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mardi 31 décembre 2019

Cartas desde el Purgatorio. Reciclando la Biblia

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Cartas desde el Purgatorio. Reciclando la Biblia
Indigenous representatives of the Amazonian communities perform in front of Pope Francis, on October 4, 2019 in the Vatican gardens before the Amazon synod that will take place on October 6, 2019. - Indigenous communities in the Amazon region will have a voice in the Vatican from October 6, 2019 with a synod of bishops from the nine countries of the Panamanian region to discuss social and environmental issues, including the increasing rate of deforestation in the region. (Photo by Andreas SOLARO / AFP)

La posibilidad de hacer algún que otro viajecillo por la tierra en calidad de alma en pena, no me anula -sino que me incrementa-, la facultad de apreciar las contradicciones de los mortales. Se ven de forma más nítida los pecados, traiciones, chalanerías e hipocresías mundanas que abundan en todos los rincones del planeta. Ya puede uno verlo sin posibilidad de tentación y con un realismo que escapa a los ojos de los vivientes. Y con una serenidad fuera de toda turbación, al estar en otra dimensión.

Entre estas contradicciones, está la de alborotarse y protestar por el hecho de que algún presidente del gobierno, ande trapicheando con los enemigos de su propia nación, con tal de gobernar y destruir aquello que juró defender. Anda en juego una clara traición, en medio de un palabrerío, que exalta el amor y pasión por la "justicia" y la "legalidad".

Sin embargo, muy pocos se escandalizan de que su propio Pastor y Vicario de Cristo (¡¡) destroce sistemáticamente el depósito que debe guardar a toda costa y que también juró defender. Son muchos los que creen que es imposible que elabore enredos, tejemanejes y tambalaches con los enemigos de Cristo. Y que pacte con ellos su investidura, a ver si en algún momento llegara el tan ansiado Nobel de la Paz.

No parece que escandalice que instruya a los niños cristianos a que no conviertan –ni lo intenten siquiera-, a sus compañeros musulmanes o judíos, porque hay que ser tolerantes y respetuosos. Claro que si se encuentra un compañero de pupitre que se haga pis en el césped, deben recriminarle. O si el compañero Agapito se percibe como chica, debe llamarle en adelante Agapita sin mover un músculo facial, pues sería un pecado imperdonable de bullying escolar y objeto de denuncia, por maltratar a la pobre neo-chica. O si viera que en el comedor del colegio no se recicla la basura, debe emplear toda su tolerancia-cero frente a este pecado ecológico de llenar este mundo de desechos y plásticos. En ese caso, el director de dicho colegio, no tendría ya que estar al frente de una institución que corrompe niños, al no enseñarles a diferenciar el contenedor amarillo del verde. Esto es lo que importa. 

Por eso se van imponiendo los pecados ecológicos, que son ahora los nuevos pecados verdes, frente a esas listas interminables de pecados morales –mortales-, que solamente expresan una tendencia quisicosista, atrabilaria y antediluviana propia de otros tiempos. Ahora somos responsables del Planeta y sentimos que la Madre Tierra nos va a pedir cuentas si la maltratamos, aunque ya sabemos –lo ha dicho Francisco-, que eso de que Dios premia a los buenos y castiga a los malos es otra filfa que nos han estado colando sus dignos antecesores. Dignos, pero completamente fuera de onda y "apuntando" fuera de tiesto. Ahora se llevan los pecados con los inmigrantes, o los pecados climáticos o los consumistas o los pecados de venta de armas, siempre que no sea a la Guardia Suiza, claro.

Todo esto no es nuevo y se viene cocinando a fuego lento durante este Glorioso Pontificado. Sin embargo, durante este mi último paseo mundial, me he percatado de que ya se ha movido con fuerza, al modo apisonadora, el elemento que faltaba: es necesario contar con la autoridad bíblica. Sí, aunque parezca mentira, esa misma autoridad de la Biblia que se ha estado pisoteando desde que San Pío X pusiera al descubierto las andanzas y maniobras hermenéuticas del modernismo.

Primero se vio la necesidad de hacer una desmitificación de los milagros. De esta forma, pudimos saber de mano de los propios expertos en Sagrada Escritura, que los milagros no eran más que expresiones del entusiasmo popular que veía con ojos de panoli una realidad completamente diferente. Cuántas veces hemos oído ya –en este Glorioso Pontificado y mucho antes-, que la multiplicación de los panes y los peces (por ejemplo) era cuando menos una especie de ficción imaginativa que les hizo creer que había numéricamente más panes, cuando en realidad lo que se había multiplicado era el deseo de distribuir y participar en una comida conjunta. Se les quitó el hambre, no porque hubiera más panes, sino por el intenso afán y entusiasmo de compartir. De este modo, pasaron a mejor vida los milagros de Jesucristo (perdón, de Jesús de Nazareth) en aras de un mayor realismo que despojaba a los evangelios de exageraciones innecesarias, impropias ya de un cristianismo con una madurez post-conciliar y liberado de atavismos.

Luego vino la re-interpretación de las propias palabras de Jesús. Entre que no había grabadoras (como dijo hace poco un ilustre cerebro con bigote), y que los redactores seguían exagerando los términos, los únicos que podían interpretarlo correctamente eran las mentes pensantes exegetas, que tuvieron la misión divina de ilustrar a todo el pueblo de Dios sobre lo que realmente-quería-decir-Jesús, ya que ellos habían desbrozado los textos hasta llegar a las mismísimas palabras de Cristo. San Mateo o San Lucas o la comunidad presente, no habían plasmado lo que realmente dijo Jesús. Pero tranquilos, porque los cerebros de las Comisiones Teológicas o las Comisisiones Bíblicas, sí que lo saben y así lo imponen a los ignorantes que no han estudiado a fondo como ellos.

A continuación se tuvo que descifrar la misma conciencia de Jesucristo. Y los sabios descubrieron que eso de ser Dios y Hombre hay que tomarlo más despacio. Jesús de Nazareth no tenía ni idea de eso hasta que un día se despertó y se vio elegido por Dios para salvar a los pobres. Y se fue animando y animando, hasta que comenzó a dejar que le llamaran Mesías, por aquello de recibir apoyo moral de los fanáticos que le iban acompañando. Pero ni se le pasó por la cabeza dar doctrina alguna, sino más bien dejar ese trabajo al Pueblo Liberado de la opresión. De ahí que solamente los teólogos de la liberación y la teología del pueblo –por los cuales habla en Espíritu-, sean los únicos capacitados para iluminar el mundo de tinieblas de la teología paulina o escolástica, que no acertó en esa interpretación. Pobrecillos.

En estos días se ha dado el paso que faltaba. Hay que rehabilitar como sea la homosexualidad en la misma Biblia. Y los expertos de turno, han evacuado su dictamen lúcido y clarividente: la Biblia no condena la homosexualidad porque siempre que habla del amor, no especifica sino que solamente dice que es entre dos. Hay que tener en cuenta sus implicaciones éticas y no el hecho mismo de la homosexualidad. Toma ya. Cuando querían los Sodomeses (para no decir la maldita palabra) y los Gomorritas (idem) cercar a Lot y los suyos, en realidad fue porque eran extranjeros, no porque fueran culturalmente distintos y se percibieran como maricas. De ahí que Dios destruyó la ciudad a base de lluvia de fuego, por no acoger al inmigrante. Si hubiera sido por el pecado nefando (perdón), seguro que Dios les habría mandado un Arco Iris.

En mi sesión de terapia purgativa de esta semana, hemos analizado el texto de la Pontificia Comisión Bíblica, con lupa atemporal. Estamos seguros de que en la próxima entrega la susodicha comisión llegará a justificar que Onán era en realidad un sentimental romántico, las codornices que Dios mandó al desierto eran vegetales volátiles, los apóstoles no eran en realidad pescadores, sino medioambientalistas del Tiberíades o que el agua de las tinajas de Caná de Galilea estaba sin depurar y por eso les supo a vino.

Es cuestión de tiempo.


dimanche 29 décembre 2019

Le chemin synodal vers une Eglise nationale allemande (9) : les Statuts synodaux

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Le chemin synodal vers une Eglise nationale allemande (9) : les Statuts synodaux
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La Conférence épiscopale allemande (DBK) et le Comité central des catholiques allemands (ZdK) ont commencé un « chemin synodal » le dimanche 1er décembre 2019. Les articles précédents ont montré l'intention révolutionnaire qui anime la DBK épaulée par le ZdK. Le pape François est intervenu le 29 juin 2019 par une Lettre à l'Eglise d'Allemagne. La Curie a réagi à son tour. Mais cela n'a en rien affecté les préparatifs de l'événement.

Profitant de la réaction de la Curie, deux évêques allemands ont tenté d'infléchir l'étrange direction prise par le chemin synodal, en proposant une autre méthode. Il s'agit de Mgr Rudolf Voderholzer, évêque de Ratisbonne, et du cardinal Rainer Maria Woelki, archevêque de Cologne.

Une contre proposition rejetée

Les deux évêques qui s'étaient fortement opposés au chemin synodal peu après son annonce, profitant de la Lettre au peuple de Dieu cheminant en Allemagne du pape François, et surtout des critiques de la Curie, ont réagi lors de la réunion de la DBK le 19 août 2019. Mgr Rudolf Voderholzer a critiqué la préparation de cette initiative et mis en garde contre le risque de tomber « dans le caniveau de la division » (Entretien du 15 septembre 2019).

Dans le même entretien, il explique comprendre la nécessité des réformes et l'urgence de prendre un nouveau départ dans la foi : « Une nouvelle orientation vers le Christ – et c'est le seul sens d'une "réforme" dans la perspective biblique – est toujours nécessaire ». Mais ce qui est proposé dans la perspective de la "voie synodale", c'est « l'abandon du profil catholique et l'abandon d'éléments importants dans l'Eglise ».

Mgr Voderholzer a ajouté qu'avec le cardinal Rainer Maria Woelki de Cologne, il avait soumis au conseil permanent de la Conférence épiscopale allemande, lors de la réunion du 19 août, un projet de Statuts alternatifs qui avait été rejeté par une majorité d'évêques. Ce projet s'inspirait des normes du pape François et prenait en compte toutes les critiques du cardinal Marc Ouellet, préfet de la Congrégation pour les évêques, dans sa lettre au cardinal Reinhard Marx.

Quelques jours plus tard, l'évêque de Ratisbonne ajoutait dans une nouvelle déclaration que l'orientation thématique de la "voie synodale" n'atteignait pas la réalité de la crise en Allemagne. Le fond du processus engagé est « malhonnête » et « pseudo-scientifique ». C'est la raison pour laquelle il a voté contre le projet de Statuts – ainsi que le cardinal Woelki –, et qu'il se réserve le droit « de se retirer complètement si nécessaire après les premières séances ».

Les Statuts du chemin synodal

Mais ces protestations n'ont pas empêché la réunion plénière de la DBK, tenue à Fulda le 25 septembre 2019, de voter, à une forte majorité, l'approbation des Statuts de la "voie synodale". Ces mêmes Statuts furent enfin approuvés par l'Assemblée plénière du ZdK, le 22 novembre 2019, ce qui avait valeur d'acceptation définitive.

Pas d'approbation romaine

Ces Statuts n'ont visiblement pas reçu d'approbation romaine. Ni la DBK, ni le ZdK n'en font état, et nulle part il est fait mention que cette approbation ait été demandée. Les organisateurs, qui jouent la carte de la transparence, n'en disent aucun mot.

De plus, il est précisé que ces Statuts ont été « adoptés définitivement » après que l'Assemblée plénière du ZdK les ait approuvés. On voit mal le cardinal Marx faire ensuite une demande d'approbation officielle auprès de la Curie. D'autant que le projet, si fortement critiqué par cette dernière, n'a en rien été modifié sur les points litigieux.

Mais surtout, dans l'esprit des protagonistes de la dynamique synodale, une telle sanction par l'autorité romaine n'est guère nécessaire. Le cardinal Marx l'a expliqué : le chemin synodal est un « processus sui generis » qui ne doit en aucun cas être interprété « à travers le prisme des instruments du droit canonique », et qui ne nécessite donc pas d'autorisation particulière.

Il est ainsi loisible de mesurer le chemin parcouru depuis le synode conjoint de Wurtzbourg, auquel ce "chemin synodal" emprunte tant d'éléments. Les évêques allemands avaient alors demandé une approbation romaine, qu'ils avaient obtenue. Cinquante ans plus tard, il n'en est plus question.

Préambule

Un des seuls passages qui a été quelque peu rectifié est le préambule des Statuts. La mention que le ZdK participe à la voie synodale « pour autant que l'ouverture de la consultation et le caractère contraignant des décisions soient garantis » (Protocole, page 1, n°3) a été supprimée.

En revanche, ce préambule met en avant la Lettre du pape François qui « nous a encouragés à "embrasser la primauté de l'évangélisation" et à relier la dimension spirituelle du chemin synodal aux défis structurels ». Cette assertion apparaît frauduleuse, puisque les deux seules fois où le mot « structurel » se rencontre dans le texte de la Lettre (au n°5), il est utilisé pour mettre en garde les Allemands contre la tentation de tout solutionner en modifiant les structures.

Le préambule réaffirme la singularité du "chemin synodal" et la responsabilité exclusive de la DBK et du ZdK : « La Conférence épiscopale allemande et le Comité central des catholiques allemands se sont mis d'accord sur les Statuts suivants, qui décrivent une voie synodale particulière, dans le cadre de leur responsabilité commune pour le Chemin synodal ».

But du processus

L'article 1 expose quelle est la « mission » à accomplir : « La voie synodale de l'Eglise catholique en Allemagne vise la recherche commune de mesures pour renforcer le témoignage chrétien. L'objectif est de clarifier les questions centrales et les champs d'action ».

Pour cela, il faut marcher dans les quatre directions indiquées par les forums de discussion : « Pouvoir et séparation des pouvoirs dans l'Eglise – participation commune et participation au mandat missionnaire » ; « L'existence sacerdotale aujourd'hui » ; « Les femmes dans les ministères et les offices de l'Eglise » ; « La vie dans les relations réussies – L'amour vécu dans la sexualité et le partenariat ».

Comme cela a été nettement et justement souligné par le Conseil pontifical pour l'interprétation des textes législatifs, ces thèmes relèvent en très grande partie – si ce n'est en totalité – de l'Eglise universelle. Mais cela n'effraie personne au sein du chemin synodal…

Pr Thomas Sternberg, président du ZdK et le cardinal Reinhard Marx, président de la DBK

Structure du chemin synodal

Les Statuts décrivent quatre éléments participant à divers titres à l'événement synodal : l'Assemblée synodale, la Présidence synodale, la Présidence élargie, les forums synodaux. Un examen attentif de ces éléments est nécessaire.

L'Assemblée synodale

Elle se compose de tous les membres de la DBK (69 évêques) et de 69 membres du ZdK, afin d'assurer une parfaite parité entre évêques et laïcs. S'y ajoutent 10 religieux représentant les diverses familles religieuses (2 prêtres, 1 frère et 7 religieuses) ; 27 prêtres représentants les conseils diocésains ; 15 jeunes âgés de moins de 30 ans et non membres du ZdK (mais nommés par ce dernier : 11 femmes et 4 hommes) ; 4 diacres permanents ; 4 représentants de l'Association allemande des agents pastoraux (2 hommes et 2 femmes) ; 4 représentants de la Fédération des responsables paroissiaux (1 homme et 3 femmes) ; 3 représentants de la Journée de la Faculté de théologie catholique (1 homme et 2 femmes) ; 3 représentants des nouvelles communautés spirituelles (3 femmes) ; 2 vicaires généraux ; une dizaine de membres désignés par la DBK et une autre dizaine par le ZdK. Les précisions ajoutées entre parenthèses décrivent la composition actuelle, telle qu'elle donnée sur le site du chemin synodal.

Il est précisé qu'« il faut viser une représentation équitable des sexes et des générations ».

L'Assemblée composée selon ces critères comporte à ce jour 227 membres désignés. Parmi eux : 105 clercs (69 évêques, 32 prêtres et 4 diacres) et 122 laïcs, dont 70 femmes.

L'Assemblée synodale est l'organe suprême qui prend les décisions. Tous ses membres y ont un droit de vote égal.

Présidence synodale

Les deux présidents du Chemin synodal sont le président de la DBK – en l'occurrence le cardinal Marx – et le président du ZdK – le Pr Thomas Sternberg. Leur sont associés le vice-président de la DBK et celui du ZdK. La présidence élargie ajoute aux précédents les deux présidents des forums synodaux et deux "guides spirituels" : le jésuite Bernd Hagenkord et la théologienne Maria Boxberg.

Forums synodaux

Les forums – qui ont été constitués dès le mois d'avril pour élaborer les documents de travail – peuvent être comparés à des commissions préparatoires. Ils étaient composés chacun de 10 membres désignés par la DBK et de 10 membres du ZdK.

Les membres des forums du chemin synodal après son commencement, seront élus par l'Assemblée synodale, et compteront environ trente membres chacun. Ils seront chargés de soumettre les propositions concrètes aux délibérations de l'Assemblée, sous la responsabilité de la Présidence.

Prise de décision

Les décisions du Chemin synodale devront être prises à une double majorité des deux tiers : celle des deux tiers des membres présents de l'Assemblée synodale et celle des deux tiers des membres présents de la DBK. Il s'agit de l'un des rares points modifiés après l'examen des Statuts par Rome.

Mais il est surtout précisé que « les résolutions de l'Assemblée synodale n'ont pas d'effet juridique de leur propre chef. L'autorité de la Conférence épiscopale et des évêques diocésains d'émettre des normes juridiques et d'exercer leur autorité pédagogique dans le cadre de leurs compétences respectives n'est pas affectée par ces résolutions ».

Ce 5e alinéa de l'article 11 semble bien être une défaite du ZdK qui n'avait accepté de participer au Chemin synodal qu'à la condition expresse que les décisions y soient « contraignantes ». Mais à y bien réfléchir, cette condition n'a pas besoin d'être exprimée.

En effet, l'autorité de la Conférence épiscopale sera moralement engagée par les décisions prises. De plus, en dehors de Mgr Voderholzer et du cardinal Woelki, aucun évêque ne cherche à s'opposer au processus, bien au contraire. Isolés, les deux prélats auront-ils la force morale pour s'opposer à toute une conférence épiscopale et à l'opinion publique ?

Des états généraux

Le Peuple de Dieu en Allemagne est maintenant lancé dans une aventure qui a pris la tournure d'états généraux… sans convocation légitime, mais avec l'approbation tacite de François. Le clergé et le laïcat se réunissent en dehors de toute règle canonique pour aborder des sujets qui dépassent largement les compétences de leur conciliabule. Ils apportent dans leurs cartons des textes – les documents de travail des forums – qui sont à même de réduire à rien la divine constitution de l'Eglise et la morale de Jésus-Christ.

Une guillotine sera-t-elle bientôt dressée, et pour qui ?


Les 50 ans de la nouvelle messe : Dom Guéranger et le mouvement liturgique (2)

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Les 50 ans de la nouvelle messe : Dom Guéranger et le mouvement liturgique (2)
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L'abbaye de Solesmes, restaurée et rendue célèbre par Dom Guéranger.

Il y a un demi-siècle, le pape Paul VI imposait à toute l'Eglise une réforme liturgique au nom du Concile qui venait de s'achever. Ainsi naissait la messe de Vatican II. Elle fut aussitôt rejetée par deux cardinaux et, depuis, l'opposition à son encontre n'a pas faibli. Ce triste anniversaire est l'occasion de retracer son histoire.

Avant de considérer la réforme liturgique de Paul VI et la nouvelle messe, il convient de parcourir l'histoire du missel romain, car cette réforme se veut le développement homogène du passé. Ce qui est absolument contestable. Le recul historique permet de le voir aisément.

Les quatre premiers articles nous ont amenés au XIXe siècle, à dom Guéranger et à son œuvre magnifique de rétablissement de la liturgie romaine, prélude et commencement du mouvement liturgique. Il y a cependant dans l'œuvre du fondateur de Solesmes, un passage remarquable qui s'insère avec bonheur dans l'étude de la nouvelle messe.

L'hérésie anti-liturgique

Au chapitre quatorzième du premier livre des Institutions liturgiques, Dom Guéranger caractérise l'esprit anti-liturgique dans ses diverses manifestations en parlant d'hérésie. Par ce terme, qui rebutait le père Lacordaire qui le comprenait au sens strict, il n'entendait pas la négation ou le refus de vérités de foi révélées.

Sous le nom d'hérésie anti-liturgique, Dom Guéranger décrit un esprit, une attitude qui « se porte l'ennemie des formes du culte ». Elle procède essentiellement par voie de négation et de destruction, ce qui inclut toute transformation qui bouleverse au point de défigurer. Elle procède toujours d'une raison profonde, qui vise les croyances elles-mêmes, en raison du lien intime entre la liturgie et le credo.

Dom Guéranger n'hésite pas à qualifier de sectaires ceux qui œuvrent à détruire la liturgie à quelque époque que ce soit. Certes, dans la plupart des cas, ils ne sont pas organisés entre eux. Mais leur action procédant d'un même mobile, dom Guéranger n'hésite pas à les regrouper sous l'appellation générale de secte.

L'auteur des Institutions liturgiques en découvre les premières manifestations chez Vigilance, un prêtre gaulois né vers 370. Il critiquait le culte des reliques des saints ainsi que le symbolisme des cérémonies, attaquait le célibat des ministres sacrés et la vie religieuse, « le tout pour maintenir la pureté du christianisme ».

Dom Guéranger parcourt l'histoire de l'Eglise et s'arrête au protestantisme, dans lequel il découvre comme une quintessence de l'hérésie anti-liturgique. C'est pourquoi il propose une systématisation de cette attitude en douze points. L'intérêt capital de cette description est de fournir un moyen sûr pour débusquer cette hérésie là où elle se cache, et une clef pour comprendre la révolution liturgique entreprise par le concile Vatican II.

Un esprit novateur qui rejette la Tradition

« Le premier caractère de l'hérésie anti-liturgique est la haine de la Tradition dans les formules du culte divin ». La raison en est lumineuse : « Tout sectaire voulant introduire une doctrine nouvelle, se trouve infailliblement en présence de la Liturgie, qui est la tradition à sa plus haute puissance, et il ne saurait avoir de repos qu'il n'ait fait taire cette voix, qu'il n'ait déchiré ces pages qui recèlent la foi des siècles passés ». Le modernisme, voulant introduire ses doctrines pernicieuses, ne pouvait pas faire l'impasse sur la liturgie : il fallait la corrompre ou ne pas aboutir.

Le deuxième principe, selon dom Guéranger, est de vouloir remplacer les formules de style ecclésiastique par des lectures de l'Ecriture sainte. Cela permet de faire taire la voix de la tradition que la secte redoute par-dessus tout ; et cela fournit un moyen de propager ses idées par voie de négation ou d'affirmation. Par voie de négation : « en passant sous silence, au moyen d'un choix adroit, les textes qui expriment la doctrine opposée aux erreurs qu'on veut faire prévaloir ; par voie d'affirmation, en mettant en lumière des passages tronqués qui ne montrent qu'un des côtés de la vérité ».

Ce principe a été appliqué dans le Novus ordo missae promulgué par Paul VI : par l'ajout de textes de l'Ecriture sainte d'une part, et par la suppression ou la modification des très anciennes et vénérables oraisons du missel romain. Ce point mériterait un livre. Quatre exemples : la suppression de l'offertoire romain, considéré comme une « doublon » ; l'expression du mépris des choses de ce monde – despicere terrena – qui se rencontrait au moins 15 fois dans le missel tridentin, et qui ne se trouve plus qu'une seule fois dans le nouveau missel ; la disparition de la mention de l'âme dans la messe de requiem ; et enfin la suppression d'une partie du Kyrie.

Le troisième principe consiste à fabriquer et introduire des formules diverses pour favoriser les innovations. C'est le cas des trois nouveaux canons de la messe de la réforme de Paul VI. Le deuxième canon est une reconstitution hasardeuse d'une ancienne prière composée par un auteur que l'on a présenté comme saint Hippolyte, mais dont, à ce jour, on ne sait pas vraiment de qui il s'agit. Le canon numéro 4 a été entièrement rédigé par un liturgiste, qui a terminé son travail sur le coin d'une table de bistrot. Mentionnons encore le changement introduit dans les rites des sept sacrements, qui tous ont été révisés. Du jamais vu dans l'histoire de l'Eglise !

Le quatrième principe des tenants de la secte anti-liturgique est « une habituelle contradiction avec leurs propres principes ». Tout le passage serait à citer tant il décrit nos modernes liturges. « Ainsi, tous les sectaires, sans exception, commencent par revendiquer les droits de l'antiquité [ce que Pie XII condamne chez les modernes comme « archéologisme »] ; ils ne veulent rien que de primitif, et prétendent reprendre au berceau l'institution chrétienne. A cet effet, ils élaguent, ils effacent, ils retranchent, tout tombe sous leurs coups, et lorsqu'on s'attend à voir reparaître dans sa première pureté le culte divin, il se trouve qu'on est encombré de formules nouvelles qui ne datent que de la veille, qui sont incontestablement humaines, puisque celui qui les a rédigées vit encore ».

Le cardinal Louis-Edouard Pie, grand ami et soutien de Dom Guéranger.

Un esprit rationaliste

Le cinquième principe veut « retrancher dans le culte toutes les cérémonies, toutes les formules qui expriment des mystères ». Il est connu que les néo-liturges ont voulu rendre la liturgie « accessible », en favorisant une « participation active ». Dom Guéranger continue : « Il n'y a plus d'autel, mais simplement une table ; plus de sacrifice, comme dans toute religion, mais seulement une cène ; plus d'église, mais seulement un temple, comme chez les Grecs et les Romains ; plus d'architecture religieuse, puisqu'il n'y a plus de mystères ; plus de peinture et de sculpture chrétiennes, puisqu'il n'y a plus de religion sensible ; enfin, plus de poésie dans un culte qui n'est fécondé ni par l'amour, ni par la foi ». La folie iconoclaste qui a suivi le Concile est le témoin irrécusable qui confirme cette analyse. Quant à l'architecture et à l'art liturgiques véritables, ils ont vécu.

Le sixième principe énonce que la suppression des choses mystérieuses produit « l'extinction totale de cet esprit de prière qu'on appelle onction dans le catholicisme ». La révolution liturgique postconciliaire a produit un affaiblissement de la foi et avec elle un assèchement de la piété, qui s'est vérifié par la chute vertigineuse de la pratique sacramentelle.

Le septième principe exclut le culte de la Vierge et des saints. Ce principe, qui illustre parfaitement ce qui s'est passé dans le protestantisme, ne s'est pas manifesté avec la même vigueur dans la réforme actuelle. Mais il existe, chez les liturges modernes, une dépréciation du culte marial et du culte des saints, ainsi que des formes par lesquelles ils se manifestent. Du fait de l'attachement profond de certaines régions catholiques à ces dévotions, sa manifestation reste limitée et variable selon les lieux.

Le huitième principe est ainsi formulé par dom Guéranger : « La réforme liturgique ayant pour une de ses fins principales l'abolition des actes et des formules mystiques, il s'ensuit nécessairement que ses auteurs devaient revendiquer l'usage de la langue vulgaire dans le service divin. Aussi est-ce là un des points les plus importants aux yeux des sectaires ». Le moine bénédictin poursuit : « Avouons-le, c'est un coup de maître du protestantisme d'avoir déclaré la guerre à la langue sainte ; s'il pouvait réussir à la détruire, son triomphe serait bien avancé. Offerte aux regards profanes, comme une vierge déshonorée, la Liturgie, dès ce moment, a perdu son caractère sacré, et le peuple trouvera bientôt que ce n'est pas trop la peine qu'il se dérange de ses travaux ou de ses plaisirs pour aller entendre parler comme on parle sur la place publique ». Que les autorités ecclésiastiques daignent reconnaître que l'avertissement du fondateur de Solesmes fut prophétique.

Conséquences privées et sociales

Au neuvième principe, l'auteur montre qu'« en ôtant de la Liturgie le mystère qui abaisse la raison, le protestantisme n'avait garde d'oublier la conséquence pratique, savoir l'affranchissement de la fatigue et de la gêne qu'imposent au corps les pratiques de la Liturgie. (…) Plus de jeûne, plus d'abstinence ; plus de génuflexion dans la prière ; pour le ministre du temple plus de prières canoniales à réciter au nom de l'Eglise ». Le résultat en est la diminution de « la somme des prières publiques et particulières ».

Le dixième principe refuse la puissance papale. Si ce refus est catégorique et définitif dans le protestantisme, il n'en est pas moins vif chez le moderniste. Aujourd'hui le courant qui cherche à dépouiller la papauté de ses prérogatives – déjà à l'œuvre à travers les textes du Concile sur la collégialité – a repris de la vigueur avec la complicité du pape lui-même qui entend toujours plus « décentraliser ».

Le onzième principe affirme que l'hérésie anti-liturgique a besoin « de détruire en fait et en principe tout sacerdoce ». Là encore, le protestantisme a été radical. Mais le modernisme, en assimilant le sacerdoce commun des fidèles et le sacerdoce ordonné, en ne les distinguant plus que comme des degrés d'un même sacerdoce, obtient de fait le même résultat. Chez les protestants, il n'y a plus que des laïcs, parce qu'il n'y a plus de liturgie sacrée. Chez les modernistes, les prêtres accomplissent quasi à égalité avec l'assemblée une liturgie défigurée.

Le douzième principe correspond à la soumission du protestantisme aux pouvoirs temporels, par la perte du centre unificateur que sont Rome et le Pape. Dans le modernisme, il se traduit par une force centrifuge qui tend à séparer les Eglises nationales les unes des autres. Cela s'incarne par la langue liturgique passée au vernaculaire, par les pouvoirs de plus en plus décentralisés, par l'esprit démocratique s'infiltrant sous le couvert de la synodalité. Une mise en œuvre grandeur nature de ce principe s'accomplit aujourd'hui en Allemagne à travers le "chemin synodal".

La profonde connaissance de la liturgie catholique et le grand amour qu'il lui portait, ont permis à dom Guéranger d'en saisir toute la grandeur. Par contraste, ils l'ont amené à dégager les constantes de l'esprit anti-liturgique. Son œuvre offre un précieux diagnostic pour notre temps, témoin d'une véritable rage de destruction de la liturgie catholique.


Homilía: La Luz o las Tinieblas

Ver "L'œcuménisme et l'encyclique Mortalium Animos (1)"

Ver "Le Ralliement de l'Église (Henri Brière)"

Ver "CATHOLIC RESTORATION: The Last Crusade"

samedi 28 décembre 2019

¿Es el diaconado permanente de hombres casados un caballo de Troya para atacar al sacerdocio sagrado?

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¿Es el diaconado permanente de hombres casados un caballo de Troya para atacar al sacerdocio sagrado?

El sínodo pan-amazónico ha hecho realidad los temores de ciertos Padres del Concilio Vaticano II de que la creación del diaconado permanente de hombres casados socavaría, y eventualmente aboliría, la sagrada Tradición del celibato sacerdotal en la Iglesia Latina. El documento final del sínodo amazónico propone que los diáconos permanentes sean ordenados sacerdotes:

"… proponemos establecer criterios y disposiciones por parte de la autoridad competente, en el marco de Lumen Gentium 26, para ordenar como sacerdotes hombres aptos para ello y que sean reconocidos por la comunidad, que sean diáconos permanentes fructíferos y que reciban una formación adecuada para el sacerdocio, incluso si tienen una familia legítimamente constituida y estable… Con respecto a esto, algunos desearían que el tema se abordara de manera universal ". (Documento Final, 111.)

Durante la votación del Documento Final, 128 participantes del sínodo votaron para poner fin al celibato obligatorio en la Amazonía, con la posibilidad de una aplicación universal. (41 votaron en contra). Esto marca un ataque fundamental contra la sagrada Tradición del celibato sacerdotal obligatorio en toda la Iglesia Latina. (Esta Tradición sagrada ya se había debilitado por la admisión al sacerdocio del clero casado de la Iglesia de Inglaterra al convertirse a la Fe Católica o a través del Ordinariato Personal.)

La Iglesia ha valorado el celibato sacerdotal desde los tiempos apostólicos, entendiendo su significado a través de la eclesiología nupcial paulina de Efesios 5:29 que describe a Cristo alimentando y queriendo a su Esposa, la Iglesia, como un esposo alimenta y quiere a su esposa. El Papa San Juan Pablo II recurrió a esta eclesiología nupcial para defender la Sagrada Tradición del celibato sacerdotal en la Iglesia Latina:

"Pero la voluntad de la Iglesia encuentra su máxima motivación en el vínculo entre el celibato y la ordenación sagrada, que configura al sacerdote para Jesucristo como cabeza y cónyuge de la Iglesia. La Iglesia, como esposa de Jesucristo, desea ser amada por el sacerdote de la misma manera total y exclusiva en la que Jesucristo, su cabeza y su esposo, la amaron. El celibato sacerdotal, entonces, es el don de sí mismo en y con Cristo a su Iglesia, y expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Señor."(Papa San Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 29).

La abolición del celibato sacerdotal obligatorio en la Iglesia Latina, mediante la elevación de hombres casados diáconos permanentes al sacerdocio, sería un ataque directo a la manifestación sacramental del amor nupcial de Cristo por su Iglesia. La pregunta es, después del sínodo amazónico, ¿fue siempre el fin del celibato sacerdotal el objetivo de aquellos que agitaron el Vaticano II para introducir del diaconado permanente de hombres casados?

La influencia de Karl Rahner SJ

El padre Karl Rahner, SJ, encabezó la campaña para incluir el diaconado permanente en la agenda del Vaticano II. Durante la década de 1950, Rahner colaboró con trabajadores sociales alemanes en su ciudad natal de Friburgo, en Breisgau, en el desarrollo de un ministerio proto-diaconal. Más tarde, aprovechó su posición como perito en la Comisión preparatoria de disciplina de los Sacramentos del Vaticano II para convertirse en la fuerza impulsora de la inclusión del diaconado permanente en el esquema de Lumen Gentium. Con este fin, Karl Rahner, SJ, e Yves Congar, OP, elaboraron la Solicitud formal para restaurar el diaconado como una Orden Permanente, presentada a los Padres del Vaticano II.

En su ensayo de 1962, "La teología de la restauración del diaconado," Rahner reconoce los temores de que un diaconado permanente de hombres casados podría socavar el celibato sacerdotal, pero descarta estas preocupaciones de inmediato:

"Tampoco debemos temer que la posición de estos diáconos casados pueda usarse para relajar o atacar el celibato sacerdotal. Si existiera algún peligro de que esto ocurriera, la existencia de sacerdotes casados en las Iglesias Uniatas del Este también debería ser un peligro para el celibato de los sacerdotes en la Iglesia Latina, o deberían surgir serias dificultades por la coexistencia de obispos célibes y sacerdotes casados en las Iglesias Orientales. Además, ninguno de los fieles en la Iglesia Latina tiene ninguna dificultad para ver que el celibato tiene una afinidad especial con el sacerdocio como tal, y ciertamente distinguen el deber y la dignidad de los diáconos tan claramente de los deberes y la dignidad del sacerdote que ellos tampoco tienen la sensación de que si los diáconos se casaran, entonces a los sacerdotes también se les debería permitir casarse… "(Karl Rahner SJ, Investigaciones teológicas, vol. 5, p. 295).

Retrospectivamente, cincuenta y siete años después, la afirmación de Rahner de que no debemos temer que el diaconado permanente de hombres casados se relaje o ataque el celibato sacerdotal ha estado manifiestamente equivocada: la coexistencia de diáconos permanentes casados y sacerdotes célibes ha llevado claramente a serias dificultades en las mentes de la mayoría de los participantes en el sínodo. Parecen haber olvidado la afinidad especial entre el celibato y el sacerdocio, y que la comprensión de la Iglesia Latina de los deberes y la dignidad del sacerdote excluye el estado matrimonial.

En su ensayo de 1968, "Sobre el diaconado", Rahner muestra una tergiversación adicional por su parte al distinguir entre los deberes y la dignidad del presbiterio y el diaconado:

"No es normal (es decir, legítimo en las circunstancias ordinarias que prevalecen en una comunidad cristiana) que el diácono tenga el poder de presidir la liturgia eucarística. Si bien es cierto que esto no constituye simplemente en sí mismo el contenido del oficio sacerdotal o el punto de partida teológico básico para definir su naturaleza, aún así este poder es, después de todo, propio del oficio sacerdotal y seguramente seguirá siéndolo. en el futuro… "(Karl Rahner SJ, Investigaciones teológicas. Vol. 12, p. 67.)

Esta tergiversación se introduce mediante el uso de calificativos como "no es normal" y "circunstancias ordinarias". Rahner está tratando de introducir la posibilidad de excepciones a la reserva de presidir la eucaristía al sacerdote, para incluir diáconos permanentes en circunstancias inusuales y extraordinarias. Además, el hecho de que él no ve el punto de partida para definir la naturaleza del sacerdocio como el poder de consagrar la Eucaristía, muestra que ya se está alejando de la comprensión Católica tradicional del sacerdocio, tal como se resume en el Vaticano II,

'Es en el culto eucarístico o en la asamblea eucarística de los fieles (sinaxis) cuando ejercen en grado supremo su oficio sagrado; allí, actuando en la persona de Cristo y proclamando su misterio … "(CCC 1566; Lumen Gentium, 28.)

El ensayo de Rahner de 1968 es una sugestiva evidencia de que en algunos círculos la restauración del diaconado permanente ya se había convertido en la ocasión para "repensar" el sacerdocio sagrado.

En 1970, el p. Karl Rahner – junto con el p. Joseph Ratzinger, el p. Walter Kasper, el p. Karl Lehman y el p. Rudolf Schnackenburg, entre otros –  firmó una declaración dirigida a los obispos alemanes para pedir el fin del celibato sacerdotal obligatorio y la ordenación de viri probati:

"Si ante las 'reservas más serias', el papa mismo de forma evidente no rechaza la idea de la ordenación de los hombres casados mayores ('viri probati') desde el principio y simplemente como fuera de cuestión (después de todo es algunos casos ya se practica), entonces se afirmaría de este modo que nuevas consideraciones podrían hacer reevaluar [überprüfen] la ley y la práctica del celibato que han existido hasta ahora."(Memorándum sobre la discusión del celibato).

Este memorándum muestra la misma tergiversación hacia los deberes y la dignidad del sacerdocio que Rahner demostró en su ensayo de 1968. Los firmantes argumentaron que la falta de sacerdotes y el imperativo misionero les llevó a preguntarse "si la antigua forma en que se realizó la vida sacerdotal, puede ser y debe seguir siendo la única forma de vida en la Iglesia Latina" (Joseph Ratzinger luego cambió de opinión, convirtiéndose en un firme defensor de la teología del celibato sacerdotal. Sin embargo, su permiso para que los vicarios casados de la Iglesia de Inglaterra fueran ordenados sacerdotes sugiere que mantuvo una inclinación al modelo de los años 70, debilitando así la Tradición del celibato sacerdotal.)

Finalmente, en su última entrevista publicada antes de su muerte en 1984, Karl Rahner defendió explícitamente excepciones al celibato sacerdotal obligatorio:

"Sería una pena si alguna vez hubiera una Iglesia donde la locura celestial no llevara a las personas a renunciar al matrimonio por el bien de Cristo. Por esa razón, es apropiado tener y querer un clero célibe. Ahora bien, esto, que después de todo es un principio, no el principio de la Santa Iglesia, se ha extendido de manera extremadamente mecánica. El hecho de que deba haber un clero célibe, no significa que el sacerdote en un pueblo de montaña de mil seiscientos metros de altura deba ser célibe. En la Iglesia Católica, nadie exige, solo porque tengamos un clero célibe, que los católicos orientales no tengan sacerdotes casados "(Karl Rahner, Faith in a Winter Season, p.196).

En poco más de veinte años, Karl Rahner pasó de argumentar que nadie debería temer que los diáconos casados permanentes pudieran conducir a una relajación o supusieran un ataque contra el celibato sacerdotal obligatorio, a abogar por sacerdotes casados junto a sacerdotes célibes. En 1962, Rahner argumentaba que "la coexistencia de obispos célibes y sacerdotes casados en las Iglesias orientales" era una prueba de que los diáconos casados podían ser presentados junto con sacerdotes célibes sin ninguna preocupación. En 1984, ya estaba utilizando el ejemplo de sacerdotes casados en las Iglesias orientales para abogar por sacerdotes casados en la Iglesia Latina.

Temores de los Padres del Concilio acerca del Diaconado Permanente de hombres casados

Este debilitamiento de la sagrada Tradición del celibato sacerdotal en la Iglesia Latina fue exactamente lo que los Padres del Concilio que se oponían a la restauración del diaconado permanente temían que sucediera.

Incluso antes de que se reuniera el Concilio, surgieron comentarios preocupados sobre el impacto de un diaconado permanente de hombres casados durante el debate sobre el tema por parte de la Comisión de disciplina de los Sacramentos. William Ditewig escribe que de los diez obispos que discutieron la posibilidad de incluir la propuesta en el esquema, seis expresaron serias preocupaciones sobre la ordenación de hombres casados al diaconado, "principalmente por los efectos que vieron que esto tendría en la ley del celibato sacerdotal." El arzobispo Lefebvre también expresó la preocupación de que "existe el peligro de que disminuyan las vocaciones al sacerdocio en favor de un diaconado  de casados." (William Ditewig, "El diaconado emergente," p.108.)

Durante el debate en el Concilio sobre la restauración del diaconado permanente, (4 al 16 de octubre de 1963), la propuesta general fue rechazada por una minoría de veinticinco oradores que representaban a un grupo de ochenta y dos padres, incluyendo al cardenal Ottaviani y al cardenal Spellman. Gerard Philips describe el motivo principal de su oposición de la siguiente manera:

"Otros consideraron que la creación de diáconos casados sería un ataque a la ley del celibato eclesiástico, que había sido ensalzada en la Iglesia Latina durante muchos siglos. Esta fue la causa fundamental de la inquietud, como se reveló durante el debate." (Gerard Philips en Herbert Vorgrimler (ed.), Comentario sobre los documentos del Vaticano II. Vol. 1, p. 118.)

Por ejemplo, el cardenal Antonio Bacci argumentó que los diáconos casados eran "peligrosos para el celibato sacerdotal y las vocaciones sacerdotales … Instó firmemente al Concilio a eliminar la noción de un diaconado de hombres casados." En la votación final para conceder el diaconado permanente a hombres maduros casados en el año 1964, 1.598 votaron a favor, 629 votaron en contra. (William Ditewig, Op. Cit., P.112; 118.)

En conclusión, y como comentario personal, me siento alarmado ante el sínodo amazónico que propone que los diáconos permanentes de hombres casados ​​sean ordenados sacerdotes. He servido a la Iglesia como diácono permanente casado durante más de catorce años, incluso como director de vocaciones y formación diocesana y jefe de formación diaconal para un colegio nacional de teología. Que el diaconado permanente esté siendo utilizado por el sínodo amazónico para, en palabras de Rahner, relajar o atacar el celibato sacerdotal me preocupa mucho. Si Francisco acepta esta propuesta, esto no solo destruiría inevitablemente el celibato sacerdotal obligatorio en toda la Iglesia Latina, sino que también destruiría el diaconado permanente, convirtiéndolo en una etapa transitoria hacia la ordenación sacerdotal.

Apelo a mis hermanos diáconos para que no cooperen con este último ataque contra la Sagrada Tradición si esta propuesta es aceptada en la exhortación apostólica post-sinodal. Por favor, no abandonen la llamada de Dios para ser uno de sus diáconos, ordenado "no al sacerdocio, sino a un ministerio de servicio" (San Hipólito de Roma, Traditio Apostolica, capítulo 8 citado en Lumen 29).

Reverendo diácono Nick Donnelly

Colaborador de Rorate

(Traducción AMGH. Artículo original)

Homilía: a Ti Señor levanto mi alma

vendredi 27 décembre 2019

Ver "Marcando el norte: La trompeta y el candelabro 3/7"

Il est illusoire de vouloir échanger sur l’écologie en ignorant Dieu

https://www.lesalonbeige.fr/il-est-illusoire-de-vouloir-echanger-sur-lecologie-en-ignorant-dieu/ 

Il est illusoire de vouloir échanger sur l'écologie en ignorant Dieu

Homélie du Très Révérend Père Dom Jean Pateau (via Le Petit Placide), Abbé de Notre-Dame de Fontgombault, le 25 décembre 2019 :

Et Verbum caro factum est
Et le Verbe s'est fait chair…
(Jn 1,14 )

Chers Frères et Soeurs,
Mes très chers Fils,

A l'heure qu'il est, les bergers sont repartis, regagnant leurs troupeaux. Marie et Joseph se retrouvent seuls dans l'étable. Marie repasse en son coeur les événements de ces dernières heures qui déjà sont un mystère.

En nous donnant à lire les Prologues de l'Évangile selon saint Jean et de l'épître aux Hébreux, l'Église introduit les fidèles dans la contemplation d'un mystère encore plus profond : celui de la génération éternelle du Verbe de Dieu auprès du Père. Sans cette génération première du Verbe, Parole éternelle du Père, il ne pourrait y avoir dans le temps son incarnation. La foi en ces mystères est essentielle pour répondre à la question de l'identité de l'Enfant de la crèche : Est-il Dieu ? Est-il homme ? L'histoire des premiers siècles de l'Église montre que l'affirmation de saint Jean n'est pas si évidente. Le Verbe s'est fait chair. Mais cette chair, n'était-elle pas seulement une apparence ? Et si elle est bien celle d'un homme véritable, celui-ci est-il Dieu en même temps ?

Les formules du Credo, tirées des Conciles de Nicée et de Constantinople, sont claires. Au sujet du Fils de Dieu, Parole du Père, Verbe de Dieu, nous croyons qu'il est Dieu comme le Père est Dieu, lumière comme le Père est lumière, vrai Dieu comme le Père est vrai Dieu. Ceci est exprimé par un mot consacré que l'on peut se réjouir de voir réapparaître dans la nouvelle traduction liturgique du Credo : consubstantiel au Père. Seule demeure entre eux l'opposition entre le fait d'engendrer, qui est propre au Père, et celui d'être engendré, qui est propre au Fils. Ils ne sont qu'un seul Dieu.

Au sujet du mystère de l'incarnation, l'Église professe que pour nous les hommes et pour notre salut, le Fils est descendu des cieux, s'est incarné et s'est fait homme. Le Verbe de Dieu, vrai Dieu de toute éternité, assume au temps voulu une nature humaine. Il s'incarne. Si la foi catholique a été contestée dans les premiers siècles de l'Église, il en va de même aujourd'hui. Et si elle n'est pas contestée, pire, elle est tout simplement ignorée. Le chrétien se définit volontiers comme un homme bon, miséricordieux, charitable. Loin d'affirmer que le chrétien ne devrait pas avoir ces qualités, il faut cependant rappeler que cela n'a rien de spécifique au chrétien. Tout homme est appelé à faire le bien et à éviter le mal. Le chrétien est un disciple du Christ. Il croit que Jésus est le Christ, Fils de Dieu incarné, Dieu lui-même, qu'il est mort et qu'il est ressuscité pour notre salut. La foi au Christ, telle est notre marque distinctive. Le fidèle est celui qui a la foi. Cette foi, nous la partageons avec les premiers chrétiens. Elle n'a pas changé. Elle ne peut changer. Au plus fort des persécutions, nos frères dans la foi traçaient, avant de mourir, dans le sable des arènes ou sur les murs de leurs prisons le mot ichthus, composé des initiales en grec des mots : Jésus-Christ, Fils de Dieu, Sauveur, ou encore un poisson stylisé ; ichthus en grec signifiant poisson. Nous pourrions en écrire autant.

Tant de nos contemporains sont promenés dans une actualité qui n'a plus rien d'actuel, s'épuisant de nouveautés en nouveautés qui passent. La véritable actualité, la véritable nouveauté, c'est cette génération du Verbe au sein de la Trinité : un don infini, totalement donné et parfaitement reçu. La véritable actualité et la véritable nouveauté, c'est l'amour de Dieu pour sa créature. N'est-il pas consolant d'entendre qu' « après avoir parlé par les prophètes, Dieu nous a parlé par son Fils » ? Pour autant, l'affirmation de l'Évangile : « Il est venu chez lui et les siens ne l'ont pas reçu », n'en reçoit qu'un sens plus dramatique. L'amour n'est pas aimé. Oui, la terre et la création, c'est chez lui. Et si c'est aussi « chez nous », c'est parce que d'abord, c'est « chez lui ». Il est illusoire de vouloir échanger sur l'écologie en ignorant Dieu. N'est-ce pas lui qui a établi dans son amour et sa sagesse les règles des relations entre les êtres au sein de sa création ? Comment ignorer ces règles ?

Verbum caro factum est, le Verbe s'est fait chair : suprême amour de sa création et du corps de sa créature, suprême abaissement, suprême humilité pour partager à l'homme sa divinité. Dieu se revêt de notre chair, se fait Emmanuel : Dieu avec nous. L'homme oublieux de Dieu, comme pour occuper une place qui lui semble vide, s'érige en Dieu. Suprême orgueil, suprême mépris de l'amour et de la sagesse de son Créateur, il revisite la création et prétend la modeler à son gré. La dictature des faux dieux se fait chaque jour plus oppressante. La justice entre les hommes et le respect de la liberté de tous exigent la vérité sur ce qu'est l'homme, et l'acceptation du plan divin. Que faire, alors que notre pèlerinage est toujours plus difficile ? Jésus aujourd'hui se fait aussi pèlerin. Dieu est avec nous.Marchons à ses côtés.

Pour tenir tête à une société qui ne prête attention qu'à la violence ou à ce qui touche ses intérêts économiques, il est urgent que les chrétiens se regroupent et se forment. Il faut qu'ils connaissent et acceptent les affirmations de leur foi. Ne laissons pas caricaturer le Christ ou son message. L'Enfant de la crèche n'est-il qu'un personnage de plâtre qui ressort de sa boîte chaque année, ou est-il Celui qui a profondément marqué ma vie, au point qu'elle répand autour d'elle sa lumière et son message ? Le Christ vaut-il la peine d'être connu, d'être annoncé ? Celui que la plupart des médias ignorent, il nous revient de l'annoncer, en occupant les lieux de parole, en soutenant les médias chrétiens. En face, c'est un vide abyssal. Ce qui manque aujourd'hui à trop de chrétiens, c'est ce qui manquait au jeune homme riche : la flamme de la foi qui permet d'aller au bout avec le Christ. Le don radical de Dieu appelle le don radical de l'homme : « Dieu ou rien » !

Si le monde devient chaque jour plus violent, si les situations de haine se multiplient, c'est que le monde a décidé qu'il n'y a rien au-delà de lui. Il ne lui manque que d'accepter l'amour et la paix de son Dieu qui aujourd'hui prennent les traits d'un enfant. Alors que la nuit est sombre, le chrétien est le veilleur qui a mission d'ouvrir la voie de l'espérance à ses frères. Aujourd'hui, dans une crèche, auprès de Marie, est apparu le Christ, Fils de Dieu, notre Sauveur, notre paix. Amen, Alleluia.

jeudi 26 décembre 2019

Ver "Fulton Sheen sobre lo diabólico"

Fontgombault Sermons for Christmas - II: Christmas Day - "The Catholic Faith is thrown into doubt in our days - It is not enough for a Christian to be merciful."

https://rorate-caeli.blogspot.com/2019/12/fontgombault-sermons-for-christmas-ii.html?m=1 

RORATE CÆLI: Fontgombault Sermons for Christmas - II: Christmas Day - "The Catholic Faith is thrown into doubt in our days
Christmas Day Mass
Sermon of the Right Reverend Dom Jean Pateau
Abbot of Our Lady of Fontgombault
Fontgombault, December 25, 2019
Et Verbum caro factum est.
And the Word was made flesh.

Dear Brothers and Sisters,
At this time, the shepherds have now left to go back to their fold. Mary and Joseph find themselves alone in the stable. Mary ponders in her heart the events that just took place, and which already are a mystery.
As the Church assigns as readings for the faithful the Prologues of the Gospel of St. John and of the Epistle to the Hebrews, she introduces us into the contemplation of an even deeper mystery, the eternal generation of the Word of God with the Father. Without this first generation of the eternal Word of the Father, there His incarnation in time couldn't have taken place.
Faith in these mysteries is essential to answer the question on the identity of the Child in the crib: Is He God? Is He a man?
The history of the Church's first centuries shows that St. John's assertion is not self-evident. The Word was made flesh. Yet, was not that flesh a mere appearance? And, should this flesh be that of a true man, is this man God at the same time?
The formulations of the Creed, taken from the Councils of Nicaea and Constantinople, are clear. Concerning the Son of God, the Word of the Father, the Word of God, we believe that He is God as the Father is God, light as the Father is light, true God as the Father is true God. This is expressed by the received word, consubstantial with the Father. We should rejoice to hear this word back in the new French liturgical translation. The only opposition remaining between the Father and the Son is that between the fact of begetting, proper to the Father, and the fact of being begotten, proper to the Son. They are only one God.
Concerning the incarnation, the Church professes that for us men, and for our salvation, the Son of God came down from heaven, and was incarnate, and was made man. The Word of God, true God from all eternity, assumes at the requested time a human nature, He becomes incarnate.
If the Catholic faith was thrown into doubt during the first centuries of the Church, the same is true today. And if the faith isn't thrown into doubt, its is worse, for it is simply ignored. Christians are fond to describe themselves as good, merciful, charitable men. Far be it from us to affirm that a Christian shouldn't have these qualities. Yet, we have to remember that they are not specifically Christian. Every man is called to do good and avoid evil.
A Christian is a disciple of Christ. He believes that Jesus is Christ, the incarnate Son of God,  Himself God, that He died and was risen for our salvation. Faith in Christ, such is our distinctive mark. A faithful is he who has the faith. We share this faith with the first Christians. This faith has not changed, it cannot change.At the height of persecutions, our brothers in faith would write before they died, on the sand of the arenas or on the walls of their prisons, the word ichthus, made up of the initials of the Greek words "Jesus Christ, Son of God, Savior", or also a stylized fish, since ichthus in Greek means "fish". We could write the same.
So many of our contemporaries are shunted around from a current event to another one, which instantly is no longer current, they are worn out by news after news that fade away. The true event, the true news, is that generation of the Word in the bosom of the Trinity, an infinite gift, totally given and perfectly received. The true event, the true news, is the love of God for His creature. Should we not be comforted to hear that "after having spoken to our fathers by the prophets, God has spoken to us by His Son"? 
However, the affirmation of the Gospel, "He came to His own, and His own received Him not", makes that all the more tragic. Love is not loved. Indeed, the earth and the creation are His own. And if they are also "our own", it is because they are, first and foremost, "His own". It is an illusion to attempt a dialogue on environment if we ignore God. Isn't it God Who, in His love and wisdom, has established the rules for relationships between the various beings in the creation? How could we spurn these rules?
Verbum caro factum est, the Word was made flesh: supreme love for His creation, and for the body of His creature, supreme emptying, supreme humility, so as to make man a partaker of His divinity. God puts our flesh on, He makes Himself Emmanuel, God with us.
Man is oblivious to God, and as if to occupy a place seemingly empty, he sets himself up as God. Supreme pride, supreme contempt for the love and wisdom of his Maker, he revisits the creation and claims to shape it according to his own whim. The dictatorship of the false gods is day after day ever more oppressive. Justice between men, and respect for the freedom of all, demand that we should acknowledge the truth on what man is, and accept the divine plan.
What can we do, as our pilgrimage is ever more difficult?
Today, Jesus makes Himself a pilgrim, too. God is with us. Let us walk by His side. In order to stand up to a society that is exclusively concerned with violence or what regards its economic interests, it is urgent that Christians should gather together and acquire training. They should know and accept the tenets of their faith. Don't let us allow Christ or His message to be caricatured.
Is the Child in the crib a mere plaster figurine, taken out of its box each year, or is He the One Who has deeply imprinted my own life, to the point that it now spreads His light and message? Is Christ worthwhile being known, and proclaimed? It is our own remit to proclaim Him, Whom most media keep ignoring; we shall do that by being present in the various forums of expression, by supporting Christian media. 
We are facing an abysmal vacuum.
What too many Christians are lacking today, is precisely what the rich young man was lacking: the flame of faith, which allows us to go the whole way with Christ. God's radical gift calls for man's radical gift: "God or nothing"! 
If the world becomes day after day more violent, if situations of hatred multiply, it is because the world has decided that there was nothing beyond itself. The sole thing it is lacking is to accept the love and peace of its God, which today take the features of a child. Whereas the night is dark, a Christian is a watchman, whose mission it is to open the path of hope for his brothers.
Today, in a crib, by Mary's side, Christ has appeared, the Son of God, our Savior, our peace.

Fontgombault Sermons for Christmas - I: Midnight Mass - "Our Dehumanized World has no room for children."

https://rorate-caeli.blogspot.com/2019/12/fontgombault-sermons-for-christmas-i.html?m=1 

RORATE CÆLI: Fontgombault Sermons for Christmas - I: Midnight Mass
Christmas - Midnight Mass
Sermon of the Right Reverend Dom Jean Pateau
Abbot of Our Lady of Fontgombault
Fontgombault, December 25, 2019


Natus est vobis hodie Salvator.
This day is born to you a Savior.

Dear Brothers and Sisters,
The Church celebrates Christmas by unfolding the treasures of her liturgy. During the three Masses today, she commemorates the historical birth of the Child Jesus, more than two thousand years ago in a poor stable in the surroundings of Bethlehem; what is more, she initiates us to the great mystery, both visible and invisible, which is taking place, and of which we are the recipients.
There are three milestones on this path. The midnight Mass readings recall the birth of the divine Child. The Mass at dawn invites us to follow the shepherds' path of faith. They see and they believe. The foretold light has shone for these men. It should also shine for us, provided that we have simple hearts. Last, an unexpected milestone: the day Mass readings focus on the eternal generation of the Word of God in the bosom of the Father. As they contemplate the Trinity, they remind us that the Child in the crib is truly God.
Let us remark that although the Gregorian pieces do not follow the same course, united with the readings they ensure that both in the midnight and the day Mass, the two mysteries, that is, the eternal generation and the generation in time of the Word of God, are contemplated. The Child has now been for nine months in Mary's still virginal womb. As many women, Mary experiences this presence, the fruit of love. But in Mary, it was the fruit of a unique love, a divine love. The Child taking form in her womb was the witness of a promise, as unlikely from a spiritual point of view as it was impossible from a human point of view: the angel Gabriel had visited her on behalf of God to announce to her, who was a virgin, that she would conceive by the power of the Holy Spirit.
Once the expectation months have elapsed, the Child is there, a witness to God's faithfulness, a witness also to the fruitfulness of Mary's own Fiat. The words of the Magnificat ceaselessly keep resounding in her heart:
He hath regarded the humility of His handmaid:
for behold from henceforth all generations shall call me
Because He that is mighty hath done great things to me:
and holy is His name. (Lk 1:47-48)
During this night, Mary in her turn does great things for her God: she receives the Child, lavishes her care on her son, as all mothers do. Through her, the divine Child is received by his own. Yet, already in this holy night, a cross is erected in her motherly heart: the closed doors in Bethlehem foretell that many hearts will remain closed. Receiving a child is not something that easy. To many people, a child is just a bother. That was the case for the divine Child.
Yet, from that very moment, Mary has to enter the mystery. The love that presided over the conception of the divine Child in her womb is not merely the love of God for His handmaid, but also the love of God for all men. From that very moment, Mary is, as it were, deprived of her child, deprived also of her Magnificat. The visits of the shepherds and Wise Men bear witness to that fact.
In the Child of the crib, God leans over each of us humans. As He visits the crib, God visits us. He was a Creator at the beginning of time, now He comes towards us, a re-Creator, under the features of a poor and frail child, similar to all the children of men.
How wondrous an exchange! The Maker of mankind has taken to Himself a body and a soul, and has been pleased to be born of a Virgin; He is come forth conceived without seed, and has made us partakers of His divine nature. (1st antiphon of the Lauds of the feast of the Octave, January 1st)
This gaze of God on humanity, incarnated in a child, makes us consider how we gaze on each human person, called to become partaker of the divinity.
Not very long ago, a philosopher described the dazzling increase of cremation these last thirty years as the consequence of a society wishing to leave no trace, refusing to hand down, ashamed of itself. Indeed, far from God, man is not worth a great deal. His life has no longer a meaning.
What a contrast! God manifests His love by sending His Son in our own flesh, whereas man despises his own body and the bonds of flesh that are tied in it. The body is reduced to a place of pain or pleasure. The body is not loved, it is endured. It is the place of possession or enslavement of another person, a mere object, a tool, to be watched, taken, enhanced or decreased, sold, bought, thrown away.
God takes flesh in the time, and man wants to escape time. God makes fertile by taking the time, and man wishes only to enjoy the present. God gives, and gives Himself, and man refuses, and refuses himself. God is fecund, and our society has become structurally barren. Programmed destruction of the family, promotion of free love or unnatural love, rejection of motherhood and in vitro fertilization of children, confusion sown in children from a very early age as to what they are, all of these promote a dehumanised society. The society of those without a heart is in the hands of media, weapons of mass misinformation in the pay of their possessors, and this society is spreading its tentacles to smother hearts. Our world, as the Bethlehem inn, no longer has room for children. Children no longer have room there.
Yet, the Child of the crib and His Mother keep presenting us with the testimony of a free gift. Since this Child no longer finds room to be reborn in our world, why wouldn't our hearts be His crib today? Let us at last open with resolve the door to Him. "Late have I loved Thee," wrote St. Augustine. We couldn't say better. Receiving the Christmas mystery entails reassessing our outlook on our own humanity, as well as our brothers and sisters' humanity. May we spurn what God has come to visit and redeem? The world needs authentic and consistent witnesses of Christ, witnesses of the love of God. This will happen if God is received in us.
Let us bear witness to the Christmas mystery, to this immeasurable love made flesh in the crib, among our neighbors, spouse, children, members of our families, members of our communities. Is the look we take on others true? What is fair and beautiful, that is what God wants for each of us.
The world is in a very poor state, because God is relegated at the door of our hearts. May we be reborn, with the Child in the crib, may we welcome the gaze God is taking on us, welcome His presence and His plan on our lives. Then it will be, and always remain, Christmas, for God will abide with us, Emmanuel, and we shall be with Him.
A holy Christmas to all of you!

Un ancien aumônier de la reine d’Angleterre se convertit au catholicisme

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Un ancien aumônier de la reine d'Angleterre se convertit au catholicisme
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Un ancien aumônier de la reine Elisabeth II a choisi de quitter l'anglicanisme pour rejoindre la religion catholique, le 22 décembre 2019, illustrant par ce geste l'essence du véritable œcuménisme : le retour à l'unité de l'Eglise.

Gavin Ashenden a été reçu dans la communion catholique par Mgr Mark Davies, évêque de Shrewsbury (Grande-Bretagne), lors de la messe du quatrième dimanche de l'Avent, le 22 décembre 2019. 

Tout commence au début de l'année 2017. Alors qu'il occupe le poste d'aumônier de la reine Elisabeth II, Gavin Ashenden est scandalisé par la lecture d'un extrait du Coran dans le chœur de la « cathédrale » Sainte-Marie de Glasgow, en Ecosse. Il proteste dans les médias britanniques, ce qui provoque sa mise à l'écart du palais de Buckingham. 

Bien qu'il exerce des responsabilités dans la branche la plus conservatrice de la confession anglicane, le malaise persiste. Il ne peut que constater que sa religion avait « capitulé devant le sécularisme ambiant », selon ses propres termes. 

L'exemple du cardinal John Henry Newman, fondateur du Mouvement d'Oxford et célèbre converti du XIXe siècle, fut décisif pour sa conversion : « Newman a ouvert la voie vers la véritable Eglise qui est fondée sur le charisme du successeur de Pierre, dans laquelle on lutte pour obtenir le salut éternel », explique Gavin Ashenden. 

La découverte du saint Rosaire, de la Messe et des écrits du Magistère catholique furent, comme il les qualifie, les « trois moteurs » de son retour à l'unité de l'Eglise.  

Un beau témoignage qui manifeste une fois de plus, s'il était besoin, l'importance de conserver intacts ces trois trésors dans la fidélité à la Tradition de l'Eglise, et de prendre conscience de leur grandeur, afin que puissent se sauver le plus d'âmes possibles. 

Il faut toutefois espérer que ce retour se prolongera vers la Messe traditionnelle et vers le Magistère pérenne de l'Eglise, et non celui qui commence avec Vatican II. Sinon, l'ancien aumônier de la Reine, risque de bien être déçu de retrouver ce qu'il vient d'abandonner.

C'est ainsi que l'abbé Quentin Montgomery-Wright (1914-1997), ancien pasteur de l'Eglise anglicane, converti au catholicisme et ordonné prêtre en 1952, devenu curé du Chamblac (Eure) refusa la nouvelle messe, disant à son évêque : « Je ne veux pas retourner à ce que j'ai quitté ».

Comme le rappelait le Supérieur général de la Fraternité Saint-Pie X, l'abbé David Pagliarani, le 12 octobre 2019 : « il faut chaque jour redécouvrir le trésor que nous avons entre nos mains, se rappeler que ce trésor nous vient de Notre-Seigneur lui-même et qu'il lui a coûté son Sang. C'est en nous replaçant régulièrement devant la grandeur de ces réalités sublimes que nos âmes resteront dans l'adoration de manière habituelle, et se fortifieront comme il faut pour le jour de l'épreuve. 

“El Niño Jesús, terror de los Reyes”

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"El Niño Jesús, terror de los Reyes"
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Estimado sì sì no no,

tú eres grande y adulto, pero yo he seguido siendo "un niñote", un niño que ama al Niño Jesús y a la Niña María Santísima e intenta vivir en Su compañía. Mi madre, que solo fue a la escuela elemental, tenía una imagen de la Niña María y la conservaba siempre consigo: en los meses en que me esperaba (hace ya más de 70 años), rezaba y besaba varias veces al día la pequeña imagen y pedía tener un hermoso niño sano y bueno como Ella. No sé si fue contentada, pero aquella imagen de la Niña María, desde cuando tenía diez años, la tengo yo en mi misal y le pido a menudo parecerme un poco a Ella. En los días de Adviento y de Navidad, que yo prolongo al modo antiguo hasta el 2 de febrero, fiesta de la Purificación de María Santísima y de la Presentación de Jesús en el Templo, rezo mucho al Niño Jesús, incluso con unas letanías que he encontrado en un librito de oraciones, muy hermoso, que da al Niño Jesús los más hermosos títulos.

Esta mañana, haciendo la meditación sobre las Élévations sur les Mystères de J. B. Bossuet, he encontrado un título que no había pensado nunca: "Niño Jesús, terror de los reyes". He leído las dos paginitas de corrido y he comprendido. Cuando el Niño Jesús nació, Hijo de Dios e hijo de David, por tanto "principito real", Herodes, que reinaba solamente por haber sido impuesto por Augusto, tuvo un miedo loco de Él, pensando que podía privarlo de la poltrona en la que se sentaba, y decretó la matanza de todos los niños de Belén, para estar seguro de matar al neonato "Rey". Bossuet continua explicando que del Niño Jesús tuvieron miedo los emperadores romanos durante alrededor de 300 años y le decretaron persecución y muerte. Lo mismo, antes de ellos, hizo Caifás (con los zorros del sanedrín), que mandó a la cruz a Jesús y persiguió a los cristianos. Bossuet explica que de Jesús tuvieron miedo casi todos los reyes, los poderosos de la tierra, ¡que no estaban dispuestos a reconocer su realeza divina! Por tanto, el Niño Jesús, "terror de los reyes", increíble pero cierto.

Pero aquellos que tuvieron y aún ahora tienen miedo del Niño Jesús hasta el punto de estar aterrorizados son los gnósticos de ayer y todavía más de hoy. Los gnósticos son todos aquellos que, como escribe san Juan, apóstol y evangelista, niegan a Jesús venido en la carne y prefieren, en vez de a ÉL, la sabiduría solamente humana de los principios, de los valores, de las ideas; la sabiduría totalmente humana que Jesús, naciendo en la carne, Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, considera insuficiente, ineficiente, incapaz de ofrecer salvación al hombre, de construir la sociedad y la historia. Jesús mete miedo, produce terror a los "gnósticos" de hoy. Por citar algunos muy de moda, los de la así llamada "teología de la liberación", convertida en nuestros días en "teología de la migración". Esta "teología sin Cristo"pretende que ni siquiera se pronuncie ya el nombre de Jesús, que se quiten el Belén y el Crucifijo de los lugares públicos (¡de las mismas iglesias!), que se elimine su nombre y su presencia de todo discurso, porque el Nombre de Jesús – Jesús venido en la carne, precisamente el Niño Jesús – sería un obstáculo para el diálogo, para la acogida, para la integración. En una palabra, el Nombre de Jesús se convierte en "blasfemo", impronunciable ya, prohibido por la sociedad.

¡¿Pero lo podéis creer?! "Hombrones" grandes y gordos que gobiernan la cultura, la política, las costumbres, la modernidad, etc., etc., tienen terror a Jesús. Entonces, amigos, esta es la hora de permanecer unidos a Jesús y no temer a nadie, de seguir adelante con su Nombre en el corazón, en los labios y en la frente, conscientes y seguros de que Él es y será el Vencedor del pecado y de la muerte ("la última enemiga"), de todos los reyes y sabios según el mundo, de todos los poderes fácticos aliados, como Caifás, Herodes y Pilato, contra Él. ¡La victoria es nuestra ya! Sin embargo, lo añadiré a las Letanías al Niño Jesús. "Niño Jesús, terror de los reyes, ten piedad de nosotros. ¡Avanza y reina!".

Candidus

(Traducido por Marianus el eremita)

Ver "CHRISTMAS NEWS: Pope Francis, Trump and the Christian Revival"

Ver "NO HAY QUE MOLESTAR A LOS PODEROSOS por Agnus Dei Prod"

mardi 24 décembre 2019

El Papa a la Curia: flecte quod est rigidum

http://caminante-wanderer.blogspot.com/2019/12/el-papa-la-curia-flecte-quod-est-rigidum.html?m=1 

The Wanderer: El Papa a la Curia: flecte quod est rigidum

Flanqueado por Mons. Georg Gänswein y el argentino Mons. Luis Rodrigo Ewart, el Santo Padre dirigió el sábado 21 de diciembre el saludo anual a la Curia Romana. Lo rodeaba un buen número de cardenales y obispos, aunque se veían varias sillas vacías con el nombre de su pretendido ocupante delatando ausencias voluntarias o forzosas. El espectáculo de la Sala Clementina tenían ribetes grotescos y proféticos reflejados en el aspecto de los eminentísimos. Alguno gordo y somnoliento; Kasper, con su rostro de simio viejo; Müller, con su altiva mirada de halcón; Bertone, con su cabeza ergida como un suricato en busca de depredadores; otro que bien podía pasar por una señorona con calores; Becciu, con la mirada torva de facineroso corredor inmobiliario en Chelsea, y el infaltable Sodano, capomafia de todos los corruptos de dentro y fuero del Vaticano. Era el rostro de la Iglesia actual: senil, decadente y decrépita. Son los frutos mustios y agostados de la fallida primavera conciliar que habrá que esperar que terminen de morir y den lugar a otra generación que salvará o hundirá definitivamente a la Iglesia.
Francsico fue más Bergoglio que nunca. No solamente en sus gestos, impidiendo violentamente que los cardenales besaran su anillo, sino también en sus palabras. Su discurso estuvo salpicado de citas del santo cardenal Newman, de San Clemente de Alejandría (y me alegró mucho que lo llamará santo puesto que había sido descanonizado en el siglo XVI), Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Giuseppe Tomasi di Lampedusa y el cardenal Martini. Cometió un error que habría hecho las delicias de Freud: citando la encíclica Evangelii nuntianti de Pablo VI, se refirió a ella como la Evangelii gaudium y la calificó del documento misionero más importante del posconcilio. Vale decir que el autor de ese pastichio es él mismo junto a Tucho Fernández. Y, en la misma senda de humildad, pronunció una frase con mucha semejanza a sus bergoglemas y la adjudicó a un "gran hombre" que nunca nombró. Probablemente fuera él mismo. 
Se trató de un discurso lastimoso en el que una vez más el Santo Padre documenta para el presente y la posteridad su escasez de formación y sus penurias filosóficas y teológicas. Sin embargo, fue también un discurso elocuente de su desprovisto pensamiento. La palabra que más repitió una y otra vez fue cambio, y lo hizo desde el principio al final. Su tesis —estimo que la única que posee—, es que el tiempo es superior al espacio. Nosotros los hombres, vivimos arrastrados por los vientos del tiempo —"vientos de cambio"—; Dios es la estabilidad que se manifiesta en el tiempo que habitamos. Por tanto, estamos inmersos en un proceso que necesariamente exige el cambio permanente, a punto que nos dice el Papa que "hay que cambiar para ser fiel".
Si dejáramos en este punto la reflexión pontificia podríamos acordar con ella puesto que, en el fondo, tiene mucho de aristotélico. El hombre, como toda naturaleza —entendida como esencia en tanto principio de acción—, está en un continuo proceso de autorrealización. Se mueve hacia su fin, que lo llama y atrae, y lo hace desplegándose en sus virtudes, o actualizando sus potencias; es decir, cambiando. Y, efectivamente, si no cambiamos, las potencias que posee nuestra naturaleza no se actualizan; nuestros talentos no dan fruto; vivimos una existencia fracasada.
Pero el Papa Francisco no se queda aquí, puesto que a este principio establecido por Aristóteles y asumido más tarde por Santo Tomás, él lo lee a la luz de Hegel, para quien ese proceso personal se traslada a las sociedades y es el espíritu —que nadie bien qué es—, el que se va manifestando de distintos modos según pasan los años y cambian los pueblos. Oponerse o "reaccionar" a esas siempre renovadas manifestaciones del espíritu es no ser fiel, y es propio de los rígidos que esconden detrás algún tipo de desequilibrio.
El Santo Padre, después de anunciar a la Curia que la cristiandad está ya terminada, afirma que estamos en un cambio de época lo que implica un cambio en el estilo de vida de los hombres. No cabe duda que es así y, como él mismo dice, se trata en este caso de cambios muy rápidos y casi abruptos. Frente a esto —una nueva manifestación del espíritu—, nuestro deber consiste en iniciar procesos y no ocupar espacios. Es decir, abandonar los "espacios" que eran propios de una Iglesia que lideraba un mundo cristiano, y liderar ahora los procesos propios de la nueva época que se abre. No hacerle, sería ser infieles a nuestra misión y al mismo Dios.
Pero ¿quién es el espíritu hegeliano para el Papa Francisco? Él aprendió del finado Juan Carlos Scannone, s.j. que ese espíritu es, o se manifiesta, en el pueblo. Es la famosa "teología del pueblo". Dios irrumpe en el tiempo a través del pueblo que es fuente de revelación. Los cambios del pueblo —"cambios de estilos de vida", dice Francisco—, son nuevas modalidades de la revelación de Dios. Oponerse o ser rígido a esos cambios es, en última instancia, oponerse a Dios.
Esta "teología del pueblo" no es tan novedosa como parece. Como lo han demostrado Ceferino Muñoz y Emiliano Cuccia en un artículo científico publicado recientemente ("Apuntes sobre el pueblo como cuerpo místico. Del Papa Francisco a Suárez, y vuelta", Franciscanum, 171 (2018), 149 - 174), se trata del derivado de una vieja idea jesuita —la de pueblo como "cuerpo mítico"—, que fue desarrollada por Francisco Suárez en el siglo XVI para defender las conveniencias políticas de la Compañía. En definitiva, no es hegelianismo; es jesuitismo, ambos igualmente nocivos.
El diagnóstico que plantea Francisco es correcto puesto que estamos frente a un cambio de época que se manifiesta en un cambio radical en el estilo de vida de los hombres. El problema y mis diferencias con él, es con respecto a qué medidas tomar frente a tal situación. Yo creo que hay que resistir; no dejarse llevar por la corriente del proceso, o del viento, que nos arrastra; reaccionar contra esos cambios. Él me diría que mi postura corresponde a un rígido —y me manda a un psicólogo porque estaría desequilibrado—, que no soy fiel a Dios que se manifiesta en el pueblo que cambió, y he caído en "la tentación de replegarse en el pasado". Yo le diría que el replegarse no es necesariamente una tentación; puede ser una estrategia.
La solución que él propone, en cambio, es aceptar esta nueva época y liderarla. ¿Y en qué consiste esta aceptación? En adaptarse y bendecir decididamente el nuevo estilo de vida de los hombres. Y lo ejemplifico con dos casos muy recientes:
1. Según lo reportado por el diario Il messaggero, Francisco visitó la semana pasada un liceo clásico (colegio secundario) de Roma donde habló libremente con los adolescentes que allí concurren. Una de las cosas que le dijo es que ya no estamos más en el tiempo de las cruzadas; por lo tanto, no se debe buscar la conversión de judíos y musulmanes. 
¿Cómo se explica entonces que la Iglesia haya derramado tanta sangre durante tantos siglos buscando la conversión de los infieles? Sencillamente, porque se trataba de otro pueblo, o de otra manifestación del espíritu, o de otra época, en la cual eso era correcto. En nuestra nueva época, ya no es así.
2. La Pontificia Comisión Bíblica publicó la semana pasada un documento en el que se dice:
"El examen exegético conducido sobre textos del Antiguo y del Nuevo Testamento ha hecho aparecer elementos que son considerados por una valoración de la homosexualidad, en sus implicaciones éticas. Ciertas formulaciones de los autores bíblicos, como las directivas disciplinarias del Levítico, requieren una interpretación inteligente que salvaguarde los valores que el texto sagrado intenta promover evitando, por lo tanto, repetir literalmente aquello que también trae consigo rasgos culturales de aquel tiempo. Será requerida una atención pastoral, en particular frente a las personas individuales, para llevar a cabo aquel servicio de bien que la Iglesia debe asumir en su misión para los hombres"
En pocas palabras, no hay que hacer una lectura rígida de los textos de la Escritura que condenan la homosexualidad sino hacer una lectura inteligente, lo cual significa que en ellos se valora el amor entre dos personas. En el contexto cultural en que fueron escritos, esas dos personas debían ser necesariamente varón y mujer. En nuestra nueva época, el pueblo considera que ese amor es también aceptable en dos personas del mismo sexo. 
Hacia el final de su alocución, el Santo Padre citó al cardenal Martini que, poco antes de morir, había dicho que la Iglesia se había quedado atrás doscientos años. Seguramente fue por culpa de los rígidos que nos hicieron llegar tan tarde a la fiesta inaugurada por el nuevo mundo que nació de la Revolución Francesa. Pero ahora está él, Francisco, que se ha propuesto ablandar las rigideces (flecte quod est rigidum, dice la secuencia de Pentecostés) y obligarnos a aceptar el nuevo mundo.