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jeudi 9 mars 2017

The Wanderer: Continuidad y ruptura

The Wanderer: Continuidad y ruptura

Continuidad y ruptura

por Ludovicus


Que el pontificado de Bergoglio es más una continuidad que una ruptura de los anteriores o viceversa es una recurrente discusión de este foro.La respuesta, hélas, no puede ser simple ,pero intentaré ser breve.

Comencemos por los elementos de continuidad.


(1) Es evidente el proceso de hipertrofia formal de la autoridad papal, digamos, por poner un hito, desde Pío IX en adelante. Esta hipertrofia se manifiesta en la creación de un magisterio que desciende a cuestiones contingentes, por un lado, y por la disposición sobre la liturgia, que es racionalizada, reformada y creada a piacere.
(2) La presentación del catolicismo como un movimiento en torno a un Líder que conduce históricamente a su pueblo, con raíces en el siglo XIX, se acendra en el XX, espejando los movimientos políticos de masas. Al respecto, escribí aquí sobre neopopulismo papal y movimientismo.

(3) El Concilio introduce una crisis de identidad en el catolicismo. Al tomar como máxima "lo que nos une y no lo que nos separa", "lo positivo y no la condena" y al mismo tiempo valorar al mundo moderno, debilita la identidad católica, convirtiendo el diálogo en una gradual pérdida de tal identidad, que no es genérica sino específica, como todas las identidades.

La trampa de lo genérico es acompañada por otra elemento, lo que llamo "la falacia de las notas esenciales" o "el imperio del masomenismo ontológico". Por ejemplo, la caracterización de las iglesias sociológicas cristianas como verdaderas "Iglesias", "aún cuando le falte un elemento esencial". Es decir la carencia de una nota esencial no quita que algo pueda ser esencialmente esa cosa. Esta falacia reina hoy como método de demolición metafísica, y es interesante que del paralelismo paulino Iglesia/matrimonio se ha pasado al paralelismo Iglesias/ que de algún modo participan imperfectamente del matrimonio (Kasper). Recientemente se ha aplicado a las uniones irregulares, e incluso al gaymonio. Y en realidad puede aplicarse a cualquier cosa. El diablo es un ángel imperfecto, la ONU es un Sacro Imperio al que le falta alguna nota, el comunismo participa de la doctrina cristiana, etcetera. En realidad, Bergoglio es el rey de esta dialéctica, pero el Concilio la maduró.

De estas tres características fluyen el cesaropapismo moderno, el despotismo litúrgico y el ecumenismo. Todas estas son anteriores a Bergoglio, y seguramente lo sobrevivirán, con mayor o menor virulencia, hasta que la Iglesia recupere su identidad frente al pensamiento moderno.

En cuanto a la ruptura,

(1) No puede obviarse la tortuosa, patológica y contradictoria personalidad de Bergoglio, que se ha manifestado opuesta a todo marco institucional que la contenga. Los Papas son hombres, pero desde hace centurias se han sometido a una disciplina que los uniforma y esmerila sus facetas más chocantes y groseras.Y en una organización hipercentralizada como es la Iglesia, el daño de un solo hombre puede ser incalculable, pudiendo torcer el curso de la Historia. Bergoglio ha roto completamente esta tradición, manifestando su desprecio por el pasado de la Iglesia, incitando a la revolución y al odio, entrando en maquinaciones perversas, etcétera, como ninguno de sus antecesores por lo menos desde el Renacimiento. Y esto en la Iglesia no es menor, ha teñido a toda la institución eclesial de un élan destructivo que ningún otro podía darle, de una confusión inédita que llevará décadas enmendar. Ha destruido el gran Mosaico de teselas blancas del Pontificado romano.


(2) Si bien el Concilio y los papas posteriores introdujeron variaciones en la doctrina católica en materia política (libertad de cultos, pena de muerte, dignidad humana) se limitaron a dar pasos en función de cierta corrección. Hasta ahora no se había tocado la moral, en particular la sexual. Paulo VI desfiguró la liturgia, pero encontró un límite en la Humanae Vitae. Y eso porque les resultó decisivo el argumento de que el cambio esencial en materia de fe y costumbres implicaba destruir el fundamento del Magisterio.

(3) Desde el posconcilio se observa el deseo de los papas de resaltar las funcionalidades accidentales de la Iglesia "experta en Humanidad". Ya que la fe se ha debilitado, tratemos de ponernos en valor con algún elemento simpático o útil.  Benedicto comentaba ingenuamente que los líderes europeos veían a la Iglesia como una guía en el desconcierto moral contemporáneo (?). Como si dijéramos que se "vende", junto con el Reino de Cristo, la añadidura. Pero aquí Bergoglio da un salto: "vende" la añadidura, hace política inmanente y populista, omite expresamente a Cristo, sacraliza a la ecología y la hace objeto de definiciones pseudoteológicas. Estamos aquí frente a una innegable ruptura, que ha convertido al Pontificado en el último ariete y a la par bastión de la Izquierda planetaria.

(4) En lo demás, Bergoglio exacerba los elementos nodales del posconcilio, nunca del todo extirpados durante el papado napoleónico del Magno ni las restauraciones de Benedicto: la valoración del Mundo y el Pensamiento Moderno y la ausencia de una crítica sistémica al mismo, el ecumenismo disolvente, la liturgia delicuescente. Está claro que en esto, aunque haya extremado las líneas, Bergoglio no es más que un catalizador.

Hay pues, continuidad y hay ruptura. Juzgue el lector cuál prevalece