Follow by Email

jeudi 3 mai 2018

Sacerdotes de todo el mundo piden a sus obispos que reafirmen la doctrina católica

Sacerdotes de todo el mundo piden a sus obispos que reafirmen la doctrina católica | InfoVaticana

Sacerdotes de todo el mundo piden a sus obispos que reafirmen la doctrina católica

Sacerdotes de todo el mundo se han unido para dirigir públicamente una 'apelación pastoral' a sus obispos implorándoles que emitan una "reafirmación formal del Evangelio" y corrijan los extendidos errores sobre moral católica, muy especialmente en cuestiones relativas a la Sagrada Eucaristía, el pecado y el sacramento del matrimonio.

La carta, que se hace pública hoy en español, inglés, francés, alemán, polaco y portugués y a la que puede sumarse cualquier sacerdote firmando aquí, es obra de una docena de sacerdotes entre los que se incuye el canonista Gerald Murray y especifica "diez cuestiones cruciales" que esperan que los obispos "aclaren formalmente".

Se hace cada día más difícil negar el presente estado de confusión doctrinal dentro de la Iglesia, cuando incluso al nivel más alto hemos leído estos últimos días a cardenales criticando acerbamente las decisiones 'pastorales' de otros colegas. La apelación hace referencia a esta confusión y desconcierto, que atribuye a la "mentalidad secular" y a la "falsa teología moral de las últimas décadas", basada fundamentalmente en lo que se conoce como "nuevo paradigma".

El texto describe esta nueva versión como una que "considera el testimonio de la Iglesia como inalcanzable, desfasado e incluso cruel. De ahí que [los fieles] a menudo perciban erróneamente las proclamaciones de ese testiminio como abstracciones, legalismo o condenas personales".

La carta define básicamente la errónea actitud intelectual origen de esta confusión como una que afirma que "se debe permitir el acceso a la Sagrada Eucaristía a aquellos que cometen actos objetivamente malos pero se consideran subjetivamente libres de culpa". Y continúa: "En una forma más desarrollada, niega que ciertas conductas sea siempre malas y asegura que algunas circunstancias esos comportamientos son el bien más realista que puede lograrse o, de hecho, son sencillamente buenos".

La Iglesia Católica siempre ha insistido en que algunas acciones -asesinato, adulterio, abuso infantil, por ejemplo- son intrínsecamente malas y que, por tanto, no pueden ser morales en ninguna circunstancia. La idea de que algunos de estos actos puedan estar "aprobado o incluso sugeridos por Dios" ha sido siempre rechazada por el Magisterio.

La novedosa teología que trata de contrarrestar la carta de los sacerdotes no es tal, lleva tiempo insinuándose en la obra de numerosos teólogos e incluso enseñándose abierta o disimuladamente en muchos seminarios. Sin embargo, los dos pontificados anteriores dedicaron serios esfuerzos por erradicarla, siendo la encíclica de San Juan Pablo II Veritatis Splendor el ejemplo más señero.

Aunque la carta no la cita expresamente, buena parte de esta confusión tiene una de sus raíces en el famoso Capítulo 8 de la exhortación papal Amoris Laetitia.

Las "diez cuestiones cruciales" sobre la que los sacerdotes autores de la carta imploran pronta clarificación por parte de los obispos son las siguientes:

1) Dios es amor. Él ha arreglado todo para nuestro bien y nos ha llamado a compartir Su vida divina en Cristo. En consecuencia, Él está completamente opuesto al mal, al pecado (es decir, el abrazo del mal a sabiendas y con consentimiento de la voluntad), y al daño que éstos causan. Por lo tanto, aunque Dios pueda decidir tolerar la presencia del mal y del pecado, Él nunca los propone o los aprueba.

2) Los cristianos que participan en la comunión continua con Dios (es decir, en un estado de gracia) están en cada circunstancia habilitados por Cristo a permanecer fieles evitando el abrazo del mal a sabiendas y con el consentimiento de la voluntad; por lo tanto, ellos son culpables de cualquier pecado que ellos cometen (ver I Jn. 5:18 y Sntg. 1:13-15). Esto es verdadero aun cuando la fidelidad requiere sufrimiento, privación, o muerte porque lo que es humanamente imposible, es posible por la gracia de Dios (ver Mt. 19:26 y Eccl. 15:15). Así, la fidelidad a Cristo y a sus enseñanzas es realista y alcanzable, no un ideal abstracto que tiene que ser ajustado a circunstancias de la vida.

3) Los cristianos en comunión con Dios pueden sufrir de ignorancia o de impedimentos a la libertad a un grado que mitiga o completamente quite la culpabilidad en un abrazo particular del mal. Aunque lo que ellos hacen sea realmente (es decir, objetivamente) malo y así dañino a ellos y a otros de varias maneras, ellos pueden ser personalmente (es decir, subjetivamente) no culpables del pecado y por lo tanto permanecer moralmente ilesos.

4) Los cristianos que abrazan el mal sin la culpabilidad permanecen en comunión con Dios, pero son atrapados en situaciones que son en realidad dañinas y les impiden el compartir plenamente de la vida abundante que Jesús vino a traer. La tarea de la Iglesia es ayudar a curarlos y a liberarlos, trayéndoles con paciencia la gracia y la verdad de Su Evangelio.

5) La conciencia es la norma inmediata del comportamiento, pero no la voz infalible de Dios. La conciencia puede juzgar erróneamente debido a malformación inocente o a deformación que proviene de pecados anteriores. En el caso último, alguien quién sigue la conciencia o quien se juzga a si mismo libre de culpabilidad puede, sin embargo, ser culpable del pecado. Considerando estas limitaciones, los juicios subjetivos de la conciencia están en necesidad de ser conformados al Evangelio revelado por Cristo y continuamente proclamado por Él a través del auténtico testimonio apostólico de la Iglesia (por ejemplo, el Magisterio Ordinario y Extraordinario).

6) El matrimonio es una alianza que a sabiendas y con el consentimiento de la voluntad se establece con la necesaria consideración y madurez entre un hombre y una mujer que son libres de casarse.

Esto es una unión exclusiva que no se puede disolver por ningún poder humano o por ningún motivo, excepto por la muerte de uno de los cónyuges. La unión nupcial entre Cristo y la Iglesia es la fundación de este vínculo conyugal, ambos en la naturaleza humana y en el Sacramento del Matrimonio (ver Gn. 2:24; Mt. 19:3-6; Ef. 5:32; 2 Ti. 2:13).

7) La actividad sexual fuera del matrimonio es en toda circunstancia gravemente malo. El abrazo culpable de este grave mal es un pecado mortal que, como todos los pecados mortales, hace que la comunión continua con Dios cese.

8) Para recibir la Sagrada Comunión, los cristianos que reconocen que son culpables del pecado mortal deben tener contrición verdadera de sus pecados, incluyendo una resolución de evitar todo el pecado en lo venidero. Además, ellos deben recibir normalmente primero el Sacramento de Penitencia y Reconciliación.

9) La recepción de la Sagrada Comunión no puede ser reducida a un acto privado basado en un juicio subjetivo de inocencia porque es un testimonio público del abrazo de alguien de la fe y vida comunal de la Iglesia. Sin tener en cuenta la culpabilidad, se puede esperar apropiadamente o, a veces, requerir que se abstengan de la Sagrada Comunión aquellos que sigan abrazando un mal objetivamente grave después de aprender que su creencia o comportamiento es contrario al testimonio apostólico de la Iglesia. Esta disciplina de la Iglesia es un medio pastoral para traerlos a reconocer y renunciar al mal de modo que ellos puedan ser liberados de ello y compartan más plenamente la vida abundante de Cristo. Tal enfoque refleja la enseñanza de Jesús y los Apóstoles, quienes basaron la disciplina de la Iglesia en la falla objetiva de no estar en concordancia con la vida de la Iglesia, no en un juicio de culpabilidad (ver Mt. 18:17; I Cor. 5:11- 13; Gal. 1:9; y I Jn. 4:6). La Sagrada Comunión también puede ser retenida para evitar engañar a otros en cuanto a la fe y la vida del Evangelio (es decir, causando escándalo; ver Mt. 18:6).

10) La recepción de la Sagrada Comunión en casos específicos por parte de aquellos que se han vuelto a casar después de un divorcio depende la realidad objetiva del vínculo de su primer matrimonio y el evitar el pecado y escándalo público, no sólo de su intención privada de evitar actividad sexual en el futuro, de su evaluación subjetiva de la relación presente, o de su juicio subjetivo de inocencia con respecto a la actividad sexual en su relación (ver Mt. 5:32).