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dimanche 18 février 2018

Jesucristo, vida del alma

Jesucristo, vida del alma

Jesucristo, vida del alma

Queridos hermanos, las infinitas y abundantísimas gracias que en cada Santo Sacrificio de la Misa fluyen a "borbotones" de las sacratísimas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, rodean y "aprisionan" –si se puede decir esta palabra- a cada alma, atrayéndola, con lazos de Amor infinito, a Su Sagrado Corazón, cuya Preciosísima Sangre se derramó aún cuando dejó de latir Aquel. Este adorable Corazón nunca dejó, ni deja, de entregarse a todas las almas.

Estas gracias, abundantísimas e infinitas, nos atraen a la intimidad del Amor infinito; es la intimidad de Dios y el alma; es el trato particular del Señor con su alma amada en el retiro y la soledad. Es ahí, en el apartamiento del mundo y de su ajetreo,  que el Dios Amor espera comunicar sus deseos a su alma. Es en ese coloquio, único y exclusivo, donde Dios quiere ser su verdadera vida.

Dios lo quiere todo del alma, no sólo una entrega parcial u ocasional. Dios quiere ser Todo en su alma, y no se conforma con menos; y espera que Él lo sea todo para ella. La Obra de Salvación no ha sido más que para rescatar al alma del abismo del pecado y llevarla a Su Seno, a Su unión, a Su trato para transformarla de la fealdad del pecado a la hermosura de la Gracia.

Si el Señor es la vida del alma, entonces el alma ha muerto a todo lo que le impida el señorío de Cristo en ella. Esta "muerte" en ella es camino arduo y difícil para el alma, si no hay un desprendimiento sincero y decidido de todo impedimento a la presencia soberana de Cristo en el alma. Muchas almas no se desprenderán de su mundanidad, y harán que se frustre toda presencia divina en ellas. Pobres almas que no son capaces, por no proponérselo con firmeza, de romper las cadenas, pesadas y dolorosas, del mundo; cadenas que las retienen en el lodazal de lo mundano, y por ello, pecaminoso, impidiéndolas elevarse a las alturas de la Gracia para vivir en plenitud. El alma ofuscada y rendida a los atractivos del  mundo, deseos de la carne y engaños del demonio, vive su vida "arrastrando sus pies" por ese camino pedregoso de la carne, opuesto al camino llano y frondoso del espíritu.

Jesucristo es la verdadera vida del alma; todo Su Sacrificio de Amor infinito es para atraer a sus almas y darse todo en ellas. ¡Y tantas almas andan ciegas! Cuántas sufren e imploran la ayuda divina, pero no abren su vida al Señor para que las gobierne y guie. Temen ofrecerse plenamente, y hasta desconfían; les asusta "lanzarse" al "abismo de Amor infinito" que les espera. ¡No conocen este abismo de Amor!

Desgraciadamente el alma no quiere renunciar a sus vanidades, y con ellas pretende en vano llegar a Dios; vano e inútil esfuerzo, que sólo conduce a la frustración. La angustia en el alma se agudiza más, y la oscuridad lo llena todo en ella. Pero Jesucristo espera, y espera,  a que su alma se decida por Él, sin reservas, en plenitud de desprendimiento y amor.

Nos has creado para Tí.

Nos has creado para ti y nuestro corazón no descansará en paz mientras no repose en ti (San Agustín). ¿Cómo puede el alma hacer suya esta frase de San Agustín? ¿Cómo puede llegar a tal convencimiento? Sólo hay un modo: entrar en contacto con Dios, con Jesucristo, y Éste crucificado, y descubrir hasta qué punto nos ama, y de qué manera nos ama el Padre Celestial. Iniciar la relación personal con Nuestro Señor Jesucristo en la intimidad de la oración; empezar a caminar en el trato íntimo y personal con Él.

Muchas almas se "desilusionan" de  su trato con el Señor, se sienten desanimadas, tienen el convencimiento de que el Señor no las escucha, pues, tantas veces han pedido y no han tenido respuesta alguna. Pero estas almas no saben que el Señor siempre responde, y cuando es necesario, de  forma inmediata; lo triste es que estas almas no saben reconocer las respuestas del Señor; y no las reconocen por no estar habituadas al  trato con Él. El Señor responde a cada alma de forma particular, según su capacidad, y según el trato e intimidad con el Señor. Siempre responde, pero no reconocemos la respuesta. De qué forma tan maravillosa y divina,  el Señor, va "agudizando" el entendimiento del alma, en el trato asiduo de la oración, para que vaya conociendo, y familiarizándose, con Su "habla"  única y excepcional.

Va a ser responsabilidad del alma que el trato íntimo progrese elevándola; todo dependerá del desprendimiento que esté dispuesta a hacer de sí misma, las propias renuncias, de la generosidad de su entrega; pues, sin la menor duda, siempre está en el alma el obstáculo para la relación con el Señor. Cuando el alma es generosa y  desprendida, y con amor, confianza y firmeza se dispone a hacer de Jesucristo la Vida de su vida, entonces es tal la generosidad del Señor que ya el alma empieza "gustar" lo que es la verdadera Vida, que ya no es lo que ella experimentaba.

Desde el momento en que el alma inicia su relación de oración y trato íntimo con el Señor, da lugar a los preámbulos de una futura unión  que no hará más que ir transformándola, en la medida que ella se entregue, y esté dispuesta a renunciar y a sacrificarse.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.

www.messeendirect.net

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samedi 17 février 2018

Rod Dreher se défend de proposer aux chrétiens de se retirer au monde

Le Salon Beige - blog quotidien d'actualité par des laïcs catholiques: Rod Dreher se défend de proposer aux chrétiens de se retirer au monde

Rod Dreher se défend de proposer aux chrétiens de se retirer au monde

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17 février 2018

Dans une réponse à un article publié par le P. Andreas Gonçalves Lind contre « Le pari bénédictin », qui encouragerait une nouvelle forme de donatisme, cette hérésie du quatrième siècle qui proclamait un rigorisme moral strict et niait la validité des sacrements administré par les prêtres qui n'avaient pas résisté à la persécution romaine.

DreherFR"Voici sa principale objection :

« Sans naturellement tomber dans l'hérésie, on retrouve chez Dreher l'écho de la voix de Donat : 'Si les Eglise d'aujourd'hui veulent survivre au nouvel âge obscur, elles doivent cesser d'être normales. Nous devrons nous engager plus profondément dans notre foi et nous aurons besoin de le faire d'une façon qui semblera étrangère aux yeux de nos contemporains.  Si nous redécouvrons le passé, si nous restaurons le culte liturgie et l'ascétisme, si nous centrons notre vie sur la communauté ecclésiale et si nous renforçons la disciples de l'Eglise, nous réussirons, avec la grâce de Dieu, à redevenir ce peuple spécial qui nous aurions toujours dû être.  Cette façon de se concentrer sur la formation chrétienne donnera comme fruits non seulement des chrétiens plus forts mais également une nouvelle évangélisation parce que le sel retrouvera sa saveur' ».

« Dans leur volonté de s'identifier à l'Eglise primitive des martyrs persécutés, les donatistes n'acceptaient pas une autre façon de vivre et de pratiquer la foi. Même dans un nouveau contexte historique dans lequel les persécutions étaient terminées, le fait de continuer à se sentir persécutés les confirmait dans leur sentiment d'être les vrais bons chrétiens ».

« Ce faisant, ces chrétiens schismatiques formèrent un petit parti de 'personnes pures'. En opposant 'integer' à 'profanus' comme la principale différence entre ceux qui appartenaient à l'Eglise et ceux qui n'y appartenaient pas, les donatistes avaient tendance à n'admettre que des membres irréprochables ».

Voilà donc le problème – et c'est problème récurrent dans la rhétorique du Pape François. Y a-t-il des catholiques rigides, amers et extrêmes ?  Absolument.  Mais François et ses adeptes ont cette habitude détestable et profondément injuste de qualifier de « rigide » tout qui, prêtre et laïc, croit simplement dans la foi catholique et souhaite la vivre comme elle est définie avec autorité – et, dans certains cas, dans ses formes liturgies plus anciennes.

Le travail plus général de Christian Smith sur les croyances religieuses et les identités des jeunes américains – pas uniquement catholiques – révèle une tendance qui devrait inquiéter au plus haut point n'importe quel chrétien sérieux, et donc certainement le Pontife romain : « Le plupart des jeunes adultes considèrent la religion comme un entrainement pour devenir quelqu'un de bien. Et ils pensent qu'ils sont, somme toute, des gens biens. »

J'ai beaucoup voyagé aux Etats-Unis et à l'étranger pour mes recherches sur « Le pari bénédictin » et pour des conférences. A plusieurs reprises, j'ai entendu le même message, quel que soit l'endroit où je me trouvais : les jeunes adultes d'aujourd'hui qui se considèrent comme chrétiens ne connaissent pratiquement rien de la foi chrétienne, que ce soit en terme de contenu ou sur la façon de la pratique dans la vie de tous les jours.  A tel point que pour autant qu'ils aient une foi, celle-ci n'est généralement que purement émotionnelle.

Donc, quand j'entends des bureaucrates professionnels de l'Eglise comme le Père Antonio Spadaro déclare au monde entier qu'il faut calme, que tout va pour le mieux, que les inquiétudes de chrétiens comme moi « n'ont aucun rapport avec la réalité », cela me met en colère. C'est une tentative d'anesthésier les fidèles.  Il s'agit d'un mensonge cousu de fil blanc et, qui plus est, un mensonge qui met en péril l'âme de nombreuses personnes.

Malgré cela, le P. Lind s'inquiète des catholiques « rigides » qui veulent pratiquer un catholicisme orthodoxe et élever leurs enfants pour devenir des catholiques croyants et fidèles. Le P. Lind cite Saint Augustin contre les donatistes :

« Tandis que le pari bénédictin de Dreher vise à former des communautés dans laquelle la disciples serait 'renforcée » dans le but d'assurer un christianisme présumé plus vrai et plus sain, les écrits qu'Augustin adresse aux donatistes mettent d'autres aspects en évidence comme, par exemple, la patience envers les pécheurs, notamment en ce qui concerne l'importance de préserver la communion ».

« Le pari bénédictin n'implique pas automatiquement l'arrogance qu'Augustin percevait dans l'attitude des donatistes. Toutefois, l'appel à un 'renforcement de la disciples de l'Eglise' renvoie à la rigidité morale donatiste.  En outre, la volonté de construire de petites communautés de 'chrétiens forts' pourrait occulter l'importance des vertus chrétiennes telles que l'humilité, la patience et la tolérance – qui figurent dans les textes d'Augustin -, compromettant ainsi la communion entre les croyants et la formation de relations de pour la paix dans le monde. »

C'est là que le P. Lind commet une erreur fondamentale. Il confond la croyance donatiste que l'Eglise devrait être strictement une confrérie de purs avec la croyance chrétienne catholique élémentaire que nous devons tous cheminer vers la sainteté. Tous les pécheurs sont les bienvenus dans l'Eglise parce que l'Eglise ne compte aucun membre qui soit sans péché. La vie chrétienne est un pèlerinage pour faire grandir en nous le Christ.  Nous trébuchons tous, mais c'est à cela que servent la confession et le pardon. On a parfois l'impression que des chrétiens comme le P. Lind se moquent de la sainteté.  Cela n'est certainement pas vrai mais j'avoue que je peine à comprendre ce qu'ils pensent que l'Eglise et de la vie avec le Christ doivent être. Le P. Lind poursuit :

« Une caractéristique supplémentaire de cette attitude donatiste qui a beaucoup frappé le théologien dominicain Yves Congar porte sur l'hostilité envers les institutions séculières. Les donatistes avaient tendance à refuser de collaborer avec les autorités de l'Empire qui constituaient pour eux un pouvoir païen.  Dans leur perspective théologique, la pureté de la pratique chrétienne entraînait un refus de prendre part, de collaborer ou de s'engager avec les païens dans leurs institutions non-chrétiennes. En ce sens, les donatistes constituaient dans les faits une 'polis parallèle'. Au contraire, les catholiques comme Augustin restèrent liés à certaines institutions impériales et se sentirent forcés de considérer que les donatistes étaient des chrétiens schismatiques ».

Il s'agit là d'une falsification flagrante de mon livre. Voici comment l'idée d'une « polis parallèle » est introduite dans « Le pari bénédictin » :

« L'originalité de la contribution du dissident Tchèque Vaclav Benda au mouvement dissident, c'était l'idée d'une 'polis parallèle' – une société distincte mais perméable coexistant aux côté de l'ordre communiste officiel. Flagg Taylor, un philosophe politique américain expert des mouvements dissidents tchèques, affirmait que 'Selon Benda, les dissidents ne pouvaient pas se limiter à contester le gouvernement communiste, ils devaient également promouvoir un engagement positif dans le monde. 

Au risque de se mettre en grand péril lui-même ainsi que sa famille (son épouse et lui avaient six enfants), Benda refusa la ghettoïsation. Il ne voyait aucune possibilité de collaboration avec les communistes mais il refusait la passivité, la considérant comme un échec à montrer la juste préoccupation chrétienne pour la justice, la charité et à témoigner de l'Evangile du Christ dans l'espace public. En ce qui concerne Benda, l'injonction de Václav Havel de 'vivre dans la vérité' ne pouvait signifier qu'une seule chose : vivre comme une communauté chrétienne.

Benda ne conseillait pas aux chrétiens de se réfugier dans un ghetto. Il insistait au contraire sur le fait qu'il fallait entendre la polis parallèle au sens d'un combat pour 'la sauvegarde ou le renouveau de la communauté nationale dans le plus large sens du terme – en même temps que la défense des valeurs, des institutions et des conditions matérielles indispensables à l'existence d'une telle communauté' ».

Le P. Lind voudrait faire croire à ses lecteurs que je serais en train de dire aux catholiques et aux autres chrétiens de se retirer du monde pour éviter la contamination. En fait, dans le contexte de ce que dit le livre, cette « polis parallèle » ne se justifierait que quand on ne permet plus aux chrétiens d'être chrétiens dans l'espace public.

Peut-être cela n'a-t-il aucun sens pour le P. Lind qui enseigne à l'Université jésuite de Namur en Belgique (où, par ailleurs, la foi catholique est moribonde avec un électrocardiogramme pratiquement plat). Je ne sais pas quelle est la situation concernant l'Eglise et l'Etat en Belgique.  Ici aux Etats-Unis, cependant, nous sommes entré dans une ère où les collèges et les institutions chrétiennes risquent de sérieux ennuis s'ils ne conforment pas leurs enseignements et leurs pratiques internes aux dogmes du LGBT et de l'idéologie du genre.

Comme je l'ai clairement exprimé dans le livre, il ne s'agit pas de simple spéculation. J'ai interrogé une série de professeurs de droit et d'experts dans le domaine.  Ils voient bien, eux, ce qui est en train de nous arriver, même si ce n'est pas le cas du P. Lind. Il y aurait beaucoup à dire sur son article mais conclurai avec ceci :

« Par conséquent, le pari bénédictin porte un regard pessimiste envers la société contemporaine. Bien que l'affirmation de la liberté religieuse soit essentielle si l'on veut que les chrétiens puissent pratique leur foi, Dreher ne semble pas très intéressé à montrer l'importance du véritable dialogue issu de cette dignité humaine qui est la source de toutes les libertés ».

Eh bien, il a raison sur ce point : je porte bien un regard pessimiste sur les sociétés contemporaines. Comment un chrétien orthodoxe (avec une minuscule) qui fait un tant soit peu attention pourrait-il ne pas être pessimiste ?  Bon sang, le Pape François lui-même, selon les mots de son biographe [Austin Ivereigh], est « apocalyptique » !  Bien sûr que Dreher veut parler aux autres – « Le pari bénédictin » appelle explicitement à une collaboration ouverte entre les chrétiens et tous les autres (j'ai mentionné les Juifs en particulier) qui partagent notre positionnement de contre-culture vis-à-vis du monde, sinon nos convictions théologiques – mais les idées assimilationnistes éculées des jésuites modernes ne m'intéressent pas.  Elles pouvaient sembler raisonnables en 1968 mais nous savons bien quels fruits a donné cette approche : l'effondrement.

Je suis confiant dans le fait que les catholiques qui souhaitent que leur foi survive à cette apocalypse-ci et puisse continuer à vivre chez les enfants, et chez les enfants de leurs enfants, se joindront à moi et à d'autres chrétiens de bonne volonté pour essayer de tracer une nouvelle voie pour sortir des ruines de la chrétienté contemporaine. Au risque d'en choquer beaucoup, certaines traditions de l'Eglise catholique datant d'avant 1965 ont véritablement quelque chose à dire aux catholiques d'aujourd'hui – et à tous les chrétiens.  C'est le message principal du « Pari bénédictin ».  Ma propre approche n'est pas exempte de défauts et je reste ouvert à la critique.  Mais je préfère tenter quelque chose de sérieux pour résister plutôt que d'adopter de pieuses stratégies de capitulation."


El cardenal Burke propone teocentrismo en la liturgia y una catequesis de contenidos no mundanos | InfoVaticana

El cardenal Burke propone teocentrismo en la liturgia y una catequesis de contenidos no mundanos | InfoVaticana

El cardenal Burke propone teocentrismo en la liturgia y una catequesis de contenidos no mundanos

En la extensa entrevista concedida al periodista francés Guillaume d'Alançon, publicada ahora en español bajo el título Esperanza para el mundo, el cardenal, con realismo absoluto, huye de versiones edulcoradas sobre el mundo que vivimos y sobre el papel de la Iglesia en él, al mismo tiempo con la certeza de que la victoria le corresponde a Cristo

(Carmelo López-Arias / Religión en Libertad) Si, por un lado, "las jóvenes Iglesias de África y Asia a menudo muestran la energía y compromiso de la primera evangelización", por otro "en muchos aspectos la Iglesia de Occidente parece estar cercana a la muerte". Ante esta realidad difícilmente eludible, el cardenal Raymond Leo Burke nos recuerda que "la Iglesia nunca acaba, dondequiera que esté en el mundo, porque Cristo, que es fiel a sus promesas, siempre permanece con la Iglesia, en cualquier lugar y hasta el fin del mundo". Y nada es irreversible. También en la Iglesia de Occidente hay "muchos signos de un nuevo florecimiento de la fe, que debemos apoyar y en el que debemos tomar parte" para emprender "la nueva evangelización" a la que está llamada: "Allí donde la Iglesia parezca que está desapareciendo, se debe dedicar de nuevo a la enseñanza de la fe, a la adoración y la oración, y a una vida virtuosa, con energía y compromiso renovados".

Visión personal del mundo y de la Iglesia

El cardenal Burke, junto a Guillaume d'Alançon, autor de la entrevista. Foto: Radio Notre Dame.

En estas respuestas podría sintetizarse el mensaje transmitido por el cardenal Burke en la extensa entrevista concedida al periodista francés Guillaume d'Alançon, publicada ahora en español bajo el título Esperanza para el mundo. Unir todas las cosas en Cristo (Bibliotheca Homo Legens). Con realismo absoluto, huye de versiones edulcoradas sobre el mundo que vivimos y sobre el papel de la Iglesia en él, al mismo tiempo con la certeza de que la victoria le corresponde a Cristo, y no a sus enemigos.

El cardenal Burke destaca por encima de todo el problema de la catequesis, de la enseñanza de la fe, como una de las mayores necesidades de la Iglesia hoy porque está en la raíz de su declive. Nacido en 1948, conoció la época en la que se daba importancia a los contenidos: "Las definiciones y fórmulas que teníamos que aprender eran muy ricas y favorecían la reflexión sobre las realidades de la vida. El catecismo me ayudó a descubrir el significado profundo de los misterios de la fe". Posteriormente conoció "las serias ambigüedades de los nuevos métodos de enseñanza del catecismo desarrollados a partir de los años sesenta", un "método de catequesis que exaltaba al individuo humano en detrimento de Dios".

El derrumbe postconciliar

De abuelos irlandeses e hijo de un granjero que falleció cuando él tenía 8 años, Burke recibió una sólida formación cristiana en el hogar y en la parroquia, ingresó en el seminario menor en 1962 y fue ordenado por Pablo VI en 1975. Cuando empezó su preparación sacerdotal, justo al inicio del Concilio, "en la Iglesia había un sentimiento de serenidad y confianza". Enseguida, "a medida que se desarrollaban las sesiones, se empezó a oír una crítica cada vez más dura relacionada con los distintos aspectos de la vida de la Iglesia. Era preocupante… De vez en cuando, se llamaba a los denominados expertos sobre el Concilio para que hicieran presentaciones en el seminario. Algunas de estas presentaciones reflejaban una seria falta de respeto por la vida de la Iglesia tal como era antes del Concilio; algunas llegaban tan lejos que cuestionaban continuamente la enseñanza de la Iglesia en materia de fe y de moral".

El efecto fue demoledor sobre "la vida y disciplina sacerdotal y religiosa", con abandonos masivos y "un rápido declive de las vocaciones". También "disminuyeron la participación en la misa dominical y el fervor religioso en general". Entre los fieles "se desarrolló una noción errónea de la conciencia, que tuvo un efecto desastroso en la vida moral de los católicos. El sentido de seguridad sobre la vida, que hasta entonces había sido común en la Iglesia, se reemplazó rápidamente con un sentido de imprevisibilidad, cuestionamiento, duda y experimentación. En lugar de intentar solucionar esta situación, parecía que hubiera una especie de fascinación en el hecho de cuestionarlo todo".


Una vez ordenado sacerdote, sus primeras tareas fueron en el ámbito de la enseñanza y la catequesis, donde percibió un problema que persiste: la "falta de textos catequéticos serios" para los niños y la ausencia de contenidos en los que había. El joven vicario parroquial se encontró con un cambio brutal respecto a su propia infancia, apenas tres lustros anterior: "Lo que seguramente más me asombró fue la incultura religiosa que tenían los niños que, en cambio, eran inteligentes y estaban bien formados en otros ámbitos".

Empobrecimiento del contenido

Mientras, continuaba su formación, y revela a Alançon que él habría querido estudiar teología y no le atraía el Derecho Canónico, al que se consagró a partir de 1980 por petición de su obispo. Una dedicación que, al final, ha dado sentido a toda su trayectoria eclesiástica.

Ya como obispo (1995, La Crosse; 2003, Saint Louis), Burke seguía detectando el agujero catequético y sus consecuencias. Una dificultad en su ministerio era "la invasiva secularización de la cultura que, por desgracia, también había entrado en la vida de la Iglesia. El empobrecimiento que había sufrido el contenido de la catequesis durante décadas impedía a los fieles dar testimonio en la cultura como cristianos. La formación de los seminaristas también se había debilitado y había perdido su rumbo".

Todo procedía desde los primeros años 60: "El sentimiento generalizado era que toda la vida de la Iglesia antes del Concilio no tenía valor, que era necesario crear una nueva Iglesia para poder vivir en un mundo que había cambiado mucho".

Errores previos

Aunque eso no pasó por casualidad: ya antes del Concilio mucha gente "había perdido el sentido de la transmisión de la fe" por un sentido "erróneo" del "progreso humano" que "hacía difícil acoger el don de Dios": "Las verdades de la fe ya no se aceptaban con el corazón inocente de un niño".

"Junto al misterio desapareció el sentido de la fe y de lo sagrado", añade poco después: "La gente sufría cruelmente por una falta de formación y, en el mejor de los casos, había mantenido un formalismo desarraigado, ya fuera en las relaciones humanas o en la práctica litúrgica".

La esperanza

Pero el cardenal Burke no se queda en una descripción de errores pasados. El mensaje que quiere transmitir es, como titula su libro, Esperanza para el mundo. Porque la hay.

"En las relaciones que he tenido con sacerdotes jóvenes, como obispo y como cardenal que trabaja en Roma, he observado que no comprenden el tipo de revolución que hubo en la Iglesia que se identifica con el mayo del 68 y, dessde luego, ellos no forman parte de ella… Han sufrido la derrota moral de una sociedad totalmente secularizada" y quieren tomar parte en "la nueva evangelización a la que el Beato Pablo VI y San Juan Pablo II tan a menudo nos exhortaban".

Volver al teocentrismo, también en la liturgia

El 9 de septiembre del año pasado, el cardenal Burke estuvo en el cementerio de los Mártires de Paracuellos del Jarama, en el Primer Encuentro Infovaticana, donde disertó sobre La esperanza de la familia en un mundo secularizado, conferencia que se publica como anexo en este nuevo libro.

Para ello, el cardenal propone, una "renovación espiritual" que parta de un fundamento consistente: "Debemos volver a nuestras raíces, a los fundamentos de nuestro ser y, por lo tanto, a la metafísica". La mente humana necesita "una filosofía realista que sirva como base para su comprensión de los misterios de la fe". "La Iglesia debe redescubrir su visión teocéntrica", que "puede sostenerse sólo con la sagrada liturgia celebrada con dignidad", esto es, con una perspectiva de adoración que es urgente recuperar para "que haya una gran devoción y un sentido de la trascendencia que indica que nos estamos dirigiendo al Señor y que el sacrificio en el Calvario se está renovando".

Ese regreso de Dios al centro de la liturgia es fundamental, porque "la Iglesia sigue enfrentándose al desastre causado por una errónea interpretación de la reforma litúrgica deseada por los padres del Concilio Vaticano II", que se tradujo en "una violenta reformade los ritos litúrgicos, acompañada por el incentivo a experimentar con ellos".

"Es de la máxima importancia el modo en que adoremos al Señor", subraya Burke, "porque esto permitirá que Cristo sea cada vez más visible y tangible". Ha de quedar "claro", dice, "que la liturgia es la acción de Cristo: "Para los niños, ir a una misa en la que el sacerdote piense que él es el protagonista les destruiría su sentido de la liturgia".

A lo largo de Esperanza para el mundo, Alançon va proponiendo numerosos otros temas: el aborto, la vida familiar, las nulidades matrimoniales, el matrimonio homosexual, la homosexualidad misma, la ideología de género… Tiene claro que, ante todo ello, "abandonar la política de golpe sería una catástrofe. Debemos hacer todo lo posible para que los cristianos se impliquen en la política, para no dejar el sistema legislativo en manos de quienes quieren legislar contra la Ley natural".

Vivimos "en un mundo que ya no es cristiano. El mundo ha cambiado y debemos re-cristianizar la vida ordinaria de cada día", y es misión de los laicos "la transformación del mundo". Eso implica antes una transformación personal, espiritual, para lo cual propone un pequeño programa que descansa sobre un pilar diario: "Se tiene que encontrar tiempo para dedicarlo exclusivamente al Señor en oración", uno mismo  y en familia.


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(Artículo publicado originalmente en Religión en Libertad)

La Crisis de la Masculinidad

La Crisis de la Masculinidad

La Crisis de la Masculinidad

Hoy en día, en la sociedad occidental post-cristiana, la debilidad se ha convertido en una virtud. El hombre ideal, para los modernos, es el que se disculpa por todo, que piensa todo el día en como no ofender a nadie, evitando a toda costa el enfrentamiento y hablando siempre de diálogo y tolerancia. Es decir, un hombre que no es hombre. En la guerra contra Dios, Satanás intenta destruir al ser humano, y no hay mejor forma de hacerlo que desvirtuando su naturaleza. Por esto, quiere que los hombres se comporten como mujeres y que las mujeres se comporten como hombres. Los hombres reales (no los personajes de películas) que demuestran virtudes masculinas, como el valor, el honor y el sacrificio, son vilipendiados. Se habla de masculinidad tóxica (nunca he oído hablar de feminidad tóxica), se insinúa que todos los hombres somos violadores en potencia y se fantasea sobre un mundo feliz gobernado por mujeres.

Esta ideología feminista sólo ha arraigado en Occidente; los países asiáticos y africanos viven al margen de esta degeneración post-cristiana. El peligro es que si los países occidentales se entregan al feminismo radical, enarbolando la debilidad como bandera, reduciendo sus fuerzas armadas a meras ONG´s, y convirtiendo a sus hombres en idiotas afeminados, los países que NO han sido infectados por esta enfermedad mental nos verán como presa fácil y atacarán. Ya está ocurriendo con el Islam. Los mahometanos no están invirtiendo los roles naturales del hombre y de la mujer, por lo que su sociedad mantiene vigor: su población es joven y en constante aumento. Perciben nuestra debilidad y saben que su hora llegará pronto. Con el peligro que cierne sobre Occidente, es hora de que los hombres católicos rechacemos el estigma que esta sociedad perversa proyecta sobre la masculinidad.

Debemos oponernos a toda costa a la búsqueda de igualdad entre hombres y mujeres, porque es una abominación y sólo puede traer consecuencias devastadoras para nuestra civilización. Hace unos 2500 años dijo esto Aristóteles:

El macho, a menos se desnaturalice de alguna manera, es naturalmente más apto para el liderazgo que la hembra.

El hombre y la mujer NO SON IGUALES y jamás lo serán. Hoy en día decir una cosa así suena chocante. Es una herejía para nuestro tiempo; es como decirle a un español del siglo XVI que María no era virgen en el parto. Igual que San Ignacio de Loyola estuvo tentado de matar a un moro por decir precisamente esto, el español del siglo XXI, al escuchar que la mujer no es igual al hombre, monta en cólera y es capaz de denunciarte a la policía por incitación al odio. Por esta razón, para no acabar en la cárcel, debo precisar; cuando digo que el hombre y la mujer no son iguales, no me refiero a su dignidad intrínseca como criaturas hechas a imagen de Dios. Me refiero más bien a que son diferentes; no sólo físicamente, sino también psicológicamente y espiritualmente. Los liberales que actualmente gobiernan prácticamente todos los países de Occidente usan un lenguaje equívoco, seguramente de manera deliberada, porque decir que ambos sexos son iguales es a la vez verdadero y falso; es verdadero si se refiere a una igualdad esencial, porque no podemos decir que un sexo tiene mayor valor que otro; y es falso si se refiere a una igualdad accidental, porque lo que es diferente no puede ser idéntico. Decir que hombres y mujeres son iguales en este segundo sentido, es tan necio como decir que los niños y los adultos son iguales. Evidentemente, la vida de un niño tiene el mismo valor que la de un adulto, pero ambos piensan, sienten y actúan de formas muy distintas. El truco de los liberales es que en Occidente, gracias al cristianismo, creemos en la igualdad de dignidad entre la mujer y el hombre, pero con la ambivalencia de su lenguaje, nos cuelan una idea que es radicalmente opuesta al cristianismo: que el hombre y la mujer, excepto evidentes diferencias anatómicas, son idénticos.

Está cada vez más claro, por investigaciones científicas, que el cerebro masculino es muy distinto al cerebro femenino. Ojo, no he dicho ni mejor ni peor; sólo DIFERENTE. También se ha demostrado una y otra vez que los intereses, las motivaciones y las prioridades vitales de hombres y mujeres son distintos. Por todo ello, es absurdo esperar que en todos los ámbitos de la vida haya una igualdad de resultados entre los dos sexos. Estoy a favor de dar las mismas oportunidades a todo el mundo, pero me opongo a luchar contra viento y marea en aras de una igualdad de resultados. Empeñarse, por ejemplo, en que entre los ingenieros haya el mismo número de mujeres que de hombres, es como cultivar olivos en Alaska: va en contra de la naturaleza. ¿No sería más lógico dejar que cada uno elija libremente lo que quiere hacer y aceptar los resultados? En los países escandinavos, donde las mujeres son más libres que en cualquier otra parte del mundo para tomar decisiones sobre su vida personal, la realidad contradice completamente la narrativa feminista. Según este estudio, cuanto mayor igualdad de oportunidades existe entre los sexos, mayor disparidad en las elecciones profesionales. Por eso en Noruega las mujeres dominan las profesiones médicas, mientras que hay poquísimas en las carreras científicas. La lección no puede ser otra: cuando dejas que cada uno elija, los sexos eligen cosas diferentes… PORQUE SON DIFERENTES. Si las diferencias entre hombres y mujeres fueran puramente anatómicas, sería difícil explicar porqué entre los mejores 100 jugadores de ajedrez sólo hay una mujer, porque a mí no me parece un juego muy físico. ¿Podría ser que el ajedrez requiere una forma de inteligencia en la que sobresalen los hombres?

Los dogmas feministas se imponen con gran celo (¡que ya quisieran la mayoría de católicos!) y pocos se atreven a contradecirlos. Cuando algún personaje público dice algo fuera de lo políticamente correcto, casi siempre al día siguiente presenta sus "más sinceras disculpas por las ofensas ocasionadas", por más razón que tenga. Los políticos suelen bajarse los pantalones rápidamente para evitar males mayores cuando perciben que han dicho algo demasiado polémico. Un buen ejemplo sería cuando el diputado español Toni Cantó dijo verdades sobre templos sobre la llamada violencia de género. Se refirió a las denuncias falsas, a los 3000€ que da la Unión Europea a España por cada mujer que denuncia a su pareja, y a la indiferencia con la que se mira el maltrato hacía los hombres. Ante el aluvión de indignación fingida por parte del lobby feminista, en lugar de dar la batalla por una causa digna, el diputado pronto pidió disculpas.

La medalla de oro para el hombre político más afeminado tiene que ser para el actual presidente de Canadá, Justin Trudeau. En cada ocasión que se presenta, Trudeau hace gala de su feminismo, que en su caso es una forma de odio hacía sí mismo. No sé si es homosexual, pero a juzgar por su comportamiento y su lenguaje corporal, es evidente que sus niveles de testosterona están bajo mínimos. En la imagen abajo se puede apreciar como Trudeau adopta una postura débil (tiene las piernas cerradas y está inclinado hacía atrás) que él considera virtuosa, y sonríe como un niño, una estrategia para ganarse a otros sin tener que recurrir a la fuerza. Frente a este alarde de debilidad, Donald Trump se sienta con las piernas abiertas, inclinado hacía delante, como un macho dominante, con una cara seria.

Este auto-proclamado feminista se molestó (no se puede decir que se enfadó, porque es tan ñoño que sería incapaz) cuando las autoridades inmigratorias de su país dijeron que los asesinatos por honor eran bárbaros. Dijo Trudeau que esa palabra "tan peyorativa" no servía para promover la concordia entre culturas. Es curioso como a alguien que dice defender los derechos de las mujeres le importan más los sentimientos de los que asesinan a las mujeres por no casarse con quienes manden sus padres, que la vida misma de esas mujeres. Tiene su explicación: estamos hablando de mahometanos que asesinan a mujeres y, como buen liberal, Trudeau se arrodilla delante de la Religión de la Paz [ver imagen abajo]. El Islam, una ideología totalitaria que de verdad discrimina injustamente en contra de la mujer, es una fuerza capaz de erradicar los vestigios que quedan de cristianismo en Occidente. Por esta razón Trudeau y los de su calaña fingen no ver cualquier misoginia en el Islam, mientras protestan cada día contra el malvado "patriarcado" que ha erigido el cristianismo e inventan injusticias imaginarias cada vez más ridículas.

Trudeau, el feminista islamófilo

Si duele ver a los hombres políticos de Occidente comportarse de esta manera tan pusilánime, en la Iglesia Católica es aún más doloroso. Enfrentarse a los enemigos hasta derrotarlos, tal y como lo hicieron los grandes Papas de antaño (tengo en mente a San Pío X), es una actitud demasiado masculina para la neo-iglesia postconciliar. Ahora el Vaticano prefiere apaciguar a los que odian a la Iglesia, y una forma de hacer esto es pedir perdón, se haya cometido una ofensa o no. El que puso de moda pedir perdón para aplacar a los enemigos de Dios fue el Papa Juan Pablo II. Pidió perdón por la Inquisición, las Cruzadas, el asunto Galileo, etc. ¿Queda algún aspecto de la historia de la Iglesia Católica por la que NO pidió perdón? No voy a enjuiciar las intenciones del Santo Padre; no puedo saber con qué intención pidió perdón por tantas cosas que, lejos de avergonzarnos, deben llenarnos de orgullo. Quizás había interiorizado las mentiras del enemigo, dando por históricamente seguras las leyendas negras acerca de la Iglesia que todos conocemos. Quizás pensó que ese gesto de "humildad" serviría para caer mejor a un mundo incrédulo. No lo sé. Lo que sí constato es que tras esa claudicación, esa muestra de debilidad, que muchos disfrazan de humildad, lejos de recuperar su prestigio perdido, la Iglesia Católica tiene cada vez menos influencia en nuestra sociedad.

"San" Juan Pablo II besa el Corán

El clérigo que aspire al episcopado hoy en día tiene que recordar una sola regla: no causar problemas. Aunque sus sermones aburran hasta las piedras, aunque no levante el dedo meñique por defender la fe católica, aunque no haga nada realmente valioso por nadie; si no se mete en polémicas, si nadie se ofende, tiene todas las papeletas de ser elegido obispo un día. Lo único que le falta es llevarse bien con la gente que mueve los hilos del Poder y saber ganarse sus favores. Igual siempre ha sido así hasta cierto punto en la Iglesia Católica. La corrupción y la mediocridad no son exclusivos de nuestro tiempo. Sin embargo, creo que generalmente el nivel del episcopado en el mundo ha bajado sustancialmente en las últimas décadas, y sospecho porqué… Según el Papa Juan XXIII, el principal objetivo del Concilio Vaticano II fue "abrir la Iglesia al mundo". Ahora que la Iglesia se ha mundanizado tanto, es inevitable que la mentalidad del mundo se haya apoderado de los prelados; en lugar de tener siempre presente a Dios y la vida eterna, piensan constantemente en sus intereses personales y en las ganancias de este mundo.

Esta debilidad de la jerarquía católica no debe sorprender a nadie si se analiza el nuevo rito de la Misa promulgado por Pablo VI en 1969. Respecto a la Misa de siempre, los cambios van todos en la misma dirección: hacía una feminización de la Iglesia. Algunos de ellos son:

  • Se disimulan todos los aspectos sacrificiales; el sentido esencial de la Misa deja de ser el sacrificio de la Cruz, al hacer hincapié en la congregación de los fieles y el banquete eucarístico.
  • Se eliminan las referencias militares, como en el Sanctus: "Deus Sabbaoth" (Dios de los Ejércitos) se sustituye por "Dios del Universo". La lucha denudada contra el pecado se convierte en una peregrinación por este mundo.
  • El sacerdote se convierte en uno más de los asistentes, al difuminarse la diferencia entre el sacerdocio sacramental y el sacerdocio común de los fieles.
  • Se reducen y se suavizan las referencias penitenciales.
  • Se sugiere la herejía de la salvación universal, olvidando la existencia del Infierno. Un ejemplo, donde se dice explícitamente es el Prefacio X dominical, que reza así: Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso.

Si a estos cambios tan desacertados añadimos posteriores innovaciones de los modernistas, como mujeres haciendo las lecturas y distribuyendo la comunión, niñas acolitando, sermones New Age de auto-ayuda, y cantos de una ñoñería insoportable, se entiende porqué la gran mayoría de hombres católicos han salido espantados de los templos. Esto lo ve claramente alguien que aún asiste a la Misa nueva: faltan los hombres. Dentro de poco, en las Misas de la neo-iglesia sólo quedarán mujeres, niños y afeminados.

Un hombre al que admiraba me dijo una vez:

A los débiles, trátalos con suavidad; a los fuertes, con dureza.

El hombre por antonomasia, Nuestro Señor Jesucristo, cumplió esta máxima a la perfección. Cuando trataba a los niños, enfermos y marginados era dulce y cariñoso; sin embargo, cuando tenía que enfrentarse a los poderosos, los trataba con una dureza temible. Esa es la marca del hombre de verdad. No hay que buscar la confrontación, pero a veces es inevitable. Por naturaleza las mujeres huyen de la confrontación, siempre prefieren el dialogo, los pactos. Quizás es por ello que Dios quiso que en Su Iglesia mandaran hombres.

Hoy en día lo que abunda en la Iglesia es justo lo contrario: hombres afeminados y acobardados que salen corriendo nada más avistar al enemigo, déspotas que aplastan a los pequeños y adulan a los poderosos. Podría poner muchos ejemplos, pero en aras de la brevedad, sólo ofrezco uno. Recientemente están saliendo a la luz noticias devastadoras sobre la Iglesia en China, donde al parecer Roma va a destituir obispos fieles para sustituirlos por obispos cismáticos a las órdenes del partido comunista chino. El Cardenal Zen, todo un icono para la resistencia católica en ese país, ha denunciado en una carta al Papa Francisco que lo que proponen es "vender la Iglesia china" ante las exigencias de los comunistas. Si ahora Roma accede a las exigencias de los comunistas, será todo un bofetón a los valientes mártires chinos, que han resistido y permanecido fieles desde la revolución de Mao. Será como decirles: vuestro sacrificio ha sido en vano, porque ahora cedemos ante la presión y les damos todo lo que quieren. ¿Qué diría Nuestro Señor al partido comunista chino? ¿Acaso ante Poncio Pilato se desdijo? ¿Ante Caifás y el Sanedrín les regaló el oído o les dijo la cruda verdad?

Resumiendo, los hombres tenemos que ser hombres y las mujeres tienen que ser mujeres, porque no somos iguales; somos diferentes y complementarios. Cuando los dos sexos vuelvan a su sitio el mundo quizás encontrará algo de cordura. Los hombres no debemos ceder ante la presión cultural de volvernos afeminados; debemos ser orgullosos de lo que somos y cultivar las virtudes masculinas. La crisis en Iglesia Católica tiene mucho que ver con la crisis general de la  masculinidad en Occidente. Para empezar, un buen remedio sería suprimir el nefasto nuevo rito de la Misa y reinstaurar la tradicional, que tan buenos frutos ha dado a lo largo de tantos siglos. Dondequiera se dice la Misa tradicional acuden multitud de hombres deseosos de entregarse a Dios como soldados de Jesucristo.

Christopher Fleming

De nacionalidad británica. Casado con tres hijos. Profesor de piano y organista. Vive en Murcia, España. Converso del ateísmo y del protestantismo-modernismo. Católico hasta la muerte, por la gracia de Dios.

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