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jeudi 31 mai 2018

27e université d'été de Renaissance Catholique du 21 au 24 juillet 2018



27e université d'été de Renaissance Catholique
du 21 au 24 juillet 2018


L'université de Renaissance Catholique se tient cette année en Vendée du 21 au 24 juillet avec comme thème "1968-2018, La révolution silencieuse".
Nous vous encourageons à aller écouter les conférenciers passionnants de cette université: François-Xavier Bellamy, Victoire De Jaeghère, Jean-Marie Le Méné, Patrick Buisson, Anne Coffinier, Jean-Pierre Maugendre, Philippe de Villiers et Jeanne Smits.
Toutes les informations pratiques sont communiquées dans le tract à télécharger sur cette page.

Renaissance Catholique offre aux pèlerins 2018 de Notre Dame de Chrétienté la possibilité de s'inscrire à l'Université d'été au tarif adhérent.

Bonne université d'été aux pèlerins de chrétienté!

Informations et inscriptions: tract (fichier pdf) et site internet de Renaissance Catholique.




Notre-Dame de Chrétienté - 191 avenue du Général Leclerc 78220 Viroflay - Tél: 01.39.07.27.00

La Nueva Alianza en Cristo Jesús

La Nueva Alianza en Cristo Jesús – Adelante la Fe

La Nueva Alianza en Cristo Jesús

Toda la historia bíblica es una historia de salvación, una empresa de redención realizada por Dios en Cristo. La Biblia es un mensaje de salvación en Jesucristo, que no llega de repente a la humanidad, sino gradualmente a través de la historia y de los libros del AT, tiempo de la preparación evangélica. Los escritos del NT nos ofrecen la Buena Nueva, verdad definitiva de la revelación divina y tienen como argumento central a Jesucristo, así como el inicio de la Iglesia bajo el impulso y acción del Espíritu Santo.[1]

Plenitud de los tiempos y Nueva Alianza de Jesucristo

El NT recoge el mensaje de esperanza del AT en la plenitud de los tiempos. La finalidad de la elección de Israel- ser instrumento de bendición para todos los pueblos de la tierra-, se ve cumplida en el Salvador surgido de este pueblo elegido. Cristo representa a Israel pues Él es el Elegido de Dios para traer la salvación a todos los hombres. Si en el Pentateuco la elección va unida a la promesa, en el NT se nos enseña que las promesas se han cumplido en y por Cristo.

El Reino ha venido con Cristo: instaura una nueva situación y su llegada definitiva sigue siendo una promesa irrevocable. Las alianzas que ratificaban la elección -con Noé, Abrahán y Moisés-y las promesas -con Abrahán y David- culminan en la nueva y definitiva Alianza sellada con la sangre de Cristo. La «Nueva», sin embargo, resultaría incomprensible sin la «Antigua», que con un contenido propio era preparación de la definitiva. Los efectos de esta Nueva Alianza son muy superiores a los de la Antigua: perdona y borra los pecados; Dios habita entre los hombres; cambia el corazón de los hombres y pone en ellos su espíritu.

La felicidad que Jesucristo nos promete en sus Bienaventuranzas llena la vida del cristiano, alimenta su esperanza en la tierra, tanto en medio de la aflicción y del dolor como en la alegría y prosperidad. El cristiano se sabe "hijo de Dios" en la honra y en la deshonra, en la escasez y en la abundancia, en la salud y en la enfermedad. El discípulo de Jesús se sabe redimido por su Pasión y Muerte, y destinado a una vida eterna con Cristo en Dios. La Nueva Alianza no ha alcanzado aún su plenitud, falta la consumación final, y por eso hay que contemplarla con una mirada escatológica: la alianza, eterna será la felicidad en la definitiva morada de los hombres con Dios (Cfr Ap 21: 3-5).

Y junto a la Nueva Alianza, se revela la Nueva Ley que, fundamentada también sobre la Antigua, se presenta ahora como Ley de Cristo inscrita en el interior del hombre por el Espíritu Santo. En todos estos aspectos, la Ley mosaica o Torah, era y sigue siendo, como enseña san Pablo, el pedagogo que nos lleva a Cristo: una vez más la divina pedagogía prepara -ahora por medio de la Ley- la llegada del Evangelio Cfr Gal 3: 24-25).

Los libros históricos del AT constituyen la verdadera prehistoria de la Iglesia, por la multitud de figuras que la anuncian. Israel, desde la Alianza sinaítica, es constituido como la comunidad de Yáhwéh, que los LXX traducen "ekklesia tou Kyriou" (Iglesia del Señor). El antiguo pueblo de Dios será sustituido por el nuevo, la Iglesia de Jesucristo. Decían ya los cristianos de los primeros tiempos que el mundo fue creado en orden a la Iglesia; la reunión de los hombres en un nuevo pueblo es la reacción de Dios ante el caos provocado por el pecado. La preparación lejana de la Iglesia comienza con la vocación de Abrahán y la inmediata con la elección de Israel como pueblo de Dios. Jesús de Nazaret, al realizar el plan de salvación de su Padre Dios, en la plenitud de los tiempos funda la Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia; es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras. La Iglesia es, pues, el germen y comienzo de este Reino en la tierra.

El Reino o Reinado de Dios trasciende la realidad y el concepto que los hebreos se habían forjado de él. Incluso los Apóstoles de Jesús, pocos días después de la Resurrección del Señor, no habían superado esa visión terrena del Reinado de Dios (Cfr Hech 1: 6-7).  El Reino que Jesucristo ha iniciado en la tierra, no llega a su plenitud sino cuando, al final del mundo presente, vuelva Cristo glorioso, para juzgar a vivos y muertos y haga entrega al Padre del Reino eterno. Es decir, la plenitud de la realidad de ese Reino no se dará en este mundo: se incoa con la primera venida de Cristo en la humildad de la carne, con la que se realiza la Redención  del género humano,  y se instaurará  definitivamente tras su segunda venida o Parusía.

Jesucristo es el Mesías anunciado por los profetas. Dios concreta las antiguas promesas en David y sus descendientes (cfr 2 Sam 7: 4-16), iniciándose así la línea del Mesianismo real: un descendiente de David, el "Hijo de David", será el Mesías, el Libertador, el Redentor. Buen número de pasajes evangélicos reflejan la expectación popular del "Mesías, Hijo de David". Jesús es consciente de ser el Mesías davídico, así como el Hijo del Hombre que profetizó Daniel y el Siervo de Yahwéh del libro de Isaías. La fe y el testimonio de los Evangelistas y demás autores sagrados del NT son contundentes. Para los evangelistas, en Jesús, el Mesías anunciado y esperado, se cumplen las antiguas profecías de salvación divina. Tanto su misión como su ser, transcienden sin medida la figura de los rabinos o maestros de Israel.

El mensaje salvífico de los Evangelios

Los Evangelios son, sin duda, el corazón de todas las Escrituras por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador. Han sido siempre tenidos en máximo honor en la vida de la Iglesia: en su liturgia, en la predicación de sus pastores, en la meditación de sus fieles, en el estudio de sus teólogos y en los escritos de los Santos Padres y del Magisterio de los Obispos y de los Papas. La palabra evangelio es la traducción literalista del vocablo griego "euangelion", que significa Buena Nueva y hace referencia a las antiguas promesas hechas por Dios al pueblo de Israel -contenidas en el AT- que se han cumplido en Jesús de Nazaret.

Los cuatro Evangelios cuentan la vida de Jesús. San Mateo y san Lucas  inician  la  narración  con  noticias  sobre el nacimiento,  infancia y vida  oculta de Jesús. San Juan,  en cambio,  se remonta  en su prólogo  con un  himno a la eternidad  y divinidad  del Verbo en el seno del Padre, exponiendo  la Encarnación  de ese Verbo y su vida entre los hombres.  Después los cuatro -se incorpora san Marcos en este punto- relatan el anuncio del Bautista: la necesidad  de la penitencia para recibir al Mesías esperado y un bautismo  de purificación.  A  continuación,  los  tres  Sinópticos narran  el ayuno y las  tentaciones  de Jesús  en el desierto  durante  cuarenta  días, donde se ve  claramente  la superioridad  de Jesús sobre Juan el Bautista y todos los demás profetas del AT Todo lo anterior viene a ser la preparación  de Jesús para su vida pública  y la formación  de un  grupo particular  de discípulos más cercanos a Él. A través de diversos episodios y enseñanzas se muestra cómo Jesús pasó su vida haciendo el bien (Cfr Hech 10:38).  Curaba a enfermos y libraba del demonio  a posesos;  predicaba  a pequeños  grupos y a multitudes por pueblos,  aldeas y campos; y obraba milagros  con poder divino. Sorprendía que no tuviese necesidad   de  implorar  ese  poder,  porque  lo  ejercía  directamente con su palabra.

Jesús de Nazaret tiene un conocimiento de los misterios de Dios, del modo de actuar divino, del Reino de los Cielos y del más allá, como nadie antes lo había manifestado. Se atribuye poderes y cualidades y exige de los hombres una adhesión a sí mismo que son sólo propios de Dios. Da explicaciones de la Ley de Moisés con la misma autoridad de Yahwéh, aclarando el verdadero espíritu de ésta. Por eso, va creciendo la oposición de los escribas, fariseos y príncipes de los sacerdotes, porque actúa con libertad, sin someterse a la asfixiante casuística de los maestros de la Ley. Esa oposición culminará en la sentencia de muerte dictada por el prefecto romano Poncio Pilato.

Jesús va corroborando sus enseñanzas y la veracidad de cuanto dice con muchos milagros.

Narran también los Evangelios la elección de doce discípulos a los que llama apóstoles; serán los testigos de la actividad de Jesús y a ellos les explica con más detenimiento su doctrina y la significación de muchos de sus hechos. Cuando Pedro confiesa en Cesarea de Filipo que Jesús es el Mesías, estamos en un punto de inflexión del Evangelio. A partir de ese episodio, el relato se centra en el camino que Jesús recorre hasta su Muerte en Jerusalén y su Resurrección. Jesús predice  entonces  estos  acontecimientos  finales  de su vida  en la tierra. Con la narración de los últimos días del ministerio en Jerusalén finaliza en los Evangelios la vida pública de Jesús.

Los relatos de la Pasión, Muerte y Resurrección refieren, apenas sin comentario, los episodios más sobresalientes de ese final de la vida de Jesucristo: los sucesos del arresto, interrogatorios, suplicio y crucifixión en el Calvario; la Resurrección de Jesús al tercer día de su muerte y las diversas apariciones y enseñanzas últimas a sus discípulos. Por último, los evangelistas nos cuentan cómo Jesús, antes de su Ascensión a los Cielos, envía a sus apóstoles a proclamar la Buena Nueva o Evangelio a todas las gentes y a bautizar a los que crean para la remisión de los pecados.

La Iglesia en el libro de los Hechos

El libro de los Hechos presenta la salvación en Jesucristo a través de la Iglesia. Al hilo del relato de la primera propagación del Evangelio -desde los judíos a los paganos-, san Lucas nos presenta el cumplimiento de la tarea apostólica  que Jesús confió a sus Apóstoles: ser sus testigos "hasta los confines de la tierra" (Hech 1:8). Los protagonistas escogidos del libro son precisamente san Pedro y san Pablo.

San Lucas en su Evangelio ha destacado la dimensión salvífica de la "Buena Nueva" en Jesús, ahora en Hechos pone el acento de la salvación en la misión de los apóstoles. Ambos libros tienen una trama argumental paralela: en el Evangelio se trata de la proclamación de la Buena Nueva de la salvación desde Galilea a Jerusalén; en Hechos, desde Jerusalén hasta Roma, centro entonces del mundo conocido. Incluso la estructura general de ambos libros es también paralela; en el primero: ministerio de Jesús en Galilea; viajes de Jesús por territorios no judíos, desde Galilea a Jerusalén; ministerio en Jerusalén. En Hechos: propagación del evangelio en Jerusalén y territorios limítrofes; viajes misionales de Pablo por países no judíos; predicación del evangelio en Roma.

El Libro de los Hechos de los Apóstoles es, en su conjunto, una "eclesiología  narrativa", porque narra el establecimiento de la nueva Iglesia y la propagación inicial del Evangelio después de la Ascensión de Jesucristo. San Lucas, historiador y teólogo, presenta a Jesús como la cumbre de la historia de la misericordia de Dios con los hombres. A través de unos episodios en un marco geográfico y temporal bien determinados- y unos personajes -Pedro, Esteban, Bernabé, Pablo, etc.— enmarca las palabras y los hechos de Jesús en la incipiente vida de la Iglesia.

La Iglesia sale a la luz el día de Pentecostés por la intervención del "viento y fuego" del Espíritu Santo; no es un producto de humana creación, sino del Espíritu de Jesús. El Espíritu Santo es amor, y por ello promueve reconocimiento y crea unidad, como se aprecia ya en la aceptación de la diversidad y en la multiplicidad de lenguas. La Iglesia es, pues, católica desde el momento de su nacimiento, es ya la Iglesia universal. La espera de Pentecostés es significativamente preparada por la permanencia de los discípulos en el cenáculo: "Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María la Madre de Jesús y sus hermanos"  (Hech 1:14) Tras la solemne irrupción del Espíritu, aquellos primeros fieles de la Iglesia "perseveraban asiduamente en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones" (Hech 1:42) ; son rasgos del nuevo Pueblo de Dios: palabra y sacramento, o pan y palabra, aparecen aquí como los fundamentos del edificio vivo de la Iglesia. San Lucas, pues, nos ofrece así el panorama de la vida naciente de la Iglesia como instrumento universal de salvación y anticipa los grandes temas y preocupaciones del tiempo postapostólico.

La salvación en las cartas de san Pablo

El epistolario del NT recoge el mensaje de salvación aplicado al tiempo presente. Considerado desde una perspectiva social, cultural e histórica, se encuentra entre dos mundos: el griego y el judío. San Pablo pertenece a estos dos ámbitos tan distintos: sin renunciar a ninguno de ellos, trata de hacer una adecuada síntesis. La fe en Cristo muerto y resucitado, como único camino de salvación, es en las Grandes Epístolas[2]   tema de confrontación con las otras dos vías salvíficas propuestas hasta entonces: la "Ley" de los judíos, y la "Sabiduría" de los griegos. Años después, en medio de sus cadenas, san Pablo alcanza una nueva síntesis del misterio de Cristo. Las Garras de la Cautividad[3] profundizan  en el ser de Jesús: su existencia divina eterna, su venida al mundo, su humillación hasta la muerte en la cruz, su exaltación como Señor y su mediación en la obra de la creación y salvación. Toma aquí conciencia de la proyección "cósmica" de la Redención que lleva a cabo Jesucristo, y de la dimensión  "eclesiológica"  de la salvación a través de la metáfora del "cuerpo", añadiendo la imagen de la "cabeza" y "los miembros" (cfr Ef 1:2; Col 1:18) . Nadie puede salvarse por sí solo, sino con el auxilio de la "comunidad de salvación", la Iglesia. Y al reflexionar sobre Cristo, esposo de la Iglesia en la Nueva Alianza, proyecta su luz sobre la naturaleza del matrimonio cristiano.

La noción de salvación es ya fundamental en las "Cartas Pastorales"[4]. A Dios se le nombra como el Salvador, que "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2:4) . Este querer divino constituye  un plan, que ha sido manifestado y llevado a cabo por Jesucristo, el único Mediador (cfr 1 Tim 2: 5-6) , que vino al mundo para salvar a los pecadores (1 Tim 1:15). Estas "Cartas Pastorales" sirven como puente entre el "Corpus Paulino" y las "Cartas Católicas".  En todas se dan instrucciones sobre la vida cristiana; el ejercicio de la piedad se contempla desde una cristología que apunta a la imitación de Jesucristo como modelo.

Salvación y vida cristiana en las Cartas Católicas

Junto a las epístolas paulinas, y para distinguirlas de éstas, se encuentra el grupo de siete cartas conocidas por «Católicas»: la de Santiago, las dos de San Pedro, las tres de San juan y la de San Judas. Se sitúan por sus contenidos entre el pensamiento paulino y el judeo-cristiano. Iluminan la vida y costumbres de la primitiva comunidad cristiana y proporcionan indicios de su desarrollo doctrinal. Su estilo vivo, abunda en citas y alusiones al AT; hay también algunas pocas referencias a escritos apócrifos y a tradiciones populares.

Muestran, en general, una presentación más bien arcaica de la doctrina, del culto y de la jerarquía. Más que una reflexión teológica sobre el misterio de Cristo, hay en estos textos una mirada a las situaciones concretas de las comunidades cristianas en su relación con los diversos ambientes en que se desenvuelven. Dan testimonio de su vida de fe y de su paciente sufrimiento en las pruebas, con la esperanza del día del encuentro con el Señor Jesús. La fe y la moral, vividas frente a un mundo hostil, dominado por el pecado,  apuntan a un modo de pensar y de vivir en perspectiva de salvación. Sólo mediante la fe y el bautismo es posible la conversión, y el paso de las tinieblas del pecado a la luz de la gracia. Jesucristo, el Mesías e Hijo de Dios, ha conquistado el reino de la luz mediante su Pasión, Muerte y Resurrección. Bajo la acción del Espíritu Santo, el cristiano combate  en el mundo presente una pelea que durará hasta el triunfo del Señor en su Parusía. El centro de la moral lo ocupa la Ley del amor, en su doble vertiente hacia Dios y hacia el prójimo, que une a todos los fieles en una sola y gran familia: la Iglesia. La fe y la moral tienen como modelo las enseñanzas de Cristo, que ha interiorizado y plenificado la doctrina del AT.

En suma, los escritos de Santiago, Pedro, Judas y Juan son modelos de exhortación cristiana primitiva. Presentan el designio salvífico divino para que configure la vida cotidiana, destacando la primacía de los valores éticos. En esta "atmósfera pastoral", sus contenidos podrían resumirse en tres grandes líneas: 1º) testimonio de fe y mensaje salvífica en un ambiente de creyentes; 2º) exhortación a la vigilancia ante las desviaciones doctrinales y morales; 3º) la espera de la venida del Señor.

Salvación y tiempo futuro en el Nuevo Testamento

El Apocalipsis de san Juan cierra la Biblia, iluminando la figura de Jesucristo glorioso, de su Esposa, la Iglesia triunfante, y exhortando a la esperanza en la vida eterna. El tiempo futuro en general y la consumación, en particular, como transciende a toda experiencia humana, no puede ser descrito directamente, sino sólo en forma analógica, por medio de comparaciones e imágenes. De la misma forma que las profecías del AT no eran fáciles de entender hasta su cumplimiento en Jesucristo, así las profecías del NT no quedarán del todo aclaradas hasta la Parusía o Segunda Venida del Señor. Los profetas del AT solían contemplar el futuro como en un solo plano, en el que no se distinguen las distancias del tiempo futuro.

El Nuevo Testamento recoge el mensaje de esperanza del Antiguo en la plenitud de "el fin de los días". La diferencia más notable entre ambos Testamentos consiste en que la antigua esperanza escatológica en un futuro que no había llegado todavía, con Jesús ha llegado ya: vivimos en "el tiempo del cumplimiento" y, por tanto, "el fin de los días" ha comenzado. El NT distingue, pues, entre una escatología presente y otra futura, pero sin establecer una ruptura entre ambas, ya que el acontecimiento salvífico es uno. Jesucristo exaltado a los Cielos, nos hace partícipes de su gloria y está viniendo sin cesar a nosotros en el tiempo de la Iglesia hasta el día de su manifestación en la Parusía.

Jesús, en su mensaje escatológico proclama el dominio de Dios, prometido por los profetas, de una manera nueva y definitiva, propia de los últimos tiempos. Se anuncia, que Dios está a punto de implantar definitivamente su reinado: "Después de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio"(Mc 1: 14-15).En suma, el tiempo de la salvación; ha comenzado ya, pero no se ha consumado.

La tensión escatológica también está presente, en general, en las cartas del NT y, en particular, en el Corpus Paulino. San Pablo, ayudado por la gracia, profundiza en la revelación de Jesús (cfr 1ª y 2ª Tes, Rom 11: 25-27 y 1 Cor 15). Cristo, segundo Adán, conduce a la humanidad a una nueva situación; cumple las promesas hechas a los Patriarcas, especialmente a Abrahán; termina con el dominio de la Ley. Ha realizado de una vez por todas la Redención; en Él ha llegado "la plenitud de los tiempos". Este tiempo favorable es ahora el día de la salvación (2 Cor 6:2) . Los enemigos de la salvación han sido vencidos, pero todavía no de manera plena. La retribución definitiva sólo se producirá en el tiempo futuro, cuando la fe se haya convertido en visión de Dios y reine el amor divino con plenitud de soberanía. La redención sigue siendo, por tanto, objeto de esperanza. Sin esta esperanza escatológica, la vida presente resultaría descolorida y sin plenitud de sentido.

Finalmente, el Apocalipsis de san Juan, recoge esta misma tensión escatológica, pero inserta en un nuevo género literario, que se divulgó en los siglos que rodean la era cristiana. En el género apocalíptico en general subyace un fondo fatalista: el mundo presente, tiranizado por el dominio satánico, es incapaz por sí mismo de regenerarse; sólo una intervención directa de Dios al final de los tiempos cambiará radicalmente su suerte; casi lo único que puede hacer el hombre es rogar a Dios que intervenga para remediar la injusticia del tiempo presente. San Juan, sin embargo, se separa claramente de la literatura apocalíptica del período intertestamentario, para acercarse a los profetas del AT. De hecho, el apóstol califica a su libro como profecía (cfr Ap 1:3) y esta denominación es apropiada porque contempla la historia humana desde el señorío de Jesucristo y, como sucede en los escritos proféticos, la historia se ve como una llamada a la conversión y a la esperanza.

Conclusiones

El mensaje salvífico de la Nueva Alianza se desarrolla en la historia y se estructura en torno a tres ejes: Jesús de Nazaret, la Iglesia y la Parusía. El cristiano lleno de fe vive del cielo en la tierra y del futuro en el presente. Paradójicamente, el Reino de Dios está, a la vez, presente y ausente.

Jesucristo, el Salvador, ocupa un lugar central en los Evangelios que refieren, con autoridad divina, su admirable vida entre los hombres, sus acciones y palabras, su Muerte redentora y su Resurrección gloriosa. Se escribieron con el fin de contribuir a dar cumplimiento al mandato del Señor de que da Buena Nueva llegara a todos los hombres y así pudieran, no sólo por la predicación oral, sino también escrita, alcanzar la fe cristiana y conocer la solidez de la doctrina que han creído.

El libro de los Hechos de los Apóstoles relata la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés; bajo su acción asistimos a la primera expansión de la Iglesia entre judíos y gentiles. La Iglesia será el instrumento de salvación para hacer realidad el Reinado de Dios en la vida presente. Las Cartas paulinas y católicas nos enseñan cómo alcanzar la salvación de Cristo en el  tiempo  de la Iglesia.  Finalmente,  el Apocalipsis  nos  consuela en las tribulaciones, y mantiene viva la fortaleza y la esperanza en la victoria final, al profetizar la segunda venida de Cristo.

La revelación bíblica es una historia de la salvación, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, testimonio espléndido de la acción misericordiosa de Dios con la humanidad. Así, pues, la historia que contempla la Sagrada Escritura es radicalmente teológica y escatológica, porque toda ella gravita entre un punto inicial y otro final fijados por Dios. El Creador realiza su obra desde la eternidad y hacia esa meta la conduce a través del tiempo.

La doctrina escatológica del NT nos descubre parte de ese gran misterio, al que solamente podemos acercarnos mediante representaciones simbólicas: carecemos de datos precisos, que Dios no ha querido revelarnos. Si el Génesis nos habla del comienzo de cuanto existe merced a la acción creadora divina, el Apocalipsis, nos revela la nueva creación, que gracias a la Redención de Cristo, culminará con su Segunda Venida al final de la Historia.


[1] Para la elaboración de este artículo hemos seguido el libro de Josemaría Monforte, "Conocer la Biblia", Ed. Rialp, Madrid.

[2] Gálatas, 1ª y 2ª a Corintios y Romanos

[3] Filipenses, Filemón, Colosenses y Efesios.

[4] 1ª y 2ª de Timoteo y Tito.

Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a lucasprados@adelantelafe.com

mercredi 30 mai 2018

Quadragesimo Anno (3) La véritable justice sociale

https://youtu.be/jqNQSw5xxkI

EL SANTO VIA CRUCIS por Enrique Calicó

https://youtu.be/W1lCfLUrYlY

Construir el futuro sobre la ley divina y natural

Construir el futuro sobre la ley divina y natural – Adelante la Fe

Construir el futuro sobre la ley divina y natural

​Hace cuarenta años, ​e​l 22 de mayo de 1978, ​con el nombre de Ley 194 para la interrupción del embarazo, se aprobó en Italia, por parte de una clase dirigente democristiana, el homicidio de Estado en masa.

Digo homicidio porque la ley 194 establece la licitud de eliminar al ser humano inocente en el vientre de su madre. Y homicidio de Estado, porque es un crimen aprobado, organizado y costeado por el Estado italiano. Homicido en masa, porque, según cálculos oficiales, las víctimas del aborto en Italia se aproximan a los seis millones, cantidad superior, con diferencia, al total de las bajas mortales en todas las guerras y catástrofes naturales desde la fundación del Estado italiano (1861) hasta la fecha.

Emma Bonino, que junto con Marco Panella luchó con uñas y dientes por la aprobación de dicha ley, en una videoentrevista concedida el pasado 22 de mayo a La Repubblica, afirmó que la ley 194 «ha funcionado». Como puede funcionar también una guillotina o un horno crematorio, dicho así sin la menor consideración por las víctimas asesinadas. Eso sí –añadió Bonino–, al cabo de cuarenta años en necesario «hacer la revisión técnica», es decir, perfeccionar la ley, porque algo no anda bien.

¿Cuál es el problema? La altísima objeción de conciencia por parte de los médicos, que impide una aplicación plena y concienzuda de la ley.

A Bonino le tiene sin cuidado cuáles sean las razones de dicha objeción de conciencia; lo que le importa es que la ley funcione, que prosiga la carnicería, y por eso fomenta una mayor difusión del aborto farmacológico por medio de la píldora abortiva RU 486, a la cual todavía recurren pocas mujeres. Como tantos abortistas, Emma Bonino, considera evidentemente al niño una excrecencia del cuerpo de la madre; si acaso, admitiendo que se trate de una vida humana lo que se desarrolla a lo largo de nueve meses en el seno materno, hace suya la perspectiva por la que los intereses del Estado, la raza, la clase obrera o el individuo justifican la eliminación de un inocente. Esta mentalidad sólo tiene un nombre, digámoslo claro y alto: barbarie. Bonino ni se da cuenta de que algo está cambiando en el mundo, de que ya no son sólo las marchas feministas las que llenan las calles, sino las marchas por la vida como las celebradas el pasado 19 de mayo en Roma y el 20 de mayo en Argentina. La prensa en general no hace caso de estos actos, pero no se puede contener una protesta que procede de la ley natural escrita con caracter indelebles en el corazón de todo hombre. Presionado por el movimiento pro vida, en menos de un año el presidente Trump ha hecho en EE.UU. más de lo que hicieorn sus precedesores en los últimos treinta años. La propia China comunista, tras el fracaso de la desgraciada política del hijo único, ha decidido que a partir de principios de 2019 se revocarán los límites fijados hasta ahora a los nacimientos.

En Italia se está formando un nuevo gobierno. Es lamentable que el llamado pacto de gobierno los temas importantes como la vida y la familia brillen por su ausencia y sólo se tenga en cuenta el aspecto meramente económico. Sin embargo, como señaló Virginia Coda Nunziante, si lo único que se entiende es el lenguaje económico, bastaría para empezar con los 200 a 300 millones del gasto público que se dedican cada año a asesinar a nuestros niños e invertirlos en hacer más rentable, no el negocio del aborto, sino el sistema sanitario nacional. Uno de los motivos de la crisis de nuestro país es el desplome demográfico causado por el aborto y la contracepción, fruto a su vez de una cultura hedonista y relativista. No se podrá salir de la crisis si no se invierten los presupuestos de la cultura de la muerte. Ése es el mensaje de la Marcha por la Vida y otras iniciativas recientes como las de CitizenGo y Pro Vita Onlus, pero también del empeño de tantos jóvenes, grupos y asociaciones que no se rinden, que siguen adelante y que sustituirán esta Italia actual en descomposición por otra que redescubra la ley divina y natural sobre la que edificar su propio futuro.

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la "Fondazione Lepanto" (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del "Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea" y de la "Sociedad Geográfica Italiana". De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del "Consejo Nacional de Investigaciones" italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del "Board of Guarantees della Italian Academy" de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas "Radici Cristiane" (http://www.radicicristiane.it/) y "Nova Historia", y la Agencia de Información "Corrispondenza Romana" (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

Pro-life leader explains how Catholic bishops destroyed the Irish conscience

Pro-life leader explains how Catholic bishops destroyed the Irish conscience | News | LifeSite

Pro-life leader explains how Catholic bishops destroyed the Irish conscience

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John Smeaton of Society for the Protection of Unborn Children Steve Jalsevac/ LifeSite

Editor's note: Ireland voted to remove its pro-life Eighth Amendment on Friday. In this lecture delivered at the 2018 Rome Life Forum, held at the Pontifical University of St. Thomas Aquinas (the Angelicum), John Smeaton, president of the Society for the Protection of Unborn Children (SPUC), outlined what was at stake in the Irish abortion referendum. Smeaton explained the history of efforts to legalize abortion in Ireland and the scandalous ways in which the Irish Catholic bishops have undermined pro-life campaigns.

One of the ways in which the Irish bishops misled the faithful was by telling them in 1992 that they could vote according to their "consciences" on a referendum to liberalize abortion laws. The government was threatening to pass even worse abortion laws if that referendum didn't pass. Irish Catholics "were being invited by their bishops to vote in favour of an intrinsically unjust law that would permit abortion" in various circumstances, Smeaton said.

This damaged conscience formation in Ireland, as did the bishops' failure to adequately oppose the "morning-after" pill, which can act not only as a contraceptive but also as an abortifacient, preventing a tiny, already-conceived human from being able to settle into his mother's womb.

Smeaton explored the tension between pragmatism and principled purity in the pro-life movement. He explained the devastating consequences that repealing Ireland's Eighth Amendment would have, and implored the faithful to pray for Ireland.

A true understanding of conscience – the necessity for heroic witness on the part of the pro-life and pro-family movement

May 28, 2018 (LifeSiteNews) – As far as abortion is concerned, the world's attention is currently focused on Ireland and on their abortion referendum on 25th May concerning the eighth amendment of the Irish constitution. The outcome of that referendum will result in countless lives being saved or in countless lives being destroyed not only in Ireland, but all around the world, so great is the cultural influence of this small nation of 4.8 million citizens.

How individual consciences have been formed in Ireland is going to make a difference to the lives of ordinary people in countries throughout the world. If the Irish vote to defend the lives of unborn children, it will strengthen the pro-life movement worldwide. If the Irish on the other hand vote to destroy the lives of unborn children, the holocaust of abortion, which already dwarfs the total number of people killed in all human conflicts in the history of the world, will enter a new and more frightening era.

Ireland's cultural influence worldwide is rooted in the blood of the Irish martyrs, in the sweat and sacrifices of Irish missionaries, in the ancient Catholic faith of Ireland, and in Ireland's tragic social history leading to Irish emigrants enriching so many nations throughout the world with their faith. Above all, Ireland's reputation is founded on its history as a Catholic nation which has spread the one true Catholic faith throughout the world

If Ireland says "Yes" to abortion, the media, the political establishment, academia, and people of faith and of no faith throughout the world will say: "The Catholic Church has raised the white flag on abortion." They will not be right of course. But that is what will be said and it will have a devastating impact on the pro-life cause.

If we do nothing else after this conference, we must pray for a pro-life victory in Ireland next week.

In my presentation today on a true understanding of conscience and the need for heroic witness on the part of the pro-life and pro-family movement, I want to focus on two earlier abortion referendums in Ireland in 1992 and in 2002.

The eighth amendment of the Irish constitution, approved by referendum on 7th September 1983 and signed into law on 7th October 1983, famously declares:

The State acknowledges the right to life of the unborn and, with due regard to the equal right to life of the mother, guarantees in its laws to respect, and, as far as practicable, by its laws to defend and vindicate that right.

In 1992, the family of a 14-year old victim of rape sought an abortion for their daughter. The case was ultimately decided by the Irish Supreme Court. It's known as the "X" case.  The eighth amendment of the Irish constitution was a measure intended to prevent the introduction of abortion by making the right to life of an unborn child equal with that of his mother. In a complete distortion of logic, the Supreme Court judges ruled that the Eighth Amendment had, in fact, legitimised abortion when a woman's life was threatened by her pregnancy, even if, as in the "X" case, the threat was one of suicide.

In response to the Supreme Court's ruling, the Irish government decided to hold a referendum on abortion which sought to remove the threat of suicide as justification for an abortion. However, at the same time, the Irish government was seeking, on the basis of the referendum, to legalise abortion when there was a real and substantial risk to a woman's life, including a psychological risk. In pursuit of their objective to destroy protection for unborn children, the Irish government threatened that if Irish citizens did not agree to their deadly referendum text, the Government would introduce abortion legislation in line with the Supreme Court judgement.

In a tragic development, the Irish Catholic authorities declared that Catholics were free to vote in accordance with their consciences on this measure.

Catholics must of course always vote according to their consciences – or at least not against their consciences. However, our consciences must be conformed to the divine law, and the Church has the obligation to direct Catholics according to divine law on such questions, and to make clear the eternal and temporal consequences of acting otherwise.

The people of Ireland, in 1992, were being invited by their bishops to vote in favour of an intrinsically unjust law which would permit abortion when there was a real and substantial risk to a woman's life, including a psychological risk.

How was it possible for the Irish Catholic authorities to invite Catholic voters to vote for a measure which would have introduced, for the first time, a statute legalizing abortion in Ireland, albeit under the threat of the Government introducing worse legislation?

At that time, in 1992, I spoke to a world-famous Catholic legal philosopher who told me that he had told the Irish bishops that they were justified giving such advice on the grounds that even more lives might be lost if the government carried out its threat to legislate on the basis of the Supreme Court judgement, in the event of Irish voters rejecting the proposed constitutional amendment.

I thought at the time, and I still think, that in the context of the intrinsically unjust law which Irish voters were being invited to support in 1992, it was equivalent to the Irish government handing an Irish citizen a gun, asking him to shoot a certain number of citizens and on the basis that, unless he agrees to do so, the government will shoot, perhaps, even more citizens.

Shortly before the referendum, however, by the grace of God, five Bishops publicly declared their desire for a No vote. The Amendment was eventually rejected by 65.35 percent to 34.65. With such a substantial defeat the government withdrew its threat to introduce liberalising legislation.

The position of the majority of the Catholic bishops in Ireland in 1992, saying that Irish citizens could vote yes or no to proposals relating to the killing of unborn children, undoubtedly dealt a tragic blow to the formation of consciences on abortion in Ireland.

In October 2001 the Irish Government, once again, published the terms of certain proposed amendments to the Irish Constitution. There was to be a referendum in March 2002 when the Irish people would be asked to vote to accept or reject new provisions to Article 40.3 of the Constitution whereby "the life of the unborn in the womb shall be protected in accordance with the provisions of the Protection of Human Life in Pregnancy Act 2002".

The referendum and proposals arose from the Irish Supreme Court's decision in the "X" case which, as I explained earlier, seemed, perversely, to indicate that, if a pregnant woman threatened suicide, an abortion carried out upon her would be considered legal under Irish law.  The declared intention of those who supported the Government's proposals was to close this "loophole" but in fact the proposed constitutional change and legislation contained much more than that simple provision as I will explain.

On 22nd November 2001, Cardinal Alfonso López Trujillo, president of the Pontifical Council for the Family, said that it was expected that the bishops of Ireland would oppose the wording of the Irish constitutional amendment bill on abortion. Addressing a conference in Rome to mark the 20th anniversary of the apostolic exhortation Familiaris Consortio, Cardinal Trujillo said: "The situation is delicate in Ireland but we expect that the bishops will react against this project."

Three weeks later, the Irish Catholic bishops did the opposite of what His Eminence Cardinal Lopez Trujillo expected. On 12th December 2001, they came out in support of the government's proposals which they indicated would offer "more secure protection … to the unborn" and, totally misleadingly, they added that the proposals included "a clear legal prohibition on procured abortion".

The Irish bishops said: "In dealing with what appears to be a limited or imperfect measure, we believe that, in the context of the Gospel of Life, number 73, Catholic voters should feel free in conscience to support this measure, even if it is viewed as less than desired. We are of the view that a clear legal prohibition on procured abortion, as set out in this proposal, represents an important step towards ensuring adequate protection for the life of the unborn …"

The Irish Catholic bishops were disastrously wrong.

Contrary to the Catholic Bishops of Ireland's advice, the law would have allowed abortion to be carried out by doctors where "in the reasonable opinion of the practitioner [it is] necessary to prevent a real and substantial risk of loss of the woman's life other than by self destruction."[1] It was established in English law as long ago as 1939[2] that saving a woman's life was (in the context of abortion) interpreted by the Courts to mean preventing her from becoming "a physical or mental wreck", in other words a much wider interpretation than simply preventing her death.  There is every reason to suspect that a similar interpretation would be given in Ireland.

The new law would have repealed the Offences Against the Person Act 1861[3], which was the underlying law (subject to the Irish Constitution) which prohibits abortion in Ireland.  The same 1861 Act applies also in the United Kingdom and especially in Northern Ireland where the Abortion Act 1967 does not apply. The British Abortion Act 1967 has largely undermined the 1861 Act in Britain but the Act does not apply in Northern Ireland. Pro-lifers in Northern Ireland were rightly concerned at proposals to repeal the Act in the Irish Republic.  The repeal of the Act would have had repercussions in the whole of the U.K. and indeed in many parts of the former British Empire where laws based upon the 1861 Act still apply.

At that time, there was no more loyal servant of the Catholic Church than Mr. Justice Rory O'Hanlon, a former Irish High Court judge and a very well-known and experienced pro-lifer in Ireland, who died in the spring of 2002.  He was reported[4] as having said that he "would not support a measure which was contrary to the moral teachings of the Catholic Church."  When he saw the referendum proposal he described it as, "the most serious attack yet witnessed on the integrity of our Constitution" which he argued would "definitely liberalise Irish abortion law greatly so as to increase abortions in Ireland."  He said, "The proposal is intrinsically evil."

Secondly, the new legislation would have introduced into Irish law a definition of abortion as the intentional killing of unborn children "after implantation"[5].  As a purely factual definition, this is untrue.  No one should be asked to vote for an untruth.

One of the most important aspects of the whole abortion debate is the question of what the woman is carrying in her body. Is the woman gestating an actual human being? When does the life of an individual human being begin? Today, from a scientific point of view, the question of when a new human life begins is relatively uncontroversial. Birth is an important stage in a baby's life, but that life begins many months earlier, at fertilisation. Any search will quickly yield authoritative statements by human embryologists which confirm this.

Peter Singer, a contemporary philosopher and public supporter of abortion, also acknowledges that: "there is no doubt that from the first moments of its existence an embryo conceived from human sperm and eggs is a human being."[6]

This false definition was preceded in the Bill by the words "In this Act"[7] and it was claimed, therefore, including by the Catholic bishops of Ireland, that this definition was limited to be used within the narrow confines of this particular law alone.  In practice, however, what this law would have done, had it been approved in the referendum, would have been to enshrine this false definition of abortion at the heart of the Irish Constitution.

It is clearly no coincidence that in September and October 2001, just as the referendum proposals were being published, the Irish Medicines Board was considering an application to license the morning-after pill in Ireland.  Approval was given to the morning-after pill on the mendacious ground that the morning-after pill was solely a contraceptive, not an abortifacient. In connection with the application the Medical Director of the Irish Medicines Board advised the Board that, "The proposed referendum on abortion helps to clarify the issue in that it proposes to define an abortion as occurring after implantation of a fertilised egg"[8].  There is no acknowledgement here that this definition was intended only to be applied to that specific law.  And yet, this statement was made on 24th October 2001, only weeks after the draft law was published, months before the referendum was due to take place, and long before the law might come into force.

On the day the Irish Catholic bishops issued their statement supporting the Government's proposals, SPUC issued a statement in which I was quoted as follows: "The action of the Bishops in supporting the wording of this referendum is deplorable. They are giving credence to a proposal that suggests early abortion [that is, the abortion of pre-implantation embryos] can be discounted … This is not purely an Irish domestic matter. As an issue of human rights, abortion always transcends national boundaries … The wording of the amendment is designed to facilitate the promotion of early abortion by such means as the morning after pill and the intra-uterine device. Legislators and judges around the world could pick up on the re-definition of abortion in this proposal and use it to undermine the status of the early embryo in other countries …" SPUC's statement went on to explain other serious flaws in in the Irish Government's 2002 proposal pointing out that Clause 1(2) exempts from the definition abortion medical procedures carried out "at an approved place" which involve the death of the unborn child where there is a "real and substantial" risk to the mother's life … this is legitimising intentional killing of unborn children".

As Richard Gordon, a leading human rights lawyer, wrote at the time: "The second most important vice of the new regime is that it appears to permit the direct killing of even a post-implanted embryo." This was because, he explained, clause 1(2) of the Bill not only allows the ending of life of the protected embryo "as a result" of the carrying out of a medical procedure but also "in the course of which" medical procedure life is ended."

Richard Gordon also argued that the wording of the proposals paved the way for wider and more intensive research into in vitro techniques since, if life in vivo is unprotected by law so, too, must life in vitro be unprotected; and that they also paved the way for the introduction into the Irish Republic of the licensing distribution of post coital preparations commonly known as the morning after pill which, inter alia, destroy the pre-implanted embryo.

On 1st December 2001, I wrote to His Eminence Cardinal Lopez Trujillo, who was president of the Pontifical Council for the Family. My letter began: "I felt I should write to you immediately to let you know that SPUC has issued a press statement describing the action of the Irish bishops in supporting the government's wording of the referendum on abortion as deplorable" and I went on to explain why.

The next paragraph in my letter to his Eminence stated:

"In addition, SPUC has been told something which, frankly, we do not believe. It is being said in Ireland that His Eminence Cardinal Ratzinger gave his support to the government's wording of the abortion referendum in October. In the circumstances", I wrote, "would it be possible for the Pontifical Council for the Family and the Sacred Congregation for the Doctrine of the Faith to make a clear statement regarding the Irish government's disastrous wording for the abortion referendum, to which the Irish bishops have tragically given their support?"

I received no direct reply from His Eminence Cardinal Trujillo who never spoke publicly about Ireland's 2002 abortion referendum after his statement of 22nd November to which I referred earlier – except for an enigmatic handwritten note from the cardinal posted to me from the Vatican on 27th December 2012 in which he said: "Con i mili concliali saluti. Non ho dato resposta. Sono persone molto fideli e influentii …"

By the grace of God, the Government's 2002 proposals were narrowly rejected in the referendum held on 6 March 2002, with 49.6% in favour. The voting was 629,041 No and 618,485 Yes. The Society for the Protection of Unborn Children was bitterly attacked by the Irish Catholic bishops' conference for our involvement in the campaign, and by certain pro-life groups in Ireland who supported the bishops' position.

Following the defeat of the 2002 referendum, on 13th March 2002, the Irish bishops issued a statement which included the following paragraph: "We vigorously refute the analysis of our Statement of 12 December 2001 implying that the bishops of Ireland have somehow compromised Church teaching on the sacredness of human life in the interests of political expediency. Our Statement clearly indicated that the proposed amendment would strengthen legal protection for the unborn only after implantation in the womb. However, we were satisfied that the proposal did not in itself deny or devalue the worth and dignity of the human embryo prior to implantation. Our position, therefore, is absolutely consistent with the universal teaching of the Catholic Church, and we confirm that our Statement of 12 December was fully endorsed by the Church authorities in Rome."

In April 2002, His Eminence Cardinal Trujillo was installed as Cardinal Bishop of Frascati and I had the honour of receiving his personal invitation to attend the ceremony and celebrations. He also congratulated the Society for the Protection of Unborn Children for the role it had played in the 2002 referendum.

Whilst I was in Rome, he invited me into his office to express his dismay concerning the position adopted by the Irish Catholic Bishops' Conference. He told me that he had been present at a meeting which including Cardinal Connell, the Archbishop of Dublin, Cardinal Ratzinger, himself and others. He said that the meeting had clearly reached a conclusion opposing the Irish Government's proposals. Referring to all that had happened, including the Irish bishops' claim that they had the support of Rome, Cardinal Lopez Trujillo said to me: "What could I do? There would have been a split on the right of the Church".

In fairness to the Irish bishops, both before the publication of Pope John Paul II's Evangelium Vitae, in 1995, and since then, there has been a more or less universal policy pursued by pro-life groups of campaigning for laws which expressly permit the killing of certain unborn children.

In Evangelium Vitae, number 72, Pope John Paul II reminded the faithful that a law which permits the killing of certain unborn children is not a law at all. It's an unjust law which, in the words of St Thomas Aquinas "ceases to be a law and becomes instead an act of violence"[9].  Pope John Paul II, in this connection, cites the Congregation of the Doctrine of the Faith and its 1974 Declaration on Procured Abortion which states: "In the case of an intrinsically unjust law, such as a law permitting abortion or euthanasia, it is therefore never licit to obey it, or to "take part in a propaganda campaign in favour of such a law, or vote for it"[10].

Many of us have justified our campaigns in support of unjust laws by quoting the very next paragraph of Evangelium Vitae, number 73, where Pope John Paul II famously wrote: "A particular problem of conscience can arise in cases where a legislative vote would be decisive for the passage of a more restrictive law, aimed at limiting the number of authorized abortions, in place of a more permissive law already passed or ready to be voted on … In a case like the one just mentioned, when it is not possible to overturn or completely abrogate a pro-abortion law, an elected official, whose absolute personal opposition to procured abortion was well known, could licitly support proposals aimed at limiting the harm done by such a law and at lessening its negative consequences at the level of general opinion and public morality. This does not in fact represent an illicit cooperation with an unjust law, but rather a legitimate and proper attempt to limit its evil aspects."

For over two decades perhaps the majority of pro-life and church leaders have interpreted this paragraph as meaning that politicians may vote for, and campaigners may campaign for, and citizens vote for laws in a referendum which of themselves expressly permit abortions such as was clearly the case in Ireland's 2002 abortion referendum. But this is contrary to reason.  In the paragraph immediately preceding this one, Pope John Paul II wrote: "In the case of an intrinsically unjust law, such as a law permitting abortion or euthanasia, it is … never licit to obey it, or to "take part in a propaganda campaign in favour of such a law, or vote for it".

Frequently in our pro-life and pro-family work, Catholic lay people in the pro-life and pro-life family movements must speak up, take a lead, and, if necessary, unequivocally contradict the advice of Catholic pastors who misdirect the faithful on matters of life and death, and on matters relating to the family, not least to parents as the primary educators of their children. There are numerous other examples I would love to explore in this talk – from Britain, from the Vatican and from other parts of the world, concerning the bishops. I will happily provide anyone interested with articles and blogposts I have written on this topic.

In the meantime, our top priority must be to pray for Ireland – as the Irish bishops are rightly urging – and for what's at stake in the abortion referendum next week.

As Anthony Murphy, the editor of Ireland's Catholic Voice has said: "If Ireland removes constitutional protection for unborn children, we will be responsible for the slaughter of innocent children not only in Ireland but throughout the world. "If in 2018 Ireland defies God's law 'Thou shalt not kill' and votes to allow the killing of unborn children, I have little doubt that the dam will burst in country after country the world over."

When the Eighth Amendment was passed by the people of Ireland in 1983, a battle in which the Society for the Protection of Unborn Children played a leading role, rosary crusades preceded it, and the victory was won on Our Lady's Birthday and constitutional change protecting the unborn came into effect on the Feast of the Holy Rosary. There's an urgent need to pray the rosary now, and after the vote next week, whatever the result of the Referendum might be. Our pro-abortion enemies will not stop and we must not stop working and imploring God and His Blessed Mother to protect the unborn in Ireland and throughout the world.


[1] Clause 1(2) of the Bill

[2] R v. Bourne [1939] 1K.B. 687

[3] Clause 6 of the Bill

[4] The Catholic Times, 14th April 2002

[5] Clause 1(1) of the Bill

[6] Singer, P. (1993). Practical Ethics. Cambridge: Cambridge University Press.

[7] Clause 1(1) of the Bill

[8] Note dated 24th October 2001 to the Irish Medicines Board from the Medical Director prior to Board meeting of 31st October 2001

[9]Summa Theologiae I-II, q. 93, a. 3, ad 2um.

[10] 98 Congregation for the Doctrine of the Faith, Declaration on Procured Abortion (18 November 1974), No. 22: AAS 66 (1974), 744.

Petites Sœurs de Marie : Bégaiements de l’histoire !


Dans le dio­cèse de Laval la congré­ga­tion des Petites Sœurs de Marie Mère du Rédemp­teur est vic­time de per­sé­cu­tions. Jean-Pierre Mau­gendre réagit en rap­pe­lant le paral­lèle avec l'histoire récente des domi­ni­caines du Saint-Nom de Jésus.
 
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Dans le dio­cèse de Laval la congré­ga­tion des Petites Sœurs de Marie Mère du Rédemp­teur est vic­time de per­sé­cu­tions. Jean-Pierre Mau­gendre réagit en rap­pe­lant le paral­lèle avec l'histoire récente des domi­ni­caines du Saint-Nom de Jésus.

En date du 21 sep­tembre 2017, la Congré­ga­tion pour les Ins­ti­tuts de vie consa­crée et les Socié­tés de vie apos­to­lique a déci­dé de sus­pendre le gou­ver­ne­ment géné­ral des Petites Sœurs de Marie Mère du Rédemp­teur. La mère géné­rale et la maî­tresse des novices sont dépla­cées.

Que reprochent les ins­tances romaines à cette com­mu­nau­té de 37 reli­gieuses, fon­dée en 1963 par sœur Marie de la Croix, dont le cha­risme propre est d'être à la fois cen­trée sur l'imitation de la Mère de Dieu (ado­ra­tion, répa­ra­tion, etc.) et atten­tive à la souf­france des plus dému­nis, en par­ti­cu­lier les per­sonnes âgées ? Cette com­mu­nau­té, dont le siège est à Laval, dirige quatre mai­sons : deux en Mayenne, deux dans la région tou­lou­saine et plu­sieurs mai­sons de retraite (EHPAD).

Dans une lettre col­lec­tive datée du 3 avril 2018 les sœurs iden­ti­fient deux causes de leurs dif­fi­cul­tés. Tout d'abord un conflit avec l'ordinaire du lieu, évêque de Laval, Mgr Scher­rer à pro­pos de la ges­tion de deux EHPAD en Mayenne. Mgr Scher­rer exige une scis­sion entre deux éta­blis­se­ments, gérés par les sœurs, après une fusion très oné­reuse qui s'est mal pas­sée. Il n'est un secret pour per­sonne que le dio­cèse de Laval, comme un grand nombre de dio­cèses en France, est finan­ciè­re­ment aux abois, ne sur­vi­vant que par la vente régu­lière de ses actifs : mai­sons reli­gieuses, pres­by­tères, etc. La situa­tion est encore aggra­vée par la construc­tion récente d'une fort dis­pen­dieuse Mai­son dio­cé­saine. Cette scis­sion per­met­trait sans doute au dio­cèse de récu­pé­rer un des deux éta­blis­se­ments. Ini­tiée par Mgr Scher­rer, une visite cano­nique a eu lieu en novembre 2016. Les conclu­sions de la visite ont été com­mu­ni­quées aux sœurs en juin 2017. Mani­fes­te­ment il n'y avait pas urgence… Les sœurs dénoncent : « Ce rap­port de visite tient plus du pré-juge­ment à charge que d'une énon­cia­tion objec­tive de la situa­tion… l'imprécision du docu­ment est d'ailleurs des plus élo­quentes ». En fait, concluent les sœurs : « Notre style de vie est trop clas­sique pour plaire, à l'heure où nom­breux sont ceux qui sacri­fient leur idéal et l'idéal reli­gieux à l'esprit du monde ». Une com­mis­saire apos­to­lique, Sœur Gene­viève Méde­vielle, issue de la com­mu­nau­té des Sœurs Auxi­lia­trices des Âmes du Pur­ga­toire, est nom­mée en lieu et place de la supé­rieure géné­rale Mère Marie de Saint-Michel. Les sœurs dénoncent l'absence de « connais­sance du cha­risme spé­ci­fique de notre fon­da­trice » de la com­mis­saire et logi­que­ment « toute la congré­ga­tion refuse ces mesures ».

Un parallèle possible ?

Ces mésa­ven­tures ne sont pas sans rap­pe­ler celles vécues par une autre com­mu­nau­té de reli­gieuses, il y a un demi-siècle : les domi­ni­caines du Saint-Nom de Jésus. Fon­dée en 1801 par l'abbé Vincent, prêtre du dio­cèse de Tou­louse, cette congré­ga­tion, affi­liée à l'ordre domi­ni­cain en 1885, est une com­mu­nau­té ensei­gnante qui comp­tait en 1950 deux cents sœurs et qua­torze écoles de Bor­deaux à Grasse. En 1953, les consti­tu­tions sont modi­fiées dans le sens d'une plus grande pau­vre­té et sim­pli­ci­té mais aus­si d'une plus grande dis­po­ni­bi­li­té auprès des enfants. La supé­rieure géné­rale, mère Hélène Jamet, assis­tée d'un domi­ni­cain, le Père Cal­mel, est l'âme de cette réforme.

En 1961, l'élection d'une nou­velle supé­rieure géné­rale a lieu selon un pro­ces­sus un peu éton­nant. En effet, alors que tout le monde s'attendait à ce que mère Marie-Angé­lique, supé­rieure sor­tante, fût réélue, le jour du vote, le délé­gué du Saint-Siège, Mgr Gar­rone, arche­vêque de Tou­louse, annon­ça qu'il allait recueillir les bul­le­tins, avant même que qui­conque en ait pris connais­sance, afin de les envoyer à Rome et de sou­mettre l'élection au Saint-Siège. Le 11 juillet, il com­mu­ni­quait que la nou­velle supé­rieure de la congré­ga­tion deve­nait mère Marie-Rose Tas­sy. C'est à elle que revint la mis­sion de pro­cé­der à l'aggiornamento de la congré­ga­tion en appli­ca­tion du décret conci­liaire sur la vie reli­gieuse Per­fectæ Cari­ta­tis (28 octobre 1965). Une forte résis­tance à ces réformes se mani­fes­ta, cepen­dant, dans la congré­ga­tion, ce dont témoignent les rap­ports pré­pa­ra­toires au cha­pitre de 1967 trai­tant du port de l'habit, de l'utilisation des télé­vi­seurs, etc. Le cha­pitre de 1967 devait être celui de l'aggiornamento. Ce fut celui de l'élection de mère Anne-Marie Simou­lin comme mère géné­rale. Les grands axes de son géné­ra­lat furent le refus de la carte sco­laire, le main­tien du caté­chisme romain et la fidé­li­té à la messe tra­di­tion­nelle. Cepen­dant la com­mu­nau­té était divi­sée. Un visi­teur apos­to­lique fut nom­mé, en 1972, qui sou­hai­ta « démo­cra­ti­ser » la direc­tion de la congré­ga­tion. En 1973, mère Anne-Marie Simou­lin auto­ri­sa le regrou­pe­ment à Bri­gnoles, dans le Var, de vingt-six sœurs qui, sen­tant l'impossibilité de retrou­ver l'unité per­due et crai­gnant pour leur fidé­li­té aux Consti­tu­tions, sou­hai­taient vivre pai­si­ble­ment leurs obser­vances tra­di­tion­nelles. Elles furent rejointes par le Père Cal­mel.

En jan­vier 1974, la Sacrée Congré­ga­tion des reli­gieux, en lien avec l'épiscopat fran­çais, nom­ma le Père Deca­boo­ter conseiller reli­gieux et visi­teur apos­to­lique. Une de ses pre­mières déci­sions fut de dépo­ser mère Anne-Marie Simou­lin et de nom­mer mère Marie-Rose Tas­sy admi­nis­tra­trice ad nutum (de manière arbi­traire).

Tableau des dominicaines enseignantesEn juillet 1975, mère Anne-Marie Simou­lin s'installa à Fan­jeaux avec vingt reli­gieuses. Très rapi­de­ment les sœurs des com­mu­nau­tés reli­gieuses de Bri­gnoles et de Fan­jeaux furent rele­vées de leurs vœux1. À ce jour la situa­tion est bien résu­mée par les chiffres de l'encadré ci-contre et se passe de com­men­taires.

Concer­nant l'histoire récente, et pas­sion­nante, de la congré­ga­tion du Saint-Nom de Jésus l'ouvrage indis­pen­sable est celui de mère Alice-Marie : Rup­ture ou Fidé­li­té2. Ce n'est mal­heu­reu­se­ment pas la pre­mière fois, dans l'histoire récente de l'Église, que des com­mu­nau­tés reli­gieuses se voient dans l'obligation, afin de res­ter fidèles à leur voca­tion propre et à leur cha­risme ori­gi­nel, de résis­ter aux volon­tés « d'aggiornamento » des ins­tances romaines et de cer­tains membres de l'épiscopat fran­çais. Sans doute une leçon à médi­ter pour les Petites Sœurs de Marie Mère du Rédemp­teur.

Jean-Pierre Mau­gendre

Tri­bune libre parue sur le site de L'Homme Nou­veau

 
 
 
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