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dimanche 3 juin 2018

Bala de plata

The Wanderer: Bala de plata

Bala de plata

 Lo que no parecía posible puesto que -pensábamos-, desnudaría la miseria del papa Francisco y su falta de virtudes cristianas, sucedió el sábado último. Aceptó la renuncia de Mons. Héctor Aguer al arzobispado de La Plata y nombró en su a Mons. Víctor "Tucho" Fernandez. Una bala de plata que no solamente será efectiva para matar lo mucho de bueno que quedaba en esa arquidiócesis y en su seminario, sino también para asestar el tiro de gracia al episcopado argentino que quedará definitivamente marcado por la mediocridad y la insignificancia.
Tal como el mismo Mons. Aguer explicó en su homilía de despedida y como completaron otras fuentes, la renuncia fue presentada cuando cumplió 75 años, el 24 de mayo. Siete días después recibió la llamada del encargado de negocios de la Nunciatura para transmitirle las órdenes pontificias: Corpus Christi debía ser su última liturgia pública; se nombraba administrador apostólico a  Mons. Bochatey; debía irse de la arquidiócesis inmediatamente después de la celebración,  no podrá residir en ella como arzobispo emérito, ni tampoco deberá hacer el traspaso de la sede su sucesor Mons "Tucho" Fernández. Al finalizar la misa, el obispo greco-melquita tomó el micrófono y le ofreció a Mons. Aguer su casa para alojarse puesto que, literalmente, no tiene dónde ir (sus planes eran retirarse el ex-seminario menor de La Plata).
Me pregunto si esta desembozada venganza y falta no sólo de virtudes cristianas sino también humanas, y de la más mínima caballerosidad que ha demostrado el papa Francisco, no será también una suerte de bala de plata para él mismo. Mons. Aguer tenía predicamento y era apreciado por la mayor parte de los fieles argentinos debido a la claridad con la que decía las cosas y su valentía en defender el Evangelio, que es justamente lo que los fieles buscan en sus pastores, y no encuentra. En pleno debate por el aborto, la voz de Aguer había sido particularmente clara, y los católicos que están librando una buena batalla encontraban en él un cierto liderazgo. Desplazarlo de un modo tan humillante provocará que muchos de esos fieles terminen de comprender quién es verdaderamente Bergoglio. 
¿Pero quién es el arzobispo electo de La Plata? Víctor Manuel Fernández nació en Alcira Gigena, una pequeña población de la provincia de Córdoba e hizo sus estudios religiosos en el seminario de la diócesis de Río Cuarto. Uno de sus compañeros de ese entonces, y ahora sacerdote en una diócesis cordobesa, me comentaba hace algunos meses: "Fernandez siempre se ocupó de botonear [es una expresión coloquial argentina que significa delatar o acusar a alguien]. Se unía a grupos de conversación donde se criticaba a los formadores, para luego ir a contárselo. Ese fue siempre su modus operandi en el seminario y en su vida presbiteral. Trepó haciendo de buchón del poder [expresión coloquial rioplatense que se aplica a una persona que delata a otra, denunciándola a sus espaldas o contando sus secretos]. Siempre estuvo del lado del poder, pero haciéndose el víctima: "Ay, padre Rector, cómo me preocupan mis compañeros que dicen tal cosa ... me preocupa que no tienen sentido eclesial porque fíjese lo que dicen de usted que es el rector…"; "Ay, monseñor, qué dolor que me producen los sacerdotes Fulano y Mengano. Cómo quisiera que tengan más sentido de unidad diocesana y eclesial , que no critiquen así al obispo (que es usted)". Estas artes y un mediocre doctorado en teología conseguido en la Universidad Católica Argentina, lo llevaron a convertirse rápidamente en el valido del cardenal arzobispo de Buenos Aires, condición que aún ostenta y que ha ocasionado que en la curia vaticana se lo conozca como il coccolato, es decir, el consentido del papa.  Como profesor en la Facultad de Teología porteña no se destacó particularmente por sus méritos intelectuales sino más bien por lograr, con ayuda de sus conocidas habilidades, convertirse en decano de esa Facultad en desmedro del padre Carlos María Galli, teólogo de referencia en Argentina, y a quien le correspondía naturalmente el puesto. Esto sucedió a mediados de 2008 y pronto lanzó su candidatura al rectorado de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Fue propuesto en varias ocasiones para ese cargo por el cardenal Jorge Bergoglio, pero la Sagrada Congregación para la Educación Católica lo rechazó siempre no sólo por el modesto nivel académico del candidato, sino también por las dudas en cuanto a la ortodoxia de su doctrina. El padre Fernández, en efecto, había hecho declaraciones públicas bastante vidriosos y ambiguas cuando se discutía en el Congreso de la Nación la ley del matrimonio igualitario. Pero el arzobispo porteño no se dio por vencido, presionó a oficiales de la curia e incluso, viajó él mismo a Roma para lograr su propósito. Finalmente, el 15 de diciembre de 2009 Tucho Fernández se convertía en rector aunque el juramento de rigor, debido a la oposición romana, recién pudo efectivizarse casi dos años más tarde.