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mercredi 24 mai 2017

Pastores e ideólogos

Pastores e ideólogos

Pastores e ideólogos

Manteneos, pues, hermanos, firmes, y guardad las enseñanzas que recibisteis, ya de palabra, ya por nuestra carta. 2 Tes. 2, 15.

¡Oh Timoteo!, guarda el depósito a ti confiado, evitando las vanidades impías y las contradicciones de la falsa ciencia, que algunos profesan extraviándose de la fe. La gracia sea con vosotros. 1 Tim. 6, 20.

Pues esos falsos apóstoles, obreros engañosos, se disfrazan de apóstoles de Cristo; y no es maravilla, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. No es, pues, mucho que sus ministros se disfracen de ministros de la justicia: su fin será el que corresponde a sus obras. 2 Cor. 11, 13-15.

El buen Pastor está para la edificación del cuerpo de Jesucristo.

Queridos hermanos, lo que con mayor interés debemos considerar aquellos a los que el Señor nos ha investido con la autoridad para pastorear es que toda la ciencia del cristiano se encierra en estas palabras de nuestro Señor Jesucristo: Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero y en tu enviado Jesucristo (Jn. 17, 3). Es nuestra sagrada misión que los fieles deseen de veras conocer y amar al Señor y a este crucificado: Nunca este vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado (1 Co. 2, 2); y que estén del todo persuadidos y  crean firmemente que no hay otro nombre bajo el cielo que se nos haya dado para salvarnos: En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los  hombres, por el cual podamos salvarnos (Hech.4,12), porque este Señor es propiciación por nuestros pecados. Él es la propiciación  por nuestros pecados. Y no sólo por los nuestros, sino por los de todos el mundo (1 Jn. 2. 2). Más, ¿cómo sabemos que conocemos a Jesucristo, sólo si guardamos sus mandamientos: Sabemos que le hemos conocido si guardamos sus mandamientos. El que dice que le conoce y no guarda sus mandamientos, miente, y la verdad no está en él (1 Jn. 2, 3).

He aquí la obligación de que tenemos los pastores, y quienes más responsabilidad tienen,  de enseñar la verdad de la salvación, de predicar la verdad de nuestra fe. No tenemos autoridad para enseñar doctrina contraria a la fe católica, a la verdad de las Sagradas Escrituras y de la Tradición, a las verdades reveladas, al depósito de la fe. Pues a los sucesores de Pedro no fue prometido el Espíritu Santo para que propusiesen una nueva doctrina revelada por él, sino para asistiéndolos él guardasen religiosamente y expusiesen con fidelidad la revelación comunicada por los Apóstoles, o depósito de la fe (Constitución Dei Filius, cap. 4. Concilio Vaticano I).

Esta es la obligación del buen pastor: llevar la luz a los que están en tinieblas, ser doctor de los ignorantes, maestro de los sencillos e instruir a los espirituales. Los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría y de su boca ha de salir la doctrina, porque es un enviado del Señor de los Ejércitos (Mal. 2, 7).

El buen Pastor no tiene más amor que por sus fieles, ni más ardor de corazón que por la gloria de Dios; es un amor tierno y afectivo para con Dios y estricto y riguroso para consigo mismo, amor ardiente por la salvación de las almas y por los intereses de la Iglesia. Cuando el corazón del clérigo de realmente del Señor, entonces también lo serán sus obras. Anima a sus ovejas con el propio ejemplo, las consuela con la palabra y las socorre con su ayuda. Desea, como San Pablo, ser anatema  por  sus hermanos, ofreciéndose en sacrificio como víctima publica para aplacar la Justicia de Dios a causa de los pecadores y de tantas ofensas a la divina Majestad.

Donde no hay gobierno va el pueblo a la ruina, en la abundancia del consejo está la salvación (Prov. 11, 14). Así como .la multitud de sabios salva el mundo, los falsos sabios son los que lo pierden. A la Iglesia no se le dan los sabios o doctores sino para la edificación del Cuerpo místico de Jesucristo. Cuando la ciencia es sólida y pura, perfecciona ese cuerpo; pero cuando es superficial y corrompida lo debilita.

Todos nosotros a cara descubierta contemplamos la gloria del Señor como en un espejo y nos transformamos en la misma imagen, de gloria en gloria, a medida que obra en nosotros el Espíritu del Señor (2 Co. 3, 18). Nada se puede decir más elogioso de un buen Pastor que lo que se ha dicho de la regla de  San Agustín: condujo a los pecadores  a la penitencia, a los justos a la perseverancia, a los tibios al fervor, a los mundanos y sensuales a la soledad y al retiro. El amor de Dios es lo que debe dirigir toda la vida del buen sacerdote, blanco de todos sus pensamientos, deseos, ejercicios, penitencias y trabajos.

El ideólogo está para la edificación de su propia doctrina.

No hay nada que irrite más al Clérigo ideólogo que le contradigan; inicialmente se presentará afable, dicharachero, dará confianza, se mostrará como uno más, no valora su dignidad eclesial, aparentemente, y así trata de dar la imagen de sencillo, porque lo aparente es muy importante para el clérigo ideólogo.

¿Qué es la ideología? Responde el diccionario de la Real Academia de la Lengua: Conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político. ¿Y el ideólogo? Es una persona que organiza y elabora una doctrina específicamente política o religiosa.

Nos encontramos, pues, ante una colectividad de Pastores ideólogos que organizan y elaboran una doctrina religiosa propia, que les caracteriza a ellos, no a la Iglesia Cuerpo místico de Jesucristo,  y que es propia de una época determinada de la historia de la Iglesia. Por tanto su ideología no es universal, sino particular,  no une, más bien divide, y no forma parte de la tradición, sino más bien se opone; pero todo ello no es de la preocupación de los ideólogos, pues ni siguen ni buscan la verdad universal contenida en la Iglesia católica, sino su propia idea, que la imponen; porque el ideólogo sólo busca imponer sus ideas, nunca discutirlas.

El Pastor ideólogo lo ve todo blanco y  negro con matices grises. Quiere convencer a los demás de su idea original, pero no quiere afrontar la discusión justa basada en hechos y pruebas, porque no las tiene. No juega limpio, porque valora más el ganar que el intercambio de ideas; no tiene el menor reparo de urdir todo tipo de estrategias y engaños para salirse con la suya.

El Clérigo ideólogo presenta sus ideas y opiniones como hechos materiales, de la vida diaria, no le importa si hay evidencia de lo contrario. No le importa si las fuentes de sus opiniones son de consistencia dudosa, no le importa los medios ni  los que no están de acuerdo con sus puntos de vista. No defiende sus propios principios sino que ataca los del otro. Su personalidad es muy inconsistente, no le importa utilizar un principio cualquiera si le sirve para justificar su idea, pero no le importa cambiar de principio si éste es usado por el oponente. Por eso, el ideólogo dice una cosa y luego parece decir la contraria; aunque nunca habla claro. Éste es una de los rasgos característicos del pastor ideólogo. Otro de los rasgos es la soberbia. No soporta la sana doctrina y se rebela contra ella, la manipula, la retuerce y la adultera; porque la única doctrina es la suya, sus ideas propias. El clérigo ideólogo no está sometido a ninguna doctrina que le venga de afuera, sea la Tradición sea las Sagradas Escrituras, pues todo lo reelaborará a su propia conveniencia.

Sois mis amigos si hacéis lo que os mando.

Lo que une y ha unido siempre a la Iglesia, y seguirá uniendo a la Iglesia de Jesucristo, a su Cuerpo místico, es la verdad de la doctrina cristiana, del depósito de la fe. Sois mis amigos si hacéis lo que os mando (Jn. 15, 14). La fidelidad a la amistad de Dios, la fidelidad al cumplimiento de sus mandatos. El amor al prójimo es fruto del amor a Dios. Los tres primeros Mandamientos miran a Dios, y el resto a nosotros mismos y al prójimo. Lo que nos indica que Dios es la causa de lo que hacemos por el prójimo; por lo que amamos al prójimo, según el mandamiento de la Ley de Dios, cuando le amamos en Dios. Nadie ama al prójimo sino cumple la Ley de Dios.

La enseñanza y asistencia del Espíritu Santo nunca se contradice. El buen Pastor enseña la verdad inspirada por el Espíritu Santo contenida y recogida en el depósito de la fe. El Pastor ideólogo retuerce la verdad sin argumentar, atacando y descalificando.

Queridos hermanos, habrán comprobado que no hay citas evangélicas para los ideólogos, a menos que las que hablan de asalariados y mercenarios, que es lo que son. Además, estos ideólogos se sienten incómodos con la Palabra de Dios, les recuerda en su fuero interno que no la obedecen, y prefieren farfullar una palabra de aquí y otra de allá, intentando construir un mensaje coherente según su ideología, no resultando más que un mensaje inconexo, insultante y ofensivo, nunca para construir sino para atacar a quienes no comparten su ideología.

El buen Pastor no acomoda el Evangelio a sus opiniones, sino sus opiniones al Evangelio. Causa temor al pecador, pero no lo desespera; consuela a los justos pero cuida de no se enorgullezcan, presenta estrecho el camino del Cielo, pero no lo hace impracticable. No promete la salvación sino al que cumple con la Ley de Dios sin corromperla con interpretaciones suaves, ni interpretaciones rigurosas.

La sabiduría de Dios habla por boca del buen Pastor.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.