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dimanche 17 décembre 2017

"No hay todavía un cisma formal, pero hay herejía en la Iglesia" | InfoVaticana

"No hay todavía un cisma formal, pero hay herejía en la Iglesia" | InfoVaticana

"No hay todavía un cisma formal, pero hay herejía en la Iglesia"

En una entrevista concedida a Maike Hickson de OnePeterFive, el intelectual italiano Roberto de Mattei aborda la escalada de la crisis en la Iglesia y manifiesta la necesidad de ayudar a los cardenales, obispos y sacerdotes que resisten al contagio de modernismo. 

A continuación, puede leer la entrevista publicada por OnePeterFive: 

Muchos católicos del mundo esperaban que los cardenales de los dubia publicaran su corrección pública del Papa Francisco respecto a su Exhortación postsinodal Amoris Laetitia. ¿Qué desea decir a quienes, entre los fieles, están decepcionados e incluso desalentados ante el silencio de los príncipes de la Iglesia? ¿Con qué palabra animaría a estos fieles para que perseveren en su esperanza y su fe?

La actual crisis de la Iglesia no se ha originado con el Papa Francisco y no está centrada en una única persona: más bien, se remonta al Concilio Vaticano II y, remontándonos aún más, a la crisis del Modernismo [de principios del siglo XX]. Hoy en día, una gran parte del colegio cardenalicio, del colegio episcopal y del clero en general están contagiados de modernismo. Los pocos cardenales, obispos y sacerdotes que resisten deben tener en cuenta esta situación y es nuestra tarea ayudarles. Pero, sobre todo, nadie puede creer que una simple acción de unos de estos actores, por ejemplo, una correctio fraterna del Papa anunciada por el cardenal Burke, pueda, por sí sola, resolver la crisis. Lo que se necesita es una convergencia y enfoque de acción por parte de diversos grupos de sacerdotes y laicos, cada uno a su propio nivel y según las propias capacidades. El sensus fidei puede enseñar a los cardenales, obispos, religiosos y laicos cómo reaccionar ante la crisis actual. La importancia de la correctio filialis, firmada por 250 estudiosos, tanto religiosos como laicos, es que en ella se manifestaba este sensus fidei. La reacción puede variar de un país a otro, de una diócesis a otra, pero sus características son siempre las de la profesión de la verdad y la denuncia de los errores que se oponen a esta verdad.

Pero, ¿cómo puede resolverse esta situación?

No serán los hombres los que salven a la Iglesia. La situación se resolverá con una intervención extraordinaria de la Gracia, que debe estar acompañada, sin embargo, por el compromiso militante de los fieles católicos. Ante la crisis actual hay quienes piensan que la única cosa que se puede hacer es esperar, en silencio y rezando, un milagro. Pero no es así. Es verdad que necesitamos la intervención divina, pero la gracia se construye en la naturaleza. Cada uno de nosotros debe hacer todo lo posible según su propia capacidad.

La carta de 2016 con la que el Papa Francisco aprobaba las directrices de los obispos de la región de Buenos Aires ha sido publicada en las Acta Apostolicae Sedis, con una nota escrita por el Secretario de Estado, el cardenal Parolin, según la cual el propio Papa ha querido que los dos documentos –directrices y carta– fueran publicadas en las AAS.

El hecho que las directrices de los obispos argentinos y la aprobación del Papa estén publicadas en las AAS ha hecho oficial que "ninguna otra interpretación de Amoris Laetitia es posible", fuera de la de los obispos argentinos, que autoriza la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar y que están en un estado objetivo de pecado mortal. La carta era privada, pero su publicación en las AAS transforma la posición del Papa Francisco en un acto del Magisterio. A mí me parece que esto confirma la tesis que el padre Giovanni Scalese ha publicado en su blog, según la cual estamos entrando en una nueva fase del pontificado del Papa Francisco: pasar de una revolución pastoral a una reformulación total de la doctrina. El discurso del Papa Francisco del 11 de octubre pasado, en ocasión del vigésimo quinto aniversario de la promulgación del nuevo catecismo, parece llamar a una nueva reinterpretación del Catecismo de la Iglesia Católica a la luz de Evangelii Gaudium y Amoris Laetitia.

En un ensayo reciente, a la luz de cómo Lutero está siendo reincorporado dentro de la Iglesia católica, usted ha afirmado: "En resumen, cada católico está llamado a elegir si apoyar al Papa Francisco y a los jesuitas de hoy en día, o a alinearse con los jesuitas de ayer y los Papas de todos los tiempos. Ha llegado el momento de elegir y de meditar, precisamente, sobre las dos banderas de San Ignacio (Ejercicios Espirituales, n. 137), lo que nos ayudará a hacerlo en estos tiempos difíciles". ¿Podría usted aclarar estas palabras a nuestros lectores, no sólo a la luz de la cuestión de Lutero, sino también a la luz de Amoris Laetitia?

Hay momentos en nuestra vida y en la historia de la Iglesia en los que estamos obligados a elegir entre dos posiciones, sin ambigüedad y compromiso. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y la teología de la historia de San Agustín en La ciudad de Dios, no hacen más que resaltar la máxima evangélica según la cual "nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso al segundo" (Mateo 6, 24). Desde este punto de vista, la reciente publicación en las AAS de la carta del Papa Francisco a los obispos de Buenos Aires reduce la cuestión a dos posiciones diametralmente opuestas. El pensamiento de esos cardenales, obispos y teólogos que mantienen que es posible interpretar Amoris Laetitia en continuidad con Familiaris Consortio 84 y otros documentos del Magisterio ha sido pulverizado. Amoris Laetitia es un documento que sirve como prueba definitiva: debe ser aceptado o rechazado in toto. No hay una tercera posición y la inclusión de la carta del Papa Francisco a los obispos argentinos [en las AAS] tiene el mérito de aclarar esto.

Hay quienes niegan que la publicación de la carta a los obispos argentinos sea un acto de Magisterio, porque defiende una posición errónea, si no herética. 

Creo que toda persona que piense esto, empieza con una falsa premisa: la idea que el Magisterio pontificio no puede equivocarse nunca. En realidad, la garantía de no cometer error se reserva al Magisterio sólo en condiciones concretas, claramente explicadas en la Constitución dogmática Pastor Aeternus del Concilio Vaticano I. La existencia de errores en los documentos no infalibles del Magisterio, incluyendo el Magisterio pontificio, es posible, sobre todo en periodos de grave crisis. Puede haber un acto de Magisterio que sea a la vez auténtico y solemne, pero erróneo. Éste fue el caso, en mi opinión, de la declaración Dignitatis Humanae del Vaticano II que, aparte de su carácter pastoral, es innegablemente un acto Magisterial y, casi ciertamente, contradice la doctrina de la Iglesia sobre la libertad religiosa, por lo menos de una manera indirecta e implícita.

¿Ve usted un cisma formal acercándose? ¿A qué se parecería? ¿Quién sería el causante de dicho cisma y que significaría para la gente sencilla?

Un cisma es una división interna de la Iglesia, como el que sucedió en Europa durante cuarenta años, entre 1378 y 1417, cuando parecía que nadie podía identificar con absoluta certeza dónde estaba la autoridad [legítima] de la Iglesia. Esta ruptura, conocida como el "Gran Cisma de Occidente", no tenía que ver con una cuestión de herejía. No obstante, y de manera general, la herejía sigue al cisma, como ocurrió en Inglaterra en el tiempo de Enrique VIII. Actualmente nos encontramos en una situación que no tiene precedentes, en la que la herejía, que en sí misma es más grave que el cisma, le precede en lugar de seguirlo. No hay todavía un cisma formal, pero hay herejía en la Iglesia. Son los herejes los que están fomentando el cisma en la Iglesia, no los fieles católicos. Los fieles católicos, que quieren separarse de la herejía, no pueden en absoluto ser definidos cismáticos.

Usted parece sugerir que el Papa puede estar fomentando el cisma y la herejía en la Iglesia. ¿Cuáles serían las consecuencias de esta gravísima situación? ¿No perdería el Papa su autoridad como tal?

No se puede resumir en pocas palabras este importante y complejo problema. Es necesario tener un debate teológico; sobre esta cuestión se puede hacer referencia al libro True or False Pope [Papa verdadero o falso] de Robert J. Sisco y John Salza, a los escritos del Abad Jean-Michel Gleize en [el periódico francés] Courrier de Rome y, sobre todo, en el estudio de Arnaldo Xavier da Silveira, Ipotesi teologica di un Papa eretico [Hipótesis teológica de un Papa herético], de cuya edición italiana de 2016, y de la posterior en inglés, fui responsable. El autor, cuya posición comparto, desarrolla la tesis de los decretistas medievales, de San Roberto Belarmino y de los teólogos modernos como Pietro Ballerini, según los cuales aunque hay una incompatibilidad básica entre sostener la herejía y sostener la autoridad papal, el Papa no pierde su oficio hasta que dicha herejía pasa a ser evidente para toda la Iglesia.

Por último, ¿cuál sería su punto de vista y apoyo para nuestros lectores al final del año que marca los cien años de la aparición de Nuestra Señora de Fátima? 

El desánimo es un sentimiento que el católico militante no puede permitirse. La primera arma que hay que utilizar contra los enemigos que atacan a la Iglesia es la razón para, así, demostrar las contradicciones en las que estos enemigos viven y por las que, necesariamente, morirán. Luego debemos dirigirnos a la invencible ayuda de la Gracia. Hace cien años Nuestra Señora de Fátima previó la crisis de nuestro tiempo y nos anunció un castigo para la humanidad si ésta no se convertía. Pero también hizo una promesa incondicional e irreversible: el triunfo de su Corazón Inmaculado. Por su parte, Nuestro Señor nos prometió que estaría siempre con nosotros, hasta el final de los tiempos (Mateo 28, 20). ¿Qué más podemos pedir?

(Entrevista publicada por OnePeterFive. Traducción de Helena Faccia Serrano para InfoVaticana)