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vendredi 23 mars 2018

Así veía España Ana Catalina Emmerick: Babel y soldados rojos

Así veía España Ana Catalina Emmerick: Babel y soldados rojos – InfoVaticana

Así veía España Ana Catalina Emmerick: Babel y soldados rojos

En las visiones y revelaciones la beata alemana narra sus viajes espirituales por el mundo, y la revelación que hace sobre España es sorprendente.

A continuación, la narración que la beata hace de sus visiones de nuestro país:

Desde aquí fui por mares e islas y entendí los bienes y desdichas de ellas, notando que las más solitarias eran las más felices. Hacia occidente llegué a la patria de Javier37 donde vi muchos santos y el país ocupado por soldados rojos. Vi gozar a este país de relativa tranquilidad en comparación con la patria de San Ignacio, adonde llegué, hallándola en espantosa desdicha. Vi extenderse las tinieblas sobre todo el país en el cual hay un tesoro de merecimientos y de gracias. En el centro de este país estaba yo. Reconocí el lugar donde hace algún tiempo había visto el cuadro en el cual algunos eran arrojados al fuego, y vi, por último, que los enemigos interiores se acercaron por todas partes y arrojaron al horno a los mismos que habían atizado el fuego. Vi extenderse por el país una confusión espantosa. Aquí es Babel.

Vi por todo el país una cadena de sectas secretas y una agitación como en Babel. Vi en este país perecer todo lo que es santo e implantarse la impiedad y la herejía. Acercábase también la guerra civil y con ella una ruina total. Vi las anteriores obras de innumerables santos y a esos santos mismos. Nombraré solamente a Isidoro, a Juan de la Cruz, a Juana de Jesús y especialmente a Teresa, muchas de cuyas acciones y visiones he contemplado. Me fueron mostradas las obras de Santiago, cuyo sepulcro está en una montaña y vi que muchos peregrinos han encontrado aquí la salud.
Me mostró también mi guía la montaña de Montserrat y los ancianos ermitaños de los primeros tiempos que allí habitaron, y tuve una visión muy conmovedora de ellos: vi que no discernían los días de la semana si no partían un pan en siete pedazos, uno de los cuales tomaban cada día y así contaban los días de la semana. Algunas veces, transportados en éxtasis, erraban la cuenta. Se les aparecía la Madre de Dios y les decía lo que debían anunciar a los hombres.

Esta visión fue muy consoladora.

Vi, por otra parte, tantas y tales desdichas en aquel país y tantas gracias holladas y tantos santos e imágenes de ellos, que dije para mí: «¿Por qué he de ver yo, miserable pecadora, estas cosas? No puedo referir algunas, ni aun en gran parte entenderlas siquiera». Entonces me dijo mi guía: «De lo que has visto, refiere lo que puedas. Tú no acertarás a contar las almas que leyendo esta relación algún día serán consoladas, animadas y sostenidas por ellas. Hay muchas historias de sucesos semejantes y gracias, pero en parte no fueron convenientemente escritas ni concebidas y las antiguas son desconocidas y están viciadas por criminales añadiduras, Lo que tú digas estará convenientemente concebido y redactado y producirá mucho fruto de bendiciones, que tú ahora no comprendes». Esto me consoló, pues en los últimos días estaba muy cansada y me había vuelto escrupulosa.

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