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mercredi 19 avril 2017

El Papa no es el discípulo amado

El Papa no es el discípulo amado

El Papa no es el discípulo amado

Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt. 16, 18).

El Papa es Pedro.

Queridos hermanos, decimos que el Papa es Pedro, porque la autoridad de Pedro sigue en el Papado, está en el Papa. Las palabras dichas por el Señor a San Pedro permanecen en sus sucesores. El Papa en uno con Pedro, no dos distintos. Cuando habla el Papa decimos que ha hablado Pedro. Recordamos las palabras  que se oyeron en el Concilio de Calcedonia (451) referidas al papa San León Magno: Pedro ha hablado por boca de de León.  La autoridad de Pedro está en el Papa. Si Nuestro Señor hubiera confiado su Iglesia al discípulo amado, diríamos que el Papa es Juan; además,  ¿no diríamos también que el Papa es el discípulo amado? Sin duda alguna, pero la realidad es que no es así,  el Papa no es el discípulo amado, es Pedro y esto está establecido así porque de esta manera lo quiso el Señor.

Pero Pedro traicionó a Jesús. Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: Antes de que cante el gallo me negarás tres veces; y saliendo fuera, lloró amargamente (Mt. 26, 75). Lo hizo tres veces, por tanto conscientemente de lo que hacía. Es el mismo Pedro que momentos antes desenvainó su espada para defender al Maestro: Pedro, que tenía una espada, la sacó e hirió a un siervo del pontífice, cortándole la oreja derecha (Jn.18, 10). Qué contrariedad en quien lo defiende a espada y es elegido como columna de la Iglesia, lo traiciona una, dos y hasta tres veces. Niega conocer al Señor. Toda su valentía se transforma en cobardía. Lloró amargamente su pecado y de su contrición le valió la mirada misericordiosa del Señor y el perdón.

Pedro se arrepintió y dirigió la Iglesia, fue la piedra donde Jesucristo la edificó; pero quedó patente que era hombre, y por tanto falible, podía equivocarse, podía fallar. ¿Podemos ver una enseñanza del Señor? Sí. Cuando Pedro confesó a Jesucristo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo (Mt. 16, 16), estaba en Dios, más cuando lo negó, no. Tuvo la asistencia del Espíritu Santo cuando no lo rechazó, pero cuando lo rechazó por temor, cobardía, pusilanimidad, no tuvo tal asistencia. De la misma forma que Pedro estuvo en Dios y no lo estuvo, de igual forma un Papa puede estar en Dios y no estarlo. La historia de la Iglesia nos muestra figuras de Papas de vida nada ejemplar, ya en lo personal como en el gobierno de la barca de Pedro.

El Señor eligió a Pedro y le dejó la libertad, incluso para negarlo. Si alguien no quiere, no tiene la asistencia del Espíritu Santo. Con el ejemplo de Pedro, vemos que el Señor no nos obliga a nada. La misma piedra se tambaleó, aun cuando sobre ella la Iglesia se ha edificado y se sostiene, y sobre ella se confirma en la fe. Simón, Simón, satanás  os busca para acecharos como trigo; pero yo  he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos (Lc. 22, 31.32). Convertido San Pedro confirmó a sus hermanos y fue, y es, la gran columna que sostiene la Iglesia con San Pablo.

Una enseñanza en la elección de San Pedro: por grande que sea la responsabilidad y autoridad de éste y de  sus sucesores cabe la posibilidad de la traición. El Señor ha querido que viéramos que el mal puede estar en lo que vemos como más alto. Con esta enseñanza, el Señor nos previene y nos muestra, lo que podemos confirmar como cierto,  que en  la historia de la Iglesia y del Papado hay capítulos que nos muestran claramente que de lo alto puede venir el error, la confusión, ¿y por qué no? La maldad. Estemos atentos y precavidos, esto dice el Señor.

La fidelidad de San Juan.

¿Y san Juan? Su fidelidad es la gran diferencia con los demás apóstoles. Su ejemplo de amor y fidelidad es impecable; se dejó hacer, se dejó moldear. En él no vemos nunca dudas ni indecisiones, por esta razón el Señor le reveló todo, y no así a Pedro. Juan siempre estuvo en el Señor y con el Señor, es el discípulo amado. El discípulo amado no es el Papa. El Señor amaba a Juan como a ninguno, pero no lo elogió como piedra de su Iglesia. ¿Por qué? La respuesta está en la enseñanza que Jesucristo nos quiere dar en San Pedro: que sus sucesores pueden, como San Pedro, llegar a negar al Señor.

¿Cuál es la enseñanza que el Señor nos da en San Juan? Que siguió al Señor sin dejarse influir por nadie, y lo siguió hasta la Cruz. En él están representados todos los que siguen de verdad a Jesús. En ningún pasaje evangélico vemos la duda del apóstol amado, ni mucho menos la traición. Era un alma perfecta a los ojos de Dios, de tal forma que le hizo donación de su Santísima Madre: He ahí a tu madre (Jn. 19, 27). El Apocalipsis le fue revelado a San Juan; la verdad del fin de los tiempos fue confiada al discípulo amado porque nadie como él guardaría la fidelidad de lo revelado.

El discípulo amado no pudo ser la piedra que sostuviera la Iglesia, porque nunca falló al Señor. Fue el discípulo modélico en la fidelidad al Salvador.

El Papa no es el discípulo amado, es Pedro, el mismo que negó al Señor, "Yo no conozco a ese hombre".

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.