitencia, penitencia».

"Y vimos en una luz inmensa, que es Dios, algo semejante a como se ven las personas en el espejo, cuando delante pasó un obispo vestido de blanco. Tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre. Vimos varios otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una escabrosa montaña, encima de la cual estaba una gran cruz, de tronco tosco, como si fuera de alcornoque como la corteza. El Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad, media en ruinas y medio trémulo, con andar vacilante, apesadumbrado de dolor y pena. Iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino".

"Llegando a la cima del monte, postrado, de rodillas a los pies de la cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le disparaban varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, los sacerdotes, religiosos, religiosas y varias personas seglares. Caballeros y señoras de varias clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la cruz estaban dos ángeles. Cada uno con una jarra de cristal en las manos, recogiendo en ellos la sangre de los mártires y con ellos irrigando a las almas que se aproximaban a Dios".

En el largo lapso entre la entrega de la carta -1960- y su publicación, numerosos fatimistas han especulado sobre el contenido de este Tercer Secreto, llegando a plasmar por escrito sus elucubraciones, que giraban fundamentalmente en torno a dos claves: si suponía un anuncio propiamente apocalíptico -si anunciaba, en definitiva, el Fin del Mundo- y si, de modo concomitante, si hacían referencia a una apostasía generalizada.

La idea de que "el humo de Satanás se ha colado por las grietas de la Iglesia", por citar palabras del propio Papa Pablo VI, puede deducirse de la visión de Lúcia que, a su vez, podría ser solo una parte del secreto revelado. En cualquier caso, y con la misma autoridad de visión aprobada por la Iglesia, el mensaje de la Virgen a Sor Agnes Sasagawa, en Akita, Japón, también un 13 de octubre pero de 1973, es más explícito en este sentido:

"[…] el Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo mayor que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes. Fuego caerá del cielo y eliminará a gran parte de la humanidad, tanto a los buenos como a los malos, sin hacer excepción de sacerdotes ni fieles. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que les quedarán serán el rosario y la señal dejada por mi Hijo. Cada día recita las oraciones del rosario. Con el rosario, reza por el Papa, los obispos y los sacerdotes."

"La obra del demonio se infiltrará hasta dentro de la Iglesia de tal manera que se verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneran serán despreciados y encontrarán oposición de sus compañeros…iglesias y altares saqueados; la Iglesia estará llena de aquellos que aceptan componendas y el demonio presionará a muchos sacerdotes y almas consagradas a dejar el servicio del Señor.

"El demonio será especialmente implacable contra las almas consagradas a Dios. Pensar en la pérdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y gravedad, no habrá ya perdón para ellos".

Pero, naturalmente, los teólogos de corte no van a perder su valioso tiempo con visiones de monjas y pastorcitos.

Robert Spaemann: "Era más fácil ser un fiel cristiano durante el tiempo del nazismo que ahora" | InfoVaticana

Robert Spaemann: "Era más fácil ser un fiel cristiano durante el tiempo del nazismo que ahora" | InfoVaticana

Robert Spaemann: "Era más fácil ser un fiel cristiano durante el tiempo del nazismo que ahora"

El filósofo alemán habla en una entrevista a OnePeterFive del profesor Josef Seifert y su cese por decisión del arzobispo de Granada, de la exhortación apostólica Amoris Laetitia y de la importancia de ser testigos de la verdad. 

La siguiente es una entrevista que el profesor Robert Spaemann concedió a Maike Hickson, de OnePeterFive, publicada el pasado 30 de septiembre. El profesor Spaemann es un importante filósofo católico alemán y antiguo miembro de la Pontificia Academia para la Vida.

Maike Hickson (MH): El profesor Josef Seifert fue uno de sus estudiantes y escribió su tesis de habilitación bajo su dirección. Esto significa que usted le conoce a él y a su trabajo personalmente. Ambos han levantado sus voces para hacer una crítica educada del documento papal Amoris Laetitia. ¿Cuál ha sido su reacción a la decisión del arzobispo de Granada, España, por haber retirado al profesor Seifert debido a su crítica a Amoris Laetitia?

Robert Spaemann (RS): Primero de todo, el profesor Seifert no fue mi estudiante, sino de Dietrich von Hildebrand. Recibió su licenciatura de habilitación en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Múnich. En lo que respecta al arzobispo de Granada y el hecho de haber retirado a Seifert, me quedé asombrado. No sabía nada sobre la intervención de Seifert. Nuestras reacciones a la decisión del arzobispo fueron totalmente independientes la una de la otra.

MH: ¿Cómo reaccionó usted al reproche del arzobispo Javier Martínez, según el cual el profesor Seifert, con su crítica a Amoris Laetitia, «daña la comunión de la Iglesia, confunde la fe de los fieles y siembra desconfianza en el sucesor de Pedro»?

RS: Como he dicho, me quedé asombrado. El arzobispo escribe que él tiene que asegurarse que los fieles no se confundan porque Seifert está socavando la unidad de la Iglesia.

La unidad de la Iglesia se basa en la verdad. Cuando la Iglesia Católica le confía a un profesor digno de confianza una misión de enseñanza, es porque confía en la enseñanza independiente de un pensador. Mientras su filosofía no esté en contradicción con la enseñanza de la Iglesia, existe una amplio terreno para su enseñanza.

En esto la Edad Media fue un modelo. Existían las más profundas y vivas diferencias de opinión. En esos debates, lo que contaba era la argumentación, no la decisión de una autoridad. A nadie se le habría pasado por la mente pensar si una idea filosófica estaba de acuerdo con la opinión del Papa reinante entonces.

MH: ¿Qué tipo de señales manda un veredicto episcopal como éste en relación a la libertad académica en general, pero también respecto a la libertad de una conciencia bien formada de un católico en particular? ¿Puede un académico católico seguir discutiendo las declaraciones papales de una manera crítica, podría ser posible?

RS: A la luz del veredicto del arzobispo, todo filósofo que trabaje en una institución eclesial tiene que preguntarse a partir de ahora si puede seguir prestando su servicio en ella.

En cualquier caso, la intervención del arzobispo es incompatible con el respeto a la libertad académica.
Lo que Seifert critica es la brecha que se ha creado con la enseñanza continua de la Iglesia y con la enseñanza explícita de los Papas Pablo VI y Juan Pablo II. San Juan Pablo II enfatizó una vez en la Veritatis Splendor, explícitamente, que no hay excepción al rechazo a los divorciados «que se han vuelto a casar» en lo que atañe a los Sacramentos. El Papa Francisco contradice la enseñanza de la Veritatis Splendor de manera muy explícita también.

MH: ¿Está usted de acuerdo con el argumento del profesor Seifert en relación con la declaración en Amoris Laetitia (303) -según la cual Dios, a veces, puede pedir a una persona en una situación matrimonial irregular permanecer por el momento en una situación objetiva de pecado (como es el caso de los divorciados «que se han vuelto a casar», que mantendrían relaciones sexuales para preservar su nueva relación por el bien de sus hijos)- que, según él, podría llevar en líneas generales a una anarquía moral y que, entonces, ninguna ley moral (por ejemplo, contra el aborto y la anticoncepción artificial) podría ser rescatada de las excepciones liberalizadoras?

RS: Estoy totalmente de acuerdo con el argumento del profesor Seifert. Lo que él condena es la teoría filosófica moral del consecuencialismo; es decir, la enseñanza que afirma que lo ético de una acción se basa en la totalidad de las consecuencias actuales y anticipadas y que, por lo tanto, no hay actos que sean siempre malos. Josef Seifert también pone algunos ejemplos: el aborto, la anticoncepción, etc., e incluye el adulterio.

Por cierto, tengo que mencionar un error en el ensayo de Seifert: él habla sobre actos que son, independientemente del contexto, siempre buenos. Santo Tomás ya contradijo este punto de vista. Todo el mundo puede nombrar actos que son siempre malos, pero ninguno que sea siempre bueno. En este contexto, vale la pena citar las siguientes palabras de Boecio a las que Tomás hace referencia a menudo: «Bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu». («Una acción es buena cuando es buena en todos los sentidos; es mala cuando es mala en alguno»).

MH: En abril de 2016, usted predijo que Amoris Laetitia dividiría a la Iglesia. ¿Cómo ve usted la situación de la Iglesia ahora, un año más tarde, y después de que distintas conferencias episcopales hayan publicado sus propias directrices pastorales relacionadas con Amoris Laetitia?

RS: La división dentro de la Iglesia causada por Amoris Laetitia ya ha tenido lugar. Las distintas conferencias episcopales han publicado directrices que contrastan entre ellas. Y los pobres sacerdotes están solos.

MH: Usted y el profesor Seifert han sido miembros durante muchos años de la Pontificia Academia para la Vida, en Roma. Ahora ambos han sido expulsados de ella. ¿Sabe usted por qué han sido expulsados, de esta manera tan inusual, de este importante organismo?

RS: Según los estatutos, yo dejé de pertenecer a la Pontificia Academia para la Vida cuando cumplí 80 años. Sin embargo, Seifert ha sido destituido de su cargo contrariamente a lo que dictan los estatutos. ¿Por qué? La respuesta es muy simple. Seifert crítica también la teoría del consecuencialismo, que el propio Papa enseña. Y en Roma ya no se toleran puntos de vista opuestos. No se necesita a un experto en el Vaticano para ver que el Cardenal Gerhard Müller, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tuvo que dejar su cargo en un corto periodo de tiempo.

MH: En el contexto de las nuevas enseñanzas que llegan de Roma y, sobre todo, en el contexto del Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia, ¿está usted de acuerdo, como filósofo, con el argumento antropológico y sociológico según el cual los nuevos cambios sociales implican un cambio de las leyes morales? En el contexto de las ideas científicas modernas, la gente a menudo reclama, hoy en día, por ejemplo, que en los tiempos bíblicos no se sabía que la homosexualidad es una inclinación biológica y que, por lo tanto, la enseñanza moral tiene que adaptarse y liberalizarse en consecuencia. ¿Está usted de acuerdo con este argumento «científico»?

RS: No. Los principios de la ley moral son siempre y en todas partes los mismos. Puede cambiar la aplicación. Cuando existe una ley del estado según la cual la gente anciana o con una enfermedad seria puede ser asesinada, se aplica siempre y en todas partes. La cuestión sobre cómo se lleva a cabo este asesinato depende de las costumbres de una época concreta pero, mientras el hombre siga siendo hombre, no influye sobre la ley moral.

Si existe un punto de vista dominante, y este punto de vista dominante contradice la ley moral, la esencia del hombre, entonces toda la sociedad está en un estado lamentable. Los cristianos de los primeros tiempos no se adaptaron al punto de vista moral dominante. Sus vecinos les admiraban por esto. Cuando se hablaba de los cristianos, la gente les alababa por no matar a sus hijos.

La frase de San Pedro: «Hay que obedecer a Dios más que a los hombres», sigue siendo válida. Una Iglesia que toma el camino de la adaptación no será capaz de llevar a cabo su misión. El Superior General de los Jesuitas ahora dice que hay que reinterpretar las palabras de Jesús según nuestro tiempo.
Sobre todo en lo que concierne al matrimonio, este tipo de «contextualización de las palabras de Jesús» ya no corresponde a la severidad de Jesús porque los discípulos consideraban que el Mandamiento que prohíbe el adulterio es muy estricto: «¿Quién, entonces, deseará casarse?».

MH: ¿Cuál es, entonces, la verdad en el contexto del actual debate sobre la ley moral?

RS: La pregunta: «¿Qué es la verdad?», es la respuesta de Pilato a la frase de Jesús: «Yo para esto he nacido y por esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad». «Yo soy la Verdad».

MH: ¿Qué doctrina de la Iglesia es la que se ignora más en la actualidad?

RS: Probablemente la prohibición del adulterio.

MH: ¿Qué les diría usted a los sacerdotes que se tienen que enfrentar a la petición de dar la Santa Comunión a los divorciados «que se han vuelto a casar», algo que no pueden hacer por conciencia? ¿Qué pasa si les suspenden de su oficio por ofrecer resistencia?

RS: Me gustaría dar la respuesta con las palabras del obispo auxiliar, Mons. Athanasius Schneider:
«Cuando los sacerdotes y los laicos permanecen fieles a la enseñanza y la praxis inmutable y perenne de toda la Iglesia, están en comunión con todos los Papas, con los obispos ortodoxos y los Santos de dos mil años, están en comunión especial con San Juan Bautista, Santo Tomás Moro, San Juan Fisher y los innumerables esposos abandonados que han permanecido fieles a sus votos matrimoniales, aceptando una vida de continencia para no ofender a Dios. La voz constante en este mismo sentido y significado (eodem sensu eademque sententia [Vaticanum I]) y la correspondiente práctica de dos mil años son más poderosos y seguros que la voz y práctica discordante de admitir a adúlteros no arrepentidos a la Santa Comunión, incluso si esta práctica está promovida por un único Papa o por los obispos diocesanos. […] Significa que toda la tradición católica juzga de manera segura y con certeza y es contraria a una práctica fabricada y de breve duración que, en un determinado momento, contradice todo el Magisterio de todos los tiempos. Aquellos sacerdotes que sean obligados por sus superiores a dar la Santa Comunión a adúlteros públicos y no arrepentidos, o a pecadores notorios y públicos, deben responder con santa convicción: 'Nuestro comportamiento es el comportamiento de todo el mundo católico a lo largo de dos mil años'».

Recientemente he recibido la visita de un sacerdote africano que me ha hecho, con lágrimas en los ojos, la misma pregunta. El Mandamiento: «Debes obedecer a Dios antes que a los hombres», se aplica a la enseñanza de la Iglesia. Si el sacerdote está convencido que no debe dar la Santa Comunión a «los divorciados que se han vuelto a casar», entonces tiene que seguir la palabra de Jesús y los dos mil años de enseñanza de la Iglesia. Si es suspendido por esto, se ha convertido en «testimonio de la Verdad».

MH: ¿Qué aconsejaría usted, con toda su sabiduría y experiencia de vida, y también como persona que ha crecido bajo el nazismo, a los católicos en esta difícil situación actual? ¿Cuál sería, por decirlo de algún modo, su testamento para toda la gente del mundo que escucha su voz con seriedad y anhelo?

RS: Era más fácil ser un fiel cristiano durante el tiempo del nazismo que ahora.

DUE ANNI FA SUPPLICA AL PAPA SUL MATRIMONIO. ORA QUASI 900MILA FIRME. IMBARAZZANTE (IMBARAZZATO?) SILENZIO DI PIETRO. – STILUM CURIAE

DUE ANNI FA SUPPLICA AL PAPA SUL MATRIMONIO. ORA QUASI 900MILA FIRME. IMBARAZZANTE (IMBARAZZATO?) SILENZIO DI PIETRO. – STILUM CURIAE

DUE ANNI FA SUPPLICA AL PAPA SUL MATRIMONIO. ORA QUASI 900MILA FIRME. IMBARAZZANTE (IMBARAZZATO?) SILENZIO DI PIETRO.

Marco Tosatti

Due anni dopo. Prima ancora che la controversa esortazione apostolica Amoris Laetitia, con tutte le sue volute ambiguità, fosse pubblicata, e alla vigilia della seconda tranche del Sinodo sulla Famiglia, era partita nei confronti di Francesco una "Supplica Filiale". Il testo chiedeva a Papa Francesco "una parola chiarificatrice" che dissipasse il "generalizzato disorientamento causato dall'eventualità che in seno alla Chiesa si aprisse una breccia tale da permettere l'adulterio in seguito all'accesso all'Eucaristia di coppie divorziate e risposate civilmente".

Tuttora il coordinamento della "Supplica Filiale", che rappresenta una coalizione di oltre 60 organizzazioni pro-famiglia e pro-vita dei 5 continenti, non ha ricevuto nemmeno una nota di avvenuta ricezione da parte della Santa Sede.

Straordinario, no? Specialmente se si tiene conto che l'onnipotente Segreteria di Stato risponde a tutti, comprese le coppie omosessuali, augurando ogni bene e facendo così qualche piccola gaffe. Ma ovviamente i cattolici non hanno diritto a risposta. Nel frattempo la supplica filiale è stata firmata da 1378 "firmatari qualificati"; cioè religiosi, religiose, vescovi, cardinali, accademici e studiosi: mentre la raccolta di firme fra i semplici fedeli ha raggiunto quasi le novecentomila adesioni (879.451, per l'esattezza).

Oggi il comitato che ha dato il via alla supplica filiale la ripropone, chiedendo al Pontefice regnante di rompere un silenzio che ormai oltre che paradossale sta diventando veramente straordinario, senza una possibile giustificazione che non sia l'imbarazzo. (Chi desidera aderirvi può firmare nel sito www.supplicafiliale.org).

Ma è rimasta senza risposta anche una seconda iniziativa: una "Dichiarazione di fedeltà all'insegnamento immutabile della Chiesa sul matrimonio e alla sua ininterrotta disciplina, ricevuta dagli apostoli", attendendo così ad un suggerimento di alte sfere ecclesiastiche. Non disponendo degli stessi mezzi logistici della prima iniziativa e trattandosi questa volta di un documento significativamente più esteso, il coordinamento ha pubblicato la Dichiarazione nel suo sito internet il 29 agosto 2016, in modo che chiunque potesse firmarla.

La Dichiarazione di Fedeltà ha raggiunto 35.112 firme, fra le quali si contano 3 cardinali, 9 vescovi, 636 fra sacerdoti diocesani e religiosi, 46 diaconi, 25 seminaristi, 51 fratelli religiosi, 150 religiose claustrali e di vita attiva, ai quali si devono aggiungere 458 laici fra accademici in genere, professori di teologia, insegnanti di religione, catechisti e agenti pastorali.

Il testo affermava fra l'altro che "una coscienza ben formata non può giungere alla conclusione

  • che la sua permanenza in una situazione oggettivamente peccaminosa può costituire la sua migliore risposta al Vangelo, né che questo è ciò che Dio le sta chiedendo;
  • che il sesto comandamento e l'indissolubilità del matrimonio sono semplici ideali da perseguire;
  • che a volte non sia sufficiente la grazia per vivere castamente nel proprio stato, il che darebbe ad alcuni il "diritto" di ricevere l'assoluzione e l'Eucaristia;
  • che basta una coscienza soggettiva per auto-assolversi dal peccato di adulterio.

Insegnare e aiutare i fedeli a vivere in conformità a queste verità – aggiungono i firmatari – costituisce in se stessa una "eminente opera di misericordia e di carità". Se la Chiesa consentisse l'accesso all'Eucaristia a chi si trova manifestamente in uno stato oggettivo di peccato grave, si comporterebbe come "proprietaria dei sacramenti" e non come la loro "fedele amministratrice", incarico affidatole da Nostro Signore".

Silenzio totale anche su questa rispettosa manifestazione di fedeltà. Infine "abbiamo la più recente manifestazione della volontà di Papa Francesco di restare in silenzio, permettendo così l'aggravarsi del clima di confusione". E cioè , è la reticenza mostrata davanti alla "Correzione filiale per la propagazione di errori", elevata a Sua Santità lo scorso 11 agosto da un gruppo di pastori di anime e accademici. Gruppo al quale ogni giorno si aggiungono nuovi e qualificati aderenti; attualmente la lista qualificata ha raggiunto 235 firme, mentre migliaia costituiscono la lista di appoggio popolare.

Non credo che saranno le ultime iniziative. Lo stato di confusione e divisione nella Chiesa non accenna a migliorare. Proprio ieri "La Fede Quotidiana" pubblicava un interessante intervista all'arcivescovo Henryk Muszynski, emerito di Gniezno in Polonia, e Primate Emerito della nazione oltre che ex presidente della Kep, la Conferenza Episcopale polacca. "Amoris Laetitia? Va letta in continuità col Magistero di San Giovanni Paolo e la Familiaris Consortio, è necessario un chiarimento", diceva il presule.

E altri lo diranno, ancora e ancora, nell'immediato futuro.

Chi scrive ha seguito con attenzione lo sviluppo dell'operazione "Amoris Laetitia" dalla primavera del 2014, cioè da prima che la prima tranche del Sinodo fosse aperta. Ha pubblicato – grazie a indiscrezioni di ottima fonte e all'ingenuità di uno dei protagonisti del Sinodo – uno schema di quello che sarebbe stato l'andamento del Sinodo stesso, censurato e condizionato, fino al suo epilogo, e cioè un documento volutamente ambiguo. Molto era stato previsto dal think tank di papa Bergoglio. Ma forse non tutto. Forse si pensava che dopo un po' di trambusto il gregge – cardinali, vescovi e soprattutto laici – si sarebbe rimesso quieto, a brucare l'erba dell'ambiguità preparata al vertice. Invece non è stato, non è così; e il pontificato di Bergoglio corre il rischio, al di là delle esibizioni da circo mediatico, di continuare a essere segnato e di passare alla cronaca per una straordinaria insincerità, per la mancanza di coraggio e chiarezza di chi non risponde e si limita a trovare epiteti (rigidi, rigidi…) per chi chiede una risposta semplice, chiara e convincente su un punto centrale della vita cristiana, l'eucarestia. Non fumosità.



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L'horreur du vide : la charia progresse toutes les fois que l'Église recule, abbé Christian Bouchacourt

Fraternité Sacerdotale Saint-Pie X - FSSPX - SSPX - La Porte Latine - Catholiques de Tradition - Mgr Lefebvre - Mgr Fellay - Fideliter 239 - L'horreur du vide : la charia progresse toutes les fois que l'Église recule, abbé Christian Bouchacourt

L'horreur du vide : la charia progresse
toutes les fois que l'Église recule

Un principe de la physique médiévale, venu d'Aristote, affirmait : « La nature a horreur du vide. » Si ce postulat a été rendu caduc dans l'ordre physique par le progrès des sciences, il prend en revanche toute sa signification dans l'ordre moral et psychologique.

L'homme est fait pour connaître le vrai, aimer le bien, et agir selon ce vrai et ce bien. Mais comme sa nature a « horreur du vide », si on ne lui enseigne pas le vrai, si on ne lui propose pas le bien, il risque de s'attacher à l'erreur et de désirer le mal.

Or les nations chrétiennes se sont détournées de leur identité propre pour s'abandonner à toutes les aberrations. Il faut alors combler le vide que laisse la décrue de la présence chrétienne. En certains pays, comme ceux de l'Amérique du Sud que je connais bien, c'est l'avancée des sectes. En France, malheureusement, c'est plutôt l'islam qui en profite.

L'expérience le démontre : la charia progresse toutes les fois que l'Église recule. Il y a quelque temps, un publiciste a lancé l'idée que des églises paroissiales soient transformées en mosquée. Cette initiative a suscité un juste tollé. Pourtant, il faut avouer qu'il n'y avait dans cette proposition provocante qu'un signe avant-coureur d'une tragique réalité à venir. Car si les églises sont vides tandis que les mosquées de fortune sont pleines, par un obligatoire effet de vases communicants les églises finiront par devenir des mosquées.

Le pape François, pour sa part, estime que ce sont « les religions » qui seraient susceptibles de reconstruire une civilisation. Cependant, ajouter l'erreur religieuse à d'autres erreurs ne fera jamais une vérité. Une nourriture apparente, chimérique, fictive, un « ersatz », n'a jamais nourri personne. La « religion » musulmane va-t- elle donc reconstruire la civilisation européenne ? Sûrement pas !

La solution est claire. Notre-Seigneur Jésus-Christ nous l'a donnée : « Je suis la Voie, la Vérité, la Vie » (Jn 14, 6). Il n'y a donc pas d'autre nom sous le ciel pour être sauvé que le nom de Jésus (cf. Ac 4, 12). Ceci concerne aussi bien les individus que les sociétés, y compris les sociétés politiques. Seule la foi catholique, la vraie foi catholique, dans toute sa vérité et sa charité, est le remède à la crise que traverse la civilisation.

Un réel retour à la foi et à la vie catholiques sauverait les âmes des hommes, mais elle sauverait également l'âme de leurs pays. Elle contribuerait puissamment, en effet, à la préservation du patrimoine humain, naturel, culturel, qui fait la grandeur d'une civilisation humaine, comme la civilisation française. Et toute autre voie est une impasse.

Le pape François nous objecte, cependant, dans son récent livre Politique et société, que « la politique au XVIe siècle était trop catholique ; [mais] le "trop" nous fait du mal » (p. 135). Le vrai et le bien, cependant, ne peuvent être « trop vrai » et « trop bien » : on peut seulement dire que, quelquefois, les hommes ne tiennent pas suffisamment compte des conditions et des circonstances pour que ce vrai soit proclamé adéquatement, pour que ce bien soit recherché comme il convient.

Il est absurde d'affirmer que la politique, au XVIe siècle comme à n'importe quel siècle, aurait été « trop catholique » (en vérité, elle ne l'est jamais assez, comme aucun de nous n'est jamais assez chrétien). Mais il est juste de reconnaître, ce qui n'est pas la même chose, que dans telle circonstance précise, la politique, même menée avec de bonnes intentions, a pu ne pas être adéquate pour ce moment précis, ne pas tenir assez compte de l'état des choses et des hommes, et que cette politique a donc pu aboutir à l'effet inverse de celui recherché.

Mais aujourd'hui, disons-le tout de go, la priorité n'est certainement pas de freiner le zèle d'hommes politiques susceptibles d'appliquer de façon un peu trop rigide, au vu des circonstances, une politique inspirée de l'Évangile. Elle est, au contraire, de défendre, d'illustrer et de promouvoir l'idée d'une politique franchement catholique, pour le salut des individus et des sociétés : en un mot, couronner à nouveau Notre-Seigneur, et le remettre au centre de tout.

Abbé Christian Bouchacourt †, Supérieur du District de France de la Fraternité Sacerdotale Saint-Pie X

Sources : Fideliter n° 239 de septembre-octobre 2017 - La Porte Latine du 12 octobre 2017

Cardinal Burke: ‘The apostasy of faith in our time rightly and profoundly frightens us’ | News | LifeSite

Cardinal Burke: 'The apostasy of faith in our time rightly and profoundly frightens us' | News | LifeSite

Cardinal Burke: 'The apostasy of faith in our time rightly and profoundly frightens us'

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DEVON, England, October 13, 2017 (LifeSiteNews) — The crisis in the world 100 years ago when Our Lady appeared at Fatima continues today and has also infected the life of the Church, Cardinal Raymond Burke said yesterday.

Addressing a Fatima conference in England coinciding with the 100th anniversary of the final apparition, Cardinal Burke said the faithful should be realistic about the great evils besetting the world and the Church, but be full of hope in the victory of the Sacred Heart of Jesus through the Immaculate Heart of Mary

"The reality of the apostasy of faith in our time rightly and profoundly frightens us," he stated. "Our love of Christ and of His mystical Body the Church makes clear to us the gravity of the evil which seeks to rob us of our eternal salvation in Christ."

"But let us not give way to discouragement," he said. "But rather remember that the Immaculate Heart of the Blessed Virgin Mary assumed into glory never ceases to beat with love for us, the children whom her divine son gave to her as he was He was dying upon the cross."

One of the four cardinals who submitted the dubia asking Pope Francis for moral clarity on Amoris Laetitia, Cardinal Burke gave the keynote address for the conference Fatima 100 years Later – A Marian Call for the Whole Church held at Buckfast Abbey.

His talk drew parallels between the rampant confusion and "drawing back" from the faith today in the Church with times past.

We are called to sacrifice

The cardinal patron for the Knights of Malta called for Catholics to be prepared — with the help of the Virgin Mother of God — to accept whatever sacrifice is asked of them in order to be faithful soldiers of Christ. This means taking up the way of prayer, penance, and reparation as taught by Our Lady of Fatima.

Drawing heavily on the wisdom and writings of Pope Saint John Paul II, along with other  Church fathers, Cardinal Burke discussed apostasy from the faith, the "poisonous fruits of the failure of the Church's pastors," the nature of the third secret of Fatima, and also the urgent need to consecrate Russia to Our Lady's immaculate heart as she requested.

Apostasy

He explained at the conference that apostasy is defined as the abandonment of the faith.

"The fundamental nature of apostasy is the drawing away from a divine grace, which first had been given by God and received by man," said Cardinal Burke. "Since apostasy is committed by a man who has received the gift of faith, has known God and His divine law, it is sin against religion, an act of injustice before God."

Apostasy can be either explicit or implicit in nature, the cardinal explained.

He cited St. Thomas Aquinas' Summa Theologica to illustrate how external words and deeds bear witness to internal faith.

This expressed the inseparable unity of faith and virtue, said Cardinal Burke

"Faith in God necessarily expresses itself in love of God," he said.

Apostasy is distinguished from heresy, he said, which is the other grave sin against the faith. Where apostasy is the total defection from the Catholic faith, heresy is the denial of one or another article of the faith. Heresy, depending upon the manner in which it is embraced, can lead to apostasy.

Modernism

Pope Saint Pius X and his 1903 encyclical E Supremi come to mind, said Cardinal Burke, when considering how the Church has and continues to suffer from "the persistent heretical doctrines of Modernism."

In the document, Pius discussed "the disastrous state of human society" at the time, calling apostasy from God a "terrible and deep-rooted malady" dragging society to destruction.

"How much more than ever today does the Roman pontiff face the daunting challenge of a widespread apostasy from God from the faith?" Cardinal Burke posed for those in attendance.

A later Pius X encyclical, Notre charge apostolique, addressed the 'Le Sillon' French political and religious movement, and favor for "a One-World Church."

"How much more ever than today movements for a single government of the world — and certain movements even in the Church — violate the moral law and lack any foundation in God's plan for us," he said.

The cardinal referenced Pius X's encyclical Pascendi Domonici Gregis to show how the heretical doctrines of Modernism flow from "a rationalism and sentimentalism, which draws souls away from the faith itself," and that "the partisans of error" were found in and outside the Church, within the laity and the priesthood.

Cardinal Burke lamented that "the undiscerning members of the faithful can be deceived and beguiled by appearances, attractive theater and flashy slogans, under which the substance is poison for their souls."

The battle continues today

"St Pius X showed then how a divorce of faith from reason, which is inherent to a rationalist and sentimentalist approach, leads man away from God," he said. "Pope Pius X courageously identified a poisonous way of thinking, which had been plaguing the Church for some centuries, and which continues to plague the Church in our time."

The cardinal spoke of how apostasy is a form of "spiritual suicide" and according to Le dictionnaire de théologie catholique: "This spiritual suicide is after the hatred of God, the most grave of sins, for it most completely and definitively separates the powers of the human soul, intelligence and will from God."

"It is clear that apostasy, either explicit or implicit, leads hearts away from the Immaculate Heart of Mary," said Cardinal Burke, "and thus from the Sacred Heart of Jesus — the only font of our salvation."

"In that regard, as the message of Fatima makes clear, that the pastors of the Church who in some way cooperate with apostasy, also by their silence, bear a most heavy burden of responsibility."

The cardinal acknowledged differences over whether the third secret had been fully revealed, opting not to take the matter on in his talk.

But he said, "It seems clear from the most respected studies of the apparitions of Our Lady of Fatima that it has to do with the diabolical forces unleashed upon the world in our time and entering into the very life of the Church, which leads souls away from the truth of the faith and therefore from the divine love flowing from glorious pierced heart of Jesus."

Spiritual chastisement

The third secret of Fatima is not about nuclear war or the end of the world, he said, according to former Leiria-Fatima Bishop Alberto Cosme do Amaral, who in 1984 said the secret rather concerns the Catholic faith itself, specifically its decline in Europe. 

It's clear that only the faith can save man from the spiritual chastisements which rebellion against God brings, he said, and clergy carry a particular responsibility in this regard.

"The teaching of the faith in its integrity and with courage is the heart of the office of the Church's pastors; the Roman pontiff, the bishops in communion with the See of Peter and their principle coworkers the priests," continued Cardinal Burke. "For that reason, the third secret is directed with particular force to those who exercise the pastoral office in their church.'

He said further, "Their failure to teach the faith in fidelity to the Church's constant doctrine and practice, whether through explicit declarations and actions, or through a superficial, confused or even worldly approach, or through their silence, endangers mortally in the deepest spiritual sense the very souls for whom they have been consecrated to care spiritually."

Describing the widespread effect of this failure to uphold the faith, he said, "The poisonous fruits of the failure of the Church's pastors are seen in the manner of worship, of teaching and of moral discipline which is not in accord with divine law."

The grave evil of apostasy has been continually addressed and sanctions applied throughout the Church's history, he shared, including Pope Saint John Paul having addressed apostasy in our time on a number of occasions.

The cardinal said Pope John Paul's appeal for a new evangelization was in response to a constant spread of an abandonment of the faith and practice, and the pope made this appeal to evangelization by pointing out how much philosophical positions inimical to the faith and its practice were influencing the very life of the Church.

Pope John Paul II's noted "culture of death" reference also stemmed from his analysis of apostasy, he pointed out.

"We think in our time of the practical apostasy of Catholics who support and promote programs and laws which are contrary to the moral law or who are silent and inactive about them," Cardinal Burke said. "We think about the evermore diffuse confusion and error in the Church about the foundations of the faith, about the holy Eucharist and holy Matrimony and about the holy Scriptures. And of the moral life, about acts which are always and everywhere evil, and about the just punishment of sin, including eternal damnation for the soul which remains unrepentant of grievous sin."

Of late, however, this can occur with impunity.

"And all of this in many places not only goes uncorrected by the clear announcement of the Church's constant teaching and practice, but is condoned and even promoted by those charged by our Lord with the care of souls," Cardinal Burke told the conference. "We are not talking about theoretical questions, but about a confusion and error which endangers the salvation of souls."

The Church is needed more than ever

At a time when the world has never needed more the clear and courageous witness of the Church, he continued, she appears not to know herself.

The messages of both Pope John Paul and Our Lady remain pertinent now, he said.

"The urgent need of a new evangelization of the world made possible by a prior new evangelization of the Church herself has never been more urgent," stated Cardinal Burke. "The message of Our Lady of Fatima has never been more timely."

Our Lady teaches that the peace of God will come through two means, the cardinal said: the consecration of Russia to the Immaculate Heart of Mary, and the practice of the communion of reparation on the first Saturday of the month.

Regarding the consecration of Russia, he said he doesn't doubt it was Pope St. John Paul's intention to carry out the consecration in 1984, and he said Sister Lucia had indicated that Our Lady accepted it.

"But it is evident that the consecration was not carried out in the manner requested by Our Lady," said Cardinal Burke. "Recognizing the necessity of a total conversion from atheistic materialism and Communism to Christ, the call of Our Lady of Fatima to consecrate Russia to her immaculate heart in accord with her explicit instruction remains urgent."

Our Lady wins in the end, but we must act

"We have the assurance of Our Lady that her immaculate heart will triumph," he added, "that the truth and love of her divine Son will triumph, and we are called to be agents of her triumph by our obedience to her maternal counsel."

Sister Lucia's description of the third secret included the angel at Our Lady's side, pointing to the earth and repeatedly crying out for "Penance!"

She also described the martyrdom of those who remain true to the Lord.

To this Cardinal Burke said, "Let us not fail to embrace whatever suffering comes from our faithful witness to Him who is the true treasure of our hearts."

LA CONFERENZA EPISCOPALE NIGERIANA CONFERMA IL MIRACOLO DEL SOLE. - Blondet & Friends

LA CONFERENZA EPISCOPALE NIGERIANA CONFERMA IL MIRACOLO DEL SOLE. - Blondet & Friends

LA CONFERENZA EPISCOPALE NIGERIANA CONFERMA IL MIRACOLO DEL SOLE.

LA CONFERENZA EPISCOPALE NIGERIANA CONFERMA L'AVVENUTO MIRACOLO DEL SOLE!
https://finedeitempi.wordpress.com/2017/10/15/la-madonna-inizia-dagli-ultimi-ma-a-roma-tutto-tace-ecco-il-miracolo-del-sole/

"Miracolo del Sole in Nigeria,il 13  ottobre, dopo la riconsacrazione della Nigeria al Cuore Immacolato di Maria, in occasione del centenario dell'ultima apparizione a  a Fatima"

"Benin City, nello Stato di Edo, Nigeria.  Si dice fosse presente l'intera Conferenza Episcopale"

Tutto sembra autentico.  Qualcuno  può confermare questa notizia?

"Il 13 ottobre del 1917, davanti a circa 70 mila persone,  Lucia grida: «Guardate il sole!».   Le spesse nubi si squarciano ed appare il sole che comincia a roteare, a cambiare di colore, a danzare nel cielo e poi ad avvicinarsi progressivamente alla terra, come se stesse per precipitarvi.

Il Vescovo di Leiria, nella sua Lettera Pastorale sul culto della Madonna di Fatima così ha scritto: «Il fenomeno solare del 13 ottobre 1917, riferito e descritto nei giornali dell'epoca, è stato quanto mai meraviglioso e lasciò una indelebile impressione in quanti ebbero la felicità di presenziarvi. Questo fenomeno, che nessun osservatorio astronomico ha registrato, e perciò non naturale, è stato costatato da persone di tutte le categorie e classi sociali, credenti e miscredenti, giornalisti dei principali giornali portoghesi, e ancora da individui distanti parecchi chilometri dal luogo dove avveniva; il che sfata ogni spiegazione di illusione collettiva».

Messe catholique : un repas du Seigneur appel à la communion 

Messe catholique : un repas du Seigneur appel à la communion 

Un repas du Seigneur partagé par catholiques et protestants en Allemagne débouche sur un appel à la communion de tous à la messe catholique

Messe repas Seigneur communion catholiques protestants
 
Dans le diocèse de Stuttgart-Rottenburg en Allemagne, c'est à l'initiative d'un théologien catholique (?) Theodor Pindl, que quelque 2.000 personnes ont assisté à un grand « repas du Seigneur » pour partager le pain et le vin (et du jus de fruits pour les enfants). Objectif : partager de manière hospitalière et ouverte une communion célébrant la Dernière Cène. Assitaient au repas des chrétiens catholiques et protestants, avec notamment des religieuses catholiques, des théologiens et des travailleurs pastoraux.  

Messe ou « repas du Seigneur » pour catholiques et protestants ?

  Le groupe « L'Eglise invite » ne s'est pas arrêté là. Lors de l'événement, une invitation de prêtres catholiques aux protestants afin que ceux-ci participent à la sainte messe pour y recevoir l'Eucharistie a été présenté comme le « message principal », afin de dépasser la « séparation » qui existe depuis la réforme. Le P. Hermann Riedle, curé catholique à Ravensburg, a soutenu l'initiative, dont les organisateurs ont souligné que le pape Benoît XVI lui-même avait donné la communion au fondateur protestant de la communauté de Taizé, Roger Schütz, lors de la messe d'obsèques de Jean-Paul II.  

La communion pour tous ?

  Mais si, dans l'Eglise catholique, il est parfois autorisé dans des circonstances particulières de permettre à des chrétiens non catholiques mais professant la foi catholique par rapport à l'Eucharistie de communier – c'est une autre question –, cela n'a rien à voir avec cette invitation générale fondée sur l'idée que l'Eglise est « une maison du Père » dont on ne pourrait refuser l'accès en « excluant » les non catholiques.
 
L'évêque du lieu, Mgr Gebhard Fürst, a souligné ce point et a précisé que les responsables diocésains ne peuvent s'identifier à l'initiative de Ravensburg. Mais ce n'est qu'après avoir été sollicité par le site OnePeterFive… Auparavant, Mgr Fürst était resté silencieux, ne condamnant pas un événement qui avait reçu une large publicité.

Entrevista a Mons. Schneider por el padre Ravasi

Entrevista a Mons. Schneider por el padre Ravasi

Entrevista a Mons. Schneider por el padre Ravasi

Aprovechando la visita que Mons. Athanasius Schneider hiciera a la Argentina, en el marco del XX Encuentro de Formación Católica organizado por el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval, tuvimos la oportunidad de entrevistarlo gracias a la generosidad de sus organizadores.

Queremos aprovechar también para rendir nuestro agradecimiento público, no sólo a la Sra. Virginia Olivera de Gristelli y su señor esposo, Jorge, sino también a los jóvenes que, abnegada y sacrificadamente, organizaron uno de los encuentros católicos más importantes de nuestro país.

En cuanto a la entrevista, ofrecemos aquí, el vídeo y la transcripción que, creemos, vale la pena tomarse el tiempo para oírla, a fin de,

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

*           *           *

Humilde, sereno y alegre, Mons. Schneider nos recibe durante una visita de apenas tres o cuatro días por Buenos Aires. Regala su tiempo y, como las almas grandes, no tiene prisa.

P. Javier Olivera Ravasi: ¿Algún tema que desee obviar? –le digo antes de comenzar la entrevista.

Mons. Schneider: "Nada hay oculto que no sea develado"; pregunte lo que quiera –responde en un correcto italiano.


P. Javier Olivera Ravasi:: 
Bueno –le digo– pero antes una pregunta medio incómoda: ud. es obispo auxiliar de Astaná, Kazajistán… "pero se la pasa viajando" –dicen por ahí…

Mons. Schneider: Es verdad: es que eso mismo me ha pedido mi arzobispo, Mons. Tomasz Peta, de quien dependo. Sucede que, especialmente en estos tiempos de confusión, es importante que los obispos hablemos, máxime cuando la grey de la cual soy auxiliar es tan pequeña y está bien cuidada (apenas el 0.5 % de su diócesis se declara católico).


P. Javier Olivera Ravasi
Pues comencemos entonces. Ud. proviene de un país donde hay gran cantidad de población musulmana ¿cuáles cree que deberían ser, en un continente como Europa, los criterios de aceptación de inmigrantes no cristianos?

Mons. Schneider: Lo primero que debemos tener en cuenta es el fenómeno acerca de esta denominada "inmigración" (que no es una inmigración, sino una supuesta inmigración), porque los hechos demuestran que estos denominados inmigrantes son fruto de una política de los poderes globales, una inmigración artificial hecha para transportar a una gran cantidad de musulmanes, especialmente musulmanes, a los países cristianos de Europa.

Es evidente, para aquellos que aún usan su inteligencia y ven con realismo este fenómeno, que se trata de una acción política regional y global hecha por los grandes poderes mundiales para, en una ulterior etapa, descristianizar Europa. Se trata de mezclar los pueblos para que Europa pierda su identidad, que no es otra que la identidad cristiana. Esta guerra en Medio Oriente, por ejemplo, ha sido hecha por el denominado Estado Islámico, que ha sido financiado y apoyado por EE.UU y la Unión Europa, por medio de algunos países árabes. Se ha realizado este fenómeno migratorio y la cosa más natural era que estos inmigrantes deberían haber sido recibidos por los países musulmanes vecinos, que son ricos –Arabia Saudita y otros, por ejemplo. Esto sería lo más lógico y lo más humano, porque desde el punto de vista moral, en toda inmigración, se debe evitar sacar a las personas de sus ambientes naturales, de su mentalidad, de su historia, etc., y este es un gran error en que los políticos están incurriendo, evidentemente en base a un programa.

Ciertamente, entre estos inmigrantes hay también personas inocentes que deben sufrir y están siendo usadas como instrumentos, pero la mayoría son hombres jóvenes, que han dejado sus familias. ¿Qué refugiado huye de su país dejando a su mujer y a sus hijos? Ningún hombre haría esto. El hombre debe permanecer allí donde está su familia para defenderla. Esta es una nueva demostración de que este fenómeno de la denominada "inmigración" es una acción política programada.


P. Javier Olivera Ravasi:
 Nos encontramos ante el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima. Nuestra Señora dijo entonces que, si Rusia, con todos sus errores doctrinales, ideológicos, etc., no se convertía, los dispersaría por todo el mundo: ¿cree Ud. que la ideología de género, avalada por el marxismo cultural y hasta el progresismo en la Iglesia, podrían ser consecuencias de lo que la Virgen profetizó en 1917?

Mons. Schneider: Como sabemos, la Virgen ha dicho que Rusia difundiría sus errores por todo el mundo y, de entre los primeros errores, se encontraba el de intentar convertir en atea a la sociedad. Es una cosa única en la historia de la humanidad. Jamás hubo en la historia, un pueblo o una cultura atea; incluso entre las más primitivas.

El segundo, aparte del grandísimo error el de querer fundar una sociedad sin religión, atea es el materialismo, es decir, que toda la vida de la sociedad consista en la cosa temporal. Se trata de una radical exclusión de la trascendencia, de la sobrenaturalidad.

El tercer error que la Unión Soviética implantó fue el aborto. Como sabemos, la URSS fue el primer país del mundo que impuso, en 1920, el aborto: la destrucción de la vida.

Estos errores se difundieron también en los países de tradición cristiana: el aborto, el materialismo radical, la exclusión de la trascendencia, de lo sobrenatural, la inmersión en el mundo meramente material y, como Ud. ha dicho, el marxismo cultural, que ha sido creado en Europa, en el tiempo de la Guerra Fría; incluso aquí en América Latina, la teología de la liberación fue una creación y un error de la URSS, que se dio aquí, con consecuencias desastrosas de la destrucción de la vida espiritual verdaderamente católica en los países latinoamericanos.

También la denominada "teoría del género" que es la última consecuencia del marxismo cultural.

En el ámbito de la Iglesia, también los errores de Rusia, del comunismo, del marxismo, han entrado de un modo siempre más evidente y con más fuerza en la vida de la Iglesia. Comenzando con el Concilio Vaticano II, y especialmente después del Concilio, se han dado en el ámbito de la disminución del aspecto sobrenatural de la vida de la Iglesia, del acercamiento, de la pastoral, en el fondo una concentración en los aspectos puramente temporales y materiales. Hoy constatamos casi el culmen de esta actitud naturalista, materialista en la pastoral y en la actividad de la Iglesia, con gran difusión, comprobando que estos errores han entrado también en la vida de la Iglesia.

P. Javier Olivera Ravasi: Hace unas semanas ha sido publicado el Motu proprio "Magnum Principium", que otorga a las Conferencias episcopales nacionales la facultad de realizar las traducciones de los libros litúrgicos a las lenguas vernáculas. ¿Esta posibilidad no podría llegar a atentar, si las traducciones no estuviesen bien hechas, contra la unidadde la Iglesia? En el mismo sentido ¿cuál cree Ud. que sería la solución frente al caos desatado luego de la última reforma litúrgica?

Mons. Schneider: Ud. ha hablado justamente del caos litúrgico. Vivimos hace ya más de cincuenta años en una anarquía litúrgica de la Iglesia. Esto contradice, justamente, la nota de la unidad de la Iglesia porque no solamente tenemos la unidad en la Fe, que es la lex credendi, sino que la Iglesia debe también una unidad en la lex orandi, en la liturgia. Ciertamente existen, como ha existido siempre en la Iglesia, varios ritos litúrgicos; esto es hermoso y es la riqueza de la Iglesia, pero el peligro que tenemos hoy y que ya hemos experimentado, es que las traducciones a las lenguas vernáculas, en algunas regiones lingüísticas, han producido un daño que han tocado incluso la Fe. Las traducciones, por ejemplo, eran tan defectuosas en algunos países que el Papa Juan Pablo II debió intervenir publicando el documento Liturgiam authenticam donde la Santa Sede precisaba con mucha claridad cómo se deben traducir ciertos conceptos teológico-dogmáticos en la liturgia. Porque en la liturgia proclamamos nuestra Fe con fórmulas dogmáticas. Un gran trabajo, en este sentido, es la traducción anglófona del Misal romano, según las indicaciones del Papa Juan Pablo II, a la lengua inglesa, que, desde hace unos años, demuestra ser un óptimo ejemplo de fidelidad en la traducción. Pero ahora, en mi opinión, este nuevo documento parecería ser un paso hacia atrás, de nuevo, dentro de la confusión, viendo un peligro real contra la unidad en las cosas esenciales que tenemos en la liturgia, al momento en que cada Conferencia episcopal decida cómo traducir sus propios libros, especialmente en las expresiones dogmáticas.

Pienso que la Iglesia, la Santa Sede, debería, al contrario, ser más vigilante, y dar a las Conferencias episcopales, normas concretas, como sucedió con Liturgiam authenticam de Juan Pablo II. Según mi convicción, entonces, no veo la necesidad de realizar este nuevo documento, porque bastaba con el de Juan Pablo II.


P. Javier Olivera Ravasi: 
El Sínodo de las familias trajo algunas dificultades y divisiones dentro de los mismos obispos intervinientes. Por otra parte la exhortación post-sinodal Amoris laetitia, con la interpretación del mismo Papa Francisco (según la Carta enviada a los obispos de Buenos Aires) parecería ser un cambio en la doctrina de la Iglesia, respecto a la recepción de la comunión por parte de aquellas personas que se encuentran en una situación objetiva de pecado. Algunos cardenales han planteado algunas dudas (dubbia) al Papa sobre el tema; incluso varios teólogos, obispos y distinguidos académicos, realizaron una corrección filial (Correctio filialis). A muchos laicos les cuesta entender que la Iglesia esté dando estos cambios tan abruptos, y, al mismo tiempo, se preguntan si es lícito y legítimo para un obispo, para un cardenal o para un simple laico, preguntar o hasta corregir al Santo Padre sobre estos temas. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Mons. Schneider: La primera cosa que debemos decir es que es evidente e innegable que el documento Amoris laetitia ha causado una gran confusión. Hay Conferencias episcopales que, de hecho, permiten el acceso a la comunión a los divorciados no arrepentidos, es decir, que quieren continuar viviendo en adulterio. ¡Porque esto es adulterio! Debemos llamar a las cosas por su nombre. Otras Conferencias episcopales lo niegan. Unos obispos diocesanos lo hacen y otros no. Y así tenemos una situación evidente, una contradicción diametral, frontal, entre una Conferencia episcopal y otra, entre un obispo y otro, y esto no es la Iglesia Católica, porque acerca de estas cosas, que se refieren a la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio, la Iglesia debe hablar con una sola voz y actuar coherentemente con la Fe. Si creemos en el dogma divino de la indisolubilidad matrimonial, la Iglesia debe obrar conforme y coherentemente con esta Fe; lo contrario va contra el mismo espíritu del Evangelio.

La Iglesia jamás tuvo esta actitud que implica decir una cosa y hacer otra y esto es evidente hoy; no podemos continuar así, porque la pastoral -la disciplina, en este caso- toca las cosas más santas de la Iglesia, empezando por la Eucaristía, evidentemente y el sacramento, la sacralidad y la indisolubilidad del matrimonio. Y así, con estas normas ya introducidas como la aplicación de la Amoris laetitiacon un lenguaje a veces sofístico, permite de hecho vivir en adulterio y reconocer, no en teoría pero sí de hecho, el divorcio. Y esto es una cosa peligrosa y un gran daño y, ante esto, ningún obispo que aún tenga conciencia de su responsabilidad, no sólo respecto de su diócesis, sino de toda la Iglesia (porque los obispos son ordenados, según la fórmula de la consagración, no sólo para su diócesis, como dice el Vaticano II) debe dejar de velar por el bien de la Iglesia toda, como miembro del Colegio Episcopal. Incluso los mismos fieles, que son miembros de la Iglesia, como miembros de un mismo Cuerpo (porque obispos, papas, jerarquía y fieles, son una sola familia), como en una familia, si observan cosas peligrosas o daños sustanciales para la vida de esta familia o de este Cuerpo, los miembros que lo ven, deben decirlo, exteriorizarlos, y hasta preguntar. Y esto es una cosa completamente legítima y hasta conforme al espíritu del Concilio Vaticano II, que ha alentado a los obispos a obrar junto con el Papa, conforme a un espíritu colegial. Y esto es colegialidad: si los obispos ven que esto es un peligro y que algunas expresiones de Amoris laetitiae son objetivamente ambiguas, y que han sido la causa de estas interpretaciones y aplicaciones contrarias que dañan la Fe, deben en este espíritu de colegialidad, alzar la voz y decir al Santo Padre estas cosas. Esto respecto de las dubbia.

Pero lo mismo han hecho los fieles laicos. Si los hijos ya grandes de una familia ven un riesgo para ésta mientras que su propio padre no lo ve, ellos deben indicar, con reverencia y respeto, los peligros para el conjunto. Por ello, estas formulaciones –tanto las dubbia como la Correctio filialis­- deben ser hechas siempre con respeto por el oficio del Papa, que es la cabeza visible de la Iglesia, como ha sucedido tanto en una como en otra y por esto dichos actos no sólo son legítimos sino, a mi entender, meritorios y alabables. Ciertamente, los historiadores de la Iglesia, después de nosotros, aplaudirán esta acción de los laicos. Es más, a mi juicio, los fieles han actuado según el espíritu del Concilio Vaticano II que los alienta a participar activamente, con sus propias contribuciones, en la vida de la Iglesia; y este es un hermoso ejemplo de cómo se está aplicando el espíritu del Concilio Vaticano II, acerca de la conciencia de los laicos que también tienen cierta responsabilidad en el bien de la Iglesia.


P. Javier Olivera Ravasi:
 
El cardenal Ratzinger, en el año 2005, antes de su asunción como Benedicto XVI, dijo que la Iglesia parecía un barco que hacía "agua portodas partes".El Papa Francisco, por su lado, apenas asumido, dijo que su pontificado no iba a ser muy largo. Ante esta división que parece haber ahora en la Iglesia en su esfera jerárquica, ¿qué puede esperarse de los próximos años de la Iglesia?

Mons. Schneider: Hay una cosa que es cierta y es que la Iglesia siempre se encuentra en las manos seguras de Cristo. Él es el verdadero jefe, el verdadero capitán de este barco donde ya ha entrado tanta agua; no el Papa. El Papa es un capitán vicario, vicarius Christi, pero el verdadero capitán, el capitán oficial y verdadero de este ejército, de esto barco, es Nuestro Señor Jesucristo quien siempre cuidará y defenderá a Su Iglesia. Y Cristo permite a veces –de hecho lo ha permitido otras veces– grandes crisis en la Iglesia, grandes peligros, para intervenir luego. Y así se encargará de nuestro tiempo ante esta gran confusión y oscuridad que vivimos en esta época. Esto es una cosa cierta. Además, la Virgen, nuestra Madre del Cielo, es la Madre de la Iglesia y se preocupa por Ella.

Esta es la primera cosa.

La otra cosa es que, en los momentos más difíciles y confusos de la Iglesia, debemos intentar tener una visión sobrenatural. Porque la Iglesia es algo sobrenatural.

Debemos siempre mantenernos firmes y fuertes en la Fe inmutable de la Iglesia. Y esta Fe la conocemos: es la Fe y la práctica inmutable de la Iglesia (puntualmente, en este caso de los divorciados, por ejemplo). Y sabemos que estamos seguros en la Fe, leyendo los textos de los Papas, de los concilios, etc., que se encontraban siempre en el mismo espíritu. No había antes una ruptura en la práctica sustancial de la Iglesia respecto de los sacramentos. Y todo esto fue sintetizado en el Catecismo, tanto en los anteriores al Concilio Vaticano II como en el posterior a éste, en lo que concierne a estas cosas más sustanciales. Todas estas cosas las sabemos y a ellas debemos atenernos y, si en algún momento algunos sacerdotes, obispos o cardenales contradicen estas cosas que la Iglesia siempre ha enseñado y practicado, no debemos escucharlos. Debemos escuchar la voz de la Iglesia; porque la Iglesia no es el Papa.

En efecto, el Papa no puede decir: "Yo soy la Iglesia", como dijo, en Francia, el rey Luis XIV: L'état c'est moi, "el Estado soy yo". El Papa es también un miembro de la Iglesia; aunque sea la cabeza visible, es un miembro. Y él es el primero que debe obedecer las doctrinas transmitidas hasta él. Su obligación es la de ser un fiel administrador, no un inventor de cosas nuevas. Este es su oficio y el de todos los obispos: fieles administradores, como dijo Nuestro Señor en el Evangelio, "¿quién es el fiel administrador?" (Lc 12,41). Estos son los obispos, el Papa y, en modo subordinado, los sacerdotes.

Si en algunos momentos, lamentablemente, representantes de la jerarquía contradicen lo que la Iglesia siempre ha hecho o ha dicho de modo continuo, nosotros como sacerdotes, obispos o laicos, debemos decir con respeto y reverencia: "Eminencia o Excelencia: esto que Ud. está haciendo o diciendo, contradice la voz de la Iglesia de siempre".

Y este es el peso más grande: la voz y la práctica de la Iglesia durante dos mil años tiene más peso que una nueva voz, abrupta y de ruptura, o una práctica efímera como hoy tantas veces observamos. Y así debemos decir con total humildad y seguridad interna: "yo sé a Quién he creído", scio cui credidi (2 Tim 1,12); en esto se da la firmeza y la paz interior en medio de la confusión.

Por último quiero decir, aunque sea en realidad lo primero en cuanto al valor, que debemos en estos tiempos de crisis tener nuestro refugio en la oración y el sacrificio. Esta es nuestra fuerza más grande. La Iglesia se renueva, en el fondo, con la oración y los sacrificios de tantos de sus miembros, especialmente los más pequeños. Y esto sucede hoy y es nuestro consuelo: que la Providencia divina use, en medio de esta tremenda confusión que está pasando en la Iglesia, de los pequeños, de las almas víctimas y sacrificadas que renueven la Iglesia por medio del trabajo que hace el Espíritu Santo.

Por esto debemos tener confianza en el futuro de la Iglesia.

FIN

* Entrevista realizada por el P. Javier Olivera Ravasi para Que no te la cuenten

Artículos de opinión y análisis recogidos de otros medios. Adelante la Fe no concuerda necesariamente con todas las opiniones y/o expresiones de los mismos, pero los considera elementos interesantes para el debate y la reflexión.