Follow by Email

samedi 23 juin 2018

¿Por un orden liberal?

Canuto Angelelli, obispo y mártir. Conclusiones

http://caminante-wanderer.blogspot.com/2018/06/canuto-angelelli-obispo-y-martir.html?m=1

The Wanderer: Canuto Angelelli, obispo y mártir. Conclusiones
La primera pregunta que nos habíamos hecho fue si Mons. Enrique Angelelli había sido efectivamente martirizado o si su muerte, en cambio, fue causa de un accidente. Es la pregunta básica y fundamental. Según como se responda puede quitar todo sustento al decreto pontificio. Deberíamos encontrarnos entonces, con un hecho de claridad contundente y sobre el cual no se abrigaran dudas. 
Pero lo cierto es que las dudas son muchas. Hace pocos días, el P. Javier Olivera dio a conocer en su blog el resumen jurídico sobre el caso elaborado por la Dra. Silvia Marcotullio, ex-jueza de Cámara Penal de la Nación que, en su primera conclusión, afirma: "No solo no se acreditó cómo y quién o quienes fueron los autores del supuesto ilícito por el que se condenó a los procesados, sino que toda la prueba sobre el suceso indica que se trató de un accidente por caso fortuito o imprudencia del conductor del vehículo...". 
Me pareció oportuno poner a consideración de los lectores lo que dice al respecto un amigo y defensor de Angelelli, Horacio Verbitsky, para escuchar las dos voces. Y lo cierto es que él mismo termina admitiendo, volens nolens, que fue un accidente.
Pero el periodista modifica la versión: habría sido un accidente provocado por un Peugeot 404 blanco, en el que viajaban cuatro hombres, que habrían matado al obispo una vez ocurrido el choque. Esta versión tiene todavía menos asidero. ¿Qué testimonio tienen del auto y los asesinos que iban en él? El del P. Pinto, que acompañaba a Angelelli y que una y otra vez decía que no se acordaba de nada. Y el de un camionero que dice que vio pasar un Peugeot blanco. Yo también he visto pasar autos de esas mismas características muchas veces y no se me ocurre que vengan de matar a un obispo. 
Pero lo más inverosímil es que estos cuatro hombre se hubiesen preocupado de rematar en la ruta a Angelelli y hubiesen dejado vivo al único testigo. Si el Agente 86 hubiese estado a cargo del grupo podríamos discutirlo, pero no es ese el caso. 
Por otro lado, los testimonios que cita Verbitsky asombran por su solidez: trataron de asesinar a Pinto mientras estaba en el hospital pero lo impidieron sus dos hermanos gendarmes que se quedaron junto a él. Si las Fuerzas Armadas lo hubiesen querido matar, les habría resultado muy fácil lograr que los superiores de los gendarmes les ordenaran retirarse del hospital, dejando vía libre a los asesinos. Otra: poco después de la muerte de Angelelli, el ministro Harguindeguy recibió una llamada y se le iluminó la cara. ¿Eso es una prueba? Quizás le hablaba su mujer avisándole que su hijo había rendido bien una materia o que había preparado ñoquis para la cena. 
La primera pregunta entonces, debe responderse afirmando que ocurrió un accidente en el vehículo donde iba Angelelli, que no hay pruebas de que haya sido provocado y que tampoco puede concluirse que fue ultimado luego del choque. Esto solo es suficiente para desbaratar la pretensión pontificia de decretar un martiriopara el caso del obispo riojano.
La segunda pregunta decía: Si fue martirizado, ¿lo fue por la fe, o lo fue por su ideología política o porque se oponían a los intereses del gobierno de turno?
Aún si damos por válida la tesis de Verbitsky, deberíamos discutir si su muerte fue un martirio o fue un asesinato motivado por cuestiones ideológicas o políticas. La Iglesia es muy clara cuando define quién es un mártir: es aquél muere por causa de su fe religiosa. Y no me parece que Mons. Angelelli hubiese sido asesinado por defender algunas de las verdades de nuestra fe contenidas en el Credo. En todo caso, habría muerto por una cuestión humanitaria, porque defendió a los pobres o desvalidos de los feligreses de su diócesis, o porque se opuso frontalmente a los poderes políticos y económicos de su época. Y todo esto, que podría eventualmente concitar nuestra admiración, no lo convierte sin embargo en un mártir. 
Finalmente, la tercera pegunta tenía que ver sobre la naturaleza de la fe por la que habría muerto Angelelli. ¿Se trataba de la fe católica? De la lectura de los relatos que hace Verbitsky, no pareciera que es el caso. Por el contrario, lo que queda claro es que fue un personaje que tiñó, como hicieron muchos en su época, su religión de ideología. Como dijeron sus sacerdotes: "Cuando la Iglesia se limita a enunciar una doctrina abstracta, intemporal, se la tolera sin mayores resistencias, [que] se hacen sentir cuando su enseñanza toca las realidades concretas". Angelelli dejó de predicar las verdades "abstractas e intemporales" que son sobre las que se fundamenta nuestra fe católica y las únicas importantes e, ideologizado, se dedicó a solucionar las efímeras realidades concretas. Pero no como lo hicieron grandes santos como San Vicente de Paul o como Santa Isabel de Hungría, sino sembrando el odio y siendo "signo de contradicción" en el sentido marxista y no cristiano de la expresión.
Mons. Enrique Angelelli no fue más que un subproducto latinoamericano del Concilio Vaticano II. Ciertamente no fue un santo y, mucho menos, un mártir. 
Corolario: Considero que la decisión del Papa Francisco de decretar el martirio de Mons. Angelelli y sus tres compañeros y de proceder a su beatificación es tan grave, o más aún, que los desvíos doctrinales de Amoris letitiae. Está proponiendo como modelo de vida y virtud a todos los católicos del mundo a personajes que ideologizaron su fe -que fueron marxistas, en pocas palabras- y que también propiciaron la lucha armada que ensangrentó al país durante varios años. La foto del obispo Angelelli celebrando misa bajo la bandera de Montoneros es suficientemente elocuente al respecto.
Pero además, con un acto de este tipo, el Santo Padre está echando por la borda toda la doctrina y práctica católica sobre las canonizaciones, utilizando esta venerable institución de la Iglesia, para finalidades políticas y de promoción personal.

En situaciones como esta, una quisiera volver al siglo XVI, cuando el emperador Carlos V amenazó al Papa Pablo con convocar a un concilio ecuménico par deponerlo en razón de la negligencia evidente con respecto a la fe que demostraba con sus decisiones. Claro que ahora nos costaría bastante encontrar un emperador de ese tipo y mejor no pensar lo que podría salir de un concilio ecuménico.

jeudi 21 juin 2018

Ver "Terres de Mission n°83 : L'incroyable comportement du quotidien "La Croix""

Bishop Schneider on the Pan-Amazon Synod, Married Priests, and Female Preachers

https://onepeterfive.com/bishop-schneider-on-the-pan-amazon-synod-married-priests-and-female-preachers/

Bishop Schneider on the Pan-Amazon Synod, Married Priests, and Female Preachers

In a new interview, Bishop Athanasius Schneider discusses the working document of the upcoming 2019 Pan-Amazon Synod and rejects the idea of ordaining married men. He argues that priestly continence is a Church tradition that goes back to Apostolic times. As to the role of women, he fears that the Church might soon imitate the German model of female pastoral assistants who now already preach and hold liturgies of the word in Germany.

In a 30-minute-long interview with the traditional media outlet Gloria.tv that took place on 10 June in the Czech Republic, Bishop Schneider, the auxiliary bishop of St. Mary's in Astana, Kazakhstan, comments on several themes, among them the importance of the traditional Latin Mass, the grave consequences of the papal document Amoris Laetitia, as well as the split within the Catholic Church.

In light of the 8 June working document (Instrumentum Laboris) for the upcoming 2019 Pan-Amazon Synod, Bishop Schneider also touches upon the problem of ordaining married men to the priesthood, as well as the danger of giving women more prominence on the altar.

Bishop Schneider sees that this new Vatican document tries to prepare the way for the priestly ordination of married men for that particular region in the world. However, he makes it clear that this initiative would soon spread throughout the world. He says that, with such a permission, "celibacy would de facto be abolished." "One can see that immediately," he adds, saying that only a child would not understand this deeper consequence of an exception granted for the Pan-Amazon region.

The German prelate explains that such married priests "are in reality against the continuous tradition of the Church." "To live as a priest in continence," according to Bishop Schneider, "goes back to Apostolic tradition, this is not merely Church Law." Already St. Augustine stated this, as did the Synod of Carthage. As Schneider says, it was already known in the fourth century that priestly continence goes back to Apostolic times. (Here the concept means a chaste life. Some priests might have been previously married, but they embraced perfect continence upon ordination.)

As Bishop Schneider reminds us, all the popes in the Church's history have insisted upon the priests' and bishops' chaste way of life, against all opposition – also from European rulers – and against all abuse in practice. When the Eastern Church, in the 7th century, broke away from this principle, "the Holy See never accepted it," explains the prelate.

With regard to the Eastern Rites and their permission of married priests, Bishop Schneider explains that this allowance is a "concession that was given to those of the Orthodox Church who wished to return to the Catholic Church." These clerics, says Schneider, were given permission to "maintain a practice that they had for nearly 1,000 years." The Roman Catholic Church, however, "should never give it up," he adds, saying that a change of this discipline would be "against Apostolic tradition" and would have a "domino effect."

Were the Church to grant such a permission to ordain married priests for the Pan-Amazon region, Bishop Schneider fears that "other bishops or other bishops' conferences would come and wish to apply it also to other regions." "In a short time, priestly continence would be destroyed," the prelate warns, adding: "And that is not to be." Bishop Schneider therefore says "I hope that the Providence of God will not allow this to happen."

Bishop Schneider makes a similar comment when talking about the probability that the Pan-Amazon Synod will make proposals for some forms of female ministry for the Catholic Church of the Pan-Amazon region. "A sacramental ordination is impossible," says the prelate. Rather, he could imagine that the Church would perhaps imitate the German model of female pastoral assistants who are already now receiving a blessing from the German bishops. They already now give homilies, preside over liturgies of the word which include the distribution of the Eucharist. "They do everything, except the Canon of the Mass," Schneider explains. "We have it already!" exclaims the bishop. For decades, German Catholics have already seen women on the altar, wearing an alb, and presiding over liturgies.

Thus, Schneider adds, the Pan-Amazon region could do it as it is in Germany. "I hope and pray that the dear Lord, the Providence of God, will not permit it," Schneider says once more.

In his conclusion to this section of the interview, Bishop Schneider insists that we have to protect and preserve "the pearl that Jesus gave us."

At the same time, the bishop of Astana encourages the Catholic faithful, in view of the current crisis in the Church: "Where sin abounds, grace superabounds," he says with joy in his voice. Where there is so much darkness, "there shines a light, grace, even more." He himself sees it in the whole world when traveling that there exist small pockets of the Faith everywhere. "I see in the whole world that the Holy Ghost is at work, that is to say through the many small groups, many young families, the youth, many seminarians and priests who live the Faith." These Catholics try to live a moral life and be models for others.

For Bishop Schneider, those who are in power in the Church – he calls them "the Church's Nomenklatura" – are permeated with "the spirit of the world, with the naturalistic spirit, they lack the supernatural Faith." They might have entered ecclesiastical offices, the prelate explains, and they might "have power over the small and the pure, and even try to suppress them"; they might also have "the power of the administration, money, reputation, media support, and public praise"; "But we have the Faith!" the bishop exclaims.

"You have the power, but we have the Faith." That is what the simple faithful can say to those in power, says Bishop Schneider. "We are richer and more powerful." In his eyes, the Holy Ghost is already preparing "a spring in the Church." "The snow field is still covered with snow, but one already see the little snowdrops which announce the the coming of spring. And these are all the small groups [in the world], who have no power, who are being suppressed, but who have power before God." In conclusion, this faith-filled prelate says: "And the Mother of God is our mother, the mother of the Church, she holds us in her hands." "And she is the conqueror of all heresies."

Ataque al sacerdocio, ataque a la Eucaristía

Canuto Angelelli, obispo y mártir IV

http://caminante-wanderer.blogspot.com/2018/06/canuto-angelelli-obispo-y-martir-iv.html?m=1

The Wanderer: Canuto Angelelli, obispo y mártir IV

El coronel Osvaldo Pérez Battaglia, jefe del Batallón 141 de ingenieros del Ejército, fue designado interventor federal en La Rioja y de inmediato fueron detenidos dos sacerdotes. Angelelli viajó a Buenos Aires para gestionan su libertad ante el ministro del Interior. Al regresar, su valija fue violentada en el aeropuerto de La Rioja. También escribió que Pérez Battaglia lo trataba en forma grosera y lo llamaba "llorón". Angelelli viajó a Córdoba para apelar ante el general Luciano Menéndez. Por su seguridad, pidió que lo acompañara el cardenal Primatesta. Angelelli expuso la situación de los detenidos políticos y sociales riojanos. Menendez, lo escuchó y le advirtió amenazante: "Tengan cuidado".
Antes de regresar a La Rioja, el obispo previno a sus familiares cordobeses que algo terrible podía ocurrirle.
- ¿No tenés miedo? - le pregunto su sobrina Marilé Coseano.
- Un miedo tremendo. Pero no puedo esconder mi mensaje debajo de la cama.
El 18 de mayo la Comisión Ejecutiva puso los hechos en conocimiento de Videla, quien prometió intervenir. También Angelelli visitó a Videla en la Casa Rosada, en compañía de Primatesta y Zazpe. Según el relato de Angelelli a sus curas, Videla le sugirió que se fuera del país porque el no podía garantizada su seguridad en la jurisdicción de Menéndez. Ante un cuestionario judicial, cuando Angelelli y Zazpe ya habían muerto, Primatesta negó la existencia de la segunda reunión. 
El párroco de El Chamical, Carlos de Dios Murias [otro de los nuevos mártires], dijo en una homilía que podrían acallar la voz del obispo pero no la de Jesús. Descendiente de una tradicional familia cordobesa venida a menos, hijo de un dirigente de la Union Cívica Radical, Murias llevaba poco tiempo en La Rioja. Había formado parte de Cristianos para la Liberación y participado en encuentros y retiros en el noviciado de la Fraternidad de los Hermanitos del Evangelio en Suriyaco, La Rioja. A otro sacerdote francés de la Fraternidad, Enrique de Solari,  que trabajaba en Las Talas con un sindicato de campesinos,  Angelelli le sugirió que se fuera por un tiempo de La Rioja, donde la policía y los terratenientes lo vigilaban.
Murias había colaborado con el obispo en el asesoramiento a los labradores para evitar el despojo de sus tierras históricas por parte de miembros de las Fuerzas Armadas. Un civil vinculado con la Fuerza Aérea le advirtió al marido de Cristina Murias: "Que el hermano de su señora se cuide".

La noche del 18 de julio, quince días después del asesinato de los palotinos, dos desconocidos con credenciales de la policial, llegaron a la casa religiosa del Chamical donde vivía Murias y hablaron a solas con él y con el sacerdote Gabriel Longueville. Los cuatro se fueron en un auto oscuro y sin chapas. El 20 por la tarde los cadáveres de Morias y Longueville aparecieron sobre una vía en las afueras de Chamical, acribillados a balazos, las manos atadas, algodón y cinta adhesiva en la boca. Uno de ellos había sido mutilado. Junto a los cuerpos cubiertos por mantas del Ejército, que fueron quemadas en la morgue, había una amenazante lista con nombres de sacerdotes. Los familiares de Longueville acusaron por el crimen a Pérez Battaglia, al otro jefe del Regimiento, Jorge Pérez Malagamba y al segundo jefe de la base aérea de El Chamical, el comandante Luis Estrella, uno de los oficiales del grupo integrista que se había alzado junto con el brigadier Capellini en diciembre de 1975 para exigir que el Ejercito tomara el poder y que volvería a hacerlo en 1988 en apoyo del coronel Mohamed Ali Seineldín.  Otro imputado fue el oficial de inteligencia de la base aérea, alférez Ángel Ricardo Pezzetta. quien había sido compañero de seminario de Murias y tenía dos hermanos sacerdotes. Pezzetta era quien ordenaba que se grabaran las homilías de Murias.
Pérez Battaglia no autorizo que se publicara el comunicado del obispo en el aviso fúnebre que mencionaba el asesinato. La policía accedió a comunicar la noticia por su red radial solo si la palabra "asesinados" era sustituida por "fallecimiento", la misma que utilizó al intendente de Chamical en su decreto de duelo. Angelelli preparó varias casullas para los obispos que asistirían a las exequias, pero ninguno llegó.
Sus colaboradores recibieron información sobre un plan para matar al obispo, que incluía a Pérez Battaglia, Estrella y el brigadier Aguirre. Entre los complotados se mencionaba al ex interventor federal durante la anterior dictadura, el político conservador Eduardo Menem, cuyo hermano Amado y sus hijos estaban enfrentados con Angelelli. Nunca hubo una incriminación judicial contra ellos.
Angelelli le confesó sus temores a su amigo Hesayne, quien le aconsejó que se ocultara por un tiempo, quizás haciendo un viaje al exterior. Los vicarios zonales también le sugirieron que se alejara, pero Angelelli no los escucho.
- Sí me oculto o salgo de La Rioja, seguirán matando a mis ovejas -, contesto.
El 22 de julio, Videla volvió a recibir a los tres miembros de la Comisión Ejecutiva del Episcopado. El motivo declarado era entregarles la respuesta a 1a carta por el asesinato de los palotinos. Dijo que la Junta Militar comprendía el dolor de la iglesia y haría lo posible por evitar hechos similares. Parecía una burla después del asesinato de Murias y Longueville. Peor aún, Videla les leyó informes de inteligencia que atribuían el asesinato de a "un grupo izquierdista que quiere provocar disensiones entre la Iglesia y el gobierno". Si los sacerdotes hablaron veinticinco minutos con sus captores, prepararon su equipaje y salieron de la casa en forma tranquila, debía ser porque los conocían, agregó. Primatesta aceptó había quienes querían "provocar un conflicto entre la Iglesia y el Estado en el que nadie ganaría nada", pero dijo que entre los aspectos a considerar estaba el de los grupos derechistas que gozaban de algún favor pese a su acción contra la jerarquía. Aclaró que no vinculaba a esos grupos con los asesinatos y que la sangre de los sacerdotes podía servir para la pacificación, pero transmitió también el relato de quienes pedían por sus parientes presos o desaparecidos. Según el informe secreto de la Comisión Ejecutiva, Videla asintió pero sin asumir ningún compromiso. Zazpe se despidió en forma efusiva de Videla y le comunicó "palabras de aliento en su difícil misión". Aramburu y Primatesta manifestaron su deseo de "servir a la Patria sirviendo a la Iglesia". Hasta entonces no habían sido términos contradictorios.
Angelelli era menos optimista. Reunido con sus sacerdotes dibujó una espiral que se cerraba y señaló el crentro: "Aquí estoy yo. Buscan un copete colorado. Ahora me toca a mí".
Una mujer que trabajaba para los servicios de informaciones había hecho saber a1 presbítero Juan Gorosito que si Angelelli no dejaba La Rioja lo matarían. El periodista Plutarco Schaller estuvo secuestrado siete meses en La Rioja. Mientras lo torturaban, los capitanes Heriberto Goenaga y Marcó, le anunciaron que entre quienes se había decidido que muriera estaba el obispo.
Al salir del cementerio donde fueron sepultados sus sacerdotes, Angelelli musitó al oído del médico de Chamical César Abdala:

Se equivocaba. Era el turno del dirirgente laico de la Acción Católica Rural Wenceslao Pedernera. El 25 de julio un grupo de encapuchados lo asesinó ante su esposa e hijos en Sañogasta.
El 4 de agosto Angelelli terminó su informe para el Episcopado con la frase "poseo muchos otros datos, algunos muy delicados y comprometedores, que por prudencia no debo escribir", y le pidió al sacerdote Arturo Pinto que controlara la camioneta en la que viajarían hasta La Rioja, porque de noche advirtieron movimientos extraños detrás de la casa parroquial y vieron alejarse un vehículo ron las luces apagadas. 
Salieron de Chamical por el camino viejo para eludir la base de la Fuerza Aérea. A las tres de la tarde en el camino a La Rioja fueron perseguidos por un Peugeot 404 claro, que los pasó y los encerró. La camioneta que conducía Angelelli volcó. Segun Pinto "se produjo como una explosión. Y a partir de ese momento no recuerdo mas nada, hasta que fui trasladado a la ciudad Córdoba". -
Inconsciente, Pinto decía: "Los papeles. Apúrese que nos alcanzan". Según el testimonio del médico que lo atendió. Otro automovilista que venía detrás de ellos, se cruzó con un Peugeot 404 blanco que volvía desde el lugar del vuelco. A bordo iban cuatro hombres.
A un camionero que pasó por allí le llamo 1a atención que el cuerpo no mostrara magulladuras ni hematomas y aparentara "llamativa prolijidad", que hacía difícil creer que hubiera sido despedido del vehículo. El espectáculo que encontró un sacerdote que llegó al lugar tampoco sugería un accidente. Policías y militares que empuñaban armas largas rodeaban el cadáver. Se lo veía "bien estirado", como si lo hubieran "sacado del auto, liquidado y arrastrado hasta allí, porque tenía las manos hacia atrás. En un accidente uno se enrolla todo, se defiende". La ropa del obispo estaba intacta, pero la autopsia constató fractura dc craneo con pérdida de masa encefálica". La sobrina Marilé llegó a tocar la nuca de Angelelli. "Estaba destrozada". El gran orificio en la nuca también fue descubierto por la monja que limpió et cadáver en la morgue del hospital de La Rioja. Dos oficiales de las Fuerzas  Armadas y Seguridad la retiraron de su tarea. "Hermana, usted no ha visto nada", le ordenaron.
Dos hermanos de Arturo Pinto eran oficiales de Gendarmería. Cuando uno de ellos vio la escena del crimen corrió al hospital donde estaba internado el sacerdote y no se movió de su lado hasta que se recuperó. Estaba convencido dc que intentarían rematarlo."Sus hermanos se turnaban en la puerta de la habitación. Un día aparecieron dos personas dc civil, "muy sospechosas", que querían entrevistar a Pinto, pero el hermano menor no les permitió pasar. 

A la hora del vuelco, el ministro del Interior recibió a José Alberto Deheza, ministro de Defensa de Isabel, cuya libertad le reclamo. Mientras hablaban, Heuguindeguy atendió el teléfono. "Su cara se iluminó con una sonrisa".
[…]
Años después, junto con De Navares, Hesayne y el laico Adolfo Pérez Esquivel presentó la denuncia judicial. El 19 de junio de 1986 el juez Aldo Morales sentenció que se trató de "un homicidio fríamente premeditado". Dijo que el cuerpo de Angelelli fue arrastrado luego del vuelco. Lo colocaron a veinticinco metros del vehículo, boca arriba y con las manos extendidas. Había perdido el calzado y tenia raspados los talones. La persecución penal a los culpables se detuvo en 1987 por las leyes de punto final y de obediencia debida y se reinició en 2005, una vez que la Corte Suprema de Justicia las declaró nulas. Los restos fueron exhumado en 2009. Las costillas superiores tenían la marca del golpe con el volante y la calavera mostraba una gran rotura en la nuca. Los peritos de la Corte Suprema de Justicia descartaron la intervención de terceros pero el perito designado por la familia destaco que no había manchas de sangre dentro del vehículo y que el cuerpo no presentaba otras lesiones que los golpes en la cabeza que le causaron la muerte.  […]
Un cuarto de siglo después el Episcopado argentino seguía sin asumir lo sucedido. […]
En 2008, cuando se cumplían treinta años del golpe militar, Bergoglio, quien necesitaba angelizar su comportamiento durante la dictadura para remover un obstáculo a su posible designación papal, pareció asumir el martirio de Angelilli. Pero lo hizo solo como recurso publicitario en su confrontación política con Nestor Kirchner. […] Bergoglio también pidió que se investigara la muerte de Angelelli, si bien dijo que no importaba como había muerto sino cómo había vivido.

Horacio Verbitsky, Historia política de la Iglesia Católica. Tomo IV: La mano izquierda de Dios, Sudamericana, Buenos Aires, 2010, pp. 100-109.

Ver "DE LAUDE SPANIAE por Agnus Dei Prod"

AMPARO MEDINA EN LA ARGENTINA: POR LA VERDAD, LA VIDA Y LA FAMILIA

La imagen puede contener: 1 persona
















mercredi 20 juin 2018

Canuto Angelelli, obispo y mártir III

http://caminante-wanderer.blogspot.com/2018/06/canuto-angelelli-obispo-y-martir-iii.html?m=1

The Wanderer: Canuto Angelelli, obispo y mártir III
Desde marzo de 1961, Angelelli había sido obispo auxiliar de Córdoba y en julio de 1968 Pablo VI lo designó al frente de la diócesis riojana, donde anuncio que se preocuparía "por el hombre que tiene hambre, que le falta salud, que no tiene trabajo", por un pueblo "que se siente engañado y frustrado". 
Muy pronto consiguió malquistarse con los terratenientes locales y el poder político. Nadie llevó mas a fondo las recomendaciones del Concilio y Medellín, comenzando por la tarea conjunta con sacerdotes y laicos. En la Pascua de 1969 propuso salir de los templos a la realidad riojana después de la Eucaristía, sin ataduras ni silencios cómplices con el poder. Invitó a personas no eclesiales y hasta a no creyentes a la Semana Diocesana, cuyo Documento Final elaborado por medio centenar de curas y monjas y un centenar y medio de laicos dijo que la injusticia y la violencia constituían "un pecado institucionalizado". Esto le valió las primeras acusaciones de preferir a comunistas y ateos sobre los católicos. El documento proclamó que la tierra tiene que ser para quien la trabaje. Mientras muchos de sus colegas se espantaron por el Cordobazo Angelelli lo llamó grito de rebeldía de la juventnd y la clase obrera y le dio una interpretación profética: "Las fogatas de la destrucción" habían encendido una luz que iluminaba "el compromiso para que nadie muriera de hambre ni fuera excluido". El obispo estaba poco en su despacho porque recorría en una camioneta los pueblos más postergados de la provincia. Desde uno de ellos se opuso al monopolio del agua, que como la tierra y el pan es para todos. "Y esto no es subversión", advirtió en setiembre de 1969. En noviembre constituyó un Consejo Diocesano de Laicos para que en comunión con la jerarquía creara comunidades misioneras abiertas al dialogo con todos y normalizara las asociaciones, instituciones o movimientos eclesiales, cuyas autoridades y un par de sacerdotes reprocharon por su puesta en estado de asamblea.
Al finalizar 1969 los sacerdotes que formaban el Decanato de los Llanos, uno de los cuatro en que Angelelli dividió su diócesis, dijeron que Cristo vive pisoteado y humillado en la persona de nuestros hermanos llanistas. Luego de enumerar las penurias de comunidades que ni siquiera tenían agua recordaron a Facundo y al Chacho Peñaloza, que "se jugaron hasta derramar su sangre por la liberación", y a la pionera de la educación popular Rosario Vera Peñaloza. Para los presbíteros de los Llanos los sinsabores y la persecución eran los signos que comprobaban la fidelidad de la Iglesia a su misión: "Cuando la Iglesia se limita a enunciar una doctrina abstracta, intemporal, se la tolera sin mayores resistencias, [que] se hacen sentir cuando su enseñanza toca las realidades concretas. […] Jesús fue condenado a una muerte de cruz porque se enfrentó a una situación de pecado y no trepidó en señalar con nombre y apellido a los que la provocaron".
En 1970 Angelelli polemizó con el interventor federal Guillermo Iribarren, quien lo llamó resentido por enumerar miserias sin aportar soluciones. Iribarren planteaba la eterna alianza de poderes contra "la subversión izquierdista" cuyas intenciones creía "fatales para la cristiandad y para la Iglesia". Un gobernante tradicional trataba de explicarle a un obispo renovador cual era la conveniencia de la Iglesia.

En ese momento aparecieron los primeros manifestantes de Tradición, Familia y Propiedad que acusaron al obispo de comunista. Sin prestarles por entonces mayor atención, Angelelli propuso una reforma agraria, la creaeion de comunidades de base como agentes de cambio y de cooperativas de producción y consumo.  En enero de 1971 Angelelli hizo la primera mención pública a los ataques que recibía de TFP y en marzo lo planteó en la Comisión Permanente del Episcopado. Dijo que los obispos estaban muy solos frente al avance del poder y mencionó los agresivos informes de los servicios de informaciones. Con un dejo de ironía, el obispo de Jujuy, José Miguel Medina, le replicó que hay informes secretos muy exactos y que sería bueno que los obispos se informaran bien antes de "defender casos que luego resultan indefendibles". Aramburu propuso solicitar al gobierno que cuando tuviera informes comprometedores para personas del clero los comunicara a la jerarquía y Tortolo pidió que esas comunicaciones fueran escritas para que quedara constancia.
Los ocho obispos restantes sólo opinaron de manera implícita, como se desprende de los demás temas tocados: la solicitud de pasajes nacionales e internacionales para los obispos, gratuitos o rebajados, y la designación de un hombre de la Iglesia en el organismo gubernamental de censura cinematográfica, para considerar la película Un cura casado. En votación secreta, Manuel Moledo obtuvo diez votos, Oscar Justo Laguna nueve, Carlos Galan tres, Rodolfo Bufano dos y hubo un voto en blanco. Para esa mayoría nada perturbaba la cooperación con el Estado.
Angelelli había decidido desterrar toda diferencia de clases sociales en la misa y el sacramento del matrimonio. Esto ofendió a la burguesía local, porque el obispo consideraba las ornamentaciones una desviación de la fe fruto de la vanidad.
El gobierno nacional ordenó que la estación local de la radio del Estado dejara de transmitir las misas dominicales del obispo. "Se puede silenciar una transmisión radial pero no a la iglesia", replicó Angelelli. El Vaticano pidió explicaciones. 
Angelelli no retrocedía y la dictadura tampoco. En su mensaje de Cuaresma el obispo dijo que eran inmorales el torturador, el opresor, el usurero, la represión y el robo institucionalizado. En represalia fueron golpeados un sacerdote y dos laicos. Los sacerdotes Henry Praolini Colombo y Antonio Gill fueron detenidos el 24 de agosto de 1972. La policía riojana decía que habían realizado una practica de tiro en un monte y enterrado una caja con panfletos del ERP: cartuchos de gelamón y detonadores. Angelelli acusó a los servicios de información de manejar datos falsos y exigió que no fueran torturados. Sus reproches alcanzaron a otros obispos: "Si hubiéramos asumido como cuerpo episcopal todo lo que debimos asumir no haría falta el movimiento del Tercer Mundo. [...] Hay una psicosis promovida por el miedo. Decir Tercer Mundo hoy en el país, es poco menos que sacar a1 diablo del infierno; decir Tercer Mundo es decir marxismo, subversión, etc."
Uno de esos obispos era el de San Luis, Rodolfo Laise. Durante unas jornadas sacerdotales promovió un documento cuyas conclusiones leyó el teólogo Estanislao Karlic: "Todo intento de democratizar -en plano de igualdad absoluta- a1 obispo y al presbítero será ir contra la misma institución divina de la Iglesia, que es jerárquica".
Ademas de homenajear en la Catedral a los sacerdotes detenidos Angelelli convocó a una procesión que fue prohibida invocando el estado de sitio. Angelelli lo denunció en la misa como un atropello al pueblo riojano y un manoseo dc su fe. La justicia le dio la razón al dejarlos en libertad.
Era inevitable que esto se reflejara en las deliberaciones episcopales. Durante una reunión de la Comisión Permanente, Angelelli discutió con Tortolo sobre las implicaciones catequistas para niños y las verdades de la fe. También chocaron respecto de la jurisdicción castrense. […]
El diario riojano El Sol era propiedad de Tomás Álvarez Saavedra, concesionario del casino de la provincia y dueño de hoteles. Cuando Angelelli objetó la usura y el tráfico de sustancias estupefacientes y mujeres, El Sol comenzó a llamarlo Satanelli. 
Una semana antes del regreso de Perón, en una pequeña población andina se produjo un episodio que sintetiza la situación de antagonismos en la Iglesia, en el peronismo y en el país.
Una de las cooperativas creadas por iniciativa del obispo riojano Angelelli solicitaba la expropiación de un latifundio ocioso que consumía el 70 por ciento del agua de la zona conocida como la Costa. La intervención federal expropió el latifundio pero lo ofreció en venta en parcelas individuales, desdeñando cualquier proyecto cooperativo, "que solo existen en Rusia, Cuba y China". Durante una visita canónica de Angeielli a un colegio religioso un grupo de padres opuestos a la pastoral diocesana, junto con un sacerdote que había renunciado como secretario del Obispado por diferencias con su línea, lo insultaron y le exigieron que se retirara. Así comenzó a gastarse una Cruzada Renovadora de la Cristiandad que, como su nombre lo indica, solo aceptaba los postulados integristas.


Durante la campaña electoral de 1973, un hermano del ex interventor federal Eduardo Menem presentó su candidatura a la gobernación riojana. Carlos Saúl Menem prometió que de ser electo entregaría el latifundio a la cooperativa y lo reiteró luego de asumir la gobernación. También restituyó la transmisión radial de las misas de Angelelli. El obispo se confió y el 13 de junio de 1973 viajó acompañado por diez sacerdotes y cinco religiosas para presidir las fiestas patronales de San Antonio en el pueblito natal de los Menem, Anillaco. Un grupo de comerciantes y terratenientes, entre ellos el hermano del gobernador, Amado. y sus sobrinos Cesar y Manuel Menem, repudiaron por altoparlantes el propósito de Angelelli de reemplazar al viejo párroco Virgilio Ferreira por dos sacerdotes capuchinos, declararon a Anillaco Capital de la Fe y, ante la pasividad policial, irrumpieron por la fuerza en el templo y la casa parroquial. Cuando Angelelli se retiró luego de suspender las celebraciones religiosas, lo corrieron a pedradas.
Los sacerdotes riojanos habían pedido la excomunión de los tres Menem y sus acompañantes, pero Angelelli prefirió una sanción menos drástica y al día siguiente del regreso definitivo de Perón a la Argentina declaró a trece de los responsables "incursos en entredicho personal", lo cual los privaba en forma temporaria de asistir a celebraciones religiosas y recibir los sacramentos pero sin llegar a la excomunión. Atribuyó la agresión a un grupo que ejerce el poder en forma injusta y violenta para mantener sus privilegios y por eso se opone a la obra de promoción humana y cultural de los más pobres y oprimidos. Mencionó como adversarios del Concilio Vaticano II a los grupos Cruzada Renovadora de la Cristiandad y Tradición, Familia y Propiedad. También dispuso suspender las ceremonias litúrgico-sacramentales en todos los templos de la parroquia, que quedarían abiertos para que el pueblo pudiera pedir perdón y solicitar la conversión de quienes ofendieron a Dios. Dos semanas después, en otro pueblo vecino de la Costa, un movimiento similar asaltó y destrozó la casa y el oratorio de las monjas enviadas por Angelelli y ocupó la sede de la cooperativa. Arguyendo la intranquilidad social promovida por sus familiares, el gobernador Menem retiró su apoyo a la cooperativización del latifundio y la Legislatura decidió venderlo en parcelas, tal como había dispuesto la intervención militar.
Horacio Verbitsky, Historia política de la Iglesia Católica. Tomo III: Vigilia de armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2009, pp. 165-169; 278-279.

Sermon for 4th Sunday after Pentecost - "Past 50 years in the Church have been of the lobotomization of clergy and people."

https://rorate-caeli.blogspot.com/2018/06/sermon-for-4th-sunday-after-pentecost.html?m=1

RORATE CÆLI: Sermon for 4th Sunday after Pentecost
by Fr. Richard G. Cipolla
Duc in altum.  Set out into the deep water.  (Luke 5:4)
Those words of Jesus to Peter and his companions are his exhortation to these to embark on a life that they little dreamed of, far from their fishing boats an the land and family they knew.  Set out into the deep water, the deep water far away from the safety of the land, the deep water of the sea where storms arise suddenly, but also the deep water in which an abundance of fish live, ready to be caught. The fishermen had tried to catch fish all night long, but to no avail.  Nothing.  Nothing because this life of theirs was over. So Jesus tells them to go into the deep water, and it is here that they catch so many fish that the boats are nearly sinking with the catch.  It is at this point that Simon Peter realizes, however inchoately, however unclearly, that this is a sign that points to him and his future and his role as a disciple of Jesus, and in that wonderful and touching and dramatic scene, he kneels at Jesus' feet:  Depart from me Lord, for I am a sinful man. What a wonderful and real reaction to Peter's understanding of the miracle of the catch of fish: to declare himself unworthy for any task that Jesus had in mind for him.  A future as a follower of Jesus in the deepest sense was, in Peter's mind, impossible. For he was a sinful man.  But the response is quite clear:  Fear not.  From henceforth you will be catching men.


It will be to the high seas of a world that Peter the fisherman did not even know existed: the world of imperial Rome, the Roman empire, and finally to the heart of the world of that time, Rome itself, where Peter would meet his death by martyrdom. No longer would Peter be trying to catch fish.  As Jesus' disciple and the Prince of the Apostles, he would preach and teach the Gospel, he would baptize, he would offer sacrifice in the Breaking of Bread, the Eucharist, he would bring the saving grace of Christ to a world desperately in need of that grace.
But what defines Peter's ministry is true of the priesthood in general.  One of the cardinal sins for a Catholic priest is to forget, to refuse to remember who he is, and to become just a part of a clerical scene in a secular society that has forgotten where it came from, that has forgotten its roots, roots that cannot be uprooted and thrown onto a pile of dirt to be thrown away, because these roots are divine.  Hey, son!  Why do you want to become a priest?  Well, sir, I want to help people, I want to help them to deepen their faith,  I want to help them as a friend, I want to engage them, especially young people to bring them to Jesus Christ.  And I would say this to this young men:  then be a Protestant minister.  I know some fine ministers who do exactly what you want to do. Do you know this, young man?  You have not once mentioned the Mass, you have not once mentioned the Holy Sacrifice that defines what a priest is. A priest can be good or bad, a priest can care for people or not, a priest can wear lace, cufflinks and cassock and biretta and yet not identify with the basest part of his flock, which identification is the heart of the matter.  Go do something else.  Be a man and build stone walls.  That will increase your chance of getting into heaven.
The past fifty years in the Catholic Church has been the half-century of the lobotomization not only of the clergy but also of the people. Notice how I distinguish between clergy and people.  Those in charge of the Church in the past fifty years have succumbed to the terrible vortex of black hole historicism that is the mark of the present age, which mark has been ingested and digested by the clergy of the Catholic Church, especially those who have been entrusted with the precious Tradition of the Apostles, a Tradition that is grounded in the Truth of Jesus Christ but is not static but grows organically in the power of the Holy Spirit. To believe that the past has no fundamental relationship to the present, which belief is the mark of the world of today, contradicts in the most fundamental way both the Incarnation and the Holy Sacrifice of the Mass. And that terrible discontinuity has been passed down by the clergy to the people.
There is a notion among traditional Catholics that all that has to be done to assure the vitality and validity of the Catholic faith and practice in the future is to celebrate the Traditional Roman Mass and to preach sermons whose content confirms to the Baltimore Catechism.  Wrong. On of the great errors of the past was to ignore the explosion in scientific knowledge that occurred at the end of the 19thcentury and the first quarter of the twentieth century and to retreat into the warm haven of Thomism and scholasticism.  Of course, St.Thomas Aquinas is an antidote to the miasma of the secular culture in which we live. But one cannot base our faith on a return to Thomism or to traditional philosophy without paying attention and grappling with and arriving at some real answer of faith to the explosion in scientific and technological advance of the past seventy-five years.  What this means is that we have to have priests and bishops who are intellectually capable of addressing not only our secular culture and the explosion of technology but also of understanding in the first place what the bases are of this secular and technological culture in which we live.  The scientific enterprise has substance. And it is from that substance comes the world in which we live. But the very basis of the secular culture in which we live, and that is so dismissive of our Catholic faith, is insubstantial, it lacks substance.  But when the Church affirms that insubstantiality in the name of inculturation, of affirming the very culture that despises what the Church has taught in the name of Jesus Christ for two millennia, and all of this in the name of diversity and mercy, then we know that we face a crisis equal to the Arian heresy crisis of the first six centuries of the Church. 
Duc in altum Indeed.  But this is difficult in a time within the Church when the altum is denied, when the real depth of the sea that threatens us with extinction but at the same time offers us the primeval beginning of life—this altum is denied in favor of the puddle of the culture of self fulfillment and self actualization that contradicts in the deepest way the very words and teaching of our Lord Jesus Christ.  What cleric dares to preach any longer on the many hard sayings of Jesus?  Those words: unless you eat my flesh, I am the Truth, no one comes to the Father except through me, you brood of hypocrites, it is easier for a camel?
The liturgical life of the Church after the Second Vatican Council has been one of vapidity and great loss of faith, or rather the shrugging off by two generations of a faith perceived as not worth thinking about. Ask young Catholics, both those who go to Mass and those who do not what it means that the Mass is a sacrifice.  They will have no answer, for they have no idea of the very concept of sacrifice in the context of the worship of the Church. They are the product of the emotional jags that are the basis of quasi -Protestant youth rallies that imagine they are Catholic because they have Adoration as part of the fill-'em-up-with Jesus weekends. Where is Flannery O'Connor when we need her to unmask this pale imitation of Protestantism?  Where are there bishops and priests who will counter this superficiality masking as evangelization and who will urge us to duc in altum, to go into the deep and take the risk of drowning, that act of drowning which may be the source of eternal life?  Where are the young men who will take the risk of faith in a faithless age and who will do so knowing the depths of the clericalism in the priesthood that masks itself with talk of mercy?  Where are the young women and young men who have the courage to plunge into the altum of the religious life, that place in which alone in these times can help the Church regain her memory and her knowledge and therefore her courage to fulfill her mission?
These men and women are in this young congregation. I know that.  And it is because not only they but each one of us here has set out for the deep water every Sunday in the solemn celebration of this Mass. This is indeed the altum, the depth, the depth that feeds us body and soul, the depth that puts us into contact with those who have plunged into the deep, those we call saints, the depth of the music of the Church that resonates with her own sacred history, the depth, the infinite depth of the Cross of Jesus Christ.  Vos et ego. Ducamus in altum.  

Canuto Angelelli, obispo y mártir II

http://caminante-wanderer.blogspot.com/2018/06/canuto-angelelli-obispo-y-martir-ii.html?m=1

The Wanderer: Canuto Angelelli, obispo y mártir II

Hijo de chacareros italianos que lo llevaron hasta el Seminario en c1 carro de las verduras, Enrique Angelelli fue ordenado en 1949. Completó su formación en Roma donde conoció al fundador de la JOC,  José Leon Cardijn. Esa experiencia lo marcará para toda su vida. De regreso a Córdoba comenzó su labor pastoral en los barrios pobres y en las villas de la ciudad.
En 1952 fue el primer asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC) cordobesa, a cargo de la capilla Cristo Obrero. En la actividad siempre intensa de Angelelli se reflejarían las contradictorias alternativas de la relación entre el peronismo y la iglesia y las mudables opciones políticas de las clases medias.
Bajo la conducción del arzobispo Lafitte, Córdoba fue el núcleo de la resistencia contra el peronismo y Angelelli uno de sus instrumentos destacados. Colaboró con el sacerdote italiano Quinto Cargnelutti en la organización de un Movimiento Católico de Juventudes. Intentaba competir con la UES y disputarle al peronismo la conducción del movimiento de masas, con la consigna "la conciencia vale mas que una motoneta". El gobierno denunció la infiltración eclesiástica en la CGT y la UES. Pero a poco del derrocamiento de Perón, Angelelli y los demás integrantes del Equipo Nacional de Asesores de la JOC ya trabajaban en forma estrecha con los sindicalistas perseguidos por el régimen militar.
Junto a la capilla Cristo Obrero había un Hogar Sacerdotal frecuentado por curas del interior de la provincia, en el que Angelelli instaló su vivienda. Pronto se convirtió en lugar de reunión para jóvenes obreros y estudiantes.
Angelelli también trabajaba en la curia arzobispal y en la pastoral universitaria y su figura se volvió familiar en la ciudad, siempre sobre una pequeña moto Puma, símbolo del desarrollo industrial que el peronismo llevó a Córdoba. La llamó La Providencia, porque necesitaba de la ayuda divina para llegar. Su popularidad era tal que a nadie sorprendió que en diciembre de 1950 fuera designado por Juan XXIII obispo auxiliar dc Córdoba y nombrado Vicario general de la arquidiócesis.
El día de su consagración la Catedral se pobló de obreros y gente humilde. Los militantes de la JOC lo levantaron en andas.
Canuto Angelelli tenia 42 años y no aceptó la sugerencia del arzobispo Ramon José Castellano de abandonar su moto.
Tampoco un reclamo patronal de sanciones a los sacerdotes que apoyaban a trabajadores en conflicto. Les dijo que "si estas injusticias continúan algún día estaremos en el mismo paredón los patrones y los curas".
Tampoco un roce similar que tuvo en 1953 con 1a familia que había dado refugio a Lafitte en 1955. Su jefe, el ingeniero Justiniano Allende Posse, ex director de vialidad durante el gobierno de Justo y uno de los organizadores de 1a marcha de la libertad contra Perón en octubre de 1945, presidía el Grupo Económico Corcemar.  Durante una celebración en una cantera de cal,  los obreros fueron ubicados muy lejos de las mesas dc los patrones. Angelelli eligió almorzar con los trabajadores, lo que motivó una denuncia ante el arzobispo por parte de la ofendida señora de Allende Posse.
Castellano lo designó rector dcl Seminario Mayor,  cuyos alumnos reclamaban la actualización conciliar. Angelelli llevó como vice al presbítero Nelson Dellaferrera, que había regresado luego de cursar su licenciatura en Roma en los días del Concilio. Angelelli permitió que los alumnos salieran una vez por semana y no por año y que tomaran contacto con las capillas y barrios obreros Los sacerdotes que volvían de Europa se apartaban con naturalidad del antiperonismo y del antimarxismo. En enero de 1964 un grupo criticó por escrito la falta de proximidad y diálogo entre el obispo y sus presbíteros que reclamaba cl Concilio. El nuncio le recomendó a Angelelli que actuara como nexo entre el clero y Castellano. Pero el arzobispo consideró e1 documento como una infidelidad y Angelelli defendió a sus autores. Dos meses después, Dellaferrera y los presbíteros Eric Vaudagna y Jose Oreste Gaido se pronunciaron en reportajes periodísticos por una iglesia pobre y evangélica y en favor del plan de lucha de la CGT. Cada uno firmó un texto, pero la elaboración fue colectiva, con otros profesores del Seminario y curas de la Arquidiócesis.

Mientras Castellano y los colegios católicos preparaban una movilización contra el gobierno del radical Justo Páez Molina por los cambios anunciados en la ley de enseñanza privada, el vicerrector Dellaferrera dijo que la libertad de enseñanza era una hipocresía porque sólo beneficiaba a los privilegiados,  y las inversiones edilicias de los colegios católicos "una bofetada que suena a sacrilegio en el rostro de los pobres". Vaudagna agregó que se quería usar a la Iglesia para detener las reformas sociales mediante una presentación "falsa e interesada" de los valores religiosos.
La ley cordobesa suprimió la obligación de comenzar cada día de clase con una oración. Los libros de lectura debían promover la formación democrática, lo cual implicaba sacar de circulación algunos que proponían una Argentina corporativa y falangista. Además dispuso una distribución más equitativa de los recursos públicos destinados a la educación privada, que desde el derrocamiento de Frondizi solo beneficiaba a los colegios religiosos católicos: condicionó el pago del aporte estatal al mantenimiento de un número mínimo de alumnos por grado al igual de los colegios oficiales, ya que se había detectado la creación de grados fantasma para incrementar el subsidio, y asumió el control de las planillas de pago. Hasta ese momento el Estado aportaba el 80 por ciento de los salarios que fijaba el estatuto de los docentes pero la iglesia les pagaba según el mas modesto escalafón de los empleados de comercio y disponía la diferencia para otros fines. Virulentas manifestaciones en demanda de la renuncia y excomunión del gobernador recién electo ocuparon las plazas de la Ciudad con imágenes de dragones rampantes y caballeros medievales. Las exigencias se difundían por LV2, La Voz de la Libertad, 1a radio de los golpistas de 1955, y el articulador de la rebelión fue el cura ex comando civil Quinto Cargnelutti, con quien Angelelli ya no tenía los puntos de coincidencia que los habían unido en la resistencia contra Perón.
Para Castellano el gobierno violaba la libertad religiosa […]
El Episcopado vio gérmenes de destrucción y desorden en la ley. El cardenal primado Caggiano afirmó que como administrador de los dineros del pueblo el Estado debía respetar "los anhelos de la mayoría" y que "si falta Dios falta todo". La Comisión Permanente del Episcopado llevó sus reclamos a Illia. El acto programado en la catedral cordobesa contra la ley educativa se convirtió en una muestra de adhesión al arzobispo. Los curas críticos obtuvieron el apoyo de veintiocho sacerdotes y del Seminario. Castellano les recriminó falta de lealtad y obediencia y dijo que la renovación no importaba un cambio total y revolucionario. Angelelli defendió la seriedad intelectual, moral y espiritual de sus sacerdotes: no habían incurrido en cisma, herejía, desobediencia ni rebelión.
Dos meses después, la confrontación recrudeció cuando el sacerdote Milan Viseovich, graduado en Lovaina y Paris, adhirió al plan de lucha de la CGT. La automotriz Kaiser exigió su expulsión como decano de la Facultad de Ciencias Económicas. La Universidad Católica acepto excluirlo de sus cátedras. Viseovich dijo que prefería "la iglesia de la CGT" antes que "la Iglesia de la Bolsa de Comercio" [uno de cuyos principales directivos era Justiniano Allende Posse], que durante dos siglos los cristianos habían hecho de "idiotas útiles del capitalismo liberal" y que existía "una Iglesia de los ricos opuesta a una Iglesia de los pobres".
Horacio Verbitsky, Historia política de la Iglesia Católica. Tomo II: La violencia evangélica, Sudamericana, Buenos Aires, 2008, pp. 184-189.