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samedi 31 mars 2018

El Cristo de la Legión

El Cristo de la Legión

El Cristo de la Legión

Guillermo Rocafort explica en un vídeo apasionante el vínculo del Cristo de Mena con la Legión Española. Un ejercicio de verdadera Memoria Histórica. La más importante. La Resurrección del Hijo de Dios y la posibilidad de la Vida Eterna para todos. Gloria eterna al Crucificado. !Viva España, la Nación Cristiana que transformó al Mundo!

(Madrid, 1970) es Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid, y en Derecho por la Uned, y Diplomado en Estudios Jurídicos Avanzados, también por la por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente, es profesor de Economía Pública y Economía de la Empresa en la Universidad Carlos III de Madrid, y abogado Colegiado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid desde 1995. Caballero Legionario, descendiente de Berenguer de Rocafort, ha publicado varios artículos sobre los almogávares en medios de gran difusión, tanto de carácter general como militar, y ha impartido conferencias sobre este tema en distintos foros. Colaborador habitual en diferentes diarios y revistas especializadas, cabeceras entre las que cabe destacar La Razón, El Mundo, Actualidad Administrativa o XXI Legio.

La liturgie du Samedi Saint

https://youtu.be/Ux7BetulcM8

Virginie Vota: "Le féminisme, conséquence inéluctable du renversement de...

https://youtu.be/iHPn9ZdH5dI

Pierre Hillard: "Le mondialisme et son activité"

https://youtu.be/MWRXnTQQhJU

Johan Livernette: "Face au complot maçonique, le retour à la France cath...

https://youtu.be/QpDfaeA0yWk

vendredi 30 mars 2018

La Iglesia en el Fin de los Tiempos

La Iglesia en el Fin de los Tiempos

La Iglesia en el Fin de los Tiempos

El Pequeño rebaño subsistiendo contra las olas del mundo

La Nave mística en los Botes físicos

Don Bosco[1] tuvo aquél sueño de un tremendo Buque con dos inmensos mástiles y un seguro timonel. Le llamó el sueño de las Tres Devociones Blancas que representan a la Iglesia: un mástil tenía el símbolo de la Santísima Hostia sobre el Santísimo Cáliz, el otro mástil tenía la imagen preciosísima de la Inmaculada Concepción  Auxilium Christianorum y el timón era pilotado valientemente por el Sumo Pontífice. Tres imágenes Blancas que hacen a la Iglesia. Todavía vio más en ese sueño que le relatara apasionadamente a sus biricchini, y era ese verde bestial del mar mundano donde brega la Nave infestado de tiburones que mordían a los viajeros de la Nave que caían al mar mundano por soltarse de la Gracia y por ataque de sus enemigos.

Y Nuestro Señor también "soñó" una profecía sobre la Iglesia cuando la llamó Pusillus grex, Pequeño Rebaño del Fin de los Tiempos, muy contrariado y perseguido hasta lo imposible. Y ahora, con nuestra humilde imaginación compaginemos la visión de Don Bosco con la profecía revelada por el Señor Viniente, viendo cómo el Buque ha debido tirar varios botes por la violencia de la tormenta mundana. El Pequeño Rebaño separado en botes salvavidas salpicando el espectro del mundo enemigo. Y exasperando la imagen, serán aún parte del Buque Madre mientras mantengan las Tres Devociones Blancas a la vista.

Pareciera, entonces, que así estuviéramos hoy en día. Hay un poco de Iglesia fiel fidelísima en China soportando al marxismo y al vaticanismo. Y en Siria sufriendo la guerra que Israel y sus aliados le hace al enemigo siempre en territorio cristiano que sufre los "efectos colaterales de la guerra", como antes el Líbano y antes las únicas ciudades cristianas de Hiroshima y Nagasaki. Y el Pequeño Regaño en Corea del Norte perseguidos por el marxismo clásico al servicio del Gran Dinero. Y en África abandonado a la perversidad tribal armada por el satanismo. Y en Egipto donde la llegada de la democracia exige los planes de la masonería. Y en Paquistán donde el musulmán es acicateado en su anhelo de sangre cristiana por hindúes y petrodólares…

¡Dios mío, si no son gigantes esos cristianos que superan a los cristianos de todas las épocas como los pinos superan en altura a los matorrales!, según profetizaba Grignon de Montfort, y lo serían, escribe en La Verdadera Devoción a la Virgen María, por estar prendidos de las Tres Devociones Blancas, de donde la Mano de María Santísima es la máxima expresión de socorro y amor a la Cruz.

También pareciera que en botes salvavidas estuviéramos hoy en día en el Occidente civilizado de comida chatarra y Papa cibernético. Y también es una terrible persecución, quizás mayor que la cruenta, de la que Dios nos libre. Pero el Pequeño rebaño del Occidente conectado por los satélites y los teléfonos móviles se encuentra bajo una presión incomparable dentro de la Historia de la Iglesia. Cae el agua amarga y fría del mundo mundano dentro de los botes y con mucha violencia.

El Pequeño Rebaño en Occidente se encuentra con la amargura de la democracia liberal infectándole los pensamientos. Se les quiere grabar el 666 en la frente de los que afirman no ser carne de tiburones. Este sistema perverso golpea al pobre cristiano telemático con constantes mensaje de Libertad de pensamiento, Libertad de religión, Libertad de confort, Libertad de consumo, Libertad de opinión, Libertad en las modas, Libertad de los padres, Libertad de los hijos, Libertad de la responsabilidad, Libertad a la promiscuidad, Libertad para el aborto, Libertad financiera, Libertad laboral… Liberté Liberté Liberté, croan las ranas apocalípticas. Prohibido prohibir. Cada uno debe hacer lo que quiera cuando lo quiera, de lo contrario estaría subyugado por el totalitarismo. La Libertad es absoluta, deben repetir con la mayor sumisión los hijos del Pusilus grex en las Escuelas. Es obligatorio ser pluralista y al que no lo acepte marche preso.

Y hasta el más pintado, como llamamos en Argentina al más dotado, dentro de los cristianos subido al bote de la doctrina de siempre, vive en el conflicto interior de hasta dónde el mundo es mundo creado o es mundo mundano de esmog pestilente del Maligno. La prudencia se enturbia frente al grito diabólico de la exigencia de Tolerancia a toda opinión. Si el Pequeño Rebaño enseña a pensar a sus hijos diciéndoles que se deben respetar las personas y no las opiniones torcidas de algunos, estos hijos sufren en el ambiente escolar y entre sus amigos. ¿Hasta dónde impedir que tengan celulares o móviles, hasta dónde no dejarlos compartir salidas con esos otros jóvenes masificados? ¿Hasta dónde el cine y la música pueden ser utilizados por ellos que han sido elegidos por Dios para ser santos? ¿Santos? ¿Qué significa esa palabra si como adulto disimulo en mi ambiente laboral mis ideas cristianas, por no enunciar el cúmulo de negruras económicas en las que estoy inmiscuido?

Aquí se ve el 666 que simboliza el Apocalipsis (cap. XIII) en la mano derecha de muchos que desean permanecer en el bote, pero están con los dos pies en el agua. Esto es una tremenda persecución. La fidelidad a la propia conciencia en Cristo cuando trabajo, cuando utilizo el dinero, quizás en pugna cuando lo hago crecer en el sistema financiero porque así es el capitalismo en el que vivimos, cuando no pago algunas deudas porque sería un bobo si lo hiciera, cuando tengo a mis empleados en negro, cuando hago pequeñas limosnas para pagar menos impuestos, cuando evado los impuestos justos, cuando incremento los precios del producto para prevenirme de la inflación haciéndola crecer aún más con esa acción, cuando el peculado es una herramienta que no descarto para proteger a mi empresa, cuando al lobby no lo veo mal, cuando compro robado, cuando vendo en mal estado, cuando duermo con el salario del obrero… El 666 en la mano derecha que nos dice el Apocalipsis es haber puesto el lucro como finalidad de la empresa. Pero la confusión práctica del ruido cotidiano no se lo deja notar a muchos de los perseguidos… Y son mordidos por la codicia que los sumerge en el mar mundano.

Tremenda persecución que puede ensuciar la conciencia y hace comulgar mal al cristiano con las terribles consecuencias interiores que empujan hacia perder la Fe. Y vemos cómo caen los más viejos en vicios y durezas así descritas. Se enfriará la caridad de muchos. No podéis servir a Dios y al dinero

El Pequeño Rebaño metido en el Occidente depravado por sus leyes y malvado en sus mensajes masivos no deja de sufrir la influencia en sus mentes cristianas. Llegan a pensar muchos que no está mal esta vida de confort en disconformidad. El signo de la Bestia quiere tipificarse allí en sus mentes como también profetiza el Apocalipsis. Grande ánimo y generosidad en la oración y el estudio de la Doctrina se le exige a este pequeño grupo para distinguir la confusión en la anfibología de los argumentos de la anti-iglesia, profeta del mundo mundano. La Tolerancia no es virtud, aunque muchos obispos –demasiados- usen la idea. La misericordia no está peleada con la justicia, aunque el Papa pereciera insinuarlo. El ecumenismo no es un guiso pantagruélico aunque la Iglesia se encamine a ello. La diversión y sus herramientas no son asépticas, aunque los católicos progresistas (¿?) se deleiten en la música degradante e internacionalista, en los excesos del vino y en la utilización de la ropa moderna erótica y asexuada. La piedad con Dios no consiste en la mera repetición de fórmulas. La piedad con los viejos no consiste en el alquiler del mejor asilo. Los pecados confesables a un cura no giran sólo en el sexto y en el noveno mandamiento. La Universidad no es para obtener un título que me hace ganar plata. La democracia no es el sistema menos malo y por tanto utilizable por el cristiano para pelear con el número de firmas y manifestantes las Verdades eternas…

El Pequeño Rebaño fiel a Cristo hasta que Él Vuelva sobre las nubes del Cielo es perseguido también en Occidente, aunque con guante blanco, sin tanta sangre, aunque con mucha mugre. La fidelidad es estar en el mundo sin ser del mundo. No dejarse ni agarrar ni dejarse matar –Cuando estos signos sucedan, huid-, pero tampoco transar. Resistir es la consigna evangélica, como acción de la virtud de la fortaleza dirigida por la iluminación de la Fe sobre la prudencia. Y de aquí el desprecio de propios y extraños que sufre el Pequeño Rebaño. Vive pero no pertenece.

¿Quién es ese Pequeño Rebaño? Es la Iglesia de Cristo en el Final de los Tiempos cuando la gesta no sea construir catedrales góticas de piedra sino de almas en adoración. El Pequeño Rebaño es la Fe vivida en la familia cristiana perseguida sutilmente, abandonada por los amigos, rezadora y alegre en el amor de sus integrantes. La Iglesia de Cristo durante la Gran Apostasía que precede y prepara la llegada del Anticristo no tendrá medios para el apostolado o serán sumamente desproporcionados, no será escuchada en sus gritos de justicia para los débiles, no encontrará fácilmente Seminarios y Monasterios para las vocaciones de sus hijos. La búsqueda del casamiento cristiano para sus hijos será una verdadera cruz. La separación de la familia será la angustia.

Curiosamente, los devorados por el mundo mundano no entenderán tanta angustia sentida por el Pequeño Rebaño y los tratarán de exagerados. Solo cum Solo.

Daniel Giaquinta

[1] http://www.santisimavirgen.com.ar/don_bosco.htm

Nacido el 14 de octubre de 1958, Mendoza, Argentina.. Profesor de Oratoria (Filosofía, 1984). . Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, España, 1990. Bachellors of Arts, Teología, por la Universidad de Navarra, España, 1989. Máster en Ciencias de la Información, Universidad de Navarra, España, 1992. Profesor Universitario Universidad Católica Argentina, Mendoza. Capacitador de Empresas en Comunicación interpersonal. Capacitador de planta en Escuela Gobierno de Legislatura Mza, Argentina

Marion Sigaut: "La révolution de 1789 contre la France"

https://youtu.be/agyZ7va-6nU

La liturgie du Vendredi Saint

https://youtu.be/e49UpwmwkZk

jeudi 29 mars 2018

Non au siège d’Afrin par l’armée turque | CitizenGO

http://www.citizengo.org/fr/pc/157599-non-au-siege-dafrin-par-larmee-turque

Meditaciones para Semana Santa en los tiempos de la Pasión de la Iglesia

Meditaciones para Semana Santa en los tiempos de la Pasión de la Iglesia

Meditaciones para Semana Santa en los tiempos de la Pasión de la Iglesia

Raro y doloroso es el privilegio de vivir en los tiempos de la Pasión de la Iglesia. A partir de ese creciente interés en la escatología y la teología de la historia que signó a la reflexión teológica de la sanior pars de la intelectualidad sacerdotal en Iberoamérica (recordemos las figuras de los padres Orlandis, Castellani, Van Rixtel, Straubinger, Lira y Alcañiz) durante la primera mitad del siglo XX, resurgió fuertemente la idea, de reminiscencias patrísticas y también monfortianas de que la segunda venida de Cristo iría acompañada por circunstancias semejantes a la primera.

El recordado padre cordimariano Antonio Pacios escribió un libro memorable, titulado La Pasión de la Iglesia. Allí nos presentaba la vida de la Iglesia como un trasunto de la vida de Nuestro Señor, brindándonos diversas claves relativas a la consumación temporal e intrahistórica de la Iglesia, que, como Cuerpo Místico de Cristo, tendrá que pasar por el mismo destino de Cristo en los últimos momentos de su vida terrena. En síntesis, se ofrecía el siguiente itinerario, basado en una trasposición de la Hebdomada Sacra, iniciándose en el Domingo de Ramos: 1) Triunfo momentáneo de la Iglesia; 2) ministerio docente y espiritualidad como dos grandes ejes de la actividad papal; 3) rigor contra los profanadores del lugar sagrado; 4) preparación para el martirio; 5) traición desde dentro y complot con el poder secular; 6) centralidad de la Eucaristía y el sacerdocio; 7) agonía interior y sufrimiento; 8) abandono y martirio; 9) apostasía (la Iglesia aparecerá como sepultada).[1]

Como dijimos, raro y doloroso es el privilegio de vivir en los tiempos de la Pasión de la Iglesia. Raro, pues pocos precedentes se encuentran: ya hubo algunos tipoi de la gran tribulación final, significativamente aquel que hizo exclamar a san Vicente Ferrer, durante el Cisma de Occidente, en carta a Benedicto XIII, que el fin de los tiempos estaba cito bene cito, valde breviter, o cuando Pío VI, de feliz memoria, prisionero de los revolucionarios en Valence, moría en 1799, revestido de los ornamentos pontificios, sin siquiera recibir la extremaunción, pues el culto católico seguía prohibido en Francia. Sin embargo, la crisis actual es aún peor, porque el estado espiritual de la humanidad es ahora infrabestial, con la legalización y proclamación como derechos de muchos de los peores vicios y crímenes, y, por sobre todo, por el grado de infiltración de errores morales y doctrinales gravísimos en la Jerarquía Eclesiástica, con el telón de fondo de la apostasía masiva de los bautizados.

¿Pero en qué sentido podríamos hablar de un privilegio, en medio del dolor indecible de ver que la casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la cual te alabaron nuestros padres, fue consumida al fuego; y todas nuestras cosas preciosas han sido destruidas (Is. 64:11)?

Hagamos una suerte de composición de lugar de aquella primera crisis de la Iglesia del Viernes Santo del año 33 d. C.

Tenemos al ochenta por ciento del Colegio Episcopal fugado y a un diez por ciento, abiertamente entregado al Demonio, puesto que ha traicionado y vendido a Nuestro Señor a los judíos. ¿Y el Papa? Por miedo a las criadas del Sumo Sacerdote, lo niega de manera contumaz y sistemática.

Si un peregrino hebreo cualquiera, ignorante de lo que había ocurrido hacía seis días, llegaba a celebrar la Pascua en aquel día de Parasceve, habría visto a las afueras de la Ciudad Santa a tres delincuentes crucificados. Jamás habría reconocido en uno de ellos al Hijo de Dios vivo, mucho menos en aquel que clamaba, rezando el Salmo: Deus Deus meus respice me; quare me dereliquisti? (…) Ego autem sum vermis et non homo obprobrium hominum et abiectio plebis! (Ps. 21): Mas yo soy gusano, y no varón; oprobio de los hombres, y desecho del pueblo.

Los judíos movían la cabeza ante ese oprobio: ¿Cómo aquel que resucitaba muertos y obraba toda suerte de prodigios hasta hace no mucho no se baja de la cruz? ¡Una señal indefectible de su impostura! Pero ignoraban, por su ceguera preternatural, que ya no es la hora de los milagros, sino de las tinieblas

Ahora, en este mismo momento histórico, la Iglesia está crucificada y expuesta ante los ojos de la plebe global. ¿Cómo esa monstruosidad que carece siquiera de forma humana puede ser la Iglesia de Cristo? ¿Cómo aquella que vivificó pueblos y creó culturas, cómo aquella que contó hasta hace no mucho con milagros vivos como el Padre Pío, el Cura de Ars, Gema Galgani y otros no es siquiera capaz de propiciar una intervención divina o una mera reacción humana que enjugue por lo menos algunos de los esputos y deformidades que ultrajan su rostro? Y así como entonces, la chusma impía se burla y pasa de largo ante esa abyección aparente.

Pero, ¿quiénes están al pie de la Cruz? ¿Quiénes reconocen en ese gusano al Hijo de Dios? ¿Y en esa asquerosidad a la Iglesia de Dios, ante la hostilidad y la burla de las masas y la traición y el abandono por parte de los Pastores? La Santísima Virgen María, las Santas Mujeres y un solitario apóstol, intransigente y escatológico, san Juan, que permanecen en oración dolorosa y amorosa ante el Crucificado; en cifra: los discípulos no solo de Jesús, sino de María. Esos son los que, en medio de la crisis histórica suprema, saben trascender la cortina de la carne, y reconocer, en medio de las traiciones y deformaciones, a la Iglesia de Cristo, a su Cuerpo Místico Sacrosanto. Esta gracia está reservada a los discípulos de María. De ahí la importancia fundamental del mensaje de Fátima y del cumplimiento en la historia de las previsiones de san Luis María Grignion de Monfort sobre los apóstoles de los últimos tiempos. ¡Qué gran privilegio! ¡Qué misteriosa pero profundísima vocación la de consolar a Cristo sufriente y agonizante en su Iglesia traicionada y crucificada!

Vivirla a través de la consagración perfecta a su Santísima Madre, especialmente en los momentos en los que la liturgia conmemora sus más grandes Misterios, nos hará acreedores quizá a la promesa inefable y sublime que recibió otro de los compañeros de Jesús en aquella hora aciaga y horrible, el más humilde, el más olvidado, figura de todos los triturados y deshonrados moral y materialmente por la presente civilización anticristiana: Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso. (Lc. 23:43.)

Ese ladrón robó el Paraíso – dice san Juan Crisóstomo –. Nadie antes de él escuchó una semejante promesa: ni Abraham, ni Isaac, ni Jacob, ni Moisés, ni los profetas, ni los apóstoles, el ladrón entró antes que ellos. Pero también su fe superó la de ellos. Él vió a Jesús atormentado y lo adoró como si estuviera en su gloria. Lo vió clavado a una cruz y le suplicó como si hubiera estado en un trono. Lo viócondenado y le pidió una gracia como a un rey. ¡Oh admirable malhechor! ¡Viste a un hombre crucificado y lo proclamaste Dios!

Semejante recompensa será dada para aquellos que perseveren en estos momentos terribles, proclamando la grandeza eterna de la Iglesia de Cristo. ¡Bendito sea Dios que nos dio la gracia de vivir en este tiempo!

 César Félix Sánchez

[1] Para un muy interesante comentario y síntesis del libro del padre Pacios, cfr. el apéndice del libro de Rodolfo Vargas Rubio, ¿El último Papa? Benedicto XVI y su tiempo. Perfil biográfico del Papa Ratzinger, Áltera, Barcelona, 2005, pp. 241-273, titulado significativamente «Benedicto XVI y las profecías».

Católico, apostólico y romano. Licenciado en literatura, diplomado en historia y magíster en filosofía. Profesor de diversas materias filosóficas e históricas en Arequipa, Perú. Ha escrito artículos en diversos medios digitales e impresos

Europa será musulmana si Alá quiere

Europa será musulmana si Alá quiere

Europa será musulmana si Alá quiere

El presidente turco Recep Tayyip Erdoğan conmemora oficialmente desde hace varios años la fecha del 29 de mayo de 1453, es decir, la conquista de Constantinopla por Mohamed II, así como el 26 de agosto de 1071, cuando los seljucidas de Alp Arslān derrotaron en Manzinkert al ejército bizantino y fundaron el primer estado turco en Anatolia.Supongamos que la Unión Europea propusiera conmemorar con toda solemnidad la victoria de Lepanto en 1571 o la liberación en 1683 de la Viena ocupada por los turcos. Los medios informativos de todo el mundo, en manos de los poderes fácticos que dirigen la política internacional, pondrían el grito en el cielo contra semejante acto provocativo e islamófobo. Claro que la Unión Europea jamás tomaría una iniciativa semejante, dado que en su documento fundacional, el Tratado de Lisboa del 13 de diciembre de 2007, renunció definitivamente a toda alusión a sus raíces históricas.

Y mientras Erdogan reivindica con orgullo una identidad otomana, que por definición se opone a la Europa cristiana, la Unión Europea sustituye la evocación de las raíces cristianas por la ideología del multiculturalismo y la acogida al inmigrante. A lo largo de los siglos, la ofensiva del islam contra Europa se ha llevado a cabo siguiendo dos líneas directrices, por parte de dos pueblos: los árabes al sudoeste y Turquía al sudeste.

Los árabes, tras haber conquistado el norte de África, invadido España y traspasado los Pirineos, fueron detenidos por Carlos Martel en Poitiers en el año 732. A partir de entonces fueron retrocediendo progresivamente, hasta su expulsión definitiva de la Península Ibérica en 1492. Por lo que se refiere a los turcos, después de subyugar el Imperio Bizantino y parte de los territorios de la Casa de Habsburgo, fueron detenidos en Viena en 1683 por Juan Sobieski y en Belgrado en 1717 por Eugenio de Saboya.

En la actualidad, el islam prosigue su incursión en las mismas direcciones. Al sudoeste la promueven países como Arabia Saudita y Quatar, que financian a los Hermanos Musulmanes, así como la construcción de una tupida red de mezquitas por todo el continente europeo. Al sudeste, Turquía exige su ingreso en la Unión Europea, amenazando en caso contrario con inundar nuestro continente con millones de inmigrantes.

El proyecto más peligroso es el de Erdogan, que aspira a convertirse en sultán de un nuevo imperio otomano que despliega todas fuerzas entre Oriente Medio y Asia Central.

Entre 1299 y 1923 el Imperio Turco llegó a abarcar un inmenso territorio que se extendía desde las costas del norte de África hasta el Cáucaso, alcanzando las puertas de Italia y de Austria. Lo que se propone Erdogan es poner a Turquía a la cabeza de una zona más extensa todavía, que abarque hasta el este del Mar Caspio, donde cinco nuevas repúblicas que nacieron con la disolución de la Unión Soviética (Azerbaiyán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajistán y Kirguistán) constituyen el núcleo de una comunidad en que la religión islámica se funde con una identidad étnico-lingüística turcófona.

A partir de los años noventa los turcos han empezado a plantear a sus «200 millones de compatriotas» de los estados turcófonos del este la necesidad de construir una comunidad de estados «que se extienda del Adriático a la Gran Muralla china», según la fórmula del entonces presidente Halil Turgut Özal (1927-1993), a quien le gustaba hablar de la llegada del siglo turco. Erdogan ha retomado estas ideas, que fueron elaboradas a lo largo del último decenio por su ministro de exteriores Davutoğlu antes de su destitución en 2016.

Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, laica y secularizada, veía un factor de desestabilización en el islam. Sus sucesores, desde Özal hasta Erdogan, sostienen por el contrario que el islam puede ser un elemento aglutinador y de cohesión social. El sistema educativo es una piedra angular del proyecto de Erdogan, ya sea para extender la sharía, incluso más allá de los límites de Turquía, por medio de la Diyanet, ministerio de asuntos religiosos; ya sea para imponer a través del Ministerio de Educación la identidad lingüística que eliminó la revolución kemalista.

La reislamización de dichos territorios mediante la construcción de mezquitas y el apoyo brindado al mantenimiento de los imanes, han venido acompañados de inversiones en el ámbito cultural destinadas a reintroducir en las escuelas y universidades el estudio de la cultura otomana. Aludiendo a los tiempos del imperio otomano, Erdogan ha afirmado: «Quien crea que nos hemos olvidado de las tierras de las cuales nos retiramos llorando hace cien años se equivoca. Siempre que se presenta la ocasión decimos que Siria, Iraq y otros puntos del mapa de nuestro corazón no son diferentes de nuestra patria. Luchamos para que no ondee ninguna bandera extranjera en ningún punto donde se proclame la llamada islámica a la oración en una mezquita. Lo que hemos hecho hasta ahora no es nada comparado con los ataques mayores aún que estamos planeando para los próximos días, insha al-lá» [= si Alá quiere; de ahí procede la palabra española ojalá, N. del T.]

El primer objetivo declarado de Erdogan es la reconquista de las islas griegas del Mar Egeo. El mandatario turco ha afirmado que en 1923 Turquía vendió las islas griegas, que eran de ellos, y añadió: «Allí están todavía nuestras mezquitas y santuarios.»

Erdogan ha fijado como fecha tope el año 2023, en el que se cumplen cien años de la República Turca y del Tratado de Lausana, que estableció las fronteras cuya revisión pide ahora. Es algo más que meras palabras.

En 1974 Turquía ocupó manu militari una parte de Chipre y, hoy en día, so pretexto de hacer la guerra al terrorismo, ha conquistado una amplia faja de territorio sirio a lo largo de la frontera que separa ambos países.

Pero lo que corre más peligro es el futuro de Europa, que Erdogan sueña sometida a su imperio: «Europa será musulmana si Alá quiere», ha anunciado el diputado de su partido (AKP) Alparslan Kavaklioglu, reiterando lo mismo que ha declarado abiertamente Erdogan: «Los musulmanes son el futuro de Europa. La fortuna y la riqueza del mundo se desplazan de Occidente a Oriente. Europa atraviesa un periodo que se puede calificar de extraordinario. Su población disminuye y envejece. Tiene una población muy anciana. Por consiguiente, llegan inmigrantes en busca de trabajo. Pero Europa tiene un problema: que todos los recién llegados son musulmanes. Proceden de Marruecos, de Túnez, de Argelia, de Afganistán, de Pakistán, de Irak, de Irán, de Siria y de Turquía. Los que llegan de esos países son musulmanes. Hemos llegado a un punto en que el nombre más común en Bruselas es Mohamed, el segundo más extendido, Melih, y el tercero Aisha.»

Erdogan sabe que Bruselas, capital de la Unión Europea, es la ciudad en que el islam ya es la primera religión, uno de cada tres ciudadanos musulmán y el nombre más frecuente en el registro civil entre los inmigrantes es Mohamed.

Su arma, al igual que los Hermanos Musulmanes, es la conquista demográfica de Europa en los próximos decenios. Pero incluso ahora mismo, si Turquía se integrara en Europa, por su población, sería el primer país de la Unión, incluyendo además los ciudadanos turcos que ya residen en el continente europeo.

De hecho, no debemos olvidar que por lo que se refiere a números representan la segunda comunidad en Alemania, los Países Bajos, Austria, Dinamarca y Bulgaria, y que Erdogan los exhorta a no perder su identidad: «Independientemente de su nacionalidad, los turcos residentes en el extranjero debe seguir siendo turcos», ha proclamado el sultán, llegando al extremo de calificar la asimilación de «crimen contra la humanidad».

Ante la arrogancia de Erdogan, Europa no sólo se mantiene impasible sino que calla. Calla ante la violación de los derechos humanos en Turquía, calla ante la invasión del Kurdistán sirio, calla ante el bloqueo naval impuesto a la   plataforma de ENI en Chipre, calla ante las amenaza contra las islas griegas. Y por lo que se refiere al anuncio de la venidera islamización de nuestro continente, no sólo calla la Unión Europea, sino también la Iglesia. La fuerza de Erdogan está en este silencio culpable.

Roberto de Mattei

Correspondencia Romana

Traducción: Bruno de la Inmaculada

Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la "Fondazione Lepanto" (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del "Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea" y de la "Sociedad Geográfica Italiana". De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del "Consejo Nacional de Investigaciones" italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del "Board of Guarantees della Italian Academy" de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas "Radici Cristiane" (http://www.radicicristiane.it/) y "Nova Historia", y la Agencia de Información "Corrispondenza Romana" (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

Principios generales de interpretación bíblica

Principios generales de interpretación bíblica

Principios generales de interpretación bíblica

Noción

Se llama heurística bíblica  a aquella parte esencial de la Hermeneútica bíblica que estudia los principios que deben aplicarse para la adecuada interpretación de la Biblia. Tiene un carácter de disciplina introductoria a la Exégesis bíblica.[1]

Punto de partida

A la Biblia nos hemos de acercar con humildad y fe. Deberemos valernos de los medios que las ciencias humanas nos ofrecen para poderla interpretar correctamente; pero sabiendo siempre que el último criterio de interpretación lo tiene el Magisterio de la Iglesia; y que nunca podrá haber contradicción entre la fe y lo que las ciencias humanas puedan concluir.

Un error bastante común que se comete cuando uno se acerca a la Biblia para estudiarla, es el de pretender llegar a entenderlo todo y encontrar razón para todo. En la Biblia encontramos todo y sólo aquello que Dios quiso revelarnos, y de modo más particular, todo aquello que sea útil para nuestra salvación.

La Biblia nos presenta figuras reales, como Adán y Eva, o Noé; o hechos que acontecieron, como las plagas de Egipto, sobre los cuales apenas si tenemos apoyo de las ciencias humanas para su explicación. Sí es verdad que se han hecho muchas conjeturas a la hora de intentar explicar estas realidades, pero nunca son del todo concluyentes. Es por ello que tendrá que prevalecer sobre todo nuestro sentido de fe y aceptar con humildad muchas verdades sobre las cuales el Señor no nos quiso dar una revelación más detallada.

Metodología

Según se desprende de la inspiración divina de la Sagrada Escritura, el libro inspirado es todo él obra de Dios y, al mismo tiempo, todo él también obra del hagiógrafo, siendo ambos verdaderos autores (DV 11).

La heurística bíblica no es, una ciencia meramente histórica, sino netamente teológica. El intérprete debe situarse ante la Biblia como un dialogante al que no compete juzgar el texto de modo exclusivamente humano: de un lado está Dios, que le habla en el texto sagrado, que no es un documento arqueológico, sino vivo, plantado en la Tradición ininterrumpida de la Iglesia; de otro, está el propio intérprete, que debe ponerse cuidadosa y humildemente a la escucha de Dios, para entenderle; ese entendimiento es un acto de fe que exige la obediencia del intérprete. Tal actitud hermenéutica no exime, sin embargo, del esfuerzo intelectual de la razón informada por la fe.

Como nos dice la Dei Verbum, 12:

La Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió, para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuenta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas el trabajar según estas reglas… Porque todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios".

Por su parte, H. Schlier sintetiza así la actitud hermenéutica:

"Quien equipado con todas las técnicas del saber filológico e histórico se acerca a interpretar la S. E. y no se preocupa de añadir la fe, ese tal jamás llegará a conocer la realidad que nos comunica en su mensaje el N. T.".[2]

De lo dicho se desprende la doble metodología que debe manejar el intérprete. De un lado, debe ayudarse de todos los auxilios racionales de crítica histórico-literaria: son los llamados principios, criterios o reglas racionales de interpretación, comunes en hermenéutica general. De otro lado están los principios o criterios dogmáticos o de fe, específicos de la interpretación bíblica.

La distinción de ambas series de criterios es metodológicamente correcta y útil, pero hay que evitar, al hacer la exégesis bíblica, separar como dos mundos distintos ambas series, pues en tal caso se llegaría a una vivisección esterilizante.

La realidad de Cristo mismo, vivo y actuante en la Iglesia, y junto con la revelación del Padre y la misión del Espíritu Santo, desborda siempre la imagen fijada en un documento, aunque sea la propia Biblia. En ningún caso puede ser desligado el texto bíblico de la entera vida de la Iglesia, en cuyo seno adquirió su redacción literaria a impulsos de la divina inspiración, y ha sido custodiada e interpretada.

Por consiguiente, el exegeta debe aplicar a cada texto los dos tipos de criterios hermenéuticos mencionados: la mejor técnica histórico-crítica y una profunda fe, con todo su complejo dispositivo doctrinal y espiritual.

Principios generales de interpretación

Son los principios comunes para todo estudio literario histórico-crítico de cualquier texto. Implican todas las cuestiones filológicas y lingüísticas, así como el instrumental para situar el texto en su marco histórico: historia, arqueología, circunstancias personales del autor y de su situación cultural, destinatarios inmediatos, fecha de composición del escrito, crítica histórico-literaria de sus fuentes, género literario al que pueda reducirse, etc.

Por tanto, todas las disciplinas científicas que concurren en la interpretación de un texto, deben ser aplicadas a la interpretación de la Biblia siempre que haya presunción de su utilidad. A ello hay que sumar otros elementos más subjetivos, como la sensibilidad del lector, desigual desde su capacidad especulativa, artística, psicológica, espiritual, moral, etc.

La investigación escriturística contemporánea ha alcanzado un desarrollo considerable en cuanto a las técnicas de hermenéutica racional, en especial por lo que atañe a los auxilios suministrados por la filología, lingüística y algunos métodos hermenéuticos, como son el mejor conocimiento de los géneros literarios de la Biblia, el método histórico-formal y el histórico-redaccional, que aunque con graves prejuicios y errores históricos, filosóficos y teológicos en sus principios, han ido siendo depurados por los críticos católicos, hasta ser empleados con utilidad para ahondar en el proceso de formación literaria de algunos libros o conjuntos de libros de la S. E.

Sin embargo, el enorme esfuerzo de la investigación contemporánea en los dominios de la crítica racional no se ha visto coronado en general por un fruto paralelo desde el punto de vista de la profundización teológica. La causa de ello radica seguramente en la falta de fe. No pocos de los investigadores se han enfrentado con escasa sintonización de fe con la Biblia y con la Iglesia. Por esto se hace ahora especialmente necesario fijar de nuevo la atención en los criterios dogmáticos de hermenéutica.

Principios específicos de la hermenéutica bíblica

Son los criterios teológicos o dogmáticos. Tienen su fundamento y exigencia en la inspiración divina de la S. E. De ahí arrancan dos grupos de criterios, basados respectivamente en la condición de Dios como autor y de la Iglesia como intérprete auténtico de la Biblia.

Para ello, presentamos el siguiente esquema:

Principios específicos de hermenéutica bíblica

  1. Dios, autor de la Biblia
    1. Analogía de la fe bíblica
    2. Desarrollo progresivo de la revelación
    3. Armonía de ambos Testamentos
    4. Acción vivificante interna del Espíritu Santo.
  2. La Iglesia, custodio e intérprete de la Biblia
    1. Intérprete auténtico del Magisterio
    2. Analogía de la fe católica
    3. Sentido de la Tradición en la Iglesia
    4. Testimonio de los Santos Padres

Unas breves explicaciones del cuadro expuesto se hacen necesarias:

  • Por analogía de la fe bíblica se entiende la íntima coherencia de las verdades religiosas contenidas en la revelación escrita. Este principio ofrece un aspecto positivo: merced a la unidad y continuidad de la revelación, unos textos proyectan luz sobre otros y ayudan al lector a una más honda inteligencia. Ofrece, a su vez, un aspecto negativo: ningún texto de la S. E. puede verdaderamente contradecir a otro; cualquier apariencia de contradicción sería sólo eso, apariencia, como efecto de la limitación del lector. Puede la S. E. mostrar diversos acentos, subrayar aspectos diversos de un mismo objeto, como consecuencia del desarrollo progresivo de la revelación y de la distinta personalidad de sus respectivos autores humanos; se puede dar progreso, como, p. ej., de ciertas imperfecciones morales de las leyes del Pentateuco hasta la perfección suma de la moral evangélica, predicada y vivida por Cristo: pero progreso y crecimiento no significan contradicción.
  • Conectado con el principio de la analogía de la fe bíblica está el del desarrollo progresivo y homogéneo de la revelación: Dios no ha mostrado de una sola vez al hombre toda la verdad, sino que, usando de una divina pedagogía, ha ido desvelando nuevos contenidos, revelándose progresivamente a Sí mismo en acontecimientos de la historia bíblica y en palabras que explicaban el acontecimiento (cfr. DV 2), hasta llegar a su revelación suprema, que es Jesucristo, el Verbo Encarnado. Existen, pues, textos más antiguos que pueden ser mejor entendidos a la luz de textos posteriores.
  • Del principio básico de que Dios es el autor de ambos Testamentos se desprende también el tercero de los criterios derivados: la interna armonía de los dos Testamentos, íntimamente conexo con el anterior y que fundamenta, a su vez, la "interpretación cristiana del A. T.". Con arreglo a tal armonía, las nociones, acontecimientos, cosas y personas del A. T. tienen una cierta correlación o "cumplimiento" en el N. T., de modo que, según fórmula feliz de S. Agustín, "El Nuevo Testamento permanece escondido en el Antiguo y el Antiguo Testamento en el Nuevo es revelado". Este modo de entender el A. T. fue ya iniciado por Jesucristo y los Apóstoles, a quienes "abrió la mente para que entendieran las Escrituras" (Lc 24: 44-45), y fue intensamente cultivado por la exégesis tipológica de los Santos Padres.
  • Finalmente, "como la Sagrada Escritura hay que leerla o interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió… " (DV 12), lector e intérprete deben "sintonizar" con ese Espíritu de Dios por medio de la práctica de la vida cristiana, especialmente de la oración, para que la gracia divina y la acción vivificante interna del Espíritu Santo abra el alma a la inteligencia de la S. E. Este criterio interpretativo debe ser usado, sin embargo, con especial humildad y prudencia, persuadido el intérprete de que sólo el Magisterio eclesiástico posee en última instancia el carisma del discernimiento de Espíritu, tanto para interpretar la S. E. como para enjuiciar las interpretaciones particulares de la misma. Sin caer, pues, en el error de la teoría protestante del "libre examen", el intérprete católico debe invocar la gracia divina para entender y profundizar lo que Dios dice en los sagrados libros.

El segundo gran principio es la consideración de la Iglesia como custodio e intérprete auténtico de la S. Escritura. Este principio supone una serie de criterios que hemos agrupado en cuatro, convencionalmente.

  • En primer lugar se ha destacado el criterio de la interpretación auténtica de la Biblia que compete exclusivamente al Magisterio de la Iglesia. Dicho Magisterio puede declarar infaliblemente el sentido auténtico de un texto de la S. E.; tales declaraciones solemnes se han dado pocas veces en la historia de la Iglesia y acerca de pocos textos; pueden reducirse a no muchos más de los siguientes: Mt 16: 16-19; 26:26; Lc 22:19; Jn 3:5; 21: 15-17; Sant 5,14. Esta es la que se llama interpretación directa, que puede ser a su vez positiva, cuando se declara el sentido auténtico de un texto, o bien negativa, cuando se determina como errónea, temeraria, etc., alguna interpretación privada (p. ej., la condenación de la sentencia de J. L. Isenbihel, que negaba el sentido mesiánico de Is 7:14). La interpretación auténtica y directa del Magisterio es el primero y más concreto criterio específico de hermenéutica católica. Tales declaraciones se han dado normalmente ante determinadas circunstancias; por ello, el Magisterio no ha querido definir todas las perspectivas de un determinado texto, sino el sentido de éste respecto a la verdad de fe concreta (p. ej., presencia eucarística, primado de Pedro, mesianismo, sacramento de la unción de enfermos, etc.). Un texto, pues, declarado por el Magisterio puede contener aspectos que no entran en la definición: p. ej., respecto al mencionado texto de Is 7:14, el Magisterio ha definido su carácter mesiánico, pero no ha entrado en la cuestión de si ese carácter debe entenderse en sentido literal o en sentido típico.
  • Junto a la interpretación directa, existe la indirecta, cuando no es el texto mismo de la Biblia el que constituye el objeto formal de la declaración, sino que ésta se refiere formal y directamente a una verdad de fe, para cuya ilustración se trae a colación uno o varios textos de la S. E. Estos casos son numerosísimos en la Historia de la Iglesia y no siempre es fácil precisar de qué modo la declaración del Magisterio afecta a la interpretación de los textos bíblicos. La razón es que cuando el Magisterio define una verdad de fe, lo que queda definido es esa verdad misma; al lado de ella el Magisterio puede y suele dar ciertas razones de conveniencia, las cuales sólo indirecta y no formalmente entran en el alcance de la definición, salvo que expresamente se diga. Así, pues, el intérprete habrá de deducir del contexto de la definición magisterial hasta qué punto queda afectada la interpretación del pasaje. En cualquier caso está obligado a no contradecir el sentido en que el Magisterio ha utilizado el texto, y siempre será para él un criterio orientador en su interpretación personal.
  • Las verdades de la fe tienen entre sí una conexión, más o menos inmediata. Por ello, ante un texto concreto, el intérprete suele tener que poner en confrontación, de alguna manera, todo o parte del discurso general de la fe. En cualquier caso, debe mantener el criterio heurístico de la analogía de la fe católica, es decir, como es lógico, ninguna interpretación particular de la S. E. puede estar en oposición con la doctrina católica; si tal contradicción se produjese, sería indicio de error, y el intérprete deberá reandar el camino de su investigación.
  • En cierto modo, el principio de analogía de la fe católica puede englobar los otros dos criterios heurísticos de: el sentido de la S. Tradición de la Iglesia y el testimonio moralmente unánime de los Santos Padres. Ambos son por lo general más constatables documentalmente que el principio de analogía; o, dicho de otro modo, pueden constituir pasos previos para establecer tal analogía. Ambos criterios alertan al lector acerca de si su interpretación está en conformidad con lo que la Iglesia ha creído y enseñado a lo largo de su historia, o bien si su interpretación personal es coincidente con la de los Santos Padres, testigos primeros de la fe cristiana.

Conclusión

De todo lo dicho podríamos concluir que la hermeneútica bíblica católica, considera a la S.E. como un todo, obra conjunta de Dios y del hombre en el seno de la Iglesia viva, a la que corresponde, en última instancia, la genuina y auténtica interpretación. Y que sin conflicto con la razón y la ciencia, la fe es la fuerza interpretativa capaz de usar rectamente los auxilios de aquéllas, que el progreso de la cultura ofrece.

(continuará)

Padre Lucas Prados


[1] El presente artículo está tomado del libro de José Mª Casciaro, Exégesis bíblica, hermeneútica y teología, Eds. Universidad de Navarra, 1983, 312 págs.

[2] Schlier, H. Über Sinn und Aufgabe einer Theologie des Neuen Testaments, Friburgo Br. 1964, 11.

Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a lucasprados@adelantelafe.com

Las vestiduras, poema de Antonio Caponnetto

Las vestiduras, poema de Antonio Caponnetto

Las vestiduras, poema de Antonio Caponnetto

"Los soldados, después de haber crucificado a Jesús, tomaron sus vestiduras, las hicieron cuatro partes: para cada soldado su parte" (Jn. 19, 23) "Y así como el mundo visible se compone de cuatro elementos, puede tomarse por vestidura de Cristo este mundo visible que los demonios se reparten entre ellos cuantas veces entregan a la muerte al Verbo de Dios que habita en nosotros, consiguiendo dividirnos por las falacias de este mundo". (Teófilo de Antioquía)

——-

Las vestiduras

Nadie sabe sus nombres y el destino

que dieron a los ásperos atuendos,

quién robó el manto mientras los estruendos

de esa tormenta que les sobrevino.

Uno llevó tal vez el cordoncillo

del índigo turbante; y otro el cinto,

y otro el talit fragante de jacinto

cuando Él fue de los prados, lazarillo.

Y otro más, cargó acaso sus sandalias

con que sus pies la tierra bendijeran,

con que sus pasos la esperanza abrieran

 de un Dios que no buscaba represalias.

Conjurados los cuatro cuarteleros

en la fecha más negra de las eras,

el atavío se esfumó en arteras

confidencias de muertes y dineros.

Los demonios del norte o del naciente,

del levante o del sur, la geografía

del averno y su cruel topografía

quieren el sayo del Varón Doliente.

 

Salgamos a buscar la indumentaria,

el ropaje sagrado, arremetiendo;

las prendas que nos vayan revistiendo

de firme Tradición hereditaria.

Rescatemos la nítida, la exacta

vestimenta que Cristo nos legara,

y sepa el que a cambiarla se animara:

la túnica inconsútil sigue intacta.

Antonio Caponnetto

Argentino. Nació en la Ciudad de la Santísima Trinidad el Dia de San Miguel Arcángel de 1951. Es Profesor de Historia y Doctor en Filosofía

Lcol Arnaud Beltrame, Honneur aux vertus militaires !


Les ver­tus mili­taires existent encore chez quelques-uns, enga­gés aujourd'hui dans les opé­ra­tions Bar­khane ou Sen­ti­nelle. Le gou­ver­ne­ment trouve nor­mal de pou­voir les mobi­li­ser à tout ins­tant, au doigt et à l'œil : ce sont pour­tant ces ver­tus que ce même gou­ver­ne­ment, en rai­son de ses propres prin­cipes, laisse décou­ra­ger et désho­no­rer par­tout dans la socié­té libé­rale et per­mis­sive.
 
Renaissance Catholique
 
 

Le sacri­fice héroïque du lieu­te­nant-colo­nel Arnaud Bel­trame, le 23 mars près de Car­cas­sonne (11), rap­pelle à une France assou­pie ce que peut être l'honneur d'un sol­dat. Après avoir rem­pla­cé une otage, l'officier de gen­dar­me­rie a été égor­gé par le ter­ro­riste isla­miste fran­co-maro­cain Radouane Lak­dim.

Des vertus militaires à cultiverIn memoriam : Arnaud Beltrame : Honneur aux vertus militaires

Les ver­tus mili­taires existent ain­si, encore chez quelques-uns, enga­gés aujourd'hui dans les opé­ra­tions Bar­khane ou Sen­ti­nelle. Le gou­ver­ne­ment trouve nor­mal de pou­voir les mobi­li­ser à tout ins­tant, au doigt et à l'œil : ce sont pour­tant ces ver­tus que ce même gou­ver­ne­ment, en rai­son de ses propres prin­cipes, laisse décou­ra­ger et désho­no­rer par­tout dans la socié­té libé­rale et per­mis­sive. L'obéissance sans mur­mure ni hési­ta­tion ! Le sacri­fice sans exa­men préa­lable, sans large débat public ni contes­ta­tion et déci­sion col­lé­giale ! Les ver­tus mili­taires ne sont pas culti­vées parce qu'elles sont un obs­tacle évident au déve­lop­pe­ment du grand mar­ché mon­dial qui repose sur le déra­ci­ne­ment des peuples et leur réduc­tion au simple sta­tut de consom­ma­teurs fébriles.

Il faut néan­moins, pour qu'elles per­durent, comme toutes les autres ver­tus que les ver­tus mili­taires soient culti­vées, qu'elles soient exer­cées avec patience et éner­gie, qu'elles soient encou­ra­gées et hono­rées. Il faut, mais l'État ne s'occupe nulle part de le faire au niveau déci­sif : au niveau « cultu­rel », celui qui forme les intel­li­gences, les consciences, les sen­si­bi­li­tés. L'État ne le fait, sauf excep­tions raris­simes, ni dans ses écoles ni dans ses uni­ver­si­tés ni dans ses dis­cours à la nation. Qu'il sur­vive en France des ver­tus mili­taires tou­jours prêtes au ser­vice de la com­mu­nau­té par le sacri­fice de la vie cela résulte de l'initiative de plus en plus mar­gi­na­li­sée de quelques familles, de quelques écoles, de l'âme har­die de quelques farouches gar­çons en qui brûlent sour­de­ment la flamme de la pié­té natio­nale et la soif de ser­vir.

Ces sol­dats sont dans une voca­tion dont on ne parle plus avec hon­neur ou même avec ami­tié. Emma­nuel Macron a trai­té, naguère, le chef d'État-Major des Armées Pierre de Vil­liers, comme on ne traite pas un valet indé­li­cat, l'humiliant en public. Ni à l'école ni à la télé­vi­sion ni dans les dis­cours offi­ciels ne sont exal­tés ni même men­tion­nés les mots clés de la voca­tion mili­taire : Hon­neur, Patrie, Valeur, Dis­ci­pline, Fidé­li­té, Loyau­té, Sacri­fice, Ser­vice, Res­pect des Anciens, etc.

Un discours officiel décalé

Les dis­cours offi­ciels relèvent d'autres para­digmes entre maté­ria­lisme reven­di­qué et assu­mé : « Les jeunes Fran­çais doivent avoir envie de deve­nir mil­liar­daires » (Emma­nuel Macron, 7/​01/​2015), mépris de notre his­toire natio­nale et pru­rit de repen­tance « La colo­ni­sa­tion fait par­tie de l'histoire fran­çaise. C'est un crime, c'est un crime contre l'humanité, c'est une vraie bar­ba­rie » (Emma­nuel Macron à Alger, 13/​02/​2017), mou­lins à prière des appels à la lutte contre les dis­cri­mi­na­tions, les inéga­li­tés, le sexisme, le racisme, la trans­pho­bie, le natio­na­lisme, la gros­so­pho­bie, etc.

Ce mépris de la fonc­tion mili­taire et des valeurs que porte cet état est par­ti­cu­liè­re­ment bien mani­fes­té dans le fait qu'à ce jour aucun mili­taire n'est plus dépu­té, ministre ou membre de l'Académie fran­çaise. Quel signe !

N'en dou­tons pas Emma­nuel Macron sera brillant, comme à son habi­tude, lors des obsèques natio­nales qui s'annoncent. Il trou­ve­ra les mots qu'il faut pour exal­ter des valeurs qui sont à la fois néces­saires à la sur­vie de toute socié­té et néan­moins aux anti­podes des vents domi­nants du poli­ti­que­ment cor­rect qui l'ont por­té au pou­voir. N'est-il pas frap­pant qu'en l'espace de quelques heures l'actualité ait vu se suc­cé­der des évé­ne­ments si divers. D'abord les défi­lés de fonc­tion­naires et de che­mi­nots gré­vistes en lutte pour la défense de leurs « droits », ensuite une cam­pagne média­tique menée contre le lycée mili­taire de Saint-Cyr-l'École ini­tia­li­sée par Libé­ra­tion et l'AFP, com­plé­tée par une attaque du Jour­nal Du Dimanche contre l'ESM de Saint-Cyr-Coët­qui­dan et, enfin, le sacri­fice du colo­nel Bel­trame ? Tous ces com­por­te­ments pro­cèdent, bien évi­dem­ment, de cultures très dif­fé­rentes voire anta­go­nistes. Iro­nie du sort ou clin d'œil de la Pro­vi­dence, le lieu­te­nant-colo­nel Bel­trame était ancien élève à la fois de Saint-Cyr-l'École et de Coët­qui­dan. La double peine en quelque sorte !

Notons enfin, cir­cons­tance aggra­vante pour la vul­gate média­tique, que la récente conver­sion au chris­tia­nisme du lieu­te­nant-colo­nel Bel­trame dans une abbaye de cha­noines régu­liers de Saint-Augus­tin atta­chés à la règle et à la litur­gie tra­di­tion­nelles, mani­feste clai­re­ment qu'il existe une affi­ni­té onto­lo­gique entre les valeurs mili­taires et celles du chris­tia­nisme. Les valeurs de don, de maî­trise et d'oubli de soi, de sacri­fice sont au cœur du métier mili­taire comme de la vie chré­tienne. Il semble que ce sont ces conver­gences qu'a décou­vertes le colo­nel Bel­trame, se pré­pa­rant à son pro­chain mariage reli­gieux, digne héri­tier d'Ernest Psi­cha­ri (1883–1914, l'auteur du Voyage du cen­tu­rion), venu à l'Église par l'amour de la France.

Le lieutenant-colonel de gendarmerie Arnaud Beltrame

L'alliance de notre épée avec la croix

Les ver­tus mili­taires ne sont pas les seules qui soient néces­saires à la vie d'une nation. Mais elles sont au pre­mier rang des ver­tus indis­pen­sables. La réforme intel­lec­tuelle et morale dont la France a besoin consiste à redon­ner dans la socié­té, à l'esprit de sacri­fice, la place qu'il occupe for­cé­ment dans la vie mili­taire, où il est plus visible, plus écla­tant, ce qui a une valeur d'exemple. En quoi, ce qui nous reste d'armée, et tout par­ti­cu­liè­re­ment le témoi­gnage du colo­nel Bel­trame, nous donnent une grande leçon morale. Que pro­po­ser aujourd'hui à la jeu­nesse fran­çaise, sinon d'abord l'austérité, la dis­ci­pline, l'héroïsme mili­taire ?

Le rôle des pou­voirs cultu­rels est pré­ci­sé­ment de culti­ver les ver­tus intel­lec­tuelles et morales. Les pou­voirs cultu­rels de la Répu­blique macro­nienne cultivent les vices de la socié­té per­mis­sive. Ils cultivent l'esprit de reven­di­ca­tion à la place de l'honneur de ser­vir au péril de sa vie. Les ver­tus reli­gieuses sont aus­si mar­gi­na­li­sées, aus­si dis­qua­li­fiées que les ver­tus mili­taires. Ce sera, pour­tant, encore une fois, l'alliance des unes et des autres qui pour­ra un jour res­tau­rer le visage de la France, son âme et son hon­neur.

 

 

Jean-Pierre Mau­gendre, École navale -1976

En filial hom­mage à Pierre Mau­gendre, École Navale – 1948

 

Ces réflexions actua­lisent un article épo­nyme de Jean Madi­ran paru dans le sup­plé­ment-Vol­ti­geur de la revue Iti­né­raires en juin 1978 après l'opération de Kol­we­zi : « Nous sommes des nains per­chés sur des épaules de géants » (Ber­nard de Chartres).

 
 
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