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vendredi 9 juin 2017

The Wanderer: Rastafaris

The Wanderer: Rastafaris

Rastafaris

Más allá de los enojos y diatribas del Anónimo Normando contra la catarata de comentarios inútiles en las entradas de la semana pasada, lo cierto es que han sido útiles para constatar una realidad que es mucho más grave de lo que pensaba.

Durante los diez años de vida de este blog nos dedicamos en numerosas ocasiones a mostrar la ramplona (y facilonga) simplicidad de los movimientos neocones para quienes el Papa es una suerte de ser humano ubicado en una dimensión distinta a la de los simples bautizados y que, entre otras cosas, le otorga una especie de inmunidad universal que asegura a quienes siguen al célico caudillo, que están en el sendero seguro y libres de toda errancia. Pero este seguimiento debe ser en todo lo que dice y hace: desde la proclamación de un dogma -cosa que ha ocurrido en muy pocas ocasiones en la historia de la Iglesia-, hasta sus gustos cinematográficos (recuerdo las increpaciones que recibí hace algunos años de parte de un neocon cuando me atreví a comentar con no compartía con Juan Pablo II su gusto por la película "La vida es bella"). No importa lo que el católico piense, estudie, considere u opine. Al Papa no se lo discute en nada, y mucho menos se lo critica.  Contrariamente a toda razonabilidad, un católico debe estar tan de acuerdo externa e internamente con Benedicto XVI como con Francisco. El principio de contradicción queda anulado en las cercanías del solio petrino. Se trata de una continuidad en la posesión de la persona pontificia por parte del Espíritu Santo: se cierran los ojos y se obedece en todo y con una sonrisa en los labios.

Esta es la postura sostenida por el Opus Dei (recordemos el cambio radical de posición de un conocido teólogo de la Obra que, cuando Juan Pablo II hizo una referencia positiva sobre la teoría evolucionista, cambió rápidamente también él la postura anti-evolucionista que había sostenido anteriormente); el Instituto del Verbo Encarnado (que unilateralmente se ha investido de la jerarquía de nomen dator, y habla de "San Juan Pablo Magno") o Fasta (que luego de marzo de 2013, redecoró las salas, salones y salitas de sus numerosas dependencias con abundantes fotos del Papa Francisco... abrazando al Padre Fundador).

Sin embargo, hay un límite: este apego desmesurado es a los sumos pontífices posconciliares. Lo que dijeron los anteriores al Vaticano II, no tiene valor alguno para los neocones. Tácitamente, consideran que la Iglesia fue refundada en los '60, y es a la iglesia primaveral y renovada a la que ellos adhieren. El magisterio anterior pertenece a otro periodo o se ubica en otra placa tectónica: no lo conocen ni les interesa conocerlo. Es cosa pasada y pisada. Y un hecho anecdótico pinta lo que digo: la arquidiócesis de Mendoza cambió hace algunos años el nombre histórico que había tenido su instituto de formación docente. Dejó de llamarse "San Pío X", y pasó a llamarse "Pablo VI". Los Papas pre-conciliares deben ser borrados de la memoria de los fieles, mientras que los conciliares deben ser canonizados y, si a Francisco no podemos canonizarlo porque aún está con vida, pondremos su retrato en cuanto hueco quede libre. Su presencia y su palabra debe cubrir la universalidad del mundo católico. De otro modo, dejaríamos de ser católicos. 

Esto ya lo sabíamos. Pero lo sorpresivo es que algunos católicos ultramontanos tienen una actitud idéntica. Cito apenas un comentario recibido la semana pasada: "El Papa justamente ocupa el lugar de los Apóstoles, o mejor dicho el lugar de Pedro en particular por sucesión apostólica. El Papa es el sucesor de Pedro y suceder significa justamente "entrar una persona en el lugar de otra". El Papa ocupa no sólo legítimamente el lugar de los apóstoles, sino que incluso lo hace por mandato divino. Esto es verdad de fe, usted no pude cuestionarlo. Y en cierta medida ocupa el lugar de Cristo ya que es su Vicario, su representante en la tierra, nos guste o no".

Bien leído, este buen señor tiene razón en lo que dice. Para la ideología ultramontana, sin embargo, el Papa posee en dosis concentrada la jerarquía y el poder de todo el colegio apostólico. Él es el sucesor de todos los apóstoles, especialmente de Pedro, y está en su lugar. El resto de los obispos no son más que meros empleados y en modo alguno suceden a los Doce. Por eso, la figura del Papa es idéntica a la figura del apóstol Pedro, y su palabra posee el mismo valor y jerarquía que la que poseía la palabra del Pescador. Y más aún, ocupa el lugar de Cristo de modo tal, que la promesa de la asistencia prometida a Pedro, se transforma en una suerte de posesión divina: el Espíritu Santo posee a la persona humana que fue elevada a la jerarquía pontificia.  

Pero los ultramontanos tienen también un límite: lo dicho se aplica a todos los Papas reinantes hasta el Vaticano II. Los pontífices posteriores dejaron de tener estas prerrogativas, o algunas de ellas, o si aún las conservan no las ejercen por lo que no es necesario obedecerlos. Y elaboran originales teorías para justificar su decisión que no tienen el más mínimo sustento en la tradición.

Conclusión: Neocones y ultramontanos son, en muchos aspectos, lo mismo. Hay cambio de matices y acentuaciones, pero la actitud y la convicción de ambos hacia el pontificado es exactamente la misma. Su única diferencia se concentra en un kairos: el 11 de octubre de 1962.

Curiosidad histórica: En los años '30 fue fundada en Jamaica la "Iglesia rastafari", como un estrambótico desprendimiento de la iglesia copta etíope. Entre otras extrañísimas doctrinas, algunos de sus miembros consideran que ras Tafari (jefe creador) Makkonen, más conocido como Haile Selassie I, último emperador de Etiopía, es la encarnación de Dios; otros que es la segunda encarnación de Jesucristo; otros que es el Mesías prometido; otros que es la tercera encarnación de Dios luego de Melquisedek y Jesucristo. En fin, las distintas ramas de esta iglesia consideran que su pretendido líder poseía una suerte de pertenencia a la divinidad por lo cual debía ser venerado y respetado casi como un semidios y todas sus palabras observadas y obedecidas sin vacilación. 

Nota bene: El que avisa no traiciona. Luego de la catarata de comentarios insustanciales que recibieron las entradas de la semana pasada, comunico que solamente publicaré aquellos comentarios que realmente aporten a la discusión. El resto será eliminado inmisericordemente y sin el más mínimo respeto por las libertades modernas.

Quienes no estén de acuerdo con lo que aquí se escribe, pueden simplemente dejar de leer el blog. Es muy sencillo y se evitarán muchos disgustos. Y nosotros no los extrañaremos.

Si consideran que están investidos con la encomiable misión de defender a los débiles y cautivos de las maldades del error y la mentira que se esparcen desde estas páginas y, por tanto, deben combatirla, yo los felicito. Me permito sugerirles, sin embargo, que pueden comenzar su caballeresca misión con otras páginas bastante más herejes y peligrosas que este pobre blog provinciano: encontraran miles de ellas dando vueltas por la red.

Y siempre queda una tercera opción que es la que yo particularmente los animo a que tomen: creen sus propios blogs donde podrán publicar con la periodicidad y extensión que deseen todo lo que quieran. Es un proceso sencillo y gratuito y que no necesita de conocimientos particulares de informática. Y si en algún momento se les agotan las ideas y no saben ya qué escribir, los autorizo calurosamente a que parasiten de este blog: pueden criticarme, discutirme e insultarme. No tendré inconveniente alguno en que lo hagan. Además, como se sabe, el mayor logro de los blogs carroñeros es aportar nuevos lectores al blog líder. ¡Adelante entonces, pues harán un beneficio!