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lundi 22 octobre 2018

Burke: "En la Iglesia hay quien busca una coexistencia fatal con la cultura"

https://infovaticana.com/2018/10/22/burke-en-la-iglesia-hay-quien-busca-una-coexistencia-fatal-con-la-cultura/

Burke: "En la Iglesia hay quien busca una coexistencia fatal con la cultura"
por INFOVATICANA | 22 octubre, 2018

Marco Tosatti

Esta mañana, hacia las 9, he entrado por casualidad en la iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos, cerca de Campo de' Fiori, y he visto una iglesia llena de gente y, en el altar, al cardenal Raymond Leo Burke. En su homilía el purpurado ha citado varias veces a un religioso, Dom Prosper Guèranger, un benedictino francés del siglo XIX, abad de Solesmes.

El cardenal Burke ha aludido al Sínodo de los Jóvenes que se está desarrollando en Roma. Nos hemos ocupado poco del Sínodo, lo haremos en las próximas horas; la impresión es que se trata de uno de los sínodos -y de los eventos eclesiales-, más manipulados y dirigidos por una dirección superior de los últimos decenios. Empezando por la "mano" misteriosa que ha introducido el tema LGBT en el Sínodo mismo, sin que nadie hubiera hablado de ello en la fase preparatoria, obligando al secretario, el cardenal Baldisseri, a parecer un tonto, o a mentir. Una mano más hábil de las que, según algunos, aletean en el Consejo de Ministros, y de la que se ha aprovechado inmediatamente el cardenal Cupich (que no ha sido votado por los obispos americanos, sino que ha sido invitado, a pesar de su vinculación con McCarrick –o, tal vez, precisamente por ella-, por el Pontífice reinante) para hacer sus declaraciones inclusivas, activas y pasivas, de los días pasados.

En la homilía, el cardenal Burke ha dicho: "Nos hemos reunido, en los últimos días, para reflexionar sobre el enorme desafío al que se enfrentan los jóvenes y los jóvenes adultos que viven en la sociedad contemporánea, que es, de muchas maneras, rebelde a Dios y a Su plan para nuestra felicidadAl mismo tiempo, hay quienes dentro de la Iglesia ponen en riesgo la verdad de la doctrina y de la vida moral para alcanzar una coexistencia fatal con una cultura profundamente secularizadaHay algunos, dentro de la Iglesia, a los que les gustaría hacernos creer que la vida del Espíritu Santo dentro de nosotros indica un ideal que no todos pueden alcanzar, y no reconocen que el mismo Espíritu Santo nos da la fuerza de la vida divina, para que así la persona más débil pueda ser capaz de vivir una vida heroicamente cristiana. Dom Prosper Guèranger describe una situación de la Iglesia de su tiempo que se parece de manera notable a nuestra situación. Escribe: 'Hoy, al haber retomado el error, con la connivencia de los bautizados, sus supuestos derechos, la caridad de muchos ha disminuido rápidamente y la noche se extiende de nuevo sobre un mundo frío y que agoniza'. En la Iglesia de hoy, muchos, movidos por las emociones y el sentimentalismo,  confunden el amor hacia el pecador con la permisividad, o incluso con la aprobación del pecadoEn verdad, como demostró Cristo muy claramente en el Evangelio, y como enseña san Agustín, tenemos que amar al pecador pero, al mismo tiempo, debemos odiar el pecado".

Es muy interesante y de gran actualidad otra cita del abad Guèranger, que demuestra claramente que el proceso que estamos viviendo tiene raíces lejanas y profundas. Hablando de la caridad y de la atención que hay que tener por la verdad, escribe: "Su cristianismo se reduce a creer lo menos posible, a declarar inoportunas nuevas definiciones, a limitar de manera presuntuosa el horizonte sobrenatural por respeto al errorDicen que la caridad es la reina de las virtudes y por ella utilizan tal vez incluso la mentira; reconocer al error los derechos que tiene la verdad es, para ellos, la última palabra de la civilización cristiana, que se apoya en el amor… no es un acto de amor poner al mismo nivel el objeto amado y su enemigo mortal", es decir, Dios y la mentira.

El cardenal Raymond Leo Burke es uno de los firmantes de los "Dubia", las peticiones de aclaración sobre algunos pasajes de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, a la que el Pontífice, a dos años de la carta, aún no ha dado respuesta.

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