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dimanche 7 mai 2017

¿Por qué la Misa nueva no desagrada a los protestantes?

¿Por qué la Misa nueva no desagrada a los protestantes?

¿Por qué la Misa nueva no desagrada a los protestantes?

Es una bendición poder participar de la Santa Misa Tradicional. Pero esta Misa bendita no siempre está al alcance de todos los fieles, que con frecuencia tienen que desplazarse muchos kilómetros para poder asistir. Incluso esto no es posible en la práctica. En la mayoría de pueblos y ciudades españolas, salvo excepciones como Madrid, no se celebra la Misa Tradicional a diario. Pero, ¿Cómo debemos actuar los fieles cuando no tenemos la posibilidad de ir a Misa Tradicional?

Por lo general los sacerdotes tradicionales advierten a los fieles sobre la Misa nueva por estar protestantizada y poner en peligro la fe. Pero, ¿Por qué? ¿No exageran un poco? Para profundizar en la respuesta voy a resumir un excelente texto, elaborado por sacerdotes tradicionales, en donde de manera pormenorizada nos responden a esta cuestión, que es motivo de eterno debate en muchas capillas. Aunque se ha abordado el tema en varias ocasiones, este resumen, claro y breve, puede ayudar a muchos lectores.

Frente a las negaciones de Lutero, el Concilio de Trento recordó la doctrina invariable de la Iglesia Católica, y en lo que concierne al Santo Sacrificio de la Misa, definió esencialmente tres puntos:

-En la Eucaristía la presencia de Cristo es real.

-La Misa es un verdadero sacrificio, es en sustancia el mismo Sacrificio de la Cruz renovado; verdadero sacrificio propiciatorio o expiatorio para el perdón de los pecados, y no sólo sacrificio de alabanza o de acción de gracias.

El papel del sacerdote en el Santo Sacrificio es esencial y exclusivo. El sacerdote, y sólo él, ha recibido por el Sacramento del Orden el poder de consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Esta es la fe que la Misa antigua, tradicional, milenaria, latina y romana, expresaba con toda claridad, en toda la densidad de este misterio, sin cercenar ninguna de las verdades.

La Misa nueva fue impuesta al mundo católico por la conveniencia del ecumenismo con los protestantes, para renunciar a aquellas "diferencias teológicas" que pudieran separar la concepción protestante de la "Cena". La Misa Tradicional fue vista como un grave obstáculo para reconstruir la unidad con los mal llamados reformadores del siglo XVI. Ella afirmaba precisamente, sin lugar a duda, la fe católica que ellos niegan y que son los tres puntos arriba expuestos.

La Misa nueva, simplemente, pone sordina a esta fe católica, a estos tres dogmas definidos por Trento precisamente para poner un dique contra los errores protestantes y su concepción herética de la Santa Misa. El nuevo rito introducido es indiferente al dogma, y así puede acomodarse a la fe protestante y servir incluso como punto de encuentro en el mundo de la unidad ecuménica, para una misma celebración, donde los dogmas discutidos han sido prudentemente silenciados y sólo los gestos, expresiones y actitudes capaces de ser interpretados según la fe de cada uno, han sido conservados.

La Misa es un sacrificio, y también es una comunión. Pero esta comunión, no es una comida cualquiera, una cena, sino una comida sacrificial: se inmola a la víctima y se participa a su inmolación comiéndola. La Misa es, por tanto, primero un sacrificio y solo luego una comunión.

Ahora bien, toda la estructura de la Misa Nueva acentúa el aspecto comida de la celebración en detrimento del sacrificio; y ello agravado más aún en el sentido protestante, que es herético. Veamos algunos ejemplos de ello:

Supresión del significado sacrificial

La sustitución del altar del sacrificio por una mesa cara al pueblo: Si la Misa es una comida, es natural que se celebre sobre una mesa, que es el lugar destinado para tomar el alimento; y no ya sobre el altar, que es lugar destinado a inmolar sacrificios.

La celebración hecha cara al pueblo y no ya cara a Dios. Si la Misa es una cena, lo natural es que los invitados se reúnan alrededor de la mesa, como se hace comúnmente y que no tenga sentido el altar de cara a la cruz del Calvario y dar la espalda a los invitados.

La sustitución del latín como lengua sagrada por la lengua vernácula de cada lugar. No es educado en una cena hablar a los invitados en una lengua que no pueden entender. Al contrario si la celebración es un sacrificio, dirigido a Dios y no a los invitados, lo más normal es que se utilice la lengua más apropiada para el misterio y la acción sagrada: el latín.

-El desarrollo de la liturgia de la palabra (que más bien podría llamarse, según las misma rubricas, mesa de la palabra) hasta el punto de acaparar la mayor parte de la celebración, disminuyendo la atención debida al mismo misterio eucarístico y a su sacrificio.

-La supresión del Ofertorio de la Víctima del sacrificio, reemplazado por una presentación de los dones, que en realidad es una bendición judía de los alimentos. Esta supresión es una de las más graves, pues atenta contra el carácter propiciatorio del sacrificio, claramente expresado en dicho ofertorio. En el Ofertorio Tradicional no se presentaba a Dios ni pan ni vino, sino que se le ofrecía anticipadamente la hostia inmaculada y el cáliz de salvación que son el Cuerpo y la Sangre de Cristo, por todos nuestros pecados, ofensas y negligencias.

-El tono recitativo en las mismas palabras de la consagración. En el rito nuevo, las mismas palabras de la consagración son pronunciadas por el sacerdote en tono narrativo, como si se tratase de recitar un acontecimiento ya pasado, y no el tono imperativo o conminatorio de una acción (la consagración) que se hace presente y se pronuncia en el nombre de aquella persona cuyas veces y autoridad hace el sacerdote. Con semejante intención narrativa la consagración ya no es valida. El sacerdote celebrante puede, sin duda, suplir con su voluntad personal esta falta de intención y la Misa será entonces válida. Cada vez nos encontraremos con menos Misas válidas y que en nada se distingan de la cena protestante.

Pérdida de fe en la presencia real

En la Nueva Misa, la presencia real ya no tiene el mismo papel central que brillaba como una potente luz, en la antigua liturgia eucarística. Toda referencia, incluso indirecta, a la presencia real, ha sido eliminada. Y esto se puede ver en las mismas rúbricas, no hace falta ir a los múltiples abusos que se dan.

Las genuflexiones, signos expresivos más que otros, de la fe católica en la presencia real de Cristo, han sido suprimidas como tales. Y si es verdad que se ha conservado por excepción la genuflexión después de la elevación, puede observarse que, desgraciadamente, ha perdido su sentido peculiar de adoración a la presencia real de Jesucristo y puede interpretarse en sentido protestante, como señal de la presencia espiritual de Cristo por la fe de los presentes.

-Supresión de la purificación de los dedos del sacerdote encima y dentro del cáliz.

-Supresión de la obligación que tenía el sacerdote de mantener juntos los dedos después de la consagración por haber tocado la hostia para evitar todo contacto profano.

-Supresión de la palia que cubría el cáliz para evitar que polvo o insectos cayeran dentro de la Preciosísima Sangre.

-Supresión del dorado obligatorio en las paredes internas de los vasos sagrados.

-Supresión de la consagración del altar, si éste era fijo.

-Supresión de las reliquias de los mártires en el altar y en el ara si éste era movible.

-Supresión de las prescripciones concernientes cuando una hostia consagrada cae al suelo.

A estas supresiones, que consideradas aisladamente parecen pequeñas, pero miradas en su conjunto indican una clara disminución al respeto debido a la santa presencia de Jesucristo en la Eucaristía, conviene añadir actitudes, a las que podremos encuadrar en el mismo sentido, y que prácticamente son impuestas a los fieles:

-La comunión de pie y con frecuencia en la mano.

-La acción de gracias, muy breve por cierto, que se invita a hacer sentados.

-La postura de pie después de la consagración.

Todas estas alteraciones, agravadas aún por el alejamiento del sagrario, frecuentemente relegado a un rincón del Santuario, y la comparación que las mismas rúbricas hacen entre la presencia de Cristo en la palabra y la presencia real, van dirigidas en un mismo sentido: disminuir la fe en el dogma de la presencia real.

La Misa nueva y el papel exclusivo del sacerdote

El papel exclusivo del sacerdote como instrumento de Cristo en la ofrenda del Sacrificio es uno de los tres puntos de la doctrina católica definidos por el Concilio de Trento. Este papel del sacerdote en la ofrenda del Sacrificio desaparece en la Misa nueva, como el mismo Sacrificio.

-El sacerdote aparece como el presidente de la asamblea.

-Los laicos invaden el altar y se atribuyen funciones clericales: lecturas, distribución de la comunión y a veces la misma predicación y un largo etc…

Como conclusión podemos decir que no hay nada en la Misa nueva que pueda molestar a los protestantes, como así lo han reconocido ellos mismos. La pregunta sería, ¿No se tuvo en cuenta que puede molestar (y de hecho molesta) a los católicos y pone en peligro su Fe?

Javier Navascués

Ha trabajado como redactor en el Periodico de Aragón y Canal 44 de Zaragoza y como locutor y guionista en diferentes medios católicos como NSE, EWTN, Radio María etc...y últimamente en Agnus Dei.